Las calles “desaparecidas”





Al parecer, había vecinos a los que no les gustaba vivir en el Camino del Cementerio



Basta con consultar callejeros no demasiado antiguos de nuestra ciudad, e incluso relativamente recientes, para comprobar que en éstos aparecen nombres de calles y plazas que en realidad nunca han llegado a existir, bien porque esa vía urbana no llegó a pasar de ser un proyecto trazado sobre el papel, bien porque el nombre definitivo que acabó recibiendo resultó ser otro distinto. En otros casos, y por diferentes razones, el nombre fue cambiado tras un período de tiempo más o menos prolongado. Por esta razón, estimo interesante hacer una pequeña historia de este callejero, llamémosle “fantasma”, que de una u otra manera llegó a aparecer reflejado, aunque fuera por error, en las guías.

Antes de seguir adelante, he de advertir dos cosas. Primero, que excluyo de esta relación, por contar éstos con un artículo propio, aquellos nombres de calles, en su mayor parte relacionados con la Guerra Civil, que fueron suprimidos por el Ayuntamiento salido de las urnas en 1979. Y segundo, que por razones prácticas he preferido limitarme a considerar tan sólo los cambios ocurridos desde la década de los setenta del pasado siglo hasta la actualidad. Por supuesto hay muchos más, e incluso los alcalaínos de la generación de mis padres (yo ya no tanto) siempre se han seguido refiriendo a algunas de estas calles (Limoneros, Empedrada, Matadero, Los Coches...) por sus nombres antiguos; pero eso requeriría un estudio bastante más exhaustivo, algo que excede con mucho de mis pretensiones aquí y ahora.

Las causas de algunos de estos cambios (o la ausencia práctica de ellos) son en ocasiones bastante pintorescas, como protestas de los vecinos, pertinaces errores en la rotulación de las placas o, que también los hay, falta de cambio en la rotulación pese a haber sido cambiado oficialmente el nombre, normalmente en un intento de evitar duplicidades innecesarias y molestas. Otras veces recibieron nombre futuras calles pertenecientes a barrios en construcción que, pese a figurar como vías públicas en los planos, acabaron siendo terrenos privados, con lo cual estas calles fantasmas no pasaron de serlo sobre el papel. Por último, tampoco faltaron los casos en los que el bautizo de facto de una vía pública se hizo saltándose el procedimiento legal establecido, algo que lo convertía en nulo, pese a lo cual el nombre de marras sigue estando ahí. En cualquier caso, se trata de una de tantas pequeñas historias que conforman la Historia con mayúscula de Alcalá, y de la cual fui durante unos años testigo privilegiado al asesorar a varios concejales de Cultura en el tema de la actualización y renovación del callejero de la ciudad.


Rotonda de Alcorlo

Situada en la confluencia del Paseo de Pastrana con la Ronda Fiscal, recibió el nombre de este embalse que regula las aguas del río Bornova, uno de los afluentes del Henares, siguiendo la tradición imperante en el callejero de la zona. Desde 1994 se encuentra en ella la estatua de Manuel Azaña que anteriormente había estado situada en el anfiteatro del parque vecino, y al cumplirse el 10 de mayo de 2016 el 80º aniversario del nombramiento como Presidente de la República Española a este político alcalaíno, en el pleno municipal celebrado el día 17 de mayo de 2016 se acordó rebautizarla como Glorieta de Manuel Azaña, aunque el cambio no se haría efectivo hasta el 5 de noviembre de ese mismo año.


Rotonda de Aldovea

Éste fue el nombre oficial que se le asignó a la rotonda en la que tiene su inicio la avenida de la Alcarria, en recuerdo de este antiguo territorio que en su día perteneció al alfoz complutense y que hoy, repartido entre los términos municipales de Torrejón y San Fernando, alberga un abandonado palacio barroco. Sin embargo, si nos atenemos a la confirmación oficiosa que dan las placas, e incluso a muchos callejeros actuales (en los que no aparece o, si lo hace, figura con el apelativo erróneo de “Alovera”), tal denominación no existe para ella. Por si fuera poco, los portales que se abren a la glorieta cuentan con la numeración correspondiente a la vecina avenida, lo que contribuye aún más a convertir en “clandestina” su verdadera denominación oficial.


