Las torres alcalaínas





Vista de Alcalá desde el Gurugú, tras la nevada de enero de 2009



Al pie de la cuesta se pasa un puente bravamente construido sobre el río Henares, y fundado por no sé qué Señor Arzobispo de Toledo, desde el qual á Alcalá hay la distancia de un quarto de legua; y cierto que por aquel parage representa la Ciudad su mejor vista; pues conteniendo en su recinto treinta y ocho Iglesias, y diez y nueve Colegios, sobresale un número de cúpulas, y torres que forman un razonable espectáculo.

Antonio Ponz


En realidad cuando Antonio Ponz visitó Alcalá, allá por el año 1772, dejando constancia del “razonable espectáculo” que se descubría a la bajada de la cuesta del Zulema, se estaba haciendo eco, quizá sin saberlo, de ese viejo refrán anónimo que proclamaba: “Alcalá de Henares, que bien pareces por tus muros, torres y capiteles”.

Sin embargo, en los más de trescientos treinta años transcurridos desde entonces, son muchas las cosas que han cambiado en Alcalá, algunas para bien y otras, lamentablemente, para peor. Una de las mayores pérdidas ha sido sin duda la de una parte importante de su patrimonio artístico, víctima de guerras, desamortizaciones o, simplemente, de la incuria, razón por la cual bastantes de las cúpulas y torres que dibujaban el tradicional perfil complutense hoy ya no existen, o bien se encuentran tan desfiguradas que el propio viajero tendría dificultades para identificarlas.

Sería totalmente injusto, eso sí, negar la existencia hoy en día de un buen puñado de torres supervivientes que, aunque no sean tantas como las que contempló Ponz -faltan algunas tan significadas como la del desaparecido convento de San Diego, o la todavía hoy desmochada del de la Madre de Dios, sede actual del Museo Arqueológico, sin contar otras menores-, siguen recortándose contra el cielo alcalaíno en un recuerdo, siquiera parcial, del antiguo perfil de la ciudad. No es todo, pero sí lo suficiente como para que pueda disfrutarse de un paseo por las viejas calles complutenses, sin olvidarnos tampoco de que en los últimos años la reconstrucción de varias de ellas como la de las Bernardas, la de Caracciolos, la de Basilios o la de las Juanas, junto con alguna que otra espadaña, ha contribuido a reparar en parte importante las anteriores pérdidas.

He de advertir que este artículo no es, ni pretende serlo, un catálogo de las torres alcalaínas, sino una selección personal, y por lo tanto totalmente subjetiva de ciertas perspectivas que me resultan especialmente atractivas y que espero que ustedes puedan disfrutarlas al igual que las disfruté yo el primer día que las descubrí. Tampoco el recorrido que voy a seguir, trasladado a un plano, resultaría ser el más lógico, dado que iré dando saltos de un lugar a otro del casco antiguo sin la menor pretensión de establecer un itinerario sino, simplemente, dejándome llevar sin ningún orden por mis rincones favoritos sin que exista necesariamente una continuidad espacial.



El primero de ellos es sin duda la calle, o la plaza de las Siete Esquinas, un recoleto lugar de la trama medieval del sur de la vieja ciudad. Mirando en dirección al norte, es decir, hacia la calle Mayor, nos encontraremos con esta preciosa composición de las torres de las Agustinas y las Claras, dándose la circunstancia de que la perspectiva hace reducirse el tamaño aparente de la primera, mayor que la segunda, hasta formar ambas una composición singular y notablemente plástica.



Dando ahora un salto no demasiado largo, concretamente hasta la cercana confluencia de las calles Rico Home, Santa Catalina, Tercia y Damas, nos encontramos con otra perspectiva inédita durante muchos años, hasta que la reconstrucción de la linterna de la antigua iglesia de Caracciolos permitió recuperar esta interesante composición de ésta con la torre y el campanario de la vecina iglesia de las Claras que tan buen juego nos diera anteriormente. Lástima que el edificio de la derecha afee la fotografía, al igual que lo hace la inevitable grúa de la izquierda; pero al menos ésta era algo efímero, cosa que no ocurre por desgracia con aquél.



Si nos encaminamos ahora hacia la cercana puerta del Vado, tomamos la ronda de la Pescadería y, a la altura del barrio Venecia, retrocedemos hasta la calle Gran Canal, podremos vislumbrar esta atractiva perspectiva en la que se combinan la torre de las Agustinas y la linterna de Caracciolos. Es de lamentar que las edificaciones modernas de su entorno se encarguen de estropearla, tanto esa espantosa medianería blanca que casi tapa la antigua iglesia de Caracciolos, como los altos bloques que, a izquierda y derecha, encajonan literalmente a ambas torres; aunque en la fotografía, por fortuna, no se vean, lo cierto es que siguen estando allí. Qué se le va a hacer...



