Disparates periodísticos





Portada de la Antología del disparate



Allá por los años sesenta del pasado siglo, en una época en la que la educación no estaba al alcance de muchos pero la cultura todavía se valoraba, el catedrático de instituto Luis Díez Jiménez tuvo la humorada de recopilar en su Antología del disparate las barbaridades que leía en los exámenes de sus alumnos. El libro cosechó un enorme éxito, fue reeditado en varias ocasiones y contó asimismo con algunas continuaciones, lo que da idea de la abundancia del material disponible.

Luis Díez Jiménez falleció en 2007, lo que le libró de verse desbordado por la epidemia de incultura que azota nuestro país precisamente cuando la escolarización ha alcanzado, al menos sobre el papel, el mayor nivel de nuestra historia... lo cual, bien pensado, fue beneficioso para él al evitarle el bochorno de descubrir como la sociedad española es cada vez no ya más inculta sino, todavía peor, más necia, entendiendo como tal -copio del DRAE- no sólo aquél falto de inteligencia o razón sino que además se mantiene terco y porfiado en su ignorancia e incluso, añado yo, se enorgullece de ella.

Porque, a diferencia de la época del profesor Díez Jiménez, la incultura no es ya una cuestión de fuerza mayor -¿cuántos españoles tuvieron la oportunidad de estudiar hasta finales del siglo XX?-, sino de un desinterés total y absoluto que, lejos de estar confinado en la etapa escolar -ir al colegio nunca ha sido un placer para la mayoría de los chavales-, se ha extendido como una capa de aceite a los adultos.

Por si fuera poco ni siquiera los universitarios se libran de esta plaga, y buena muestra de ello son las continuas meteduras de pata, en muchas ocasiones demasiado evidentes y graves como para ser consideradas gazapos o errores, cometidas por dos colectivos que deberían cuidar especialmente lo que dicen, los políticos y los periodistas. A ellos precisamente está dedicado este artículo inspirado claramente en los libros del profesor Díez Jiménez. Y sin más dilación comencemos con disparates leídos en la prensa que me han hecho sentir, en muchas ocasiones, vergüenza ajena.

Eso sí, no me puedo responsabilizar de que pasado algún tiempo las meteduras de pata no hayan sido corregidas.




La gota fría vuelve a descargar con furia en el Levante antes de volver a Andalucía

EL PAÍS, 19 de octubre de 2018


“En Teruel hay aviso en la capital y otras seis localidades por la crecida del río Alfambra, un afluente del Júcar. Sobre las dos de la tarde, el Alfambra comenzaba ya a desbordarse en la localidad que le da nombre.”


Si no han hecho un trasvase sin que yo me enterase, el Alfambra nunca ha desembocado en el Júcar sino en el Turia. O si se prefiere el Alfambra confluye con el Guadalaviar en las proximidades de la ciudad de Teruel, pasando este último a llamarse Turia a partir de entonces. Dado que la cuenca del Turia no cuenta con confederación hidrográfica propia sino que está incluida en la del Júcar, todo indica que, al proceder la información de esta última, el redactor, poco ducho en geografía española, interpretó que el Alfambra desembocaba en este río.




El “franquista” Juan de la Cierva pierde sus calles, pero el fascista Marconi las conserva

El Confidencial, 21 de octubre de 2018


“A finales del pasado mes de junio, el Ayuntamiento de Coslada (Madrid) resolvió cambiar de nombre a siete calles de la ciudad apelando a la Ley de Memoria Histórica. Entre ellas se encontraban las de dos españoles que hasta ahora habían sido más reconocidas por su faceta científica que por sus posiciones políticas: Juan de la Cierva, inventor del autogiro que precedió al helicóptero y muchos otros aviones biplanos, y el ingeniero vasco Alejandro Goicoechea, que diseñó el Talgo y aportó la G a su nombre (Tren Articulado Lenticular Goicoechea Oriol).”