Calle de Anchuelo

La existencia de dos vías urbanas diferentes compartiendo el nombre de Ajalvir, la avenida (antigua carretera) que parte de la glorieta del Chorrillo y una corta calle del barrio de Santa Margarita, junto a la antigua Universidad Laboral, hizo que el ayuntamiento considerara conveniente cambiárselo a una de ellas, concretamente a la segunda por ser la menos importante, la cual pasó a ser denominada oficialmente calle de Anchuelo. Pero como en la práctica no se llegaron a cambiar las placas ni se modificaron los planos, esta modificación no llegó a salir del papel.


Plaza de Andrés Hernández Manteca

A raíz de la remodelación urbanística de la antigua finca denominada Quinta de Cervantes, entre las calles Navarro y Ledesma y Ángel, el ayuntamiento adquirió el palacete (sede hoy de la concejalía de Medio Ambiente) y los jardines adyacentes, mientras que en el resto del solar se edificaba y se abría una pequeña plaza que fue bautizada con el nombre del promotor urbanístico que cedió estos terrenos. Esto ocurría a finales de los años noventa, pero el nuevo ayuntamiento surgido de las elecciones de 1999, de signo político diferente al anterior, revocó esta decisión rebautizándola con el nombre de plaza de la Quinta de Cervantes, que es el que mantiene en la actualidad.


Calle de Ángelo Nardi

Este pintor italiano, autor de los cuadros de la iglesia de las Bernardas y de un buen puñado más de los que otrora adornaran los templos de nuestra ciudad, hoy en gran parte desaparecidos, no ha tenido demasiada suerte en el callejero complutense. Tras varios intentos fallidos, por diversas circunstancias, de dedicarle una calle, finalmente se puso su nombre a una pequeña travesía que separaba dos edificios, entonces en construcción, en la manzana delimitada por las calles Empecinado e Infanta Catalina, junto al convento de las dominicas de Santa Catalina; pero cuando dicha obra terminó la presunta calle resultó ser un patio interior y por lo tanto privado, con lo cual puede decirse que la presunta calle de Ángelo Nardi ni tan siquiera llegó a nacer pese a que figurara como tal en algunos callejeros de principios de los años noventa.


Calle del Arzobispo Bernardo

Con esta calle, una de las tres que limitan el barrio de los Nogales, ocurrió lo mismo que con la plaza de José de Elola y su vecina calle de Lorenzo Hervás y Panduro (la tercera es el camino de Teatinos, un nombre tradicional anterior a la urbanización de la zona), y por lo tanto desapareció en lo que respecta a su denominación prácticamente al mismo tiempo de haberse bautizado como tal. Aunque la calle, lógicamente, sigue existiendo, quedó englobada (y así continúa) bajo el apelativo general del barrio. El arzobispo Bernardo, un monje cluniacense francés llegado a España a finales del siglo XI, es considerado como el responsable de la reconquista de Alcalá (o al menos de la población del llano) dentro de la campaña por la que el rey Alfonso VI anexionó a Castilla el reino taifa de Toledo, y fue también el primer arzobispo de la reconquistada capital del Tajo.


Plaza de la Asunción

Con este nombre aparecía en los planos la glorieta formada por la intersección de los paseos del Val y de la Alameda, las avenidas de Lope de Figueroa y de la Virgen del Val y la ronda del Henares, pero sólo en los planos ya que finalmente fue bautizada como plaza de la Juventud. Su nombre Asunción corresponde a una de las muchas advocaciones relacionadas con el culto mariano, sin que tenga relación particular con la historia religiosa de nuestra ciudad.


