La Semana Santa alcalaína de 2004 (y otras)





Un año más terminó la Semana Santa y, aunque la existencia de novedades ha dejado de ser hace ya mucho novedad, sería injusto no hacer un balance positivo de la misma excepción hecha, eso sí, de la consabida falta de coordinación entre las distintas cofradías en las procesiones en las que participaban varias de ellas, un problema que se arrastra año tras año desde hace ya bastante tiempo sin que hasta ahora haya podido verse solucionado satisfactoriamente. En todo lo demás, que es mucho, es de justicia felicitar a los responsables: cofradías, cabildo, ayuntamiento y, en general, a todas las personas que de una u otra manera han contribuido al afianzamiento en nuestra ciudad de esta celebración religiosa que, hace poco más de quince años, se encontraba al borde mismo de la desaparición. Cierto es que esta recuperación es un fenómeno que se está dando en toda España, pero esto no quita el menor mérito a todos sus promotores, y han sido muchos, desde que Pepe Macías fomentara la creación de la cofradía de las Peñas hasta ahora mismo.

Aunque han sido varias las novedades de este año aparte, claro está, de la consolidación de todo lo anterior, que también tiene su mérito, y de la inoportuna avería que impidió la salida de la Virgen de la Esperanza, las de mayor calibre han sido sin duda la incorporación del nuevo paso de Cristo Resucitado y la declaración de la Semana Santa complutense fiesta de interés turístico regional. En cuanto a la primera de ellas, bienvenida sea cualquier iniciativa de este tipo, no sólo por lo que supone de potenciación de nuestra Semana Santa (hasta donde yo he investigado nunca hubo en Alcalá, al menos durante todo el último siglo, una procesión del Encuentro), sino por el incremento de nuestro patrimonio artístico, que tampoco es algo a despreciar.

La segunda es asimismo importante, por cuanto puede ser un espaldarazo a la ya consolidada oferta cultural de nuestra ciudad. Queda, no obstante, una asignatura pendiente, la de su cobertura en los medios de comunicación si no nacionales, sí cuanto menos regionales, al día de hoy prácticamente inexistente a pesar, paradójicamente, de la citada declaración. No es cuestión de hacer juicios de valor sobre cómo tratan a Alcalá la prensa madrileña y Telemadrid, ni merece tampoco la pena invocar presuntos agravios históricos, ya que ello sólo servirá probablemente para perder el tiempo y, como mucho, para fomentar un irredentismo trasnochado y carente de utilidad a estas alturas. Si queremos que nuestra Semana Santa reciba la atención que se merece fuera de Alcalá, más vale que seamos pragmáticos y, desde ya mismo, comencemos una campaña de promoción similar a las que tan buenos resultados están dando en temas como el turismo u otras actividades culturales, hoy sobradamente conocidos en nuestro entorno. Huelga decir que aquí la concejalía de Cultura, como nueva responsable municipal, tiene mucho que decir, y mucho que hacer, al respecto.

Puede que esto que voy a comentar a continuación sea un tema marginal, pero en cierto modo lo considero importante. Desde hace varios años ciertas voces (aunque no las de las cofradías) vienen proclamando en público que la Semana Santa de Alcalá es la mejor de toda la Comunidad de Madrid. Hay que tener cuidado con las afirmaciones de este tipo, primero porque pueden no ser ciertas, y segundo porque no resultan nada elegantes estos alardes competitivos que además podrían acabar molestando innecesariamente a terceros. A mí personalmente nunca me ha gustado este afán por ser el primero en cualquier cosa, ya que considero que con el único con quien has de competir es contigo mismo para ser cada vez mejor, pero nunca con los demás siempre que lo puedas evitar. No tenemos ninguna necesidad de que nuestra Semana Santa sea la mejor, basta con que sea muy buena y, a ser posible, cada vez mejor.

Abundando en lo anterior, conviene recordar que no estamos aislados, y que nuestros vecinos también se mueven y hacen sus cosas. Y, aunque ya se sabe que las comparaciones son odiosas, conviene recordar cómo son algunas Semanas Santas de nuestro entorno, no para discutir si son mejores o peores que la nuestra (les aseguro que no es ésta mi intención) sino para poder aportar observaciones útiles. Por razones obvias me voy a limitar a las localidades donde se celebran procesiones, dejando fuera tanto aquéllas en las que se representa la Pasión (Morata, Chinchón, Daganzo o Valdilecha), como algunas con actos tan peculiares como el Judas de Tielmes.

Previo a ello conviene recordar las principales cifras de nuestra celebración: ocho cofradías, trece pasos y catorce procesiones: la general de Viernes Santo con siete pasos, las individuales de cada una de las cofradías, la del Domingo de Ramos, el Vía Crucis de la Adoración Nocturna, el nuevo Vía Crucis del Cristo de la Agonía, la procesión de la residencia de ancianos y la nueva del Domingo de Resurrección. Evidentemente existen otros factores de más difícil cuantificación como son la organización, la vistosidad o la asistencia de público, pero en un principio nos puede bastar con esto.

