España en los Juegos Olímpicos: ¿Potencia, o comparsa?





El Discóbolo de Mirón, símbolo del olimpismo


Aunque no me gusta (ni ver ni practicar) ningún deporte, pese a lo cual me veo obligado a padecer el bombardeo continuo de noticias deportivas en absolutamente todos los medios de comunicación, lo que sí me gustan son las estadísticas. Ciertamente yo preferiría que España descollara en los Premios Nobel y no en los medalleros de las Olimpiadas o en los campeonatos mundiales o europeos de fútbol u otros deportes, pero es lo que hay... y puesto que estos datos pueden utilizarse también como un índice de desarrollo de un país, no estará de más echarles un vistazo ahora que, gracias a Dios, han acabado ya los recientes Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Sí, ya sé que otros países, además de ganar medallas, ganan también Premios Nobel, pero ya se sabe eso de “que inventen ellos”.

Así pues, limitémonos al tema deportivo. Si hacemos balance del palmarés español desde los inicios de las Olimpiadas modernas (en principio me voy a ceñir exclusivamente a las de verano), nos encontramos claramente con un antes y un después, siendo la divisoria entre ambas etapas las celebradas en Barcelona en 1992. La primera de ellas, a la que podríamos denominar histórica, es la que transcurrió entre 1900 (España no participó en las de 1896, las primeras de la historia moderna) y 1988 con unos resultados paupérrimos: 26 medallas repartidas entre 5 de oro, 12 de plata y 9 de bronce. Puesto que éste fue el balance total de 16 participaciones en las Olimpiadas (además de en la de 1896 tampoco participó, por diferentes motivos, en 1904, 1908, 1912 y 1936), la media no llega ni tan siquiera a dos medallas (exactamente 1,63) por Olimpiada; y eso gracias a que en las tres últimas convocatorias el palmarés mejoró notablemente: 6 medallas (un oro, tres platas y dos bronces) en las de Moscú de 1980, donde España se benefició del boicot de muchos países occidentales; 5 medallas (un oro, dos platas y dos bronces) en las de Los Ángeles de 1984, favorecida en esta ocasión por el posterior boicot de los países del bloque comunista, y finalmente 4 medallas (un oro, una plata y dos bronces) en las de Seúl de 1988, en esta ocasión con un pleno de participación por parte de uno y otro bando.

Las quince medallas conseguidas en estas tres últimas Olimpiadas (tres oros, seis platas y seis bronces), lo que da una media de 5 medallas por participación, pese a ser una magra cosecha, fueron infinitamente más que las 11 (dos oros, 6 platas y tres bronces) ganadas entre 1900 y 1976, que equivalen a una media, para estas 13 convocatorias, de 0,85 medallas por Olimpiada. En concreto, en cuatro ocasiones (1924, 1956, 1964 y 1968) la delegación española volvió de vacío y sólo en 1920 y 1976 se lograron dos medallas, mientras en las siete restantes hubo que conformarse con una sola. Como es fácil comprobar, durante todos esos años España estuvo, olímpicamente hablando, al nivel de los países tercermundistas.

El balance resulta todavía más penoso si desglosamos los deportes en los que se conquistaron esas medallas; porque, si bien parafraseando a Orwell en unas Olimpiadas todos las medallas son iguales, en la práctica siempre hay algunas que resultan ser más iguales que otras, siendo las más valoradas las correspondientes a atletismo, gimnasia y natación. Sin embargo, en 1900 España ganó una medalla de oro en pelota vasca; en 1920 dos de plata en fútbol y polo; en 1928 una de oro en hípica; en 1932 una de bronce en vela; en 1948 una de plata en hípica; en 1952 una de plata en tiro; en 1960 una de bronce en hockey sobre hierba; en 1972 una de bronce en boxeo, y en 1976 dos de plata en piragüismo y vela. Como puede comprobarse, salvo quizá la de fútbol de 1920 y las de vela (1932 y 1976) y piragüismo (1976), el resto fueron conseguidas en disciplinas deportivas claramente minoritarias e incluso algunas ya retiradas hace mucho del programa olímpico, como la pelota vasca o el polo.

En la etapa de transición comprendida entre 1980 y 1988 las cosas mejoraron bastante aunque, partiendo como se partía de unos niveles tan limitados, lo cierto es que esta mejora tampoco resultaba demasiado difícil, sobre todo teniendo en cuenta que los sucesivos boicots de 1980 y 1984 ayudaron bastante al reducir considerablemente la “competencia”. En 1980 se consiguieron un medalla de oro en vela, tres de plata en atletismo (la primera ganada en el deporte olímpico por antonomasia), hockey sobre hierba y piragüismo, y dos de bronce en natación (también la primera) y piragüismo. Las cinco medallas de 1984 correspondieron a un oro en vela, dos platas en baloncesto y remo y dos bronces en atletismo y piragüismo. El balance de 1988, por último, se repartió entre un oro en vela, una plata en tenis y dos bronces en natación y tiro.

