Los gigantes de los años sesenta





La comparsa clásica en 1948: El Negrazo, Inés la lotera, el Gitano, la Maestra,
la Gitana, Blancanieves y el Maestro. Fotografía de Félix González Pareja



Aunque son varios los trabajos -algunos muy completos y otros de pretensiones más modestas, como algún artículo mío- dedicados a la comparsa de gigantes y cabezudos alcalaínos, paradójicamente sigue existiendo una importante laguna en el período de tiempo que abarca desde principios de los años sesenta hasta la adquisición de la comparsa cervantina en 1974, algo sorprendente si tenemos en cuenta la cercanía de las fechas consideradas. Es por ello mi deseo aportar algo de luz a estos años, precisamente coincidentes con mi infancia, aunque soy consciente de que es mucho lo que me he de dejar, forzosamente en el tintero.

En realidad conviene no engañarnos por la relativa proximidad de esta época ya que, a diferencia de los años anteriores y posteriores, la composición de la comparsa varió de forma muy considerable de un año a otro, complicándose todavía más el intento de hacer un censo de gigantes debido a que muchos de ellos fueron reformados con frecuencia, por lo que en ocasiones resulta difícil discernir si los que aparecen en dos fotografías son distintos o si, por el contrario, se trata del mismo gigante remozado. Otro factor que dificulta el estudio era la costumbre frecuente de reutilizar cabezudos como cabezas de gigantes -también llegó a darse a la inversa, aunque de forma más esporádica-, probablemente según se iban deteriorando estas últimas, echando mano los giganteros -salvo en momentos muy puntuales no solía haber ningún responsable de su mantenimiento lo suficientemente capacitado para realizar con garantías esta labor- de lo primero que tenían a mano.

Es por ello por lo que la lista de gigantes que daré a continuación ha de ser considerada tan sólo como aproximada, ya que mi única fuente de información la constituyen un puñado de fotografías -las pocas a las que he tenido acceso- a todas luces insuficientes para realizar un estudio completo. Otro inconveniente añadido es el de la denominación de los gigantes ya que, si bien en algunos casos ésta es sencilla y conocida por el común de los alcalaínos, no ocurre lo mismo en otras ocasiones, siendo los calificativos empleados para bautizarlos de mi exclusiva responsabilidad y no siempre demasiado afortunados.

Hechas estas necesarias advertencias podemos ir al grano, comenzando con una descripción general de la evolución de la comparsa en los aproximadamente 15 años que van desde principios de los años sesenta hasta mediados de los setenta. Tal como explica Manuel Vicente Sánchez Moltó en su libro sobre la comparsa de gigantes y cabezudos de Alcalá1, su origen como elemento festivo -siglos atrás los gigantes habían tenido una función religiosa acompañando a la custodia en la procesión del Corpus- data de 1902, con una comparsa formada por tan sólo tres gigantes: Don Quijote, Sancho Panza y el Negro con moño, popularmente conocido como el Negrazo. Tras distintos avatares dos de ellos consiguieron sobrevivir a la Guerra Civil, el Negrazo y Sancho Panza, este último reconvertido en el Gitano y ataviado como uno de los tratantes de ganado -muchos de ellos eran gitanos- que venían a Alcalá en las ferias de San Bartolomé.

A lo largo de los años cuarenta nuevos gigantes se fueron incorporando a la comparsa, que finalmente quedó formada, además de los dos anteriormente citados, por el Maestro, la Maestra, la Gitana, Blancanieves e Inés la Lotera, siete en total, una composición que se mantuvo estable durante bastantes años.

A diferencia de los otros gigantes, cuyas cabezas habían sido compradas en establecimientos especializados -los cuerpos y los vestidos solían hacerse en Alcalá-, Inés la lotera, o Inés a secas, fue un caso especial ya que representaba a una lotera, muy popular entonces, que había accedido a servir de modelo con la condición de que el gigante fuera retirando tras su fallecimiento, deseo que fue respetado. José García Saldaña apunta en uno de sus Documentos olvidados2 que Inés debió morir hacia 1950, pero Vicente Sánchez Moltó reproduce en su libro una fotografía fechada en 1954 en la que Inés sigue apareciendo junto con el resto de la comparsa.




