Narbona y los Santos Niños





La Catedral de Narbona vista desde el torreón del Palacio de los Arzobispos
Fotografía tomada de la Wikipedia



Aunque en todo el sur de Francia es frecuente encontrar poblaciones vinculadas de una u otra manera a los Santos Niños, al menos una treintena desde la costa atlántica hasta Provenza, la ciudad de Narbona es con diferencia, y por varias razones, la más importante de todas ellas.

Situada a orillas de la albufera de Bages, que la separa del mar Mediterráneo, y a unos 100 kilómetros al norte de la frontera española, Narbona es una ciudad que rezuma historia por todos sus costados. Situada en una posición estratégica para las comunicaciones entre Roma y la Península Ibérica, ambas unidas por la Vía Domitia que cruzaba el sur de Francia desde los Alpes hasta los Pirineos, Narbona fue fundada junto a esta importante calzada en el año 118 antes de Cristo, convirtiéndose un siglo después en la capital provincial de la Galia Narbonense y una de las principales poblaciones de toda la Galia. Para hacerse idea de su importancia basta con recordar que, cuando fueron demolidas las murallas medievales en la segunda mitad del siglo XIX, se rescataron alrededor de dos mil piedras labradas que habían sido reutilizadas, las cuales se conservan hoy en el Lapidarium.

Narbona fue asimismo un importante puerto marítimo durante la época romana, aunque los sedimentos arrastrados por el río Aude acabaron cegando la salida de su primitivo golfo convirtiéndolo en la actual albufera de Bages. De hecho, en el siglo XIV fue preciso desviar su curso bajo, que atravesaba Narbona, para evitar sus periódicas avenidas, mientras el antiguo cauce sería convertido tiempo después en el Canal de la Robine, una rama lateral del Canal del Midi.




Torre sur de la Catedral


Tras el colapso del imperio romano Narbona perteneció al reino visigodo como capital de la Septimania, un territorio situado al norte de los Pirineos cuyos límites venían a coincidir de manera aproximada con la antigua Galia Narbonense. Desaparecido el reino visigodo a raíz de la invasión árabe, Narbona fue conquistada por los carolingios tras haber permanecido cuatro décadas en poder de los musulmanes. A diferencia del vecino Rosellón durante la Edad Media nunca llegó a formar parte de la corona aragonesa, pero al igual que el resto del Languedoc sí mantuvo estrechos vínculos con los condados catalanes del norte y el sur de los Pirineos.

Aunque a partir de la conquista carolingia siempre perteneció, al menos nominalmente, al reino de Francia, durante la época feudal la ciudad gozó de una amplia autonomía, cuya hegemonía se disputaron los vizcondes de Narbona y sus poderosos arzobispos, lo que le permitió recuperar bastante de su pasada prosperidad. En 1801 se suprimió la diócesis, que nunca llegó a ser reinstaurada, por lo que Narbona pasó a depender eclesiásticamente de la vecina Carcasona. Debido a ello la antigua Catedral de los Santos Justo y Pastor perdió su rango catedralicio, sustituido oficialmente por el título honorífico de Primatiale, traducible como Primada. No obstante, en la práctica se la sigue conociendo por su antiguo título, por lo cual podremos seguirla considerando como una de las tres catedrales consagradas a los Santos Niños junto con la Catedral-Magistral de Alcalá y la argentina de San Justo de la Matanza.




Torre norte de la Catedral


Indiscutiblemente se trata de un templo con orígenes muy antiguos. Ya a principios del siglo IV existió una basílica constantiniana reemplazada en el siglo V por una basílica latina, la cual a su vez fue arrasada por los invasores musulmanes en el siglo VIII, lo que motivó la construcción de una catedral carolingia.

Con el tiempo la catedral carolingia fue sustituida por una románica y ésta a su vez por la actual gótica, cuya construcción se inició en 1272. El proyecto de la nueva catedral era grandioso y, de haber sido terminado, la habría convertido en una de las mayores de Francia, con nada menos que 120 metros de longitud; pero no fue así. Las obras comenzaron, como solía ser habitual, por la cabecera, creciendo en dirección a lo que debería haber sido la fachada principal. La primera fase se desarrolló con relativa rapidez, ya que en unos sesenta años quedó terminada aproximadamente la mitad de la fábrica, desde el ábside hasta el tramo previo al crucero, pero hacia 1340 las obras se toparon con el obstáculo de las murallas. Algunos años antes, en 1335, las reliquias habían sido trasladadas solemnemente de la vieja a la nueva Catedral, a la que nunca han abandonado desde entonces.