Las Olimpiadas de 1992, celebradas en Barcelona, supusieron, esta vez sí, un gran salto adelante, ya que de la media de 5 medallas de los años anteriores se saltó a las 22, trece de ellas de oro, siete de plata y las dos restantes de bronce, cuatro de las cuales correspondieron a atletismo, una a natación y cuatro a vela. Este resultado no fue casual sino fruto de una cuidadosa planificación y de un gran esfuerzo, aunque también, justo es reconocerlo, contó el “factor campo”.

De hecho, en ninguna de las seis Olimpiadas posteriores se conseguiría igualar esta cifra, aunque en 2004 se anduvo cerca con 20 medallas. En promedio el número de medallas ganadas entre 1996 y 2016 ronda las 17 por convocatoria, una cantidad similar a la de las tres últimas incluyendo la recién clausurada de Río. Desglosando por metales las medias corresponden a cuatro oros, siete platas y cinco bronces, aunque en 2016 el balance fue más favorable al oro (siete) a costa de la plata (cuatro), siendo similar el número de medallas de bronce (seis).

En resumen, se puede concluir que, tras el gran tirón de 1992, España se ha mantenido en unos niveles aceptables y además bastante constantes, muy por encima de los resultados obtenidos en los años ochenta y, por supuesto, infinitamente superiores a los magros éxitos anteriores. Ahora bien, aun siendo cierto que nuestro país ya ha abandonado definitivamente el furgón de cola, pudiéndose presumir de unos resultados más acordes con su importancia (no sólo deportiva) a nivel internacional, ¿se puede decir que ha alcanzado el nivel que en teoría le debería corresponder?

Para ello, puede resultar interesante estudiar los resultados de las recién clausuradas Olimpiadas de Río de Janeiro, donde como ya he comentado se consiguieron siete medallas de oro, cuatro de plata y seis de bronce, diecisiete en total, repartidas entre las siguientes especialidades deportivas: cuatro en piragüismo, dos en atletismo, baloncesto, natación y taekwondo, y una en bádminton, ciclismo, gimnasia rítmica, halterofilia y tenis.

Pero como estas cifras no dicen mucho sin compararlas con las de los otros países, vamos a jugar un poco con las estadísticas aunque, eso sí, antes de seguir adelante he de hacer dos advertencias previas. La primera, es que voy a considerar únicamente la cantidad total de medallas conseguidas por cada país. Esto se debe al hecho de que en los medalleros oficiales los países se ordenan no por el número total de medallas sino por el de las de oro, seguido en caso de empate por las de plata y, si continúa habiendo un nuevo empate, por las de bronce. En consecuencia, un país con un determinado número de medallas de oro siempre será colocado por delante de otro que, aun teniendo muchas más medallas en el cómputo global, cuente con menos de este metal, lo cual no resulta demasiado equitativo a la hora de hacer comparaciones. Y como tampoco resulta posible (ni me parece justo) dar una ponderación equilibrada a cada una de las tres categorías de modo que, pongo por ejemplo se asignara a una medalla de oro el valor equivalente a dos de plata o a cuatro de bronce, he preferido dar idéntico peso a todas ellas.

La segunda es que hacer comparaciones así, “a lo bruto”, resulta también poco significativo, puesto que se cae por su propio peso que países como los Estados Unidos, con 324 millones de habitantes, o Rusia con 146, sin hablar ya de los 1.370 de China, nunca podrán estar en igualdad de condiciones con los 46 de España, por razones obvias. Asimismo otro factor a tener muy en cuenta es el potencial económico de cada país, aunque se dan algunos casos llamativos de países pequeños (en ambos sentidos, demográfico y económico) con unos resultados muy superiores a los que en principio cabría esperar; supongo que esto se deberá a circunstancias muy concretas y difícilmente extrapolables al resto, por lo que siempre será preferible limitar la comparación a países relativamente similares tales como los europeos, Estados Unidos, Canadá y otras antiguas colonias británicas como Australia y Nueva Zelanda y, quizá, a los países más desarrollados de Extremo Oriente como Japón o Corea del Sur, ya que incluso el gigante chino resulta difícil de ponderar.

Pero no nos adelantemos. Para empezar, tenemos la tabla del medallero (tal como acabo de explicar sólo voy a considerar, de aquí en adelante, el número total de medallas) de la Olimpiada de Río, aunque por ser demasiado incómodo de manejar completo me he limitado a recoger únicamente a aquellos países que consiguieron al menos diez medallas, 29 en total.