Calle de la Ballesta

Éste es un caso realmente curioso. Cuando allá por los años setenta se trazaron las calles del barrio de Caballería Española, parte de las mismas fueron bautizadas con nombres correspondientes al equipamiento de los antiguos caballeros: Daga, Escudo, Espada... y Ballesta. Esto no gustó demasiado a los vecinos de esta última por las connotaciones negativas de su homónima madrileña, por lo cual solicitaron al ayuntamiento, a mediados de los años ochenta, que le fuera cambiado. El ayuntamiento aceptó, pasando a llamarse esta calle Padre Mariana, uno de los más ilustres estudiantes de la universidad alcalaína. Nacido en 1536, fue historiador, humanista y filósofo. Muy joven vino a estudiar a Alcalá, profesando en la Compañía de Jesús. Tras viajar por Europa como profesor volvería a España, residiendo en Toledo hasta su muerte. Fue encargado de revisar la Biblia Políglota de Amberes, obra del también estudiante en la universidad alcalaína Arias Montano, y revisaría más tarde otras muchas obras de importancia, escribiendo por su parte numerosas obras de historia, teología y filosofía.


Calle del Caz

En teoría, según varios callejeros de la época, esta calle bordeaba las tapias del antiguo campo de fútbol del Val por su zona trasera, en lo que hoy se conoce como la plaza de la Juventud, aunque yo siempre la conocí como un simple camino embarrado. Al construirse la ronda del Henares quedó englobada en ésta.


Camino del Cementerio

Tradicionalmente el camino del Cementerio había sido la vía urbana que, partiendo de la glorieta del Chorrillo, llegaba hasta la puerta del cementerio antiguo para, a continuación, dar un giro de noventa grados cruzando la vía por el antiguo paso a nivel y acabar saliendo a la actual Vía Complutense a la altura de Roca, frente a la calle de Andrés Saborit. La construcción de un paso elevado en sustitución del antiguo paso a nivel hizo que el tramo final de la calle quedara desgajado del resto al prolongarse éste siguiendo el antiguo camino que discurría paralelo a las tapias del cementerio, lo que aconsejó rebautizar a ambas zonas de la nueva calle con el nombre de Camarmilla. Todavía quedaba, no obstante, la otra mitad del camino del Cementerio, la que iba desde el Chorrillo hasta el paso elevado, pero las protestas de los vecinos, a los que desagradaba este nombre (después de un buen puñado de años ostentándolo, curiosamente), hicieron que el ayuntamiento lo cambiara por el del Chorrillo, lo cual dicho sea de paso creó un nuevo foco de confusión con las vecinas glorieta del Chorrillo y calle Ladera del Chorrillo.


Calle Cerrada

Pese a que nada tenía de malo el nombre de esta pequeña callecita, que discurre entre las del Cardenal Cisneros y Almazán, para terminar en un fondo de saco que justificaba este apelativo, el ayuntamiento decidió cambiárselo por el del arzobispo toledano Ximénez de Rada.


Calle Daga

Se llamaba así el tramo de la antigua travesía de la carretera nacional comprendido entre el cruce con Caballería Española (o con más propiedad desde el final de la corta calle de la Lanza) y Luis de Medina, pero dándose la paradoja de que esta denominación sólo afectaba a la acera de los impares (barrio conocido también como Pryconsa, por la constructora que lo edificó) mientras la de los pares seguía la numeración de la avenida de Guadalajara. Como cabe suponer tal nomenclatura resultaba bastante poco coherente, razón por la que finalmente ambas acabaron siendo incluidas en la Vía Complutense.


Paseo de la Dehesa

Así se llamó tradicionalmente el camino que conducía desde la puerta de Santa Ana, atravesando lo que entonces eran sembrados y huertas, hasta la antigua dehesa de la ciudad, lo que luego fuera el vivero forestal, y hasta la presa de las Armas. Al urbanizarse en los años sesenta a la calle que se trazó sobre él se la bautizó con el nombre de avenida de los Reyes Católicos, que a su vez acabaría siendo el nombre genérico de todo el barrio. Puede que hoy en día sean ya muy pocos los alcalaínos que recuerden este antiguo nombre, que fue una lástima perder.