La comparsa en 1960: El Gitano, la Bruja, la Gitana, el Maestro, la Maestra y el Negrazo
Fotografía del Archivo Municipal


Lo que está claro es que en 1960 el gigante de Inés ya había desaparecido. En una fotografía tomada ese año en la plaza de los Santos Niños de la totalidad -o casi- de la comparsa aparece en su lugar una Bruja distinta de la actual y hoy desaparecida, gemela por cierto de otra que aparece en la misma fotografía como cabezudo. Que la Bruja reemplazó a Inés lo demuestra el hecho de que el traje en ambos casos era el mismo, lo que induce a pensar que la sustitución se limitó a un cambio de la cabeza, que por desgracia no se conservó, aprovechándose el resto de la estructura. A título de curiosidad cabe reseñar que, tal como veremos más adelante, varios de los cabezudos que aparecen en esta fotografía acabarían convertidos en gigantes años más tarde.

Curiosamente en esta fotografía, en la que aparece un nutrido grupo de cabezudos encabezados por la comparsa de los Enanitos comprada algunos años atrás, se echa en falta al gigante de Blancanieves, que todavía existía puesto que sí aparece en otras fotografías posteriores. Una de dos, o se quedó fuera de encuadre por estar situado a la derecha del Gitano -la izquierda desde nuestro punto de vista-, que aparece casi cortado o, por la razón que fuera, ese día no participó en el desfile de la comparsa.

La situación cambió por completo cuando a partir de entonces el Ayuntamiento comenzó a incrementar la comparsa año tras año, superándose la veintena de gigantes en apenas una década aunque su número total fue bastante superior, al menos de treinta y cinco. Esta diferencia se debe a que la vida de muchos de ellos fue efímera, por lo que no todos llegaron a coincidir de manera simultánea. Tampoco salían a la calle la totalidad de los gigantes existentes, ya que lo más habitual era que no pasaran de diez o doce -el máximo que tengo contabilizado en una fotografía son catorce- los que desfilaban cada día, cabiendo suponer que esta infrautilización de la comparsa se debiera a una falta de suficientes giganteros. Por si fuera poco tampoco había una rotación entre ellos ya que, por lo general, solían desfilar siempre los mismos mientras los demás quedaron arrinconados. Recuerdo que en una ocasión, sería a principios de los años setenta, acompañé a la comparsa hasta Santa María la Rica, donde se guardaba entonces, descubriendo con sorpresa a un nutrido grupo de gigantes que me resultaban conocidos pero que no habían salido a la calle desde hacía años.

Desconozco los motivos que indujeron a los responsables municipales a ampliar de forma tan drástica la comparsa mucho más allá de las posibilidades reales de la cuadrilla de los giganteros, pero sí es posible diferenciar entre dos procedencias muy distintas. Por un lado estaban los adquiridos a talleres especializados, la mayor parte de ellos cabezudos acoplados a cuerpos de gigantes, y por otro los realizados de forma artesanal por don Miguel Ruiz Flores, responsable en aquella época de la construcción de las carrozas de ferias. La diferencia entre ambos grupos era notable, ya que la buena voluntad de este artesano no fue pareja con los mediocres resultados obtenidos; pero en contra de lo afirmado en alguna monografía, los gigantes “comerciales”, o mejor dicho sus cabezas, sí tenían suficiente calidad como para que se les hubiera podido aprovechar bastante más.




La Chulapa, el Gitano, el Chulapo, la “Señora”, la Nena con lazo, Gepeto, el “Boina” y el Romano


De hecho, a excepción de la más tardía pareja de los Novios, que durante algún tiempo fueron habituales en la comparsa, el resto de los gigantes de don Miguel Ruiz tuvieron una breve existencia, quedando constancia gráfica de ellos tan sólo en una serie de fotografías tomadas en la calle Postigo hacia los años 1964-65, en las que se aprecia una atípica comparsa de la que tan sólo uno de los gigantes, el Gitano, pertenecía a la composición tradicional. Dos de ellos, Gepeto y la Nena con lazo -curiosamente los dos únicos supervivientes de aquellos años, la segunda como cabezudo-, procedían de un taller especializado, mientras los cinco restantes, según todos los indicios, debieron de salir de las manos de este artesano. Al desconocer sus nombre reales, yo les he denominado la Chulapa, el Chulapo, la “Señora”, el “Boina” y el Romano.

Conforme a lo anteriormente expuesto, cabe suponer la extrema dificultad, por no decir imposibilidad, con la que me he encontrado a la hora de intentar establecer una cronología, siquiera aproximada, de la llegada de cada uno de estos gigantes, al igual que tampoco he podido determinar la fecha de desaparición de la mayoría de ellos. A juzgar por las fotografías fechadas en los primeros años setenta todavía se debían de conservar bastantes gigantes cuando se estrenó en 1974 la comparsa cervantina; pero por razones que desconozco la comparsa experimentó una drástica reducción, pasando de una media de doce o catorce gigantes a tan sólo los seis cervantinos junto con uno o dos de los antiguos, por lo que la mayoría de éstos fueron arrinconados y se acabaron perdiendo.

