Las estatuas dedicadas a personajes históricos
ubicadas en la vía pública



En este artículo tan sólo me voy a referir a las estatuas dedicadas a personajes reales, dado que he estimado preferible separarlas tanto de las correspondientes a personajes imaginarios (por ejemplo las de Don Quijote y Sancho) como de aquellas que pudiéramos considerar conmemorativas o alegóricas, y más concretamente a aquellas que, tal como indica el título, están ubicadas en la vía pública, habiendo reservado un segundo artículo para las que, por el contrario, se conservan en el interior de recintos privados.


Estatua de Cervantes

Así pues, hecha esta oportuna aclaración la primera en ser considerada ha de ser sin duda la de Cervantes, que preside la plaza homónima, no sólo por ser la más conocida de nuestra ciudad en dura competencia, eso sí, con la recién estrenada de sus hijos literarios, sino también por la talla histórica de su titular. Es asimismo una de las más antiguas, aunque no la más antigua como veremos a continuación.




Boceto del monumento a Cervantes que se conserva en la Capilla del Oidor


Los intentos de erigir un monumento al escritor alcalaíno fueron varios y sistemáticamente frustrados a lo largo del siglo XIX, siendo el rey José I, en plena Guerra de la Independencia, el primero que mostró interés por esta iniciativa, aunque posteriormente los avatares bélicos impedirían que se llevara a efecto. Restaurada la monarquía borbónica, el tema de la estatua de Cervantes sería recurrente a lo largo de varias décadas, sin que la postración económica y social en la que quedó sumida nuestra ciudad permitieran ejecutarla. Habría que esperar nada menos que hasta 1879 para que, siendo alcalde Esteban Azaña, Cervantes pudiera contar con un monumento en su ciudad natal. Como es sabido el autor de la figura, fundida en bronce en Florencia, fue el escultor italiano Carlo Nicoli, entonces vinculado a la ciudad por ser uno de los artistas que trabajaron en la restauración del Palacio Arzobispal, siendo responsable de la magnífica verja de hierro que separa el patio de armas de la vecina plaza de Palacio.


Monumento a Cervantes. Pedestal original de Manuel Laredo (izda.) y pedestal actual (dcha.)


La estatua, que recuerda en su estilo a las de Madrid y Valladolid, fue colocada sobre un pedestal de piedra caliza en forma de pirámide cuadrangular truncada, con cuatro pequeños pináculos en las esquinas, diseñado por el polifacético artista Manuel Laredo, asimismo alcalaíno de adopción, y rodeada con una verja que circundaba un pequeño jardincito. Así estuvo, casi sin cambios, desde el día de su inauguración, el 9 de octubre de 1879, hasta que aproximadamente cien años después, a finales de la década de los 70 del pasado siglo, una remodelación de la plaza de Cervantes cambió el antiguo pedestal por el actual, mucho más insulso, aunque sin afectar a la estatua.




La estatua de Cervantes en la actualidad


En 1994 se adosaron a los cuatro lados del pedestal sendos relieves de Pepe Noja alusivos a diferentes episodios del Quijote, con lo que éste ganó en prestancia. Como anécdota, cabe reseñar que durante algún tiempo a los vándalos les dio por robar la pluma de la estatua, que debió ser repuesta en varias ocasiones. Tras ser sometida en 2007 a una profunda restauración, se le colocó una nueva pluma mucho más artística que las anteriores, asimismo diferente -y desde mi punto de vista más elegante- que la original.


