El Henares, ese río
Su caudal en Alcalá (1912-2014)





El Henares en la estación de aforo de Espinillos. Fotografía tomada de la página web
del Anuario de aforos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente



En estos tiempos en los que tanto se está hablando del cambio climático, resulta interesante, o cuanto menos curioso, echar un vistazo a uno de los mejores indicadores a nivel local que tenemos para ello, las variaciones de caudal del río Henares. No soy el primero en realizar un estudio de este tipo, ya que Fernando Garcés incluyó uno similar en su libro Alcalá de Henares y su partido1, publicado en 1972; dado que han transcurrido desde entonces más de cuarenta años, y que el libro de Garcés es hoy en día prácticamente inencontrable, pienso que el presente trabajo puede resultar de interés, ya que amplía los datos aportados por Garcés al tiempo que los pone al alcance de todos.

Aunque son varias las estaciones de aforo existentes en el curso del Henares y en los de sus principales afluentes, de entre todas ellas he seleccionado la de Espinillos2 no sólo porque ésta está situada en el término municipal de Alcalá, aguas abajo de la desembocadura del Torote, sino también porque es la última antes de que el Henares confluya en Mejorada con el Jarama, por lo que es la que registra la totalidad de su caudal una vez recogidas las aportaciones de todos sus tributarios.

Lamentablemente la serie de datos de que dispongo no es demasiado larga, ya que se inicia de forma incompleta en el año hidrológico de 1912-13 (recordemos que en este tipo de estudios el año comienza siempre en octubre y termina en septiembre) y finaliza, por el momento, en el año hidrológico 2013-2014, ya que tanto los datos estadísticos del GeoPortal del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, como los del Centro de Estudios Hidrográficos dependiente del Ministerio de Fomento, los cuales recogen las tablas de aforos de los ríos españoles, por el momento tan sólo llegan como máximo hasta esa fecha, ya que las tablas se suelen actualizar con varios años de retraso. Son un total de 102 años hidrológicos, algunos de ellos con datos incompletos. Asimismo, si se desea se puede consultar también en la página del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la Confederación Hidrográfica del Tajo el estado en tiempo real de algunas de las estaciones de aforo y de los embalses, aunque a diferencia de las anteriores esta página sólo proporciona datos estadísticos -eso sí, muy completos- de los últimos días.

No obstante las limitaciones anteriormente comentadas, estos registros resultan ser lo suficientemente significativos como para demostrar algo por lo demás evidente, las grandes fluctuaciones meteorológicas (que no climáticas, un error éste bastante habitual, ya que el clima siempre oscila en períodos de tiempo mucho más amplios que los que estamos considerando) que sufre nuestra región de forma habitual, siendo frecuente que se alternen sequías extremas con años excepcionalmente húmedos. De hecho, si atendemos a las crónicas locales registradas a lo largo de la historia de Alcalá, pese a no disponer de datos cuantitativos podemos comprobar que este fenómeno ha sido habitual durante siglos, no tratándose pues de nada que pueda ser considerado como reciente.

En la tabla I podemos comprobar con facilidad todo cuanto acabo de decir. En ella están reflejados, para cada año hidrológico, cuatro parámetros diferentes: la aportación anual, es decir, la cantidad total de agua arrastrada por el Henares a lo largo de todo un año; el caudal medio anual, que no es sino la cantidad anterior dividida por el número de segundos que hay en un año; el caudal máximo diario y el caudal máximo instantáneo, siempre referidos a metros cúbicos por segundo excepto la aportación anual, que viene reflejada en hectómetros cúbicos, es decir, en millones de metros cúbicos.


Tabla I

Año hidrológico, Aportación anual (A), Caudal medio anual (Q),
Caudal máximo diario (Qc), y Caudal máximo instantáneo (Qci).

