Las fuentes ornamentales complutenses



Uno de los apartados que configuran el patrimonio ornamental de la ciudad, junto con las estatuas, los monumentos y las lápidas, es el correspondiente a las fuentes. Entiéndase, fuentes ornamentales, por supuesto, aunque la verdad es que de las otras -las de beber- cada vez van quedando menos.

Y aquí, como no podía ser menos, tropezamos, al igual que ocurriera en los otros apartados, con el problema de delimitar con suficiente nitidez las fronteras. Por un extremo, nos encontramos con monumentos tales como el busto de Lázaro Cárdenas, el de la Imprenta, las fuentes de Aguadores y de Sementales, o incluso la estatua de San Ignacio, en los que el elemento, digamos escultórico, predomina -o al menos así me lo parece- sobre la componente acuática, razón por la que he preferido incluirlos en las respectivas secciones de estatuas de personajes históricos -los de Lázaro Cárdenas y San Ignacio- y de esculturas alegóricas el resto.

Por el otro, tenemos también fuentes carentes por completo de elementos escultóricos o arquitectónicos cuyo único ornato son los juegos de agua, tal como ocurre con las de la plaza de las Veinticinco Villas, o las de las glorietas de Arganda -a la salida de la ciudad, en dirección a Madrid, por la antigua carretera nacional- y de la avenida de la Alcarria, en su confluencia con la de Miguel de Unamuno. En estos casos, y atendiendo a la no existencia de nada “tangible” -aunque todas estas fuentes son estéticamente muy aceptables-, he optado por no reflejarlas aquí, aunque ya me gustaría disponer de alguna fotografía de la desparecida fuente luminosa de la plaza de los Santos Niños que, pese a su modestia, encandiló en su día a mis ojos infantiles. Huelga decir, por último, que ni siquiera me he molestado en considerar las fuentes de fábrica estilo “Leroy Merlin” que “adornan” -es un decir- algunos rincones de nuestras plazas y calles.

Así pues, lo que queda tras estos descartes es lo que viene reflejado en este artículo, aunque claro está que en algunos casos podrá cuestionarse su inclusión o no en el mismo; como cabe suponer, se trata de una evidente cuestión de criterios.




Fuente de la plaza de Palacio




Aspecto original de la fuente de la plaza de Palacio


La fuente más antigua que se conserva en Alcalá es probablemente la de la plaza de Palacio, ya existente en ese mismo emplazamiento a finales del siglo XIX tal como refleja una antigua postal . Se trata de una sencilla fuente ornamental carente elementos escultóricos, que cuenta con un pilón circular de piedra caliza y una alcachofa central, también del mismo material. Según algunas referencias históricas, habría sido donada a Alcalá por el ayuntamiento madrileño.




La fuente de la plaza de Palacio en la actualidad


Aunque tanto el pilón como la alcachofa central han llegado prácticamente intactos hasta nuestros días, comparando una fotografía actual con la de la postal anterior se aprecia que lo que sí han desaparecido son los caños -al menos dos, y quizá cuatro- con los que contaba inicialmente y que servían para que los vecinos del barrio pudieran aprovisionarse de agua.




Fuente de los Cuatro Caños




Postal de principios del siglo XX, con la fuente de los Cuatro Caños en la plaza de San Diego


Otra fuente antigua, aunque de vida mucho más ajetreada que la de su compañera, es la popular fuente de los Cuatro Caños. Ubicada inicialmente en la plaza de Cervantes, concretamente en el extremo que linda con la calle Mayor -llamada por algunos autores de la época la “esquina de los peces” a causa de estar frecuentemente encharcada-, fue trasladada en 1874 a la vecina plaza de San Diego, quedando situada frente a la fachada de la universidad. Por aquel entonces, por cierto, tan sólo tenía dos únicos caños.