Otro ángulo interesante de estas dos torres es el que aparece en la esquina de las calles Portilla y Arcipreste de Hita, esta vez sin mamotretos que entorpezcan la visión.



Avanzando hasta la calle del Gallo, nos encontramos con esta atractiva composición de los distintos elementos verticales del convento de las Agustinas.



Al lado de la Magistral, desde lo que antaño fuera la plaza -o plazuela- de la Picota, es decir, la confluencia de las calles Mayor y San Felipe con la plaza de los Santos Niños, podemos apreciar este atractivo escorzo de la linterna de la iglesia de San Felipe con la aguja de la torre de las Bernardas asomando a sus espaldas. Es preciso advertir que el ángulo de visión es reducido, ya que basta con avanzar unos metros en dirección a la plaza de Palacio, o bien retroceder por la de los Santos Niños, para que la perspectiva conjunta de ambas torres se pierda.



Es una pena que la torre de las Bernardas, pese a su innegable empaque, no forme casi encuadres con el resto de las torres alcalaínas. Esto se debe en parte a su relativo aislamiento en relación a sus compañeras, aunque quizá la causa principal sean los altos edificios que la rodean, a modo de feo cinturón de ladrillo, por la zona de Diego de Torres y Madre de Dios... pero esto no importa demasiado, porque la torre, por sí misma, se encarga de proporcionarnos perspectivas tan apabullantes como ésta, tomada desde la esquina de la calle San Bernardo con Madre de Dios.



Otra vista clásica de esta torre es desde el interior del recinto del antiguo Palacio Arzobispal, tal como se puede apreciar en muchas fotografías anteriores al incendio de 1939. Hoy ese lugar está ocupado por el solar del Pico del Obispo, habilitado como aparcamiento, lo cual no nos impide apreciar la belleza de la perspectiva de la torre de las Bernardas sobresaliendo por encima de la parte que se conserva de este antiguo edificio.



Desde la torre de Santa María tenemos una vista privilegiada de la torre de las Bernardas flanqueada por los tambores del antiguo convento de la Madre de Dios, actual Museo Arqueológico, del Palacio Arzobispal y, en primer plano, del convento de la Imagen, al que acompaña su campanario. Esta vista debió de ser mucho más espectacular antes de que en el siglo XIX fueran demolidas la linterna y la aguja del tambor de la Madre de Dios y la torrecilla que remataba al Torreón de Tenorio.



La parroquia de Santa María o, si se prefiere, la iglesia de Jesuitas, según se sigue conociendo en Alcalá, es el templo más importante de la ciudad tras la Magistral y uno de los más imponentes. Sus dos torres, la del crucero de la iglesia y la de la capilla de las Santas Formas son uno de los elementos más representativos del perfil alcalaíno, y aunque alguna de sus perspectivas se ha perdido a causa de la construcción de edificios de mayor altura que los preexistentes, todavía se sigue vislumbrando desde distintos puntos de la ciudad. De todos ellos, la vista más impresionante es sin duda la que se puede apreciar desde la Vía Complutense, donde la parte trasera del templo nos sorprende por su majestuosidad.



Lamentablemente su vista delantera adolece del problema de la falta de perspectiva a causa de la estrechez de la calle Libreros; no obstante, aprovechando un hueco existente entre dos edificios de la vecina calle de San Diego se puede vislumbrar el poderoso conjunto formado por el frontón de la fachada, la torre principal y el campanario.



La reciente reconstrucción de la torre de la iglesia de las Juanas, demolida a mediados del siglo XIX, ha devuelto a Alcalá una de las perspectivas que nunca debió de perder, desconocida para varias generaciones de alcalaínos. De entre todas las posibilidades he elegido estas dos fotografías que muestran una elegante conjunción entre esta torre y las más lejanas de Jesuitas, aunque he de advertirles que no están tomadas desde la vía pública, sino desde la azotea de un edificio de la calle de Diego de Torres, por lo que probablemente no será tan conocida como las anteriores.