Tabla 1. Medallas por países


1 Estados Unidos 121
2 China 70
3 Gran Bretaña 67
4 Rusia 56
5 Alemania 42
6 Francia 42
7 Japón 41
8 Australia 29
9 Italia 28
10 Canadá 22
11 Corea del Sur 21
12 Holanda 19
13 Brasil 19
14 Nueva Zelanda 18
15 Azerbaiyán 18
16 España 17
17 Kazajistán 17
18 Hungría 15
19 Dinamarca 15
20 Kenia 13
21 Uzbekistán 13
22 Jamaica 11
23 Cuba 11
24 Suecia 11
25 Ucrania 11
26 Polonia 11
27 Croacia 10
28 Sudáfrica 10
29 República Checa 10

Entre estos 29 países España ocupa el lugar número 16, justo después de la mitad. Si descartamos a los tres gigantes (Estados Unidos, China y Rusia) y algunas inclusiones “exóticas” tales como Azarbaiyán, Kazakistán, Kenia, Uzbekistán, Jamaica o Cuba, vemos que España es rebasada por todos los países importantes de nuestro entorno, no sólo por los de mayor población (Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia), lo cual parecería lógico, sino también por Holanda, que no llega ni siquiera a la mitad de habitantes. Asimismo quedan por delante tanto los países anglosajones anteriormente citados (Canadá, Australia y Nueva Zelanda), ninguno de los cuales nos supera tampoco en población, como por Japón, Corea del Sur y Brasil, aunque en este último caso cabe suponer que también haya podido influir en parte el ya citado “factor campo”.

En cualquier caso los resultados españoles, aun sin ser malos, distan bastante de ser brillantes. Pero como he comentado, para afinar el estudio es preciso hacer correcciones en función de la población o del potencial económico de cada país, cosa que voy a abordar por separado. Veamos, en primer lugar, el resultado que se obtiene de dividir el número de medallas por la población total (en millones de habitantes) de cada uno de estos 29 países.


Tabla 2. Medallas / Población


1 Nueva Zelanda 3,99
2 Jamaica 3,81
3 Dinamarca 2,66
4 Croacia 2,33
5 Azerbaiyán 1,97
6 Hungría 1,51
7 Australia 1,23
8 Suecia 1,12
9 Holanda 1,12
10 Gran Bretaña 1,04
11 Cuba 0,98
12 República Checa 0,95
13 Kazajistán 0,93
14 Francia 0,63
15 Canadá 0,62
16 Alemania 0,52
17 Italia 0,46
18 Uzbekistán 0,44
19 Corea del Sur 0,42
20 Rusia 0,38
21 Estados Unidos 0,37
22 España 0,37
23 Japón 0,32
24 Kenia 0,29
25 Polonia 0,29
26 Ucrania 0,26
27 Sudáfrica 0,19
28 Brasil 0,09
29 China 0,05

Aquí ya empezamos a llevarnos importantes sorpresas, como son la caída a los últimos lugares de dos gigantes como Brasil y China y el descenso de Rusia de la cuarta a la vigésima posición, al tiempo que Estados Unidos, líder indiscutible de la tabla anterior, baja hasta un discreto vigésimo primer puesto empatando en porcentaje, por cierto, con España, que cae también seis posiciones hasta la vigésimo segunda. Por el contrario, en la parte alta de la tabla nos encontramos con países pequeños en población pero “peleones” tales como (sigo excluyendo a los “exóticos”, por las razones anteriormente expuestas) Nueva Zelanda, Dinamarca, Croacia, Hungría, Australia, Suecia y Holanda. Al introducir esta ponderación los países europeos más importantes también descienden: Gran Bretaña del tercer puesto al décimo, Alemania del quinto al décimo sexto, Francia del sexto al décimo cuarto e Italia del noveno al décimo séptimo. Por último, Canadá, Japón y Corea del Sur también se ven afectados de forma similar.

En resumen, puede decirse que en general los países se han visto más perjudicados cuanto mayor era su población, beneficiándose por el contrario los países pequeños pero, salvo algunas excepciones “exóticas”, desarrollados.

Puesto que este factor puede provocar cierta distorsión al “castigar” excesivamente a los países con más habitantes, veamos qué ocurre si, en vez de dividir por la población, lo hacemos por el Producto Interior Bruto, es decir, por la riqueza de cada país, corrigiendo la escala para evitar cantidades con demasiados ceros.