La fuente de los Cuatro Caños original, ya en la Puerta de los Mártires
Fotografía de Baldomero Perdigón


Fue en 1949, con ocasión de un nuevo traslado a la antigua Puerta de los Mártires, al final de la calle de Libreros, cuando se le instalaron otros dos caños más, adquiriendo su nombre popular por el que fue conocida desde entonces y que a su vez transmitió a esa plazoleta, imponiéndoselo sobre el oficial -e histórico- de Puerta de los Mártires.

La fuente de los Cuatro Caños fue siempre una fuente plebeya, ya que en aquellos tiempos en los que el agua corriente era un lujo asiático -las primeras conducciones domésticas de agua potable no se acometieron en Alcalá hasta 1947, y ni tan siquiera llegaban entonces a todas las casas- nuestra fuente era uno de los principales puntos de suministro de agua para los alcalaínos de entonces, así como para los aguadores tal como reflejan algunas fotos añejas. Por esta razón su diseño era sencillo y esencialmente funcional, con un pilón circular y un pináculo central de forma piramidal -que en su día soportó un farol en su cúspide- como única concesión artística, junto con los cuatro caños que le daban nombre simétricamente distribuidos, unos simples cilindros de piedra, rematados con sendos casquetes semiesféricos, de los que salían sus respectivos caños. El material en el que estaba realizada la fuente era piedra caliza.




La fuente de los Cuatro Caños reconstruida. Vista general


Cuando cambiaron los tiempos y la fuente perdió su función original, alguien en aras del “progreso” decidió, un mal día de 1968, llevársela por delante, supongo que porque le parecería fea y antigua, poco acorde sin duda con la “modernidad” ramplona que se puso de moda en esa época. Lo triste del caso fue que en el lugar que ocupaba no se instaló nada en sustitución suya -un escritor de la época lo bautizó atinadamente como la plaza del “redondel pelao”, al tiempo que Alcalá perdía de forma tan gratuita una de sus señas de identidad que, no por modesta, dejaba de ser merecedora de respeto. Eso sí, algunos de los antiguos caños fueron reutilizados en otros lugares de la ciudad tales como la plaza de Atilano Casado o la propia plaza de los Cuatro Caños, esta vez como prosaicos suministros de agua para viandantes sedientos, aunque con el tiempo también acabarían desapareciendo.




La fuente de los Cuatro Caños reconstruida. Detalle


Esta situación duró hasta que, en 1991, el Ayuntamiento decidió reconstruir la fuente, labor de la que se encargó el arquitecto municipal José María Málaga basándose en fotografías antiguas de la misma. Desde entonces su réplica se alza en el emplazamiento -el tercero- de la original, todavía sin la pátina de los años pero cumpliendo dignamente su misión, ya puramente ornamental.




Fuente de la calle Trinidad




Fuente de la calle Trinidad


Otra fuente felizmente rescatada, aunque en este caso sí se trata de la original, es la de la calle de la Trinidad. Muy sencilla y de modestas dimensiones, su diseño no es el de una fuente decorativa sino el de un simple suministro público de agua, con su concha circular de piedra y su diseño levemente arquitectónico con las dos columnas de piedra caliza de cada una de las cuales surgía un caño. Retirada en fecha indeterminada, al parecer por motivos de seguridad militar -se ubicaba en el recodo de la calle de la Trinidad formado por la fachada lateral del colegio de Málaga y la entrada de carruajes del frontero colegio de los Trinitarios Descalzos, entonces Comandancia Militar-, fue desechada por el ayuntamiento, siendo su destino, al igual que su hermana mayor de los Cuatro Caños, el vertedero. Por fortuna, fue recogida por el entonces concejal José Calleja y conservada en su finca, lo que permitió rescatarla, ya en los años 90, y volverla a instalar cercana a su lugar original, aunque no exactamente en éste sino en un pequeño rincón algo más cercano a la plaza de Cervantes.