El acrónimo Talgo está formado por las iniciales del término Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol. Las dos últimas palabras corresponden a sus promotores, el ingeniero Alejandro Goicoechea y el empresario José Luis Oriol, mientras las tres primeras hacen alusión a las características de este tren, con un sistema de ejes articulados y una estructura de aluminio mucho más ligera que la de los trenes convencionales.

Lo que causa más perplejidad no es que el redactor desconociera estas características del Talgo, por otra parte fácilmente accesibles en internet, sino que confundiera ligero con lenticular dado que ni el Talgo, ni ningún otro tren desde el de Stephenson hasta el más moderno, han tenido jamás una forma de lenteja que, por otro lado, habría resultado muy poco apropiada para discurrir por las vías cual si de un platillo volante se tratara.




Hallan dos cuerpos en Ronda (Málaga) durante la búsqueda de un desaparecido

El Confidencial, 7 de noviembre de 2018


“Este martes, en la localidad de Ronda las patrullas de rastreo trataban de hallar a José Antonio Domínguez, un vecino que desapareció el pasado sábado. Mientras peinaban la zona de un paraje del río Tajo, aparecieron unos restos humanos. Entonces las tareas de búsqueda cesaron, pensando que ya habían encontrado al vecino que llevaba desaparecido desde hacía cuatro días. Sin embargo, el avanzado estado de descomposición del cuerpo hizo pensar que los restos eran los de otra persona.”


Cuando yo iba al colegio, en los tiempos en los que todavía te enseñaban geografía española con independencia de la región en la que vivieras, aprendí que el río Tajo nacía en los Montes Universales, en la provincia de Teruel, atravesaba las provincias de Teruel, Cuenca, Guadalajara, Madrid, Toledo y Cáceres, se hacía fronterizo con Portugal y finalmente abandonaba España discurriendo por el país vecino hasta desembocar en el Mar de la Paja, el estuario en cuyas orillas se asienta Lisboa. Puesto que Ronda se encuentra en la provincia de Málaga, varios centenares de kilómetros más al sur, y no tengo noticia de que se haya hecho más trasvase desde el sufrido Tajo que el del Segura, habría resultado realmente difícil haber encontrado a la persona desaparecida en esta localidad andaluza rastreando un paraje de este río.

Claro está que todos hemos oído hablar, y supongo que el redactor también, del célebre Tajo de Ronda, un espectacular desfiladero que parte a la ciudad en dos y está cruzado por el impresionante puente construido en el siglo XVIII que supone el principal, aunque en modo alguno único, reclamo turístico de esta interesante ciudad. Así pues, cabe sospechar que la geografía española no sea su fuerte aun sin necesidad de recurrir al DRAE, que en la tercera de sus múltiples acepciones -la palabra tajo deriva de tajar, sinónimo de cortar- define este término como “escarpa alta y cortada casi a plomo”, lo que en términos geográficos se puede asimilar a un desfiladero de bordes abruptos... tal como ocurre en el curso alto del río Tajo, razón a la que éste debe su nombre.

Pero en Ronda el caso es distinto, ya que el topónimo no se refiere al pequeño río que discurre por el fondo de su espectacular desfiladero, el Guadalevín, sino al propio desfiladero. Y, aunque el Tajo rondeño comparta nombre con el río Tajo, no hay que ser un émulo de Estrabón para deducir la imposibilidad práctica de que entre los Montes Universales y Lisboa este último dé un rodeo hasta el sur de Andalucía, ya que aunque sea el más largo de la Península Ibérica el pobre no da para tanto.

Estrambote: ¿“Avanzado estado de descomposición del cuerpo” después de casi ocho años -había desaparecido en enero de 2011- a la intemperie? Mucho me temo que a este redactor no sólo habría que haberle suspendido en geografía, sino también en biología, ya que cabe suponer que lo que pudiera quedar del infortunado serían huesos y, quizá, restos de ropa junto con algún objeto personal como el DNI que sirvió para identificarlo.


Publicado el 24-10-2018
Actualizado el 7-11-2018