Plaza del Doctor Mollinedo

De acuerdo con los planos de finales de los años setenta, esta plaza se encontraba en el barrio del Pilar junto a la avenida de Nuestra Señora de Belén; pero al construirse en su solar el colegio público Santos Niños desapareció del callejero aun antes de haber existido. La plaza estaba dedicada al ilustrísimo señor don Manuel Mollinedo, obispo de Cuzco (Perú), el cual donó en 1682 un juego de candeleros y cruz de plata con destino a la capilla de los Santos Niños de la Magistral. Según las crónicas estos objetos eran de gran valor artístico y monetario, pesando sin el hierro sesenta y nueve marcos y una onza.


Calle de la Duquesa de Badajoz

En los años sesenta y setenta era muy normal que las constructoras “bautizaran” por su cuenta y riesgo las vías públicas de los barrios que construían, recurriendo habitualmente a denominaciones escogidas con fines publicitarios. No eran, ni mucho menos, denominaciones oficiales, pero aunque tarde o temprano (en ocasiones más bien tirando a tarde) el ayuntamiento se decidía a normalizar la situación poniendo nombres a las calles según sus propios y soberanos criterios, podía ocurrir que esas denominaciones “oficiosas” hubieran cuajado ya lo suficiente en el vecindario como, tal como ocurrió con el Parque de los Nogales, éstas acabaran imponiéndose contra viento y marea. En otras ocasiones, sin llegar a tanto, eran los propios callejeros los que reflejaban esta anómala situación, lo cual puede desorientar a alguien que los consulte hoy en día.

Éste es el caso, precisamente, de lo que ocurrió con la calle Duquesa de Badajoz, en realidad un nombre fantasma que jamás llegó a figurar de forma oficial entre las vías públicas complutenses. La culpa de todo la tuvo la constructora Copasa que, al iniciar las obras en su barrio de Reyes Católicos, invitó a la inauguración a la citada aristócrata, que descubrió según creo recordar una pequeña placa con su nombre... la cual duró cuatro días. La calle que llegó a aparecer como tal en algunas guías de la época se llamaba en realidad, y se sigue llamando, Gardenia.


Calle de El Escorial

Cuando se urbanizó el actual barrio de Reyes Católicos allá hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta del pasado siglo, se dio este nombre a una futura calle que, según los planos de la época, habría sido perpendicular a la de San Asturio Serrano, estando ubicada entre la de Ramiro II y la prolongación de la avenida de los Reyes Católicos. En realidad allí jamás llegó a haber ninguna calle (es un patio interior entre dos edificios), pero el nombre se rescató años más tarde bautizándose con él a una calle de uno de los polígonos industriales situados junto a la Vía Complutense, ya a la salida de la ciudad en dirección Guadalajara y cercano al cruce con la calle Ávila, en la rotonda bautizada con el pomposo nombre de Puerta del Universo.


Calle de la Esgaravita

Esta calle, transversal de la avenida de Juan de Austria, compartía nombre con el camino del mismo nombre, por lo que al ser urbanizado éste el ayuntamiento estimó conveniente cambiárselo para evitar confusiones. Su denominación actual es la de Cardenal Fonseca, dándose la circunstancia de que por error se atribuyó rango cardenalicio al arzobispo toledano Alonso de Fonseca, algo que en realidad no tuvo.


Plaza de la Estación

Fue trazada a mediados de los años 80 sobre el solar del antiguo edificio de la estación de ferrocarril, al final del Paseo de la Estación. El 11 de marzo de 2014, décimo aniversario de los atentados de Atocha, fue rebautizada con el nombre de Plaza del 11 de Marzo.