Fuente de la plaza de la Victoria




Fuente de la plaza de la Victoria


La última de las fuentes “históricas” de Alcalá, lamentablemente desaparecida alguna otra como la del parque O’Donnell, es la de la plaza de la Victoria. De piedra, y también de diseño sencillo y dimensiones reducidas, presenta no obstante cierto interés su pilón tetralobulado, en una especie de remedo a pequeña escala de su hermana mayor de los Cuatro Caños... porque de cuatro caños dispone, aunque éstos no son individuales como en la otra sino que brotan del cuerpo central, prismático y desangelado tras una poco afortunada restauración. En fechas recientes -1993- se le adosó en una de sus caras una lápida conmemorativa del séptimo centenario de la fundación de los Estudios Generales, aunque por razones obvias el texto de la misma viene reflejado en el artículo correspondiente.




Fuente de las Cigüeñas




Fuente de las Cigüeñas


Hemos de pasar ahora a las fuentes recientes, que no son demasiadas tras los descartes comentados anteriormente. En 1991 el ayuntamiento encargó al escultor Roberto Castro la realización de tres fuentes ornamentales destinadas a distintos lugares de Alcalá, concretamente la puerta del Vado, la rotonda de San Isidro -junto a la ermita y el parque del mismo nombre- y la plaza de Antonio Rodríguez de Hita, en la confluencia de las avenidas de Juan de Austria y Lope de Figueroa. A causa de lo reducido del presupuesto estas tres fuentes fueron diseñadas en un formato modesto, aunque no por ello carente de interés. Para la de la puerta del Vado el artista eligió como motivo unas cigüeñas en su nido, situado en lo alto de un montículo de piedra que sustituye a los campanarios en los que normalmente suelen anidar estas aves.




Fuente de San Isidro




Fuente de San Isidro recién inaugurada


Para la rotonda de San Isidro el autor se decantó por una alegoría alusiva a este santo, concretamente la que refleja el milagro del ángel arando en lugar suyo, mientras él rezaba. Al igual que en el caso anterior, tanto la figura del ángel como las de los dos bueyes son también de bronce.




Fuente de San Isidro, víctima del vandalismo


Lamentablemente el vandalismo se cebó con esta fuente, en especial con el elemento más frágil, el ángel, al cual algunos cafres se dedicaron a doblarle las plumas de las alas y la cabellera. Sin comentarios.




Fuente de la plaza de Antonio Rodríguez de Hita




Fuente original de la plaza de
Antonio Rodríguez de Hita (desaparecida)


La tercera fuente carecía de motivo escultórico, ya que del centro del pilón poligonal común para las tres se alzaba una sencilla taza de la que sobresalía un pequeño elemento ornamental no figurativo. De las tres es la única que no se conserva, ya que desapareció en 1997 -aunque ya por entonces estaba muy deteriorada- tras la remodelación de la rotonda en la que se ubicaba, siendo sustituida por una fuente mucho más monumental pero carente de motivos escultóricos o arquitectónicos, ya que tan sólo cuenta con juegos de agua.




Fuente actual de la plaza de Antonio Rodríguez de Hita


Eso sí, aprovechando que el Pisuerga pasaba por Valladolid, se incluyó un pequeño monolito de granito, con una inscripción a modo de lápida conmemorando el XIX aniversario de la aprobación de la Constitución Española... se ve que la impaciencia de los políticos de entonces les impidió aguardar a que llegara un aniversario más redondo, y eso que no había elecciones por medio. El texto, insólito en este tipo de monumentos alcalaínos, es el siguiente:




Monolito de la fuente de la plaza de Antonio Rodríguez de Hita


Con motivo del XIX Aniversario
de la aprobación de la Constitución
Española se inaugura esta fuente,
siendo Alcalde el Ilmo. Sr.
D. Bartolomé González.
Alcalá de Henares, 6-12-1997




Fuente de la Puerta del Universo




Fuente original de la Puerta del Universo (desaparecida)