Existe además otro problema de difícil resolución. A la escasez de fotografías se suma el hecho de que a muchas de ellas no es posible datarlas con precisión, lo cual dada la brevedad del período de tiempo considerado, poco más de una década, convierte en muy complicado cualquier intento de organizarlas cronológicamente aun sin fechas concretas, a lo que hay que sumar también, tal como he comentado, que los gigantes que aparecen en cualquiera de ellas no corresponden a la totalidad de la comparsa existente en ese momento. Y con los cabezudos, otra posible referencia, la situación es todavía peor.




Fumador de pipa, Marinero, Negrazo, Gitana, Bruja -primera-, Maestra, Blancanieves,
Gitano, Maestro y los dos Payasos. Fotografía de Baldomero Perdigón


Una fotografía de Baldomero Perdigón tomada en la plaza de San Juan de Dios hacia 1965 nos muestra el considerable incremento experimentado por la comparsa en tan sólo unos pocos años, aun con la ausencia de los gigantes artesanales de don Miguel Ruiz. A los siete gigantes tradicionales -el Gitano y la Gitana, el Maestro y la Maestra, el Negrazo, la Bruja que sustituyó a Inés y Blancanieves- se suman otros cuatro nuevos: el Fumador de pipa, el Marinero y dos que, a falta de más datos, he bautizado como los Payasos. Cabe reseñar que el Negrazo aparece tocado con un extraño gorro que hace sospechar en un remiendo para camuflar un posible deterioro de la cabeza -estas chapuzas han sido y siguen siendo, por degracia, habituales-, y que a Blancanieves le habían encasquetado una incongruente peineta. De los cuatro gigantes nuevos dos de ellos, el Marinero y el Payaso del gorro -el penúltimo de la derecha- no aparecen en ninguna otra fotografía, mientras al Fumador de pipa y al Payaso del sombrerito sí se les entrevé en alguna más aunque no se puede decir que ninguno de ellos llegara a convertirse en habitual de la comparsa.




En primer plano los dos Novios y Harpo Marx. Tras ellos, la Cubana, el Maestro, el Cocinero y,
tras Harpo, la Gitana. Fotografía de José Calleja tomada del libro de Vicente Sánchez Moltó




Fumador de pipa, Novia, Gitano, el Flaco, Pinocho y al fondo, el Cocinero
Fotografía de José Calleja tomada del libro de Vicente Sánchez Moltó



Tan sólo dos años más tarde, en 1967, nos encontramos con dos interesantes fotografías en color -todo un lujo por entonces- en las que aparecen varios gigantes bailando en la plaza de Cervantes. Aunque al no tratarse de un “posado” resulta más dificultoso contarlos, he conseguido identificar a un total de once entre las dos fotografías: los dos Novios, Harpo Marx, la Cubana, el Maestro, el Cocinero, la Gitana, el Fumador de pipa, el Gitano, el Flaco y Pinocho. Comparando esta lista con la anterior vemos que, aunque su número es similar, tan sólo cuatro de ellos -el Maestro, el Gitano, la Gitana y el Fumador de pipa- aparecen en ambas, faltando en las de 1967 los siete restantes -el Marinero, el Negrazo, la Bruja, la Maestra, Blancanieves y los dos Payasos- reemplazados por otros siete nuevos: los dos Novios, Harpo Marx, el Cocinero, la Cubana, Pinocho y el Flaco.




Pinocho, Nena con lazo, Harpo Marx, Gitano, Cubana, Fumador de pipa, “Señor”,
Maestro, Flaco, los Novios, el Mono, Bruja -segunda- y Cocinero


Algo posterior -Vicente Sánchez Moltó la fecha hacia finales de los años sesenta- parece ser la fotografía en la que un total de catorce gigantes aparecen alineados frente a la fachada del Ayuntamiento. La composición de la comparsa se parece mucho a la de las fotografías de 1967, ya que diez de los once gigantes que aparecen en éstas -falta la Gitana- vuelven a verse aquí. A ellos se suman otros cuatro más: la Nena con lazo, que ya habíamos encontrado en la fotografía de la calle Postigo; una segunda Bruja -tampoco es la actual- y el Mono, que ya existían como cabezudos en 1960 y, por último, un enigmático gigante -el situado entre el Fumador de pipa y el Maestro- bastante parecido a este último y al cual, a falta de un nombre mejor, he convenido en denominar el “Señor”.