Año A (Hm3) Q (m3/s) Qc (m3/s) Qci (m3/s)
1913-14 438 13,89 225 274
1914-15 583 18,49 225 274
1915-16 730 23,15 294 --
1916-17 527 16,71 160 --
1917-18 158 5,01 31 38
1918-19 687 21,78 190 232
1919-20 591 18,74 196 239
1920-21 435 13,79 248 302
1921-22 299 9,48 68 83
1922-23 290 9,20 65 79
1923-24 490 15,54 -- --
1924-25 164 5,20 80 98
1925-26 325 10,31 200 244
1926-27 359 11,38 175 213
1927-28 360 11,42 47 --
1928-29 173 5,49 12 15
1929-30 184 5,83 19 --
1930-31 56 1,78 7,6 10
1931-32 54 1,71 6,9 --
1932-33 259 8,21 38,5 46
1933-34 81 2,57 -- --
1934-35 112 3,56 -- --
1935-36 1.773 56,22 502 --
1936-37 830 26,32 -- --
1937-38 391 12,39 -- --
1938-39 409 12,97 231 282
1939-40 445 14,10 -- --
1940-41 950 30,12 995 --
1941-42 187 5,93 84,9 85
1942-43 369 11,70 100,6 145,4
1943-44 108 3,42 62 72
1944-45 58 1,84 22 23
1945-46 196 6,22 110 206,6
1946-47 674 21,37 540 572
1947-48 258 8,18 141 199,5
1948-49 89 2,82 7,1 8
1949-50 91 2,89 7 8
1950-51 184 5,83 199,5 243
1951-52 259 8,21 131,5 160
1952-53 58 1,84 6,9 8
1953-54 78 2,47 37,6 46
1954-55 38 1,20 14,3 17
1955-56 198 6,28 277,4 338
1956-57 91 2,89 9,4 11
1957-58 74 2,35 50 61
1958-59 421 13,35 220,5 268
1959-60 286 9,07 189,5 230
1960-61 267 8,47 55,4 67
1961-62 748 23,72 246,4 300
1962-63 439 13,92 151 154,4
1963-64 572 18,14 288,5 303,6
1964-65 264 8,37 118,8 --
1965-66 1.528 48,45 423,4 453,8
1966-67 609 19,31 360,1 465,2
1967-68 608 19,28 179,2 237,6
1968-69 624 19,79 180,5 264,2
1969-70 601 19,06 434,8 538,4
1970-71 407 12,91 108,3 135,6
1971-72 473 15,00 212 335,4
1972-73 592 18,77 225 352
1973-74 361 11,45 97,6 111,6
1974-75 296 9,39 135 166,6
1975-76 116 3,68 37,5 75,8
1976-77 327 10,36 317 --
1977-78 566 17,95 240,2 326,6
1978-79 723 22,91 269 301
1979-80 337 10,69 55 --
1980-81 166 5,26 39,2 --
1981-82 142 4,50 41 51
1982-83 162 5,14 30,2 --
1983-84 368 11,67 71 72
1984-85 509 16,14 87,9 107,2
1985-86 238 7,55 51 --
1986-87 182 5,77 47 --
1987-88 611 19,37 73 --
1988-89 167 5,30 18,5 --
1989-90 370 11,73 141,5 192,2
1990-91 258 8,18 197,8 254,2
1991-92 157 4,98 12,1 34,3
1992-93 154 4,88 19,6 29,7
1993-94 187 5,93 62,7 80,8
1994-95 121 3,84 9,4 13
1995-96 226 7,17 130,75 --
1996-97 435 13,73 148,35 184,9
1997-98 493 15,63 221,4 261
1998-99 214 6,79 11,5 17,3
1999-00 199 6,31 17,3 20,7
2000-01 520 16,49 128,95 156,21
2001-02 212 6,72 14,28 15,77
2002-03 327 10,37 70 82,92
2003-04 509 16,14 119,6 191,62
2004-05 226 7,17 17,03 34,74
2005-06 189 5,99 15,86 21,11
2006-07 242 7,67 72,02 75,60
2007-08 161 5,10 14,38 19,80
2008-09 189 6,01 52,55 78,93
2009-10 302 9,59 64,05 80,42
2010-11 310 9,82 33,69 68,08
2011-12 136 4,29 14,13 30,14
2012-13 206 6,54 86,48 88,24
2013-14 300 9,52 95,78 112,50
Media 352 11,15 132,55 154,66

Los datos de las dos primeras columnas vienen reflejados en las gráficas 1 y 2 que, como puede apreciarse, tienen idéntica forma, ya que ambas reflejan de dos maneras distintas un mismo parámetro, la cantidad de agua recogida por el Henares a lo largo de cada año hidrológico, relacionado directamente con el porcentaje de lluvias. Dicho con otras palabras, cuanto más húmedo haya sido un año, más alto será el valor correspondiente de la curva. La línea roja horizontal corresponde a la media de toda la serie.