También en 1997 se inauguró una fuente ornamental en la nueva glorieta que se construyó a la salida de la ciudad en la intersección de la Vía Complutense -o si se prefiere la antigua carretera de Guadalajara- con la calle Ávila, lugar que andando el tiempo sería bautizado con el rimbombante nombre de “Puerta del Universo” pese a que a donde conduce es a la vecina ciudad de Guadalajara y, que yo sepa, no existe ninguna base espacial en sus cercanías. El motivo de esta fuente era muy sencillo y completamente abstracto, una especie de arco incompleto formado por dos vástagos verticales que se doblaban en ángulo recto enfrentando sus extremos, y bajo él un ciprés y un olivo sendas alegorías -según dijeron sus responsables, mi imaginación no da para tanto- de Don Quijote y Sancho Panza. Pero como pocos años después se acometió la construcción en ese lugar de un paso subterráneo que permitiera solventar los atascos de tráfico que allí se formaban, la fuente fue retirada durante las obras y, a pesar de que allí sigue existiendo la rotonda, nunca llegó a ser repuesta.




Fuente actual de la Puerta del Universo


En su lugar se instaló, posiblemente evitar sobrecargar de peso al túnel que discurre por debajo, una simple fuente acuática desprovista del menor elemento ornamental. Eso sí, del monumento original se conserva, en la acera contigua, un friso de azulejos que reproduce un mapamundi en el que aparece la frase inicial del Quijote traducida a diferentes idiomas, incluido el braille, lo que aparentemente justifica la “universalidad” del lugar. Su texto es éste:




Lápida conmemorativa de la Puerta del Universo
Vista general y detalle


PUERTA DEL UNIVERSO
Homenaje a Don Quijote de la Mancha,
legado cultural de
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
1547-1997


Mientras en la esquina inferior izquierda figuran el ayuntamiento de Alcalá como promotor de la iniciativa y Fernando Calvo López como autor del monumento.




Fuente de la avenida de Miguel de Unamuno




Fuente original de la avenida de Miguel de Unamuno (desaparecida)
Vista general y detalle


Ya entrado el siglo XXI se construyó una nueva rotonda en el barrio del Ensanche, concretamente en la confluencia de la avenida de Miguel de Unamuno con las calles Alejo Carpentier y Rafael Alberti, y al parecer a alguien se le ocurrió la idea de reconstruir en ese lugar la desaparecida fuente. En realidad lo que se acabó haciendo fue una especie de “arco triunfal” -de alguna manera tengo que denominarlo- de hormigón que más bien parecía el encofrado de una obra, debajo del cual brotaban unos modestos surtidores de agua sin el menor rastro de los extintos ciprés-quijote y olivo-sancho de su desaparecida compañera. Vamos, que era fea con avaricia, y así lo debieron de entender los responsables del ornato urbano puesto que, en el verano del 2011, fue desmontada instalándose en su lugar una nueva fuente carente de elemento decorativo alguno, salvo los propios chorros de agua.




Fuente actual de la avenida de Miguel de Unamuno




Fuentes del parque O’Donnell




Fuente del parque O’Donnell


Dentro del recinto del centenario -y maltratado- parque O’Donnell, más concretamente entre el paseo de los Pinos y la Vía Complutense, se encuentra esta modesta fuente que adorna la glorieta situada tras el kiosco del bar. De confección rústica y sin más adorno que una piedra central, a modo de monolito de cuya cúspide surge un pequeño chorro de agua, no por ello carece de encanto gracias al aspecto romántico que le da el musgo que la recubre casi por completo.




Fuente del parque O’Donnell


Muy similar es esta otra, situada en las cercanías de la confluencia de la antigua carretera de Daganzo, actual calle de Luis Astrana Marín, con la Vía Complutense, siendo evidente que ambas debieron de salir de las mismas manos.




Vista exterior del estanque del parque O’Donnell, con su pequeña cascada


A ella se suma el estanque central del parque, un antiguo aljibe ya existente en la huerta que ocupó anteriormente este lugar y cerrado desde hace mucho; el abandono del parque principal de la ciudad no puede ser más sangrante, sin que nadie desde el Ayuntamiento ponga el menor interés en remediarlo.

