Wifimanía





La tecnología, huelga decirlo, ha permitido que nuestro nivel de vida se haya incrementado hasta niveles insospechados hace no demasiado tiempo, de modo que lo que cualquiera de nosotros consideramos hoy como normal les habría parecido un lujo asiático -o incluso ni eso- a los más acomodados del planeta en tiempos aún no demasiado lejanos. Y dentro de los avances tecnológicos brilla con luz propia la informática, cuyo progreso ha sido espectacular por más que ahora nos parezca normal el uso cotidiano de cosas tales como internet, los ordenadores o la telefonía móvil, ninguna de las cuales existía, o bien existía de forma todavía embrionaria, cuando muchos de sus actuales beneficiarios teníamos ya uso de razón.

Pero la tecnología, como cualquier otra cosa, tiene su doble filo, de modo que un abuso o un mal uso de cualquiera de estos utensilios puede acabar acarreando más inconvenientes que beneficios, sobre todo cuando sus usuarios no saben ponerla coto convirtiéndola en una adicción. Esto es precisamente lo que ya está siendo denunciado por los expertos, la obnubilación, émula en ocasiones de un comportamiento zombi, en la que van sumidos, atentos tan sólo a la pantallita de su chisme, muchos usuarios de los teléfonos móviles que, pese a que a estas alturas tienen ya poco de teléfonos propiamente dichos, siguen contando con una notable capacidad para incordiar en los transportes públicos. Pero ésta es ya otra historia.

Volviendo a nuestro tema, y aunque es mucho lo que se podría hablar sobre éste, prefiero limitarme a reproducir el irónico mensaje que aparece en el azulejo que ilustra este comentario, que en su socarronería tiene más razón que un santo. Desconozco de donde procede ya que se trata de una de las muchas fotografías que circulan por internet, pero supongo que estará tomada en un bar o un establecimiento similar. En cualquier caso, sobran los comentarios.


Publicado el 21-9-2016