El templo anterior, de dimensiones más reducidas, se había apoyado en la cara interior de éstas, pero para seguir adelante era preciso demoler el tramo que se interponía, lo cual provocó un conflicto entre los arzobispos y las autoridades municipales, que se oponían a ello. Quizá hubiera podido alcanzarse una solución satisfactoria para ambas partes, por ejemplo ampliando esa parte de las murallas de forma que englobaran al nuevo templo en su interior, de no haber estallado entonces la Guerra de los Cien años, que ensangrentó durante más de un siglo el territorio francés. Los tiempos no estaban entonces para andar demoliendo, siquiera parcialmente, las defensas de las poblaciones, y de hecho en 1355 Narbona fue asediada por el Príncipe Negro, uno de los principales caudillos militares ingleses. Aunque la ciudad resistió el sitio gracias a la solidez de sus murallas, el arrabal de San Pablo, situado extramuros, fue arrasado e incendiado.




Ábside de la Catedral


La consecuencia práctica fue que los defensores de no demoler la muralla impusieron su criterio, lo que condujo a la paralización de las obras. Ello unido a la mortífera epidemia de la Peste Negra, a desastres naturales como las periódicas avenidas del Aude, que todavía no había sido desviado de su curso, y a la decadencia económica de la ciudad a causa del encenagamiento del antiguo puerto marítimo, hizo que lo que en un principio se consideró una interrupción temporal se convirtiera en definitiva, pese a que a partir de mediados del siglo XV Francia experimentó una rápida recuperación tras el fin de la Guerra de los Cien Años.

Así pues, la fachada este de la Catedral -la correspondiente a los pies del templo- se cerró como buenamente se pudo con un muro, levantándose las dos torres en el siglo XV a la altura de donde había quedado interrumpido el edificio. Tampoco llegó a construirse la portada principal, ya que los arzobispos nunca llegaron a renunciar por completo a una culminación de las obras que, con el paso del tiempo, se revelaba cada vez más compleja. De hecho, hubo varios intentos fallidos. En 1514 se demolió finalmente el conflictivo tramo de las murallas que había paralizado las obras junto con los edificios situados al otro lado de éste, lo que dejó libre el terreno necesario para la deseada ampliación; pero la muerte de su promotor, el arzobispo Guillaume Briçonnet, impidió la reanudación de las obras.




Fotografía aérea tomada de Google Maps. 1: Parte terminada de la catedral. 2: Patio de San Eutropio. De haberse concluido
su construcción, el edificio habría saltado la calle de Gustave Fabre ocupando buena parte de la manzana situada al otro lado


Dos siglos más tarde otro arzobispo, Charles le Goux de la Berchère, retomó parcialmente el antiguo proyecto medieval abordando la construcción del crucero, contiguo, como ya he comentado, a la edificación existente, y otros cinco tramos más de la parte trasera, con lo cual la Catedral habría quedado considerablemente ampliada aunque sin alcanzar la longitud original prevista. Las obras se iniciaron en 1708 y se paralizaron definitivamente en 1819, cuando tan sólo se habían levantado los muros del crucero y del primero de los cinco tramos proyectados hasta la altura del triforio -la galería interior que a modo de piso alto recorre las naves laterales en las catedrales góticas-, junto con las dos únicas capillas, una a cada lado, que llegaron a ser terminadas.


Dos vistas del Patio de San Eutropio, la “portada” de la catedral


Esta fallida ampliación, carente asimismo de bóvedas, es conocida con el nombre de Patio de San Eutropio, y pese a tratarse de una obra inconclusa presenta un aspecto que recuerda a las ruinas románticas. Está abierto a la calle y a través de él se accede a la Catedral por una modesta puerta neogótica construida a finales del siglo XVIII, ya que ésta sigue careciendo de la portada monumental que debería haberla rematado.

Hubo todavía un último y tardío intento, a mediados del siglo XIX, por cubrir y cerrar al menos la parte inconclusa del Patio de San Eutropio. El proyecto se le encargó al todavía bisoño Eugène Viollet le Duc (1814-1879), en su día un afamado restaurador que creó escuela en Francia aunque actualmente sus intervenciones son muy criticadas, ya que acostumbraba a ir mucho más allá de lo razonable inventándose literalmente cuanto se le antojaba, por lo cual más que de restauraciones se debería hablar de falsificaciones históricas.

