Chateando, que es gerundio







A veces, como dice el refrán, los árboles acaban impidiéndonos ver el bosque, y esto es lo que ocurre, entre otras muchas cosas, con la estúpida manía de incorporar barbarismos gratuitos e innecesarios a nuestro idioma, normalmente copiados del inglés porque eso, al parecer, mola mucho. Conste que no estoy criticando las lógicas -e inevitables- influencias entre los distintos idiomas que, muy al contrario de llamar outlets a los saldos, low cost a los precios baratos o loser a un fracasado, siempre los han enriquecido haciéndoles evolucionar, algo evidente teniendo en cuenta que, aunque el español procede del latín, evidentemente no hablamos el mismo idioma que Cicerón.

Por otro lado, está el tema también hartamente denunciado del autismo social que están provocando las dichosas redes sociales, a cuya intervención en ellas se le ha bautizado con el chirriante barbarismo de chatear, tomado directamente del inglés pese a que sería perfectamente traducible por charlar; sin tener en cuenta además -y aquí tanto me da el término inglés como el español- que en esos dichosos chats en realidad no se charla, sino que se escribe, y que por supuesto no hay en ellos nada parecido a una verdadera conversación.

Así pues, supone una bocanada de aire fresco encontrarnos con iniciativas como la de la pizarra que colgaron en un bar de Valladolid donde, como no podía ser de otra manera dada la bien merecida fama que tiene la ciudad del Pisuerga de hablarse en ella un correcto español, decidieron llamar a las cosas por su nombre. Y yo, faltaría más, les aplaudo.


Publicado el 29-2-2016