Relieves del pedestal de la estatua de Cervantes




Busto de El Empecinado


Prácticamente contemporánea a la de Cervantes es la estatua, o mejor dicho, el busto, de El Empecinado, situado en la pequeña plazoleta de este nombre. Como es sabido este guerrillero intervino activamente en Alcalá y su comarca durante la Guerra de la Independencia, de ahí el agradecimiento de sus contemporáneos complutenses. Lamentablemente la feroz reacción absolutista de Fernando VII, que hizo ejecutar a El Empecinado, frustró el primer intento de honrar su memoria, consistente en un monolito alzado junto al puente Zulema, y por razones análogas a las de la estatua de Cervantes su homenaje se fue posponiendo en el tiempo. Sería también Esteban Azaña el promotor de su monumento, que fue inaugurado alrededor de un mes antes que el de Cervantes, en septiembre de 1879. Sin embargo este busto no es el actual; al original, fundido en hierro por el escultor Francisco Graciani se le tildó de “tosco y afrancesado”, lo cual, unido al hecho de que el hierro demostró ser un material muy poco resistente a la corrosión, hizo que se reemplazara en 1881 por uno nuevo, fundido en esta ocasión en bronce también por Carlo Nicoli. El monumento fue restaurado en 2002, reponiéndose la verja que lo circundaba y la inscripción de la base del pedestal, desaparecida desde hacía mucho tiempo, aunque mientras la original estaba formada por letras sueltas clavadas en la piedra, la actual consiste en una inscripción grabada en una plancha de bronce. El texto es de suponer que reproduce el desaparecido, aunque la última línea añadida no se puede decir que sea demasiado correcta sintácticamente, ya que no respeta el género -convierte el masculino en femenino- y se come el sustantivo “año” que debería haber ido antes de éste:


Busto de Juan Martín “El Empecinado”. Vista general y detalle


LA CIUDAD DE ALCALA DE HENARES
A JUAN MARTIN “EL EMPECINADO”
BATALLA DEL PUENTE DEL ZULEMA
22 - V - 1813
ERIGIDO EL 9-10-1879
RESTAURADA EN EL 2002




Busto de El Empecinado en la exposición Los Nicoli en Alcalá


En la primavera de 2009 el busto fue desmontado de la columna y llevado a la exposición Los Nicoli en Alcalá, montada en la Capilla del Oidor dentro de la exposición permanente de Los universos de Cervantes, lo que permitió por vez primera poder observarla de cerca, algo que no era posible en su ubicación habitual.

En cuanto al busto original, el “afrancesado”, durante muchos años estuvo arrumbado en un almacén municipal hasta que, rescatado del olvido, fue restaurado y llevado al edificio del ayuntamiento, conservándose en una de las salas del mismo.




Estatua del Cardenal Cisneros


La tercera estatua, la de Cisneros, es sin duda una de las de mayor valor artístico de todas las existentes en Alcalá, lo que no impidió que durante años estuviera abandonada a manos del vandalismo más salvaje que se ensañó con ella hasta mutilarla gravemente. También es la más antigua conforme a la fecha en que fue tallada (1864), aunque no la primera en llegar a Alcalá. Su autor fue el escultor malagueño José Vilches (1813-1890), por aquel entonces residente en Roma pensionado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que era miembro. Por motivos que no he conseguido desentrañar la estatua, enviada a España por su autor, quedó arrinconada durante muchos años en un almacén de la Universidad Central madrileña, al parecer sin que ninguna autoridad académica se preocupara de ella. Sabedores de esta circunstancia, los alcalaínos comenzaron a hacer gestiones para conseguir que se nos cediera, algo que consiguieron gracias a la mediación del entonces muy influyente conde de Romanones. La estatua llegó a Alcalá en 1910, y fue colocada en mitad del patio de Santo Tomás el 27 de abril de 1913, utilizándose como pedestal el brocal del pozo allí existente.




Estatua del cardenal Cisneros en el patio de Santo Tomás


Hasta principios de la década de los sesenta del pasado siglo permaneció en ese lugar, pero a raíz de la restauración del edificio del antiguo colegio mayor de San Ildefonso -el actual rectorado de la Universidad- para adaptarlo como sede del INAP, la estatua fue trasladada a la vecina plaza de San Diego, donde quedó instalada en los jardines del lado derecho, mirando hacia el cuartel del Príncipe. Y allí comenzó su calvario, agravado todavía más a raíz de la desafortunada reforma de la plaza realizada en los albores del siglo XXI, que la arrinconaría junto a la fachada del colegio de San Pedro y San Pablo.


