El pedestal de la estatua madrileña de Quevedo



Las cuatro caras del pedestal del campus universitario


En el campus universitario, y más concretamente en los jardines situados frente a la fachada principal del hospital, apareció un buen día un extraño monumento carente de todo tipo de rótulo que permitiera identificarlo. Evidentemente se trataba del pedestal de una estatua y, por su estado de conservación, se apreciaba claramente que era antiguo, pero ¿cuál podría ser su procedencia?

Indagando encontré el dato de que se trataba del pedestal original de la estatua de Quevedo situada en la glorieta madrileña de su nombre, obra nada menos que del importante escultor Agustín Querol, el cual habría sido reemplazado por una réplica a causa de su deterioro.

Para salir de dudas, decidí acercarme a la glorieta de Quevedo y comprobar si ambos pedestales eran o no idénticos; y en efecto lo eran, aunque el alcalaíno presentaba un mayor grado de deterioro que el madrileño confirmando la hipótesis del cambio del original por una copia. La pregunta inmediata es, evidentemente, cuándo pudo tener lugar este cambio, para lo que conviene hacer una breve reseña histórica de sus avatares a lo largo del tiempo.


La estatua de Quevedo y el pedestal vistos desde los cuatro lados


El monumento, formado por la estatua y el pedestal, fue inagurado el 9 de junio de 1902, aunque no estuvo terminado hasta el 22 de octubre de ese mismo año1 . Según el blog Viendo Madrid2 los relieves del pedestal corresponden a sendas figuras alegóricas que hacen alusión a los diferentes géneros abordados por el autor del Buscón: la Sátira, la Historia, la Poesía y la Prosa. En la parte baja estaba previsto adosar cuatro placas de bronce alusivas a cuatro obras suyas: Poderoso caballero, Don Dinero; Vida de Santo Tomás de Villanueva; Historia de Marco Bruto y Vida del gran tacaño -sorprende la ausencia de otras tan conocidas como el Buscón o los Sueños-, pero al parecer no llegaron a colocarse o, si se hizo, desaparecieron en una fecha temprana.

Su ubicación original no fue la actual sino la plaza de Alonso Martínez, conocida entonces como de Santa Bárbara. Aunque diversas fuentes datan el traslado a la glorieta de Quevedo en 1963, según he podido comprobar en la hemeroteca de ABC3 la historia fue más compleja, entrando también en juego el grave deterioro sufrido por el pedestal que, a diferencia de la estatua, no era de mármol sino de piedra caliza procedente de las canteras de Sepúlveda, blanda y muy poco resistente a las inclemencias del tiempo.

En un artículo publicado el 14 de septiembre de 1963 Luis de Armiñán comentaba que la estatua había sido desmontada tres días antes, aunque no el pedestal. Dos semanas más tarde este periódico reproducía una fotografía con el pedestal, todavía en la plaza de Alonso Martínez, rodeado de andamios y sin la estatua, al tiempo que el redactor del artículo alertaba sobre su deterioro. Al parecer debió de ser entonces cuando el Ayuntamiento madrileño, en vez de trasladarlo a su nuevo asentamiento, optó por reemplazarlo por una réplica que fue encargada al escultor Fernando Cruz Solís4, autor del crucifijo que preside el crucero de la Catedral-Magistral, el cual utilizó piedra caliza procedente de la localidad granadina de Atarfe, más dura que la original. La tarea debió de llevar su tiempo, puesto que en abril de 1966, dos años y medio más tarde, todavía se hablaba en futuro de la realización de una réplica exacta, no siendo hasta el 26 de abril de 1967, un año después, cuando ABC informaba de la colocación de la estatua, sobre el nuevo pedestal, en la recién remodelada glorieta de Quevedo, no sin reticencias ante el temor de que la contaminación generada por el tráfico pudiera seguir dañádolo.

No obstante su primer asentamiento en la glorieta homónima tampoco se correspondía con la actual, ya que inicialmente la estatua fue colocada en la confluencia de las calles Fuencarral y San Bernardo hasta que en noviembre de 1999 fue desplazada a la rotonda central de la plaza, donde hoy continúa estando.

Lo que no he conseguido averiguar es ni el momento en el que el pedestal antiguo, que supongo quedaría arrinconado en algún almacén, llegó al campus complutense, ni los medios de los que los responsables de nuestra Universidad se valieron para conseguirlo. Lo que sí es evidente es que este traslado tuvo lugar al menos cuatro décadas después de su retirada de las calles madrileñas, ya que no me consta que apareciera allí hasta hace relativamente pocos años.

Y desde luego mereció la pena, aunque lo merecería todavía más que se colocara sobre él una estatua, no necesariamente copia de la de Madrid, de este escritor tan vinculado a Alcalá.




1 Montaña Galán Caballero. Los pegasos de Agustín Querol: análisis, ejecución, desmontaje e intentos de recuperación de un conjunto escultórico (1898-2011). Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid, 2012.
2 Viendo Madrid. El monumento a Quevedo.
3 Hemeroteca de ABC 14-9-1963, 28-9-1963, 12-10-1963, 26-4-1966 y 26-4-1967.
4 Rafael Fraguas. Quevedo, a remojo. EL PAÍS, 3-11-1999.


Publicado el 6-11-2017