Gráfica 1




Gráfica 2


Lo primero que salta a la vista es la gran disparidad de los valores considerados, con picos que exceden de 1.500 Hm3 anuales y mínimos que a duras penas rebasan los 50, es decir, treinta veces menos. Asimismo es fácil comprobar que existe una alternancia muy marcada entre los años húmedos y los años secos, en muchas ocasiones intercalados unos con otros, y también parecen esbozarse (aunque para determinarlo con mayor precisión sería necesario disponer de más registros) unos ciclos aproximadamente periódicos con una frecuencia de alrededor de unos veinte años.

Unos simples cálculos matemáticos nos muestran que la media anual de estos 102 años es de unos 352 Hm3, pero con una ligera tendencia a la baja desde los 410 Hm3 de los primeros años considerados hasta los 273 de lo que llevamos de siglo, lo que supone una disminución de alrededor de un tercio del total. Tal como se aprecia en la gráfica 3 si, además de representar la media, lo hacemos también con el ajuste a una recta de los valores anuales, vemos que ésta, representada por la línea verde, marca una tendencia claramente decreciente la cual, de no experimentar cambios, daría unos valores medios para el año 2050 de tan sólo la mitad de los registrados a principios del siglo XX. Como curiosidad cabe destacar que las dos rectas, la media y la tendencia, se cruzaron hacia mediados de la década de 1960, por lo que a partir de entonces el Henares comenzó a acarrear en promedio menos agua que la correspondiente a la media de todo el período registrado.




Gráfica 3


¿Puede deberse esta disminución de caudal al tan cacareado cambio climático? Quizá, pero en cualquier caso habría que manejar esta hipótesis con cuidado ya que, vuelvo a insistir en ello, en los estudios climáticos resulta extremadamente complicado extrapolar conclusiones sobre la evolución del clima en base a unos períodos de tiempo tan reducidos, amén de que los datos de que dispongo, en especial los más antiguos, proceden en ocasiones de fuentes diferentes y no siempre son fácilmente comparables entre sí. Otro punto a tener en cuenta es que el consumo de agua en las zonas urbanas de Alcalá y Guadalajara es ahora muy superior al de hace cien años, lo que supone un elemento de distorsión muy importante. Por último, basta con estudiar la gráfica para descubrir que las sequías más graves de los últimos cien años tuvieron lugar todas ellas con anterioridad al citado punto de inflexión de mediados de la década de 1960, es decir, durante la mitad “húmeda” de la serie, lo cual, unido a la extrema irregularidad de la climatología de la cuenca del Henares, es buena muestra de la complejidad del problema.

Lo que sí resulta bastante fácil de explicar es el “aplanamiento” de los picos a partir de los años ochenta, debido en su mayor parte a la construcción de los embalses de Beleña y Alcorlo sobre los dos afluentes principales del Henares, el Sorbe y el Bornova respectivamente, lo cual se tradujo en una regulación del caudal del Henares que hasta entonces era prácticamente inexistente ya que, aunque desde finales de los años 50 existía el embalse de Pálmaces, su capacidad de regulación es reducida tanto a causa de su pequeña capacidad (32 Hm3) como por el escaso caudal del río que lo alimenta, el Cañamares. Aunque en estos últimos años ha entrado en servicio un nuevo embalse, el de Huérmeces, sobre el Salado, cabe suponer que tampoco influya demasiado por idénticos motivos a los expuestos.

En cuanto a los años de sequía, vemos que ésta fue especialmente acusada en 1930-31 y 1931-32, 1944-45, 1952-53 y 1954-55, el más seco con diferencia de todos los registrados. En épocas más recientes, probablemente a causa de la aludida regulación de los embalses, no se llegan a alcanzar valores tan bajos, aunque se pueden considerar secos por encontrarse bastante por debajo de la media años como 1980-81 a 1982-83, 1986-87, 1988-89 y 1991-92 a 1994-95, llamativo este último período por su larga duración. Durante la última década los caudales medios anuales han sido por lo general moderados, con máximos y mínimos alternándose según una pauta bastante regular. El valor correspondiente al año 2011-12 es el tercero más bajo de los últimos cincuenta años superando tan sólo a los de 1975-76 y 1994-95, aunque todavía está muy lejos de los mínimos históricos.

