El arte funerario en el cementerio complutense (III)
Los panteones



Además de los dos artículos dedicados a las esculturas presentes en el cementerio antiguo de Alcalá, resulta conveniente completar la serie con un tercero dedicado a los elementos arquitectónicos existentes en él, básicamente la capilla y los panteones, aunque también la tapia perimetral y los edificios anejos. Esto crea una pequeña discordancia ya que esta sección está reservada, tal como indica su nombre, a los artículos referentes a las estatuas y monumentos complutenses pero no a los de los edificios, que pertenecen a otro apartado; pero dada la evidente coherencia temática de éste y los dos anteriores, he estimado conveniente agrupar a los tres en una única sección en lugar de dispersarlos en dos distintas.

Hecha esta pequeña aclaración, conviene repetir lo que ya había explicado en el primer artículo: aunque el cementerio fue inaugurado, según Esteban Azaña, en 1839, lo que vemos ahora -me refiero, claro está, a la parte más antigua del mismo, no a las ampliaciones posteriores- es fruto de una profunda remodelación realizada en 1891 o bien de los años inmediatamente posteriores, por lo que podemos afirmar que la práctica totalidad de los elementos que se conservan en la actualidad proceden de la época comprendida entre finales del siglo XIX y los primeros años del XX.

En aquella época, coincidente con la que se ha venido a denominar la Belle Époque, España se encontraba no sólo muy aislada de Europa, que entonces era como decir del mundo, sino asimismo sumida en una profunda crisis que acabaría culminando en el Desastre del 98. Por esta razón, y a diferencia de lo que ocurría en los países vecinos o en alguna ciudad española como Barcelona, la arquitectura finisecular hundía sus raíces en el pasado con unas claras tendencias historicistas y una profusa proliferación de los estilos neo: neoplateresco, neomudéjar, neobizantino, neoclasicista... lo cual no implica en modo alguno una calidad artística mediocre, ya que en esos años se construyeron magníficos edificios que aún hoy continúan siendo una importante seña de identidad de sus respectivas ciudades, tal como ocurre en Alcalá con el neomudéjar Hotel Laredo.

Así pues, no es de extrañar que la arquitectura pública del cementerio -la tapia perimetral con sus edificios anexos y la capilla- se ciña a uno de estos estilos, el neomudéjar concretamente, del que en Alcalá tenemos como muestra, además de éste y del ya citado Hotel Laredo, el edificio del antiguo Matadero y la más tardía -data ya de la década de 1920- ermita del Val. Respecto a la tapia poco hay que añadir ya que ésta es sencilla incluso en la puerta principal, único elemento no construido en ladrillo ya que está realizada en piedra caliza y hierro, pero conviene que fijemos nuestra atención en la capilla.




Dos vistas de la capilla


La capilla se encuentra algo desplazada sobre lo que sería el centro geométrico del recinto del primitivo cementerio, con anterioridad a las ampliaciones del siglo XX siempre realizadas por la parte trasera en dirección al Camarmilla, y con toda probabilidad debe de ocupar el solar de la primitiva ermita de San Roque en torno a la cual se levantó el camposanto. Aunque puede que en un principio se aprovechara la ermita como capilla del nuevo cementerio, el edificio actual data de finales del siglo XIX y está construido asimismo en estilo neomudéjar. En la segunda parte de su Historia de Alcalá, publicada en 1883, Esteban Azaña afirma que la capilla estaba recién construida, lo que nos remite a una fecha anterior en algunos años a la de la ya citada remodelación de 1891. Aunque desconozco si fue entonces cuando se derribó la ermita para construir la capilla, cabe suponer que sea lo más probable.

Tal como puede apreciarse en las fotografías, la capilla es de pequeño tamaño y planta poligonal, con unos contrafuertes exagerados para lo exiguo de su planta. Cuenta con dos pequeños anexos laterales que, supongo, oficiarán de sacristía -asimismo minúscula- y para algún otro fin similar, y en la portada principal presenta un pequeño atrio sostenido por dos columnas y rematado por un campanario. La capilla se cubre con una cúpula rebajada de vaga inspiración bizantina, y en su interior tan sólo se conserva hoy un sencillo retablo adornado por una imagen moderna de la Virgen del Carmen sin el menor valor artístico.