Todavía existió una fuente más, en esta ocasión concebida para saciar la sed de los paseantes. Estaba situada en uno de los paseos que separan la plaza central de la antigua Pista Florida, entre el paseo de los Pinos y el que arranca del Arco de San Bernardo, y desapareció sin dejar rastro tras una de las poco afortunadas remodelaciones de los últimos años. De modesta fábrica, su interés radicaba en que en su frontal se había colocado un antiguo escudo de la ciudad labrado en piedra, el cual también desapareció a la par de la fuente sin que haya logrado averiguar su paradero.




Fuente del parque de La Serna




Fuente del parque de La Serna


El parque de La Serna, en mala hora rebautizado con el nombre de Enrique Tierno Galván, un político al que nada bueno tiene que agradecer Alcalá, es una larga y estrecha franja de terreno ajardinado que discurre entre las traseras de los edificios de la calle Era Honda por el norte y la prolongación de la Ronda Fiscal -otra vía que debería recuperar su nombre original de Camino de la Sangrera- por el sur, sirviendo de frontera entre los barrios de Reyes Católicos y La Rinconada. El elemento central de este parque es una plazoleta en la que se ubica esta modesta, pero agradable fuente en la cual los chorros de agua juegan con un par de rejillas metálicas horizontales dispuestas de forma excéntrica, lo que produce un agradable efecto sonoro y visual que nos permite olvidar el deteriorado aspecto del muro perimetral.




Fuente de la calle Andrea Doria




Fuente de la calle Andrea Doria


En la calle Andrea Doria, más concretamente en su confluencia con Marqués de Alonso Martínez, se alza esta fuente desde, cuanto menos, principios de los años noventa. Aunque tiene todo el aspecto de ser prefabricada y su valor artístico es evidentemente limitado, no por ello deja de tener su valor como objeto decorativo en un barrio fruto de la especulación urbanística de los años sesenta y, por lo tanto, francamente poco atractivo. Lo malo fue que a poco de su instalación fue cercada por esa férrea -en todos los sentidos- reja metálica que la afea considerablemente y que, aunque cabe suponer que se hiciera para evitar posibles actos vandálicos, no deja de dar una triste impresión que me movió a bautizarla en su día como la fuente enjaulada.




Otras fuentes


Además de las ya enumeradas, existen otras fuentes en Alcalá que inicialmente no fueron concebidas como elementos decorativos, sino funcionales; recordemos que, aunque el agua corriente en el interior de nuestros domicilios no parezca hoy una infraestructura básica, se trata de algo tan reciente como, en el caso concreto de Alcalá, del año 1947. sin embargo, con el paso del tiempo se han convertido en parte integrante de nuestro patrimonio y, como tales, merecen ser recordadas.


Fuente del Juncal




Fuente del Juncal. Vista general


Como su nombre indica, esta fuente está situada al final del camino del Juncal, en el barrio de Reyes Católicos, y pese a su sencillez y a su estado de deterioro tiene importancia histórica, ya que se atribuye a la época romana aunque, tras sucesivas remodelaciones, la que ha llegado hasta nuestros días data del siglo XIX. Una pequeña lápida de piedra adosada al muro de ladrillo reza la siguiente inscripción:




Fuente del Juncal. Detalle de la lápida


FUENTE DE LA
ANTIGUA COMPLUTO
RESTAURADA EN
1849


El Ateneo de Madrid cuenta, dentro de su colección de antiguas fotografías sobre placa de cristal, con un interesante documento gráfico sobre la fuente del Juncal, no sólo porque nos permite saber el estado de la misma a finales del siglo XIX, sino porque junto a ella aparecen fotografiados Manuel Azaña, todavía niño, con su padre Esteban y su hermano Gregorio. Dado que Manuel Azaña nació en 1880 y su padre falleció en 1890, la fotografía tiene que ser anterior en tan sólo uno o dos años a esta última fecha, a juzgar por la edad que aparenta tener el futuro presidente de la República.




