La madre del cordero





Portada de Celtiberia Show


En aras de disipar cualquier tipo de duda al respecto, quiero dejar bien claro desde el principio, y sin ningún tipo de rubor, que esta sección pretende ser hija putativa, o cuanto menos hijastra, de dos iniciativas diferentes, aunque contemporáneas ambas, que pretendieron, cada una en su estilo, llamar la atención sobre el lado más esperpéntico o burlesco de la sociedad española de su época, todavía sumida en el fúnebre sopor del franquismo. Me estoy refiriendo, por un lado, a la ingeniosa y mordaz Celtiberia Show del prematuramente desaparecido Luis Carandell (1929-2002), un barcelonés universal que supo poner en solfa, primero desde las páginas de la revista Triunfo, y posteriormente en forma de libro, esa España de opereta -más bien de cuplé, también denominado género ínfimo- que muchos, aunque unos más que otros, tuvimos la desgracia de padecer. Y por otro a la Antología del disparate de Luis Díez Jiménez (1920-2007), posteriormente imitada hasta la saciedad, en la cual este catedrático de instituto se dedicó a recopilar los disparates -nunca mejor dicho- perpetrados en los exámenes por sus alumnos... aunque de hacerlo ahora, sin duda consideraría a los estudiantes que pasaron por sus cursos, por comparación con los actuales, auténticos candidatos al Premio Nobel. Pero ésta es ya otra historia.

Volvamos al tema que nos ocupa. Mi intención, vuelvo a reconocerlo, es reflejar aquí todas aquellas meteduras de pata clamorosas no ya de estudiantes, puesto que por fortuna no practico la profesión de alto riesgo en que se ha convertido por desgracia la docencia, sino por lo general de políticos o periodistas, que tanto monta, monta tanto a la hora de considerar a muchos de ellos un peligro o, cuanto menos, una molestia pública; y también a todo aquello que, por una u otra razón, me llame la atención por su carácter insólito, surrealista o directamente cañí en la mejor tradición carandeliana, aunque no necesariamente desde un punto de vista negativo.

En cualquier caso siempre procuraré que mi selección resulte divertida aunque, eso sí, siempre enfocada desde un saludable -y casi siempre cariñoso- prisma mordaz.



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