Calle de los Hermanos Smith, de la Ele o de García Gudiel

Nada menos que tres denominaciones diferentes, todas ellas efímeras, para una única vía urbana, el pasaje de Escobedos para entendernos. La primera de ellas, al parecer, fue la que pretendió imponer la constructora de los edificios que la bordean, por ser este nombre el de unas personas vinculadas a ella; práctica habitual durante los años sesenta que el ayuntamiento no aceptó en este caso, aunque sí en otros. El nombre de calle de la Ele, con el que aparece en otros callejeros, alude a su forma, doblada en ángulo recto, pero tampoco llegó a ser oficial, conociéndosela en la práctica como pasaje de Escobedos, nombre que también era el que figuraba en las placas. Por estar este nombre nada menos que triplicado (vecinos a ella son la calle y la travesía de Escobedos), y buscando evitar posibles confusiones, a mediados de los años ochenta llegó a cambiársele el nombre por el de García Gudiel, el prelado toledano que logró, en tiempos del rey Sancho IV el Bravo, la concesión a Alcalá de unos Estudios Generales futuro embrión de la universidad cisneriana. Pese a que esta modificación fue oficial e incluso se reflejó en las guías, en la práctica, al no cambiarse las placas, esta baqueteada calle siguió con su nombre de siempre.


Calle de Jacinto Guerrero

Esta calle es el único vial interno de un pequeño polígono industrial situado en el camino del Cementerio, frente al cementerio municipal, el cual es su único enlace ya que por el otro lado queda cortada por la valla de la vía férrea. Siguiendo la tradición asentada de dedicar a músicos españoles las calles del vecino barrio del Chorrillo se eligió para ésta el nombre de este compositor toledano autor de zarzuelas tan conocidas como Los gavilanes, El huésped del sevillano o La rosa del azafrán. Sin embargo, y pese a que figura como tal en los planos oficiales del ayuntamiento, el hecho de que sea la única calle interior de un polígono vallado en su totalidad, y que nunca llegaran a ponerse placas en ella, hace que en la práctica no haya llegado a conocerse con tal nombre.


Plaza de José de Elola

Basta consultar un callejero actual para encontrar una plaza de este nombre, vecina a la avenida de la Caballería Española. Sin embargo ésta no fue su ubicación original, ya que en un principio se pensó esta denominación para la plaza central del barrio conocido con el nombre de Parque de los Nogales. La oposición vecinal al cambio motivó que el ayuntamiento se retractara, aunque tiempo después el nombre se rescataría para otro rincón alcalaíno. José de Elola y Gutiérrez, nacido en nuestra ciudad en 1859 y fallecido en Madrid en 1933, fue un importante militar, inventor y escritor, conociéndosele entre otras actividades por ser uno de los precursores de la ciencia ficción española.


Calle de Josefa Saldaña

Se trata de un caso similar al anterior. El constructor del barrio cuyo eje es la calle Madre de Dios intentó bautizar a una de sus transversales con el nombre de Josefa Saldaña, familiar suya. El ayuntamiento no aceptó, denominándola oficialmente calle Dominicos.


Calle de Juan de la Cueva

Esta supuesta calle, habría estado ubicada junto al cruce de la carretera de Meco con la vía del ferrocarril, entre la calle Dulcinea y la fábrica de Química Sintética. En realidad durante muchos años fue un simple solar, hoy convertido en un pequeño parque, por lo que nunca ha llegado a ser una calle propiamente dicha aunque el parque se conoce por este mismo nombre. Juan de la Cueva fue un poeta español que, nacido en Sevilla en 1550, se convirtió en uno de los fundadores de la comedia española, cuyas leyes estableció en su Ejemplar poético. Su obra más conocida es la comedia de costumbres titulada El infamador, obra en la que al parecer se inspiró Tirso de Molina para escribir su Burlador de Sevilla. Fallecido en 1609, Juan de la Cueva no mantuvo relación alguna con nuestra ciudad.