Tabla 3. Medallas / Producto Interior Bruto


1 Jamaica 1.100,00
2 Kenia 260,00
3 Uzbekistán 260,00
4 Cuba 137,50
5 Croacia 125,00
6 Ucrania 122,22
7 Hungría 115,38
8 Nueva Zelanda 105,88
9 Azerbaiyán 105,88
10 Kazajistán 80,95
11 República Checa 50,00
12 Dinamarca 48,39
13 Suecia 28,21
14 Holanda 26,76
15 Rusia 26,42
16 Gran Bretaña 22,71
17 Corea del Sur 22,58
18 Polonia 20,75
19 Australia 19,59
20 Sudáfrica 17,24
21 Francia 16,09
22 Italia 13,08
23 España 12,06
24 Canadá 11,96
25 Alemania 10,99
26 Brasil 8,09
27 Estados Unidos 7,72
28 Japón 6,88
29 China 6,76

Lo cual nos conduce también a unas distorsiones importantes empezando por la desmesurada primacía de Jamaica, cuyos atletas en realidad suelen formarse y ejercer su profesión en los Estados Unidos. En esta clasificación España desciende todavía un puesto más, hasta el vigésimo tercero, siendo llamativo que rebase a Alemania y, sobre todo, a los Estados Unidos. En lo que respecta a los países europeos, y más concretamente a los principales, aparte del ya comentado caso de Alemania Gran Bretaña cae hasta un discreto décimo sexto puesto, Francia lo hace al vigésimo primero, Italia al vigésimo segundo, quedándose ligeramente por encima de nuestro país, y Holanda, por último, es la que sale mejor librada con el décimo cuarto. Por el contrario, son los países europeos pequeños quienes salen mejor librados: Croacia (5ª); Ucrania (6ª), no tan pequeño pero irrelevante en las tablas anteriores; Hungría (7ª), República Checa (11ª), Dinamarca (12ª) o Suecia (13ª). Nueva Zelanda y Corea del Sur se mantienen, mientras Australia, Canadá y, sobre todo, Japón caen bastante.

Puesto que según todas las apariencias este segundo criterio también distorsiona los resultados, vamos a aplicar por último ambos de forma conjunta (población y riqueza nacional) dividiendo en esta ocasión las medallas por la Renta per cápita, es decir, por la riqueza media de la población de cada país, intentando que de esta manera ambas distorsiones se compensen. Al igual que en el caso anterior, he corregido la escala para evitar cantidades demasiado elevadas, manteniendo constante la proporción.


Tabla 4. Medallas / Renta per cápita


1 China 9,22
2 Kenia 8,55
3 Uzbekistán 7,10
4 Ucrania 5,47
5 Rusia 3,75
6 Jamaica 2,56
7 Estados Unidos 2,42
8 Brasil 1,67
9 Cuba 1,51
10 Gran Bretaña 1,47
11 Kazajistán 1,30
12 Hungría 1,14
13 Azerbaiyán 1,03
14 Francia 1,02
15 Sudáfrica 0,97
16 Alemania 0,89
17 Japón 0,88
18 Italia 0,80
19 Polonia 0,78
20 Corea del Sur 0,60
21 España 0,56
22 Croacia 0,55
23 República Checa 0,54
24 Nueva Zelanda 0,49
25 Australia 0,46
26 Holanda 0,45
27 Canadá 0,42
28 Dinamarca 0,27
29 Suecia 0,23

Aquí se produce de nuevo un vuelco tan radical que hace pasar a China, de la cola, a la cabeza. Sin embargo, España se mantiene curiosamente en una posición muy similar a la de las tablas anteriores, remontando incluso hasta el vigésimo primer puesto. Fijándonos, como siempre, en nuestros vecinos europeos, nos encontramos en primer lugar con Gran Bretaña, que es décima, seguida de Francia (14ª), Alemania (16ª) e Italia (18ª), todas ellas por encima de nuestro país, mientras Holanda (26ª) cae ahora bastante por debajo. También es rebasada España por otros países europeos “menores” tales como Ucrania, Hungría (12ª) y Polonia (19ª), quedando prácticamente empatada con Croacia (22ª) y la República Checa (23ª).

Como cabía esperar, además de China también quedan por delante de España tanto Rusia (5ª) como los Estados Unidos (7º) y, ya a bastante menos distancia, Japón (17ª) y Corea del Sur (20ª). Curiosamente los tres países anglosajones a los que también he comparado en las tablas anteriores, Nueva Zelanda (24ª), Australia (25ª) y Canadá (27ª) caen ahora muy por debajo de España.

En resumen, y apoyándonos en las tablas anteriores y, sobre todo, en esta última, podemos concluir que la posición deportiva de España, en lo que a las Olimpiadas se refiere, no pasa de ser discreta, quedándole todavía bastante camino por recorrer para alcanzar unas cotas similares a las de otros países con los que nuestro país es, o debería ser, equiparable.

Huelga decir, a modo de epílogo, que la situación cambia por completo, y no precisamente para mejor, si consideramos las Olimpiadas de invierno, donde el palmarés de España es patéticamente paupérrimo con tan sólo dos únicas medallas en sus 19 participaciones, una de oro lograda por Francisco Fernández Ochoa en 1972 y otra de bronce ganada por su hermana Blanca Fernández Ochoa en 1992. Pero ésta es ya otra historia.


Publicado el 23-8-2016