También aparecen estas torres en las dos siguientes fotografías, en esta ocasión tomadas justo en dirección contraria, desde unas viviendas del barrio de San Isidro. Aunque el enfoque es bastante similar en ambas, la profundidad de campo varía de modo que en la primera de ellas no se aprecian las torres de Jesuitas, pero sí las de las Juanas y la Magistral, junto con la lejana presencia de la desmochada y no restaurada torre -otra lamentable pérdida- de la Madre de Dios, o del Museo Arqueológico, como se prefiera; en primer plano aparece, por último, uno de los dos torreones neoescurialenses de las viviendas militares de la calle Sebastián de la Plaza. En cuanto a la segunda fotografía, al ser un plano más general, predominan las torres de Jesuitas quedando las demás en un discreto, pero elegante, segundo plano.



Parecida a la anterior, pero tomada esta vez desde la confluencia de las calles Sebastián de la Plaza y Eras de San Isidro con el paseo de la Estación, es esta curiosa fotografía en la que el otro torreón de las cercanas viviendas militares parece querer emular en importancia a la imponente torre principal de Jesuitas, achicada por la distancia. De nuevo el edificio frontero vuelve a estropear la vista, pero qué se le va a hacer...



Encaminándonos por la calle de Libreros, y casi camuflada tras las drásticas reformas que sufrió el edificio en el siglo XIX, la torre de la antigua capilla del colegio de los Verdes sobresale del tejado con modestia, pero con dignidad.



Una vez llegados a la plaza de Cervantes nos encontraremos frente a una de las vistas más conocidas de la ciudad, la de la Capilla del Oidor y la torre de Santa María, mientras sobre los restos del antiguo ábside asoman las torres del vecino colegio de Málaga. La fotografía, tomada en un día lluvioso, muestra el encanto especial del suelo mojado y el cielo nuboso, no demasiado frecuente en un clima como el castellano.



Cruzando la plaza de Cervantes en diagonal, justo hasta la esquina de la vecina plaza de Rodríguez Marín con Santa Úrsula, podremos vislumbrar esta bella perspectiva de la espadaña de San Ildefonso -por supuesto con cigüeñas incluidas- entre las agujas de las dos torres de la iglesia de Jesuitas, todas ellas sobresaliendo por encima de los tejados del edificio del Círculo de Contribuyentes.



Las vistas de las torres de la plaza de Cervantes se completan con ésta del reloj del Ayuntamiento tal como aparece desde la vecina torre de Santa María. Al fondo, estropeado por las moles de los edificios de las calles Diego de Torres y Madre de Dios y, temporalmente, también por la grúa de las obras de ampliación del Museo Arqueológico, se aprecia difuminado el campanario inconcluso de la iglesia de las Bernardas.



Desde hace algún tiempo está abierta a las visitas la torre de Santa María, una privilegiada atalaya desde la que es posible divisar esta bella composición de la torre del convento de las Agustinas y, tras ella, la majestuosa figura de la torre de la Magistral. Se completa la vista con dos campanarios, el de las Agustinas y el del antiguo convento del Carmen Calzado, felizmente reconstruido tras la restauración del edificio por la Universidad después de muchos años abandonado y semiderruido.



Si nos acercamos ahora a vecina la calle de los Colegios y miramos en dirección a la plaza de Cervantes, nos encontraremos con una hermosa composición de torres en la que toman parte las de la Magistral y las Agustinas como elementos principales, junto con las nada desdeñables contribuciones de las dos torres del colegio de Málaga, la espadaña de las Úrsulas y, según la altura de la calle desde la que miremos, el torreón de la Hostería del Estudiante o los dos gemelos del antiguo colegio de la Madre de Dios, actual sede del colegio de abogados. Todo un regalo para la vista, del que se nos escapa por poco la vecina torre de Santa María, tapada por los citados torreones. En cualquier caso la vista no deja de ser impresionante, sobre todo cuando el atardecer tiñe de rojo y añil el cielo regalándonos con unos magníficos contraluces.



Reconstruida hace tan sólo unos años, la linterna del antiguo colegio de San Basilio, aun sin ser de las más espectaculares de Alcalá, muestra su innegable atractivo tanto como contrapunto a la sólida fachada barroca, como rodeada por los árboles de la vecina puerta de Aguadores.



Un encuadre que a pie de calle no es posible vislumbrar, pero asimismo interesante, es el que se aprecia desde los balcones del mismo colegio de San Basilio, con los torreones gemelos de la Hostería del Estudiante y el colegio de la Madre de Dios en primer plano, y la torre de Santa María y la linterna de la Capilla del Oidor detrás, junto con un atisbo de la espadaña de San Ildefonso. Lamentablemente una inoportuna grúa estropeó bastante la fotografía, pese a lo cual sigue mereciendo la pena.