Aun contando con la tantas veces repetida circunstancia de que no todos los gigantes de la comparsa salían a la calle, por lo que la ausencia en una fotografía no tiene por qué significar la desaparición definitiva de un gigante -de hecho algunos vuelven a aparecer en otras posteriores-, la existencia de al menos doce gigantes nuevos en apenas media década, a los que habría que sumar también los “artesanos”, da una idea del explosivo crecimiento de la comparsa que, lamentablemente, no llegaría a consolidarse.




Nena con lazo, Harpo y Maestro con sombrero
Fotografía de Baldomero Perdigón


El inicio de la década de los setenta no supuso en principio una variación en la tendencia al crecimiento de la comparsa, que en 1971 ascendía a un total de veintidós gigantes. Así pues, a un ritmo más moderado, nos seguimos encontrando con nuevos gigantes, aunque la carencia de documentación gráfica suficiente -tan sólo conozco de dos fotografías pertenecientes a los años previos a la llegada de la comparsa cervantina-, impide un mejor conocimiento de la comparsa. En la primera de ellas, tomada por Baldomero Perdigón hacia 1971 y reproducida por Vicente Sánchez Moltó, los gigantes aparecen desfilando por la calle de Santa Úrsula en dirección a la plaza de Cervantes. Puesto que está tomada desde delante tan sólo se aprecian bien los tres que iban en cabeza: la Nena, Harpo y un gigante con sobrero que no parece ser otro que el veterano Maestro muy retocado. Tras ellos se entrevén al menos otros cuatro gigantes, uno de ellos negro, de difícil por no decir imposible identificación.




Nena con lazo, primer Negrito, Harpo, Bruja -segunda-, Diablo,
“Tupé”, Cocinero, segundo Negrito, Espadachín y “Peineta”


En la segunda fotografía, en la que ya no figura ninguno de los integrantes de la comparsa clásica, aparecen un total de diez gigantes, cuatro de los cuales pertenecen a la que pudiéramos llamar la “segunda generación”: la Nena con lazo, Harpo tocado con un estrambótico sombrero mexicano que sustituye al sombrerito original, la segunda Bruja y el Cocinero. A ellos habría que sumar también el Diablo, un antiguo cabezudo que aparece en la fotografía de 1960, ahora transformado en gigante. Los cinco restantes son, aparentemente, nuevos: Dos Negritos prácticamente idénticos, uno que yo he bautizado, a falta de alternativa mejor, como el “Tupé”, y dos más de difícil identificación. El primero, que luce también un sombrero mexicano, recuerda a los personajes de las películas clásicas de capa y espada, pudiendo estar inspirado -por desgracia la fotografía no permite apreciarlo con más detalle- en el Gene Kelly de Los tres mosqueteros; llamémosle por ello el Espadachín. En cuanto al último, tan sólo puedo deducir que se trata de una figura femenina con peineta a la que no he logrado identificar con ningún otro gigante anterior.

El detalle del sombrero mexicano de Harpo Marx me induce a pensar que esta fotografía debe ser posterior a la anterior, en la que este gigante todavía presenta su aspecto original, por lo que podría datarse hacia 1972 ó 1973. En cuanto a los motivos del cambio de “tocado” tan sólo cabe especular, aunque quizá pudiera deberse, al igual que en el caso del Negrazo, a un deterioro o pérdida del sombrerito original. En cualquier caso, no se vuelven a tener noticias de este gigante.




La comparsa en 1979, con varios gigantes cervantinos y algunos de los antiguos
Fotografía de Inmaculada Rodríguez Álvarez


Tal como he comentado, tras la llegada en 1974 de la comparsa cervantina fueron muy pocos los gigantes antiguos que lograron sobrevivir. En una fotografía de 1979 encontramos, junto con con los Duques y Dulcinea, a Gepeto y a uno de los Negritos, aunque este último desapareció pronto, y también aparece la Nena reconvertida en cabezudo; tras estar arrinconada durante mucho tiempo volvió a ser recuperada, también como cabezudo. Otro superviviente fue el Diablo, que tras atravesar por diversas peripecias y ser restaurado en 1996 fue desmontado recientemente ante la falta de suficientes cuerpos para la totalidad de la comparsa.




El Maestro, con sombrero, junto con Don Quijote y el Duque


En una fotografía fechable también a finales de los años setenta -el Duque lleva el mismo traje raído que en la anterior- y desafortunadamente de muy mala calidad -la copié de un programa de ferias- aparece otro efímero superviviente, el veterano Maestro, todavía con el sombrero que le encasquetaron años atrás; al igual que sucedió con el Negrito este gigante, uno de los más antiguos de la comparsa, desaparecería poco después sin dejar rastro, lo que indica el grado de incuria a que se vieron sometidos los gigantes a lo largo de los años ochenta y parte de los noventa.