En realidad en el caso de la Catedral de Narbona, más que de restauración, se debería hablar más bien de la terminación de un edificio inconcluso mimetizando la parte nueva con la antigua... algo que también es rechazado de plano por las tendencias arquitectónicas actuales en un, a mi entender, exceso de celo que acaba incurriendo en el exceso contrario; pero éste es un tema polémico que nos desviaría demasiado del nuestro.




Plano del proyecto de Viollet le Duc. Ilustración tomada de la Wikipedia
En negro, parte terminada de la Catedral. En gris, Patio de San Eutropio. En blanco, ampliación de Viollet le Duc


Según el plano que se conserva del proyecto de Viollet le Duc, su intervención no se habría limitado a completar el Patio de San Eutropio integrándolo en la nave de la Catedral sino que, yendo mucho más lejos, su intención era prolongarla no sólo con los cuatro tramos restantes del proyecto del siglo XVII, sino también con otros tantos más, lo que le hubiera llevado a alcanzar una longitud similar a la del primitivo proyecto medieval. Una vez más la falta de dinero impidió su ejecución, por lo que el arquitecto renunció a él marchándose a hacer otra de las suyas a la vecina Carcasona, aunque no sin antes dejar su firma en la fachada del vecino Palacio de los Arzobispos, actual sede del Ayuntamiento narbonense.

Así pues la Catedral se quedó tal como estaba y cabe suponer que así seguirá estando, con su desangelado aspecto exterior salvo por la parte de la cabecera. Ésta es la razón por la que su vista típica suele ser la que muestra desde el torreón -Donjon en francés- del Palacio de los Arzobispos, en la que se aprecia la soberbia arquitectura gótica de la cabecera quedando discretamente oculto el lado inconcluso.




Coro de la Catedral. Fotografía tomada de la Wikipedia


Pese a tratarse apenas de la mitad del edificio, no ha de pensarse que la parte terminada carece de interés. Al contrario, esta media catedral tiene más valía que muchas catedrales completas, con unas imponentes bóvedas de crucería que en el caso de la nave central alcanzan los 41 metros de altura, lo que la convierte en la cuarta más alta de Francia por detrás de las de Beauvais (48 metros), Amiens y Metz (42 metros ambas), sobrepasando entre otras a las de Chartres (37 metros), Notre Dame de París (35) y Orleans (32 metros).




Baldaquino de la Catedral


Cuenta asimismo con un notable patrimonio artístico entre capillas, retablos, cuadros, vidrieras, monumentos funerarios y el monumental baldaquino que preside el presbiterio, construido a finales del siglo XVII. La nave central está ocupada en su totalidad por el coro, cuya sillería se distribuye por las dos paredes laterales que la separan de las naves vecinas. Pero como también es la única zona en la que se pueden colocar los fieles, ya que las naves laterales son demasiado estrechas, se da la peculiaridad de que se asiste a misa en el mismo coro, tanto desde la sillería como desde los bancos colocados en el centro, sin que exista la verja delantera habitual en las catedrales góticas. Aunque ahora ya no hay cabildo, cabe preguntarse cómo se las apañarían los canónigos y los fieles para compartir el espacio antes de que la diócesis fuera suprimida.




Órgano de la Catedral


En el lugar del trascoro se encuentra el muro que cierra a la Catedral por el lado inconcluso, sobre el que se alza un imponente órgano que tuve el placer de oír. Tanto la sillería como el órgano datan del siglo XVIII.

Hecha esta necesaria -aunque quizá larga- introducción, la pregunta inmediata es la razón por la que una ciudad de la importancia de Narbona -el resto de las poblaciones francesas vinculadas a los mártires complutenses son en su totalidad lugares pequeños- se acogió a su patronazgo. La versión que yo siempre he conocido es que las reliquias que se conservan en su Catedral fueron donadas por el rey aragonés Ramiro II -entonces se encontraban en Nocito, en la actual provincia de Huesca-, conocido como el Monje dado que lo fue hasta que la muerte sin sucesión de su hermano Alfonso I el Batallador puso en sus manos el reino, al que gobernó con mano de hierro -es conocida la historia de la Campana de Huesca, con la que sometió a los nobles levantiscos- entre 1134 y 1157. Las que ya no están tan claras son las razones por las que se produjo la donación de las preciadas reliquias, al parecer a petición de los propios narboneses, aunque de lo que no cabe duda es de que la vinculación entre el nuevo monarca y Narbona existía ya que Ramiro había profesado como monje en el monasterio benedictino de Saint Pons de Thomières, situado apenas a 50 kilómetros de distancia.