Avanzando hasta la calle de Santa Úrsula acabará destacando la imponente torre de las Agustinas y, al tiempo que desaparecen de nuestra vista el resto de las torres, nos encontramos con una nueva composición entre esta torre y las vecinas espadañas: a un lado la del convento de las Úrsulas, y al otro la hace pocos años reconstruida del antiguo convento del Carmen Calzado, sede actual de la escuela de Arquitectura. Perdida durante años, esta agradable perspectiva ha sido felizmente recuperada para Alcalá.



En el mismo eje visual, uno de los que más juego dan en Alcalá, pero justo en sentido contrario, si encaminamos nuestros pasos por la calle de Escritorios tomando como origen la plaza de los Santos Niños nos encontraremos con un panorama asimismo atrayente, con las torres gemelas del colegio de Málaga recortándose sobre el perfil grisáceo del Ecce Homo, una de las pocas vistas de los cerros que todavía no hemos perdido engullidas la mayor parte de ellas por el feo y antipático muro de ladrillo y hormigón que a modo de corsé rodea y encierra al casco antiguo. Pero como lamentarse no sirve de nada, es preferible mirar calle Escritorios adelante -y tras ellas las de Santa Úrsula y Colegios- viendo cómo, mientras avanzamos siempre con las torres del colegio de Málaga frente a nuestros ojos, va cambiando de forma progresiva el encuadre, encajonado entre el colegio de las filipenses y la iglesia de las Agustinas primero, y más tarde por el edificio de los Irlandeses y el recuperado Carmen Calzado, con su espadaña y su frontón como quien dice recién estrenados. Al otro lado es la discreta espadaña de las Úrsulas la que cierra la perspectiva, complementada algo más allá el torreón de este mismo convento. Al fondo, destacando sobre el tono azulón de los cerros, la espadaña de los Basilios pone su contrapunto de ladrillo, mientras la vecina torre de este mismo edificio permanece oculta tras la esquina del Parador de Turismo.



No menos atractiva es la panorámica que se nos ofrece desde el lado sur de la torre de Santa María, donde la ausencia del torreón oriental del Colegio de Málaga se ve compensada por el conjunto que forman el torreón del convento de las Úrsulas en primer plano y, tras ellos, los colegios de los Trinitarios Descalzos y los Caracciolos, con la linterna y la espadaña de la iglesia de este último.



Retrocediendo sobre nuestros pasos hasta la calle de Escritorios, a través del callejón de Avellaneda podremos entrever la imponente mole de la espadaña de las Claras, armónicamente acompañada por la torre de la iglesia que, desde este ángulo, parece cederle fraternalmente la primacía. Sin duda, es otro de mis rincones favoritos de Alcalá.



Y si tenemos la suerte de poder entrar en el convento desde su claustro disfrutaremos de esta otra vista, no menos atractiva que la anterior.



Su majestuosidad queda, no obstante, eclipsada por la rotunda cercanía de la tantas veces citada torre de las Agustinas, desde una fotografía tomada en esta ocasión desde uno de los edificios de Diego de Torres. Los cerros del Zulema, al fondo, enmarcan una espléndida vista panorámica que, de no ser por los horrendos bloques que la estropean, podría considerársela casi perfecta. Esta misma torre reafirma su poderío si la contemplamos desde la plaza de los Irlandeses, en un curioso escorzo que parece querer fundir a la fábrica de este colegio con la torre que sobresale por detrás, pareciendo como si no existiese la calle de Escritorios que los separa.



Concluye este particular paseo con cuatro vistas de la torre de la Magistral, la más importante de todas. Aunque se puede divisar desde muchos lugares, he elegido aquellas perspectivas que considero de mayor plasticidad: un forzado escorzo desde la lonja de la plazuela de Santa Lucía, una vista panorámica con los cerros -y los inevitables bloques- al fondo, una vista desde la facultad de Económicas, imposible de repetir hoy tras la construcción de varios edificios en la calle de la Victoria, y por último sobresaliendo tras las casas de la plaza de Cervantes, tal como puede contemplarse desde la vecina de San Diego.

No acaban aquí las posibilidades de encontrar rincones de estos tipos por Alcalá, pero dejo ya al albedrío del curioso lector buscarlos y disfrutar con ellos.


Publicado el 20-11-2008
Actualizado el 9-1-2018