Travesía de Juan de Soto

Por motivos de duplicidad de nombre esta calle, transversal como cabía suponerse a la calle de Juan de Soto, fue rebautizada como Carlos II.


Calle de Lorenzo Hervás y Panduro

Este caso es similar a la de la calle anterior, y vecina suya. Hervás y Panduro, nacido en 1735 en Horcajo de Santiago (Cuenca) y fallecido en Roma en 1809, sacerdote jesuita, fue uno de los más importantes filólogos españoles del siglo XVIII, pudiéndosele considerar muy acertadamente como el precursor de las modernas disciplinas de la antropología, la lingüística comparada y la filología, lo que le convierte en la máxima figura del enciclopedismo español de su siglo. Su vinculación con Alcalá estriba en que fue estudiante de nuestra universidad.


Avenida de Madrid y calle de la Puerta de Madrid

Estos dos nombres experimentaron una curiosa trasposición tras la necesaria remodelación que siguió a la conversión de la mayor parte del trazado urbano de la antigua N-II en la actual Vía Complutense. Según los callejeros de los años setenta, la avenida de Madrid era el tramo de la N-II que discurría entre la Cruz Verde y la actual plaza de las Veinticinco Villas (que todavía no existía), donde entonces terminaba el casco urbano de Alcalá. Por su parte, la calle de la Puerta de Madrid arrancaba de la puerta que le daba nombre para enlazar con la avenida de Madrid justo en lo que ahora es la citada plaza de las Veinticinco Villas. Paradójicamente, la plaza situada al otro lado de la Puerta de Madrid, donde confluyen las calles Cardenal Sandoval y Cardenal Cisneros, era un mero aparcamiento que carecía oficialmente de nombre.

Puesto que esta situación era un tanto anómala, y además la avenida de Madrid se vio abocada a desaparecer, junto con la ronda de Santiago, la calle Daga y parte de la avenida de Guadalajara al ser absorbidas todas ellas por la nueva Vía Complutense, se decidió hacer una reordenación que dejó las cosas tal como están ahora: la antigua calle de la Puerta de Madrid fue rebautizada con el más adecuado nombre de avenida de Madrid, que había quedado “libre”, al tiempo que se reservaba el de Puerta de Madrid para la plaza vecina a este monumento. Años más tarde, vista la necesidad de dar nombre al último tramo de la antigua N-II que había quedado sin bautizar, el comprendido entre la plaza de las Veinticinco Villas y el puente del Torote, se decidió considerarlo la prolongación de la avenida de Madrid desestimando la otra posibilidad, la de incluirlo en la Vía Complutense, dado que esto hubiera supuesto cambiar toda la numeración de esta última.


Calle de Mateo Vázquez

Otra supuesta calle que, a pesar de todo, aparecía en los planos uniendo, en teoría, las calles de Lope de Rueda y Luis de Medina; en realidad se trataba tan sólo de un simple solar residuo de la lamentable planificación urbanística del barrio de Caballería Española, alzándose hoy en ella una pequeña plaza. Mateo Vázquez fue un secretario de Felipe II, del que algunos investigadores dicen que fue condiscípulo de Cervantes en Sevilla, al que el autor del Quijote dedicó durante su cautiverio en Argel una conocida poesía titulada Epístola a Mateo Vázquez, sin que exista (o al menos yo no la conozco) ninguna vinculación entre este personaje y Alcalá.


Barrio de la Merced

Este barrio, formado por viviendas unifamiliares, estaba habitado por funcionarios de Prisiones, y se encontraba junto al paseo de Aguadores. Fue desalojado a raíz de que, a principios de los años ochenta, el Ministerio de Justicia planeara construir en esos terrenos una prisión de alta seguridad que sustituyera a la antigua de la calle de los Colegios, obra que finalmente no se llevó a efecto al trasladarse el nuevo centro penitenciario a la carretera de Meco. El solar fue cedido al ayuntamiento de Alcalá, que durante bastantes años ubicó allí el recinto ferial sustituido recientemente por el actual de la Isla del Colegio, junto con unas instalaciones deportivas. Aunque las viviendas vacías permanecieron en pie todavía durante algún tiempo, éstas acabarían siendo derribadas por motivos de seguridad, no quedando actualmente el menor rastro de ellas.