Para empezar, la primera referencia obligada es, lógicamente, Madrid. Aunque las procesiones de la cercana capital nunca han tenido especial fama, no por ello podemos menospreciarlas. Al igual que ocurrió en Alcalá y en otros muchos lugares, la Semana Santa madrileña ha pasado por importantes altibajos, encontrándose actualmente en fase de recuperación. Sus procesiones, bastante parecidas a las nuestras, son sencillas y austeras, y no suelen llevar más de uno o dos pasos al no existir actualmente (aunque sí lo hubo no hace demasiados años) nada equivalente a una procesión general. Esto no quiere decir que no resulten interesantes; algunas, como la de Jesús el Pobre -que recuerda en su desarrollo a la nuestra del Cristo de la Columna- o la del Cristo de los Alabarderos, son realmente atractivas, y existen pasos de notable valía artística como es el caso del Divino Cautivo, tallado por el escultor Mariano Benlliure. En cuanto a la del Jesús de Medinaceli, sería difícil encontrar una más multitudinaria, y también es muy popular la de las réplicas de los sevillanos Jesús del Gran Poder y la Esperanza Macarena. Por último, resulta asimismo llamativa la de la Virgen de la Soledad, acompañada por una tamborrada venida ex-profeso de Aragón.



Portada del programa de la Semana Santa de Madrid


Resumiéndola en cifras, y ciñéndonos al programa de este año, nos encontramos con que por el centro de Madrid desfilaron once cofradías en trece procesiones, con un total de diecisiete pasos. En primera instancia podría parecer que su magnitud es similar a la alcalaína, pero es preciso considerar también otros factores. Primero, en distintos barrios de Madrid (Carabanchel, Villaverde, Fuencarral, El Pardo) se celebran también procesiones, lo que eleva considerablemente el número de las mismas y el de los pasos hasta un total de diecinueve y treinta y dos respectivamente. De estas últimas la más significativa es la del Silencio de Carabanchel formada por seis pasos, prácticamente el mismo número que el de nuestra procesión general.

Otra cuestión no menos importante a tener en cuenta es el potencial de crecimiento de la Semana Santa madrileña. A diferencia de Alcalá, donde no hay más cera que la que arde y las últimas imágenes incorporadas a la misma -la Virgen de la Trinidad, la Virgen de las Angustias y el Cristo Resucitado- han tenido que ser realizadas ex-profeso, en las iglesias madrileñas existen muchas imágenes susceptibles de ser procesionadas, algunas de ellas obra de importantes escultores barrocos de la talla de Juan de Mesa, Martínez Montañés, Manuel Pereira, Pedro de Mena o Gregorio Hernández. Desconozco las razones por las que estas imágenes no salen actualmente en procesión, pero si la tendencia actual se mantiene no sería de extrañar que lo hicieran en un futuro próximo tal como ocurrió, por ejemplo, con la procesión del Cristo de los Alabarderos, recuperada hace tan sólo muy pocos años. Eso sí, Madrid cuenta con un inconveniente del que está mucho más libre Alcalá: su propio tamaño, que hace que las procesiones pasen relativamente desapercibidas dentro del fárrago habitual.


Carteles de Semana Santa de Guadalajara y San Lorenzo del Escorial


Y de Madrid a la también vecina Guadalajara, que no es cuestión de detenerse en la frontera de la Venta de Meco. La Semana Santa de la capital alcarreña, también declarada de interés turístico regional, se articula en un total de siete procesiones, una de las cuales es una general de diez pasos que, al igual que ocurre en Alcalá, cuenta con un recorrido oficial común para todas las cofradías aunque cada una de ellas completa el suyo propio de forma individual. El número de cofradías es de siete y el de pasos quince, la mayor parte de los cuales son equivalentes a los correspondientes alcalaínos excepto dos inexistentes en nuestra ciudad, el de la entrada en Jerusalén el Domingo de Ramos -o de la Borriquilla- y el de la Cruz desnuda después del descendimiento, bastante similar al desaparecido de la antigua Procesión del silencio. En conjunto a la Semana Santa de Guadalajara se la puede considerar equiparable a la de Alcalá aunque, eso sí, conviene no olvidar que la población de la vecina ciudad no llega ni tan siquiera a la mitad de la de Alcalá.

No podemos olvidar tampoco la interesante Semana Santa de San Lorenzo del Escorial, que cuenta nada menos que con siete cofradías y un total de once pasos que desfilan en doce procesiones distintas, una de las cuales, la general -llamada oficialmente del Santo Entierro- agrupa a siete de ellos. Teniendo en cuenta que San Lorenzo tiene tan sólo 13.000 habitantes, la quinceava parte de la población de Alcalá, el mérito de esta villa serrana es más que notable.


Publicado el 24-4-2004, en el nº 1.853 de Puerta de Madrid
Actualizado el 20-3-2007