Estatua de Cisneros antes de ser retirada en 2007 de la plaza de San Diego (izquierda)
y en el Patio de Filósofos en 2018 (derecha, fotografía tomada de El digital complutense)


En enero de 2007, alarmados por su creciente deterioro, el ayuntamiento, la universidad y la Sociedad de Condueños, propietaria legal esta última de la estatua, decidieron retirarla para someterla a una muy necesaria restauración, tras la cual se devolvería al interior del recinto universitario del que nunca debería haber salido, aunque en esta ocasión ubicada no en el patio de Santo Tomás, sino en el más recoleto de los Filósofos.

Para cubrir su vacío se realizó una copia de la misma, obra del escultor Andrés Bonilla Gutiérrez, que fue instalada en los jardines de la plaza de San Diego pero no en el lugar anterior, sino enfrente, y girada respecto a la orientación original de manera que ahora mira hacia la capilla de San Ildefonso. Dado que la restauración de la estatua original se fue retrasando debido a diferentes causas, su intalación en el Patio de Filósofos no tuvo lugar hasta el 30 de enero de 2018.


Copia de la estatua del cardenal Cisneros. Vista general y detalle




Estatua de San Ignacio de Loyola


La cuarta de las esculturas, y última durante mucho tiempo, es la de San Ignacio de Loyola, erigida sobre un alto pedestal -que es asimismo fuente- en la recoleta plaza de los Doctrinos. Tallada en piedra por el escultor José Luis Vicent Llorente (Madrid, 24-10-1926, Madrid, 6-6-2003), la inscripción del pie de la estatua reza: “A San Ignacio. Dos ejercitantes de Madrid. Alcalá, 1957”, fue erigida el 9 de junio de 1957, reemplazando a la cruz que ocupaba anteriormente ese lugar. Esta estatua es idéntica, hasta en el propio pedestal, a la que está instalada en el patio de la casa matriz de los Jesuitas de la madrileña calle Serrano, construida entre 1946 y 1950 y decorada con esculturas del propio Vicent. Aunque tradicionalmente se ha considerado a la alcalaína como una copia de la madrileña, lo cierto es que, en una entrevista publicada por el diario ABC el 22 de enero de 1967, el propio artista se reconocía autor de la alcalaína, con lo cual el concepto de “copia” queda bastante difuminado.


Estatua de San Ignacio de Loyola. Vista general y detalle


El ABC de Sevilla, del martes 11 de junio de 1957, daba la noticia de la inauguración de la estatua en los siguientes términos:


EL MONUMENTO A SAN IGNACIO EN ALCALÁ DE HENARES

Alcalá de Henares, 10. Ayer se inauguró con gran solemnidad el monumento que a San Ignacio de Loyola se ha erigido en esta ciudad, mediante suscripción nacional por las distintas ramas y casas que la Compañía de Jesús tiene establecidas.

El monumento es obra del escultor don José Luis Vicent, y representa a San Ignacio con una Custodia en la mano y colocado sobre un alto pedestal, en la plaza de los Doctrinos, cerca de la ermita del Santo Cristo de los Doctrinos, en la cual San Ignacio, durante su estancia en Alcalá, se dedicó a la oración y fue donde proyectó sus ejercicios espirituales.

El obispo de Madrid, doctor García Lahiguera, bendijo el monumento, y en la madrugada, el obispo doctor Aramburu, jesuita expulsado de China, ofició la santa misa.

La población de Alcalá se ha sumado en masa a este homenaje, que ha constituido una extraordinaria manifestación de fe, engalanando los balcones y las fachadas.


Según otras fuentes, la estatua fue costeada por los jóvenes participantes en los ejercicios espirituales organizados por la Compañía de Jesús en 1957. La elección del lugar se debió, como indica la nota de prensa, a la cercanía con el antiguo corral de Mataperros, situado donde hoy se encuentra el patio de la vecina ermita del Cristo de los Doctrinos, ya que éste fue el primer asentamiento del colegio de Jesuitas fundado en 1545 el cual, tras un fugaz paso por éste y por otros lugares de la geografía urbana complutense, acabaría recalando en la calle de Libreros, donde la orden construyó el majestuoso edificio y la no menos imponente iglesia, convertidos el primero en sede de la facultad de Derecho y la segunda en la parroquia de Santa María.