Calle de Mesina

Teóricamente esta vía urbana discurría paralela a la calle de Diego de Urbina; en la práctica no llegó a existir como tal, al ser absorbida por la plaza de Carlos I, lo que no impidió que siguiera apareciendo durante mucho tiempo en los callejeros. Situada en pleno centro del barrio dedicado a la batalla de Lepanto, nos recuerda al conocido estrecho que separa a la península italiana de la isla de Sicilia, lugar donde la mitología griega situaba el difícil paso de Scila y Caribdis.


Plaza del Padre Lecanda

El nombre de esta recoleta placita alcalaína dedicada al sacerdote filipense que tanto hiciera por Alcalá durante las primeras décadas del siglo XX, fue durante unos años una denominación de ida y vuelta; cuando el ayuntamiento salido de las urnas en 1979 decidió suprimir del callejero todas aquellas denominaciones vinculadas con la guerra civil, en un exceso de celo se llevó por delante ésta pese a don Juan José de Lecanda nada tuvo que ver con ésta, al tiempo que también estuvo a punto de hacer lo propio con el Teniente Ruiz, la calle y la plaza de la Victoria (que deben su nombre a la de Lepanto, algunos siglos anterior a la franquista) e incluso con la avenida de la Caballería Española... cosas de la época. Por fortuna algunos años después un nuevo ayuntamiento mejor informado solucionó el desaguisado devolviéndole al padre Lecanda su plaza, que mientras tanto se había denominado oficialmente plaza de San Felipe, en clara e innecesaria redundancia con la vecina calle del mismo nombre.


Calle de San Esteban

Probablemente sea éste el caso más chusco de toda la historia del callejero complutense. En un momento que no he podido determinar con precisión, pero sin duda anterior a la guerra civil, el ayuntamiento decidió honrar con una calle el nombre del ex-alcalde Esteban Azaña, padre como es sabido de Manuel Azaña. Así se hizo, eligiéndose para ello la céntrica calle Nueva que entonces incluía también un pequeño callejón que discurre de ella a la vecina plaza de Palacio. Al terminar la guerra civil, y al estar la figura de Manuel Azaña proscrita, el cerrilismo sectario llegó hasta el extremo de suprimir la calle que tenía dedicada su padre, a la cual se le devolvió su nombre tradicional que aún hoy conserva. Sin embargo, y por razones que ignoro, el callejón antes citado quedó “colgando” sin saberse muy bien cual era su nuevo nombre; lo curioso, es que en los planos y callejeros editados en los años de la posguerra este callejón aparece dedicado a un fantasmagórico “Esteban” o incluso, como ocurre con una guía -bastante completa, por cierto- de ¡1978!, como calle de “San Esteban”. Puesto que el bueno de don Esteban, aunque excelente alcalde y apreciable historiador, no consta que figure todavía en la nómina de los bienaventurados celestiales, el ayuntamiento acabó enmendando el entuerto de forma que esta pequeña vía urbana aparece hoy con su nombre correcto, aunque al resto de la calle se prefirió dejarlo como Nueva.