Dado lo exiguo de su capacidad resulta difícil imaginarse un servicio religioso en su interior, aunque basta con apreciar la existencia frente a ella de un banco de piedra con rodillos de hierro en su parte superior para adivinar que su arquitecto la diseñó con objeto de que los ataúdes fueran depositados en el citado banco en el exterior de la capilla, por lo que los citados servicios religiosos se realizarían al aire libre, quedando la capilla tan sólo como un simple remedo del presbiterio y, supongo, también como albergue del sagrario, aunque no nos es posible saber cual pudo ser su iconografía inicial, probablemente perdida durante la Guerra Civil.




La Farola del Cementerio


Frente a la capilla se alza la conocida como Farola del Cementerio, una modesta cruz de hierro rematada por dos farolas que fue el símbolo de la asociación benéfica del mismo nombre, quizá encargada de proporcionar enterramientos de caridad a quienes no pudieran sufragarlos. En la base de la farola se encuentra la tumba del fundador de la asociación, Agustín Sánchez.

Los panteones se articulan en torno a la capilla, siempre a poca distancia de ella, configurando la parte más noble -al menos según los conceptos de hace cien años- del cementerio. Son ocho en total, lo que no es demasiado para una ciudad de tamaño relativamente importante, lo cual ha de interpretarse, posiblemente, como consecuencia de la ausencia casi absoluta de burguesía en la Alcalá finisecular. Llama la atención, asimismo, que las familias propietarias, en los casos en los que los apellidos figuran en los panteones, no suelen corresponder por lo general a las más ricas o poderosas de la época, sino más bien a una discreta clase media.

En cualquier caso debió de llegar un momento en el que el ayuntamiento dejó de conceder licencia para levantar nuevos panteones, razón por la cual no llegó a ser construido ninguno en las sucesivas ampliaciones del cementerio.


Los dos panteones más artísticos


Si fijamos nuestra atención en estos ocho panteones, veremos que se ciñen a varios estilos arquitectónicos diferentes. Dos de ellos, los más llamativos, tienen forma de pequeños templos imitando un tanto el estilo de la vecina capilla: ambos son de planta cuadrada, rematados por una linterna poligonal el primero y una cúpula circular recubierta de pizarra el segundo. Uno de ellos es de mármol blanco, e imita un estilo entre románico y gótico. El otro, más sencillo, es de ladrillo con remates de piedra caliza, y su portada sigue el estilo románico.


Otros dos panteones


Otros dos panteones, más pequeños que los anteriores, tienen planta cuadrada, o rectangular. El primero está construido en granito, con una cúpula recubierta de pizarra. El segundo es de piedra caliza, está adornado con pináculos y su portada recuerda asimismo al románico, o a la transición al gótico, mientras su tejado presenta un curioso diseño.


Los cuatro últimos panteones


Los cuatro restantes son mucho más sencillos, con planta rectangular y un tamaño reducido, sin apenas elementos decorativos que les hagan destacar salvo, en uno de los casos, sendas vidrieras modernas -posteriores a la Guerra Civil- representando a la Virgen del Val y a los Santos Niños. Tan sólo uno de ellos llama la atención debido a su estilo clásico, que recuerda un tanto a los antiguos edificios grecorromanos, mientras los otros tres no presentan mayor interés.




El panteón de la BRIPAC


De arriba a abajo vista delantera del panteón, caras delantera y trasera del obelisco y vista trasera del panteón


Mención especial merece el sobrio panteón de la Brigada Paracaidista, dado que no se trata de un edificio cerrado sino de un conjunto de sepulturas agrupadas en torno a un obelisco central. Las tumbas, todas iguales, están cubiertas por unas sencillas losas de granito y cuentan con unas lápidas que ofician de cabeceras por ambos lados, figurando en ellas los nombres de los militares en ellas enterrados. El obelisco, también de granito, tiene dos de sus caras grabadas. En la delantera figuran la leyenda “A LOS QUE DIERON SU VIDA AL SERVICIO DE ESPAÑA” y el escudo simplificado de esta unidad militar, un paracaídas abierto sobre la cruz de San Andrés. La cara trasera tiene adosados dos pequeños escudos metálicos, uno esmaltado que reproduce los guiones de sus diferentes secciones, y otro de bronce con el escudo de la Brigada, junto con el texto “CAÍDOS PARACAIDISTAS CON NOSOTROS”.




Ver también:
El arte funerario en el cementerio complutense (I). Las esculturas alegóricas
El arte funerario en el cementerio complutense (II). La iconografía religiosa


Publicado el 4-9-2012
Actualizado el 19-2-2016