De la Ceca a la Meca





Fotografía tomada de la Wikipedia



En el ya lejano 15 de septiembre de 1989 el diario EL PAÍS publicó el artículo titulado “La apertura del mayor centro islámico de Europa se demorará unos meses, pese a estar terminado el edificio”, el cual estaba dedicado a la principal -que no única- mezquita madrileña situada junto a la carretera de circunvalación M-30, entonces recién terminada aunque todavía no inaugurada.

Firmado por Pedro Montoliu, en el artículo se describían en detalle las características del edificio, explicando la minuciosidad con la que fue necesario determinar su orientación en relación a la Meca, algo que a alguien mínimamente práctico le parecerá irrelevante o, como mucho, una cuestión menor, pero que los jerarcas musulmantes se tomaron al parecer muy en serio. Tanto que, según se afirmaba en el artículo, “dedicaron varios días a establecer las correcciones entre el norte magnético y el norte geográfico y a marcar hora a hora la longitud de la sombra de una varilla puesta perfectamente vertical sobre un gran tablero”, usando para ello “tanto la brújula como el sol”. Vamos, lo que se dice alta tecnología.

Esto podría haber estado muy bien en tiempos de Eratóstenes -que no conocía la brújula- o de Colón, que sí la utilizó en sus viajes, pero ahora las cosas son por fortuna mucho más sencillas. Habría bastado con recurrir al plano topográfico correspondiente a la zona, en los que vienen registradas tanto las desviaciones existentes entre los polos geográfico y magnético como las coordenadas exactas de varios vértices topográficos, datos que permiten obtener fácilmente, sin más ayuda que la de un teodolito y unos sencillos cálculos trigonométricos -ni siquiera es necesario recurrir a una brújula- las coordenadas geográficas del lugar en cuestión, y combinando éstas con las correspondientes a la Meca habría resultado trivial calcular la orientación desde Madrid, dejando el problema definitivamente resuelto. Así pues ni entendí entonces, ni entiendo ahora, por qué se dedicaron tantos esfuerzos a este innecesario engorro; pero como este tema no corresponde al ámbito de la sección, correré un tupido velo sobre él.

Lo que verdaderamente me escandalizó, tanto que escribí indignado una carta al defensor del lector de la que éste hizo caso omiso, fue el garrafal error geográfico vertido en el siguiente párrafo:


“La Meca está a 104 grados, un minuto y 44 segundos del norte geográfico.”


Dado que la distancia que media entre el ecuador y ambos polos es de 90 grados, nunca se da una latitud que exceda a este valor, sino la referida al polo más cercano indicando si se trata del norte o el sur. Así pues, la forma correcta de medir este parámetro no es “104 grados de distancia al polo norte”, sino 14 grados de latitud sur.

Pero el gazapo no acababa ahí, ya que las coordenadas geográficas reales de la capital de Arabia Saudí son de 21 grados 20 minutos de latitud norte y 39 grados 45 minutos de longitud este, como era fácil de averiguar consultando una enciclopedia -así lo hice yo- incluso en los tiempos anteriores a internet.

Llevando a un mapa estos 14 grados, 1 minuto y 44 segundos de latitud sur y respetando los 39 grados 45 minutos de longitud este, que no era mencionada en el artículo pese a ser tan necesaria como la latitud para calcular la orientación exacta de Madrid a la Meca, obtenemos como resultado un punto situado al norte de Mozambique, con una desviación de 36 grados -35 grados y 59 minutos para ser exactos- o, si se prefiere, de unos 4.000 kilómetros en línea recta -3.955,64 según Google Maps- sobre la ubicación real de la Meca. Vamos, una nadería.


Publicado el 2-8-2019