Calle de San Isidoro de Sevilla

Este arzobispo hispano-visigodo compuso en honor de los Santos Niños un oficio y una misa propia, que introdujo en el Breviario y el Misal mozárabes que ordenó para toda España. Por tal motivo, al urbanizarse el actual barrio del Pilar en los años sesenta, dedicándose sus calles a personajes y poblaciones vinculados con los Santos Niños, inicialmente se pensó dedicarle uno de los dos tramos de la actual avenida de Nuestra Señora de Belén, concretamente el que discurre entre el camino del Juncal y la avenida de los Reyes Católicos, aunque finalmente no se hizo así. Años más tarde se intentó recuperar este nombre para otra calle del barrio, la travesía de San Asturio Serrano, dado que este nombre coincidía con el de la vecina calle y podía inducir a confusiones. Sin embargo, tal iniciativa no llegó a pasar del papel y hoy en día san Isidoro sigue sin tener ninguna calle dedicada en Alcalá.


Camino de la Sangrera

O de la Zanja Sangrera. Este caso es bastante similar al del paseo de la Dehesa, aunque probablemente resulte menos conocido. Su nombre se debía a que paralelo a él discurría un caz que servía de aliviadero en caso de posibles riadas, desviando el agua que pudiera inundar la zona del actual barrio Venecia hasta la presa de las Armas salvando el recodo que forma el Henares a la altura del puente Zulema. Pese a que habría resultado interesante recuperar este nombre, el ayuntamiento optó por considerar continuación de la ronda Fiscal a la avenida que se trazó sobre él, pese a tratarse de dos vías de tipología completamente distinta.


Ronda de Santiago

Recibía esta denominación un tramo de la antigua travesía de la carretera nacional, concretamente el comprendido entre la plaza de la Cruz Verde y la de Atilano Casado, aunque a raíz de las elecciones municipales de 1979 se le incorporó el tramo siguiente, entre Atilano Casado y el cruce con Caballería Española, hasta entonces llamado General Saliquet. De todos modos esta modificación fue bastante efímera, puesto que algunos años después quedaría englobada en la actual Vía Complutense.


Parque de la Serna

Este parque, situado entre el barrio de la Rinconada y la prolongación de la Ronda Fiscal, debía su nombre a la finca sobre cuyos terrenos se alza. Sin embargo, un buen día el ayuntamiento decidió cambiar su nombre por el de Enrique Tierno Galván, pese a que no se puede decir que Alcalá tuviera que agradecer nada al antiguo alcalde de Madrid, sino más bien todo lo contrario.


Calle del Valle de Nocito

Durante algún tiempo figuró esta calle en los planos de nuestra ciudad, los cuales la ubicaban en las proximidades de la avenida de los Reyes Católicos. Nunca llegó a ser construida, cuyo trazado fue absorbido por la plaza del Barro. No obstante, el nombre se recuperaría años después para denominar a una calle de nuevo trazado perpendicular a San Vidal, situada por lo tanto no muy lejos de allí.

El valle de Nocito, ubicado en la actual provincia de Huesca, debe su relación con Alcalá al hecho de que fue allí donde llevó san Urbicio las reliquias de los Santos Niños, sacadas de Alcalá ante el temor de que pudieran perderse al estar nuestra ciudad bajo dominación musulmana. Pero cuando Alcalá quiso recuperar las reliquias bastantes siglos después, los habitantes de este valle se resistieron con uñas y dientes a cederlas, lo que dio origen a toda una serie de incidentes que sólo pudieron ser subsanados tras la decidida (e interesada) intervención del rey Felipe II.


Rotonda de Vicente Blasco Ibáñez

Cuando se trazaron las calles del actual barrio del Ensanche, para la rotonda en la que confluyen las avenidas de Miguel de Unamuno, Alcarria y José María Pereda se consideró el nombre del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Puesto que entonces la trama viaria de la zona estaba todavía sin concluir, y de hecho durante mucho tiempo tan sólo estuvo asfaltada la mitad de la citada rotonda, la aludida rotonda cayó en esa especie de limbo administrativo del que tan difícil es salir, y todo parece indicar que, cuando se descubrió que seguía sin bautizar, nadie cayó en la cuenta de que ya tenía un nombre asignado, colocándosele unos rótulos con el apelativo de Plaza de la Paz.


Publicado el 28-5-2007
Actualizado el 3-2-2017