Estatua de San Ignacio de Loyola de los Jesuitas de Madrid
Fotografía de Bélok tomada de Viendo Madrid




Estatua de Manuel Azaña




Estatua de Manuel Azaña. Vista general y detalle


Hubieron de pasar treinta años hasta que en 1987 el patrimonio escultórico de Alcalá se viera incrementado, en esta ocasión por partida doble; fruto de sendas iniciativas municipales, Manuel Azaña y el arzobispo Alonso Carrillo de Acuña pasaron a formar parte del entorno urbano complutense. La inauguración de la estatua de Azaña tuvo lugar el 22 de mayo, y aunque todo lo relativo a esta escultura ha quedado descrito en el artículo correspondiente, vaya aquí un pequeño resumen del mismo: Inicialmente encargada al escultor Pablo Serrano, su fallecimiento en 1984 hizo que se responsabilizara del proyecto su discípulo Pepe Noja, el cual la fundió en bronce siguiendo el característico estilo de su maestro.

Se trata de una estatua sedente que fue instalada inicialmente en el interior del anfiteatro que se construyó en el nuevo parque bautizado con el nombre del estadista complutense, entre la Ronda Fiscal y la carretera de Pastrana, aunque al quedar ésta completamente arrinconada fue trasladada en 1994 a la vecina rotonda de Alcorlo, la cual a su vez fue rebautizada como Glorieta de Manuel Azaña en el pleno municipal celebrado el día 17 de mayo de 2016, aunque el cambio no se hizo efectivo hasta el 5 de noviembre de ese mismo año.




Estatua del Arzobispo Carrillo


De forma prácticamente simultánea se instaló, en la pequeña placita formada en la confluencia de la calle Beatas con la calle y la plaza de San Diego, la escultura del prelado toledano, obra en bronce de Santiago de Santiago. Alzada sobre un pedestal de piedra en el que se incluyó un relieve, también en bronce, con un motivo tomado de su sepulcro (el pelícano dando de comer a sus hijos con sus propias entrañas, símbolo del amor paternal) y rodeada por una verja de hierro, la estatua da la espalda al vecino convento de franciscanas de San Diego (las monjas “de las almendras”) al tiempo que mira hacia la vecina universidad fundada por su sucesor Cisneros sobre los estudios que él implantara en el desaparecido convento de San Diego. En la parte trasera del pedestal, es decir, la que mira al convento de las clarisas, se lee esta escueta inscripción:


A
ALONSO DE CARRILLO
EL PUEBLO DE ALCALA
MCMLXXXVII




Estatua del arzobispo Carrillo recién inaugurada, cuando todavía conservaba el báculo


A modo de anécdota, para variar desagradable, hay que reseñar que a poco de ser descubierta la estatua los vándalos la sometieron a su propia “inauguración” perpetrando la “hazaña” de robarle el báculo, el cual, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, nunca llegó a ser repuesto, de modo que el monumento todavía hoy sigue mutilado. Asimismo sería objeto de las tradicionales pintadas y, durante bastante tiempo, los soldados del vecino cuartel del Príncipe, ya cerrado, acostumbraban a dejar ensartados en los barrotes de la verja los candados de sus taquillas una vez licenciados. Sin comentarios.


Estatua del Arzobispo Carrillo en la actualidad. Vista general y detalle




Estatua de Luis Astrana Marín


Por fortuna para la siguiente estatua, la del cervantista Luis Astrana Marín, no hubo que esperar tanto, tan sólo diez años, aprovechando que en 1997 se celebraba el poco redondo 450º aniversario del nacimiento de Cervantes. La erección de la estatua, por cierto, acompañó al descubrimiento de varias lápidas de temática cervantina de las cuales se da debida cuenta en el artículo correspondiente. El autor de la escultura fue en esta ocasión el artista Roberto Castro, que utilizó una técnica mixta: el busto y las manos, de trazado realista, están fundidos en bronce, mientras el “cuerpo” no pasa de ser un bloque de piedra toscamente tallado, lo que ha motivado que la ironía complutense la bautizara rápidamente como “la lubina a la sal”. En la parte frontal de la base se lee la siguiente inscripción:




Estatua de Luis Astrana Marín


A
LUIS ASTRANA MARIN,
INVESTIGADOR INCANSABLE,
POR SU AMOR
A CERVANTES Y A ALCALA
AÑO 1997
CDL ANIV. DEL
NACIMIENTO DE CERVANTES


En cuanto al lugar elegido para su ubicación, éste fue un extremo de la plazoleta que se alza sobre el solar de la antigua parroquia de Santa María, al lado de la capilla del Oidor donde según la tradición fue bautizado Cervantes; aunque en realidad el autor del Quijote recibió las aguas bautismales no allí, que era entonces una capilla funeraria, sino en otro lugar de la iglesia, quizá en el hueco situado bajo la torre, el simbolismo de su emplazamiento no perdía un solo ápice. Sin embargo el ayuntamiento, en una decisión difícilmente explicable, decidió trasladarla en noviembre de 2009 a la acera de la calle de los Colegios, justo a espaldas del ábside de Santa María, con lo cual se perdió todo el simbolismo anteriormente citado.




Busto de Lázaro Cárdenas


En lo que va de siglo XXI la cosecha de esculturas ha sido abundante, ya que en estos años se ha incrementado en cuatro dedicadas todas ellas a sendos personajes históricos; eso sin contar, claro está, con los monumentos correspondientes a otro tipo de homenajes, tales como el erigido en recuerdo a las víctimas del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004 o el monumento a Don Quijote y Sancho, que no serán comentados aquí.




Vista general de la fuente con el busto de Lázaro Cárdenas


De finales del año 2001 data el busto dedicado al presidente mexicano Lázaro Cárdenas, que remata una fuente ornamental emplazada en la rotonda en la que confluyen la carretera de Meco con la avenida de Miguel de Unamuno y la calle Ávila, bautizada asimismo con el nombre de este mandatario mexicano. En honor a la verdad hay que reseñar que la inauguración de esta estatua, prevista al parecer para el inicio de 2002 fue, por razones que ignoro, bastante clandestina, si es que llegó siquiera a ser inaugurada, algo de lo que no estoy seguro dado que tal acto no quedó reflejado en la prensa local de la época. Según información proporcionada por Luis Alberto Cabrera, se trata de una copia en bronce del busto, obra del escultor Ernesto Tamariz, que en 1971 fue emplazado en el Parque España de Ciudad de México. Carece de inscripción, y en la base de la escultura tan sólo aparece el nombre del homenajeado.




Detalle del busto de Lázaro Cárdenas


Máximo dignatario de su país cuando tuvo lugar en 1939 la derrota de la II República a manos de los insurrectos franquistas, Cárdenas fue uno de los escasos -por no decir el único- gobernantes extranjeros que auxiliaron sin reparos a los atribulados exiliados españoles. Aunque Lázaro Cárdenas no tuvo una relación directa con la ciudad de Alcalá, sí logró evitar que Manuel Azaña, exiliado en Francia y ya agonizante, cayera en manos de los nazis que habían invadido poco antes el país vecino.




Estatua de Isabel la Católica


A finales de 2004, coincidiendo con el quinto centenario de su fallecimiento, le llegó el turno a Isabel la Católica, reina muy vinculada a nuestra ciudad, la cual recibió un homenaje doble: una lápida descubierta en la fachada de la Casa de la Entrevista -aunque en realidad debería haberlo sido en el palacio arzobispal- y una estatua sedente de bronce obra de nuevo del escultor Santiago de Santiago. Aunque inicialmente se la en la confluencia de las plazas del Padre Lecanda y Palacio, debido a los tradicionales ataques vandálicos -fueron varias las ocasiones en las que apareció embadurnada de pintura- a finales de 2006 el ayuntamiento optó por trasladarla a otro lugar más retirado y protegido de la última de estas dos plazas, concretamente el rincón lindante con el final de la verja del patio de armas del palacio. Posiblemente ganó en seguridad, pero desde luego perdió notablemente en visibilidad. Éste es el texto de la placa de bronce del pedestal:


Estatua de Isabel la Católica. Vista general y detalle


LA CIUDAD DE ALCALÁ
A LA REINA ISABEL LA CATÓLICA
(1451-1504)
AYUNTAMIENTO DE ALCALÁ DE HENARES 2004




Estatua de Juan Pablo II


En 2006 la ciudad contó con otros dos nuevos monumentos. En julio, la escultura dedicada al papa Juan Pablo II obra de Pedro Requejo, autor del ya famoso grupo escultórico de Don Quijote y Sancho Panza, la cual fue instalada en un lugar tan alejado del centro como es el Jardín de los Sentidos, rebautizado como Jardín de Juan Pablo II, situado en el barrio del Ensanche al norte de la ciudad. La lápida de bronce del pedestal reproduce el siguiente texto, junto con los escudos de Alcalá y de Juan Pablo II:





Estatua de Juan Pablo II. Vista general y detalle


LA CIUDAD DE ALCALÁ AL PAPA
JUAN PABLO II
MAESTRO DE HUMANIDAD, TESTIGO DEL EVANGELIO
HOMBRE DE ESPERANZA Y SERVIDOR DE LA PAZ
MMVI




Estatua de Catalina de Aragón


El segundo corresponde a Catalina de Aragón, hija de Isabel la Católica. Aunque en 1985 el ayuntamiento había conmemorado el quinto centenario de su nacimiento con una lápida adosada al Torreón de Tenorio, la desventurada esposa de Enrique VIII tuvo que esperar veintiún años para que su ciudad natal honrara su memoria con una estatua, nuevamente en bronce, obra en esta ocasión del escultor Manuel González Muñoz, la cual la representa como la joven que era cuando vivió en nuestra ciudad. Aunque en un principio se había pensado ubicarla frente a la estatua de su madre, en la confluencia de las plazas de Palacio y del Padre Lecanda, al ser trasladada ésta la de Catalina quedó instalada finalmente junto a la fachada lateral del Palacio Arzobispal que da a la plaza de las Bernardas, de espaldas a ésta y frente al antiguo convento de la Madre de Dios, actual Museo Arqueológico, lo que tampoco le ha librado de ser víctima de actos vandálicos. La inscripción de bronce del pedestal, que incluye un escudo de Alcalá, reza lo siguiente:


Estatua de Catalina de Aragón. Vista general y detalle


CATALINA DE ARAGÓN
1485 - 1536
ALCALAÍNA
INFANTA DE CASTILLA
REINA DE INGLATERRA

Alcalá de Henares 2007




La nueva estatua del Cardenal Cisneros


El 13 de enero de 2018, como colofón de la conmemoración del quinto centenario de la muerte del Cardenal Cisneros, se descubrió en la lonja de la Catedral-Magistral, frente a la fachada principal, un conjunto escultórico obra de Pedro Requejo Novoa. Fundido en bronce en un tamaño superior al natural, representa la figura del Cardenal Cisneros acompañado en deliberado anacronismo por los Santos Niños, patronos complutenses de los que se celebraba en 2018 el 450º aniversario de la reversión de sus reliquias.




Conjunto escultórico de la lonja de la Catedral-Magistral


La figura de Cisneros, de 2,20 metros de altura, aparece ataviada con el hábito franciscano y revestida con el capelo cardenalicio, sosteniendo en la mano derecha el báculo con la representación de la imposición de la casulla a san Ildefonso, símbolo del arzobispado de Toledo. Le flanquean Justo y Pastor, el primero a su derecha con las palmas del martirio, y el segundo a su izquierda portando un tomo de la Biblia Políglota Complutense sobre la cual se alza una maqueta de la antigua colegiata que Cisneros reedificó y elevó al rango de Magistral.


Publicado el 26-11-2007
Actualizado el 31-1-2018