Una tradición local, bastante discutible desde un punto de vista histórico, afirma por el contrario que las reliquias de los Santos Niños fueron descubiertas nada menos que por Carlomagno, que habría ordenado depositarlas en un lugar secreto. Descubiertas en 1058 por el arzobispo Guifredo de Cerdaña éste las entregaría a la Catedral, lo que produjo un auge en el culto a sus titulares. A causa de un conflicto con el vizconde Guifredo trasladó temporalmente la sede del arzobispado a la cercana localidad de Durban-Corbiéres, llevándose con él las preciadas reliquias; posiblemente ésta sea la razón por la que la capilla del castillo de esta localidad está consagrada a los Santos Niños. En cualquier caso su ausencia de Narbona no duraría demasiado ya que, según esta versión, la vizcondesa se habría encargado de robarlas y devolverlas a la ciudad.

Resulta difícil determinar el momento en el que en Narbona se empezó a venerar a los Santos Niños, aunque sin ninguna duda se trata de un culto muy antiguo. En el artículo dedicado a la Catedral de Narbona de la edición francesa de la Wikipedia se afirma, sin citar fuentes, que al reedificarse ésta tras la expulsión de los musulmanes fue consagrada a sus actuales titulares en el año 782, cuya advocación reemplazó a la anterior de san Ginés de Arlés. En el excelente blog A la découverte de l’Aude1 leemos que san Teodardo, obispo de Narbona, consagró en el año 890 un altar de la Catedral a los santos Justo y Pastor, dato que no es necesariamente incompatible con el anterior. Cabe, no obstante, la posibilidad de que su presencia en Narbona fuera incluso más antigua, ya que como es sabido su culto alcanzó un extraordinario auge en el reino visigodo y la Septimania formó parte de éste hasta su desaparición tras la invasión musulmana de principios del siglo VIII. Pero nada hay seguro.


Relicarios de san Justo (izquierda) y san Pastor (derecha)


Retrocediendo a épocas más cercanas, en A la découverte de l’Aude se indica que en 1085 el arzobispo Guifredo de Cerdaña llevó las reliquias a Narbona desde España, sin explicar los detalles.; aunque se trata de una hipótesis más verosímil que la rocambolesca historia de su milagroso hallazgo por Carlomagno, nos encontramos con un desfase de 49 años respecto al inicio del reinado de Ramiro II, a quien no se cita como donante de las reliquias.





Detalle de los relicarios


Pese a que todavía podría seguir hablando largo y tendido de la historia de la Catedral y del arte que atesora en su interior, hora es ya de que prestemos atención a sus titulares, empezando por las reliquias. Éstas se conservan en dos artísticos relicarios góticos con forma de iglesia y paredes de cristal, a través de las cuales se pueden ver unos huesos que, en mi opinión de profano, son demasiado grandes para dos niños de seis y nueve años... aunque en Narbona, según me dijeron, les atribuyen una edad mayor, de unos doce o trece años, lo que da idea de la flexibilidad de estas tradiciones.




Ostensorios con reliquias de san Justo (izquierda) y san Pastor (derecha)


Además de los relicarios principales existen dos ostensorios con unos pequeños fragmentos óseos en su interior. Tanto los unos como los otros se encontraban no en la nave ni en las capillas, sino en una sala cerrada que supongo sería la sacristía que pude visitar, gracias a la amabilidad del sacerdote, ya que los guías se desentendieron del tema; esto es algo a tener en cuenta por parte de quienes estén interesados en verlos.





Bustos de san Justo (arriba) y san Pastor (abajo)


En lo que respecta a la iconografía, existen dos bustos en el baldaquino del altar mayor los cuales, acordes con la tradición local, representan más a unos muchachos cercanos a la adolescencia que a los niños a los que estamos acostumbrados en Alcalá.