Hasta ahora hemos considerado los caudales anuales, pero estos datos no nos indican las fluctuaciones existentes a lo largo del año, que son en definitiva las que informan sobre las avenidas causantes de las riadas, al ser éstas fruto de lluvias intensas, pero concentradas en poco tiempo. Por este motivo es interesante fijarnos en la tercera columna de la tabla I, donde se recogen los caudales máximos diarios a lo largo del año, los cuales vienen reflejados a su vez en la gráfica 4. La línea roja horizontal, como en los casos anteriores, corresponde a la media de todo el período.




Gráfica 4


Aunque a simple vista su aspecto puede resultar similar al de la anterior, si comparamos ambas tal como se hace en la gráfica 5 (las escalas respectivas están corregidas para facilitarlo), apreciaremos la existencia de diferencias significativas, no sólo porque no siempre un caudal máximo diario corresponde con un año excepcionalmente lluvioso, sino porque las diferencias entre ambos parámetros, para un año determinado, pueden experimentar grandes oscilaciones dependiendo de que las lluvias cayeran muy repartidas a lo largo del año o, por el contrario, se concentraran en temporales breves e intensos.




Gráfica 5


De hecho, resulta interesante comprobar que la última gran riada provocada por el Henares en Alcalá tuvo lugar durante los primeros días de enero de 1970 (se inició el 5, pero alcanzó su máximo el 11), dándose la circunstancia de que el año hidrológico 1969-70 no fue en su conjunto excesivamente lluvioso, ya que la aportación anual fue de 601 Hm3, superior a la media pero bastante inferior a la de otros años lluviosos como 1935-36 (1.773 Hm3), 1965-66 (1.528 Hm3), 1940-41 (950 Hm3) o 1936-37 (830 Hm3). Sin embargo, los 538,4 m3/s de caudal máximo instantáneo registrado durante el citado 11 de enero de 1970 convirtieron esta avenida en la mayor riada registrada en Alcalá desde la construcción, en 1913, de la estación de aforo de Espinillos3.

Algo similar ocurre con los estiajes. A mediados de los años cuarenta, concretamente en los veranos de 1944-45 y 1945-46, las aportaciones del Henares fueron tan mínimas (0,2 Hm3 sumando los meses de agosto y septiembre, lo que equivale a unos paupérrimos 0,038 m3/s, menos de trescientas veces el caudal medio de 11,54 m3/s) que su cauce llegó a secarse a su paso por Alcalá, un fenómeno insólito que nunca ha vuelto a repetirse. Curiosamente 1945-46 no fue, pese a su extremado estiaje, un año excepcionalmente seco aunque sí muy irregular, con un importante máximo en diciembre y una aportación anual bastante superior a la media.

En la cuarta columna de la tabla I se afina todavía más al referirse no a caudales máximos diarios, sino instantáneos. De nuevo tenemos estos valores representados en la gráfica 6, pudiéndose apreciar que, aunque en general no difieren demasiado de los anteriores, sí se aprecian puntas importantes en algunos años tales como 1942-43, 1945-46, 1950-51 o el ya comentado 1969-70, atribuibles a avenidas puntuales, aunque intensas. La línea roja, una vez más, representa la media.




Gráfica 6


Pasemos ahora a la tabla II. Hasta ahora habíamos estado considerando fluctuaciones de caudal durante distintos períodos (anuales, diarios e instantáneos), pero todavía no lo habíamos hecho con otro parámetro importante, la variación a lo largo de todo el año. Éstos son precisamente los datos que vienen recogidos en la siguiente tabla de aportaciones mensuales, aunque por motivos de simplicidad (hubiera resultado demasiado farragoso representar la totalidad de los años estudiados) me he limitado a seleccionar tres años hidrológicos como los más representativos de todos ellos: uno húmedo (1957-58), uno medio (1997-98) y otro seco (1935-36), comparándolos con el valor medio de toda la serie estadística:


Tabla II

Aportaciones mensuales (en Hm3) de un año seco (1957-58), uno medio (1997-98),
uno húmedo (1935-36) y valores promedio del período 1913-2014