La drástica reducción de la comparsa, limitada a los seis gigantes cervantinos y a los escasos supervivientes -pocos años después tan sólo quedaban Gepeto y el Diablo-, motivó probablemente que tres cabezudos recién comprados: el Indio, el Gitano -diferente del antiguo- y la tercera Bruja fueran convertidos en gigantes hacia finales de los años ochenta. El Negrazo, desaparecido en fecha indeterminada, fue reconstruido en 1997.

A modo de colofón, resulta interesante realizar un censo de todos estos gigantes, clasificándolos en tres grupos: los clásicos, incluida Blancanieves; los construidos por don Miguel Ruiz y los procedentes de talleres especializados. A su vez he dividido a estos últimos en función de su procedencia, aunque no me ha sido posible identificar la de varios de ellos.

Gigantes clásicos: El Maestro, la Maestra, el Gitano, la Gitana, el Negrazo, Inés la lotera y Blancanieves.

Gigantes construidos por don Miguel Ruiz: los Novios, el Chulapo, la Chulapa, la “Señora”, el “Boina” y el Romano.

Gigantes de El Ingenio: Gepeto, Nena con lazo, Cocinero, Cubana, Harpo Marx y los dos Negritos.

Gigantes de Artesanía Mirete: La primera Bruja y el Mono.

Gigantes de Aragonesa de Fiestas: Diablo y la segunda Bruja.

Gigantes de Vicente Luna (cabezudos en los años setenta): Indio, segundo Gitano y tercera Bruja.

Gigantes cuyo origen está sin identificar: Pinocho, el Flaco -diferente del actual-, el Fumador de Pipa, el Marinero, los dos Payasos, el “Señor”, el “Tupé”, el “Espadachín” y la “Peineta”.

Todos ellos hacen un total de al menos treinta y cinco gigantes -treinta y ocho contando los tres cabezudos de Vicente Luna-, lo cual no está nada mal para tan corto espacio de tiempo, máxime teniendo en cuenta que la comparsa se elevaba en 2003 a 21 gigantes -Don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea, el Bachiller, los Duques, Gepeto, la Bruja, el Diablo, el Indio, el Gitano, el Gordo, el Flaco, el Negrazo, el Pirata, la Doctora de Alcalá, Catalina de Aragón y Enrique VIII- junto con los tres Reyes Magos, a los que había que sumar dos gigantillos, Cantinflas y el Gafas, este último devuelto poco después a su condición original de cabezudo. Unos años más tarde, en 2010, esta cifra se incrementaba hasta los 27 al haberse incorporado a la comparsa durante esos años Cervantes, el Vikingo, Cantinflas, el Moro, la Gitana y el Tuno. En 2017, por último, la cifra había descendido a veinticuatro al haber sido desmontados -al parecer por no disponer de suficientes cuerpos- el Diablo, Cantinflas y el Vikingo, incorporándose un nuevo gigantillo, el Aldeano.

Y eso es todo. Soy consciente de las carencias y los errores de los que a buen seguro adolecerá este artículo, por lo que agradecería a todo aquél que pudiera aportar datos sobre este tema que lo hiciera, de forma que pudiéramos conocer algo mejor esta pequeña faceta de nuestra historia reciente. Esperemos que con los gigantes actuales no pase lo mismo que con los antiguos y sean no sólo conservados y restaurados, evitando volver a la penosa situación de mediados de los años noventa, sino también mejorados, algo realmente necesario visto el lamentable estado en el que se encuentran los armazones de buena parte de ellos. Lamentablemente las últimas “restauraciones”, e incluso los anuncios en internet de venta de algunas cabezas no dan pie a ser demasiado optimistas.




1 Manuel Vicente Sánchez Moltó. Los gigantes y cabezudos de Alcalá. Antecedentes e historia de una comparsa centenaria. Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Alcalá de Henares, 2002.

2 José García Saldaña. Una lotera llamada Inés. Publicado en Alcalá de Henares: Oficios y costumbres de ayer. Documentos Olvidados II. Asociación cultural Hijos y Amigos de Alcalá. Alcalá de Henares, 2013.

Ver también:
Historia de la comparsa alcalaína. Los cabezudos de Aragonesa de Fiestas
Historia de la comparsa alcalaína. Los gigantes y cabezudos de El Ingenio
Historia de la comparsa alcalaína. Los cabezudos de Artesanía Mirete
Historia de la comparsa alcalaína. Los cabezudos de Vicente Luna


Publicado el 10-5-2003, en el nº 1.808 de Puerta de Madrid
Actualizado el 16-10-2017