Vidrieras de la capilla absidial de Notre-Dame de Bethleem


Otros elementos importantes son las vidrieras, varias de las cuales representan a los mártires complutenses. Las primeras ocupan un lugar de privilegio en la parte alta del muro de la capilla de Notre-Dame de Bethleem, en el centro del ábside, lo que hace que sean visibles desde cualquier punto del coro por encima del baldaquino. Son dos vidrieras gemelas, fechadas en 1311, en las que los Santos Niños aparecen representados con las palmas del martirio y los libros de colegiales.



Otras vidrieras. Fotografía superior de Hitschko, tomada de Flickr
Fotografías inferiores tomadas de vitrail.ndoduc.com


En los laterales aparecen al menos otras dos vidrieras dobles dedicadas a ellos, en las que básicamente se repite el mismo modelo.




Tallas de la cornisa del órgano


Un tercer elemento iconográfico serían las tallas de madera que rematan el órgano a ambos lados de la figura central de la Virgen; utilizo el condicional porque cuando visité la Catedral no me apercibí de ese detalle, y sólo las descubrí cuando ya en casa revisé la fotografía que hice del órgano, en la que lamentablemente no se aprecian con la suficiente nitidez aunque parece bastante evidente que se trate de ellos.




Tapiz ¿de los Santos Niños?


Tampoco estoy demasiado seguro de que sean los Santos Niños las dos figuras que aparecen representadas en un tapiz colgado en el muro trasero de una de las dos naves laterales. Si bien son mártires, puesto que portan las palmas del martirio, y parecen sostener unos libros en las manos, aparentan más ser unos adultos que unos niños, incluso asumiendo la mayor edad que se les atribuye en Narbona. De todos modos, y en caso de duda, ahí quedan reflejados a la espera de poder confirmar o descartar su identidad.






Grabado y dos de los sellos con la imagen de los Santos Niños conservados en el Tesoro de la Catedral


Anejo a la Catedral se encuentra el Tesoro, un pequeño pero interesante museo de arte sacro en el que también encontré algunos objetos relacionados con los Santos Niños, concretamente un misal del siglo XVIII ilustrado con un artístico grabado que reproduje en su día en el artículo dedicado a esta técnica, y diversos sellos utilizados por los arzobispos y los canónigos.


Pintura mural procedente del Palacio Viejo de los Arzobispos. Vista general y detalle


Fuera ya de la Catedral, en el vecino Museo Arqueológico, se exhibe una pintura mural del siglo XIV, procedente del Palacio Viejo de los Arzobispos, que representa a uno de los dos mártires, sin que sea posible precisar de cual de los dos se trata. Evidentemente debió de existir un segundo fresco compañero de éste, el cual se ha perdido.




Pilar del claustro románico de la Catedral. Los Santos Niños seencuentran en las
caras laterales. Fotografía de Daniel Martin tomada de la ficha del museo


En el Museo de los Agustinos de Toulouse se encuentra uno de los pocos vestigios que se conservan del antiguo claustro románico de la Catedral, un pilar de mármol fechado a finales del siglo XII y decorado con relieves de la Virgen, un rey judío (David o Salomón) y los santos Justo y Pastor. Lamentablemente, la fotografía de la ficha del catálogo no reproduce ninguno de los relieves de los dos mártires.





Antigua calle de San Justo


Para terminar, y a modo de anécdota, queda por reseñar que la calle que bordea a la Catedral por el norte -por el sur limita con el claustro y con el complejo del Palacio de los Arzobispos- estuvo dedicada tradicionalmente a San Justo -San Pastor, como es habitual, quedó postergado-, aunque en la actualidad está dedicada a Armand Gautier (1837-1920), un químico natural de Narbona.

Y esto es todo lo que dio de sí este fructífero viaje, que además me permitió disfrutar de una agradable ciudad en la que me sentí como en casa.




Bibliografía


1 Blog A la découverte de l’Aude. Capítulos , y del artículo Au coeur de Narbonne, sa fabuleuse histoire.
Narbonne. Artículo de la Wikipedia.
Cathédrale Saint-Just-et-Saint-Pasteur de Narbonne. Artículo de la Wikipedia.
MÈCLE, ANDRÉ. Narbona. Palacio de los Arzobispos y Catedral. Colección Monumentos e Historia, nº 11. Editions Gaud. Moisenay, 1999.

Ver también:
La catedral de Narbona en la filatelia y la numismática francesas
El culto a los Santos Niños en Francia


Publicado el 22-8-2017