Cuestión de estadística







Tomé esta fotografía en la terraza de un bar de Cartagena y, como se puede comprobar leyendo el texto escrito en la pizarra, la lógica del argumento no puede ser más contundente, sobre todo para aquellos que, como yo, identifican al ejercicio físico con un castigo divino.

Evidentemente habrá quien diga que tal comparación no es adecuada, y supongo que razones no le faltarán para justificarlo apelando a unos hábitos de vida presuntamente saludables; pero lo cierto es que, como demuestra la práctica, con unas estadísticas suficientemente cocinadas se puede justificar prácticamente lo que se quiera, tanto lo uno como justo lo contrario. Ya lo dijo Winston Churchill, que de esto entendía bastante, cuando afirmó que no confiaba en ninguna estadística que él mismo no hubiera manipulado; mientras Mark Twain, que tampoco era manco, fue todavía más explícito al afirmar que había tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas.

Y si no se lo creen, echen un vistazo a las justificaciones que dan todos los partidos políticos tras unas elecciones en las que, aparentemente, ninguno de ellos ha perdido: quien no ha conseguido más escaños, ha aumentado más sus votos, ha perdido menos votos, ha mejorado más su porcentaje, ha reducido distancias con su principal competidor, ha... en resumen, aparentemente hay premios de consolación para todos al estilo de esos concursos infantiles en los que se les entrega una medallita de plástico a todos los niños para que ninguno se quede frustrado.

Así pues, y dado que las estadísticas son capaces de decirte justo aquello que deseas oír, prefiero dar por buenos los argumentos reflejados en la pizarra, dado que siempre me resultará infinitamente más agradable tomarme unas cañitas con sus correspondientes aperitivos, que realizar prácticas masoquistas en un gimnasio.

¿O no?


Publicado el 6-4-2015