Fuente del Juncal. Circa 1890


Al parecer ésta y las demás fotografías de Alcalá que conserva el Ateneo, veintidós en total, tienen su origen en una conferencia que, con el título de Elegía del Campo Laudable, pronunció Azaña en el Ateneo, del que entonces era secretario, en mayo de 1915, dentro de un ciclo de conferencias organizadas precisamente por él en las que los socios hablaban de diferentes ciudades con las que mantenían algún vínculo especial. Las fotografías, procedentes de su archivo personal, habrían sido copiadas sobre vidrio para ser proyectadas durante la conferencia, lo cual nos permite hoy disfrutar de este interesante documento gráfico.




Fuente de la Salud




Fuente de la Salud. Vista general


No muy lejos de allí, en la ribera del Henares aguas abajo de la desembocadura del Camarmilla y apenas pasado el puente que allí cruza el río, se encuentra la fuente de la Salud, a la que también se le atribuye un origen romano. Dada su situación, en el talud que forma la ribera y recubierta por la abundante vegetación que medra al abrigo de la humedad, esta fuente queda semioculta, debiéndose bajar por un caminito hasta casi el nivel de las aguas del río. Por si fuera poco, la construcción de la variante de la M-300 cortó su acceso natural desde el camino del Juncal, por lo que ahora la única manera de llegar a ella es desde la presa de las Armas, bordeando la orilla del río.




Fuente de la Salud. Detalle de la lápida


La fuente, como se puede comprobar en la fotografía, es muy sencilla, apenas un muro de ladrillo en el que se enmarcan dos pequeños pilares de sillería enmarcando una zona central también de ladrillo. Sobre el caño de la fuente se alza una lápida de piedra con una inscripción muy desgastada en la que resulta extremadamente difícil leer su contenido, aunque parece hacer alusión a una restauración en un año que no he conseguido desentrañar junto, en la parte baja, con una frase latina relativamente mejor conservada.




Abrevadero de la Puerta del Vado




Abrevadero de la Puerta del Vado en su ubicación original
Fotografía de Baldomero Perdigón


En mi infancia, allá por los años sesenta del pasado siglo, llegué a conocer al menos media docena de abrevaderos, repartidos por distintos puntos de la ciudad: el del Chorrillo, en el parque de este nombre en la esquina que hacían la carretera de Daganzo y la de Ajalvir, donde ahora se alza la rotonda de la bandera; el de Caballería Española, entonces llamada precisamente Ronda del Abrevadero, situado más o menos a la altura de la plaza de José de Elola; el del Caño Gordo, en la carretera de Meco, en las proximidades del pabellón de Cajamadrid; el de la Mina -creo recordar que la fuente contaba también con un pilón-, a la bajada de la cuesta de Gilitos, ahora calle del Padre Llanos; el de la Puerta de Madrid y el de la Puerta del Vado.




Abrevadero de la Puerta del Vadoen su ubicación actual
Vista general


Evidentemente su misión no era otra que la de dar de beber a la otrora importante cabaña ganadera de la ciudad, por lo que tras la desaparición de ésta dejaron de tener utilidad y, furto del progresismo mal entendido de la época, acabaron abandonados y destruidos a excepción del último, el de la Puerta del Vado, que tras haber sobrevivido milagrosamente durante varias décadas, en los años ochenta, a raíz de una remodelación de esta plaza, fue desmontado y trasladado algo más allá, a los jardines existentes en la confluencia del Paseo de Pastrana y la calle Luis Vives con la Ronda Fiscal, muy cerca pues de la glorieta de Alcorlo en cuyo interior se alza la estatua de Azaña.




Abrevadero de la Puerta del Vado. Vista del lado de la fuente


De fábrica estrictamente funcional y sin la menor concesión artística, el abrevadero sigue el diseño clásico de sus compañeros desaparecidos -ra muy similar al de la Puerta de Madrid-, con un pequeño pilar central coronado por una pieza de piedra tallada a cuatro aguas y rematada por un pequeño pináculo. Este pilar separa el largo abrevadero propiamente dicho de la parte destinada a fuente para el consumo humano, con un caño a cada lado. En la cara del pilar que da a la fuente se lee la fecha de su construcción, 1895.


Publicado el 12-5-2008
Actualizado el 9-1-2016