Mes 1957-58 1997-98 1935-36 Media 1913-2014
Octubre 4,01 18,05 2,12 14,69
Noviembre 3,90 57,28 8,32 29,38
Diciembre 4,85 125,97 104,97 35,05
Enero 11,67 65,98 237,20 47,44
Febrero 11,45 55,08 557,05 49,79
Marzo 14,78 32,19 350,47 54,79
Abril 15,45 26,15 267,60 36,81
Mayo 1,68 26,71 123,18 27,26
Junio 3,68 25,13 57,80 17,09
Julio 1,83 21,49 24,64 10,02
Agosto 0,17 20,21 0,78 7,68
Septiembre 0,33 18,57 0,57 9,16
Total anual 73,79 492,81 1.773,47 336,40

Estos datos, una vez más, han sido representados en la gráfica 7, en la que el año hidrológico recordémoslo, comienza en octubre y termina en septiembre del año siguiente. Como podemos apreciar, durante el año seco apenas hubo variaciones significativas de caudal (lo que quiere decir que llovió muy poco), con un pequeño máximo durante los meses de marzo y abril atribuible probablemente a la fusión de la nieve invernal. Sin embargo, el máximo del año medio, además de estar bastante más marcado, se situó bastante antes, a finales de otoño (noviembre y diciembre). En cuanto al año húmedo, el máximo corresponde a una situación intermedia, hacia febrero, con un segundo máximo menos pronunciado, pero muy superior no obstante a los de los otros dos años estudiados, en primavera.




Gráfica 7


Por último, se aprecia asimismo que las medias mensuales de todo el período considerado están sensiblemente desviadas hasta la región que podríamos considerar “seca”; es decir, a lo largo de este siglo los años hidrológicos secos han sido, por lo general, bastante más frecuentes que los húmedos, e incluso que los medios. En concreto, de los 101 años hidrológicos considerados -carezco de los datos de 1912-1913-, 41 presentaron unos valores superiores a la media y los 60 restantes se quedaron por debajo, lo que quiere decir que por cada dos años húmedos hubo aproximadamente tres secos, repartidos además de una manera muy irregular. El más seco fue 1931-1932 con una aportación anual de tan sólo 53,77 Hm3, apenas un 15% de la media, mientras el más húmedo correspondió a 1935-1936 con 1.773,47 Hm3, más de cinco veces la media y 33 veces superior a la del más seco, pese a que entre ambos transcurrieron tan sólo cuatro años. En cualquier caso hay que tener en cuenta que la media aritmética no es el mejor método para realizar cálculos estadísticos en sistemas tan irregulares como el que nos ocupa, baste con reseñar que en tan sólo los dos años más húmedos de toda la serie, el citado 1935-1936 y 1965-1966, el Henares acarreó casi un 10% de la cantidad total de agua acumulada en los 100 años considerados.

A falta de los datos correspondientes a los dos últimos años hidrográficos, que todavía no han sido tabulados, el último año hidrológico que se aproximó a la media, tras un quinquenio de años secos y otro que la rozó, fue 2010-2011, con una aportación anual de 309,69 Hm3, un 8% por debajo de ésta, mientras el último año al que podríamos considerar húmedo fue 2003-2004 con 509,09 Hm3, un 51% por encima. El último año del que dispongo de datos, 2013-2014, se quedó un poco por debajo de 2010-2011 con una aportación anual de 300,09 Hm3, un 11% inferior a la media aunque claramente superior a los dos años anteriores.

En resumen, estos datos confirman la naturaleza del caudal del Henares, descrito en las enciclopedias como un régimen nivo-pluvial: las lluvias abundantes serían las responsables de las crecidas de finales del otoño y del invierno, mientras la fusión de la nieve en las sierras de su cabecera y de las de sus afluentes provocaría ese segundo máximo primaveral, todo ello dentro siempre de un régimen caracterizado por su gran irregularidad.




1 GARCÉS SARRALDE, Fernando. Alcalá de Henares y su partido. Alcalá de Henares, 1972. Edición del autor.
2 Se puede consultar tanto en la página de Geoportal como en la del Centro de Estudios Hidrográficos.
3 Ver también El Henares, ese río. La riada de 1970.


Publicado el 23-3-2007
Actualizado el 24-2-2017