Mis nombres





Autorretrato de Joseph Karl Stieler, conservado en la Städtische Galerie im Lenbachhaus de Múnich


En los nombres propios, como en casi todo, siempre es cuestión de modas, y basta con fijarse en los nacidos en cualquier fecha para comprobar como los gustos van variando de forma periódica. En la época en la que yo nací era muy habitual bautizar a los niños de ambos sexos con nombres compuestos, generalmente dos aunque tampoco era raro que se le impusieran al neonato tres o incluso más, en función de la devoción a determinados santos o de los compromisos familiares que pudieran tener sus padres, rematándose la faena en ocasiones con la coletilla final "... y de Todos los Santos" que convertía la celebración de la onomástica de los afectados en una auténtica sesión continua. De todas las posibles combinaciones, las más frecuentes solían ser aquellas que incluían el nombre de José para los varones y de María para las mujeres, en este último caso seguido por el de alguna advocación mariana, frecuentemente la local.

Mis padres, por fortuna, en eso fueron sensatos y moderados, limitándose a elegir dos nombres sin la menor tradición familiar (lo que evitó ciertas posibilidades poco atractivas) que, aparte de resultar (al menos eso creo yo) bastante eufónicos, formaban una combinación muy poco frecuente, pese a que cualquiera de ellos por separado es muy común en España.

Una consulta a la base de datos del Instituto Nacional de Estadística correspondiente al año 2011 permite confirmar esto. Así, considerando nombres completos, es decir, tanto los sencillos como los compuestos, nos encontramos con que José es el segundo nombre más frecuente en nuestro país, superado tan sólo por Antonio, ya que 30,3 de cada mil españoles varones se llaman así. Carlos, por su parte, ocupa el lugar duodécimo con un 12,0 por mil, pero José Carlos desciende hasta el puesto número 80 con tan sólo un 2 por mil o, si se prefiere, 46.192 tocayos míos.

Si consideramos no los nombres completos, sino por separado cada uno de ellos (es decir, yo contaría dos veces, una como José y otra como Carlos), los porcentajes de estos dos nombres lógicamente se incrementan, pasando José al primer lugar con nada menos que un 125,6 por mil (¡casi un 13 % del total de la población masculina!) y Carlos al décimo con un 27,7 por mil, cerca pues del 3 %.

Los datos del INE también nos permiten hacer unos desgloses curiosos. Por provincias, y considerando los 50 nombres completos más frecuentes, José Carlos aparece tan sólo en tres, en la posición número 36 en la de Pontevedra y un 6,8 por mil de frecuencia; en la 48 en Málaga, con un 3,5 por mil, y en la 50 en Córdoba, con un 3,2 por mil. En las cuarenta y siete provincias restantes, más Ceuta y Melilla, está siempre por debajo de la posición 50, por lo que no figura en las estadísticas.

Estudiando el desglose a nivel provincial y por décadas de nacimiento (aquí tan sólo vienen listados los veinte nombres más frecuentes), José Carlos aparece únicamente en la provincia de Pontevedra y tan sólo entre los nacidos en las décadas de los años cuarenta, en el lugar número 20, con una frecuencia del 7,8 por mil; en la de los cincuenta (la mía), en el número 13, con un 11,6 por mil, y en la de los sesenta, en el 14, con un 14,7 por mil. Pese a la carencia de datos del resto de las provincias, es de suponer que la tendencia sea similar en todas ellas aunque con valores más bajos, lo que confirmaría el hecho ya apuntado de que mi nombre completo fue popular (relativamente) tan sólo en el intervalo comprendido entre las décadas de los años cuarenta y sesenta del pasado siglo, con un probable máximo a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, coincidiendo con mi fecha de nacimiento.

En lo que respecta a tocayos míos -tal cual o con el orden de los nombres invertido- conocidos o famosos, como cabe suponer éstos no abundan demasiado, aunque haberlos haylos. Probablemente los más conocidos son el director teatral José Carlos Plaza (Madrid, 1943) y el escritor español de origen cubano José Carlos Somoza (La Habana, 1959), a los que habría que sumar el escritor peruano José Carlos Mariátegui (1894-1930), el actor mexicano José Carlos Ruiz (1936) o el piloto brasileño de Fórmula 1 José Carlos Pace (1944-1977). La lista se completa con varios escritores (curiosa coincidencia) tales como José Carlos Llop (Palma de Mallorca, 1956), José Carlos Bermejo (Tordesillas, 1963), José Carlos Cataño (La Laguna, 1954), José Carlos Gallardo (Granada, 1925), José Carlos de Luna (Málaga, 1890 - Madrid, 1964), José Carlos Mainer (Zaragoza, 1944) y José Carlos Rovira Soler (Alicante, 1949), algunos periodistas (José Carlos Carabias, José Carlos Franco y José Carlos Rodríguez), el físico y rector de la Universidad de Cantabria José Carlos Gómez Sal (Alcalá de Henares, 1948), el economista José Carlos Díez, el crítico gastronómico José Carlos Capel, el pintor José Carlos Guerra, el bailarín José Carlos Martínez (1969), el político español José Carlos Carmona, el político uruguayo José Carlos Cardoso (1958), el torero José Carlos Lima “Lima de Estepona” (Estepona, 1971) o el futbolista José Carlos Fernández Vázquez (Riotinto, 1987).

Si nos fijamos en la grafía francesa e inglesa nos encontramos con el escritor y diplomático belga Charles-Joseph de Ligne (1735-1814); el escultor francés Joseph Charles Marin (1749-1834); el editor suizo Joseph Charles Benziger (1762-1841), fundador de la editorial Benziger; el obispo francés Charles Joseph Eugène de Mazenod (1782-1861), fundador de la Congregación de Misioneros Oblatos de María Inmaculada y canonizado en 1995 con el nombre de San Eugenio de Mazenod; el médico y político canadiense Joseph-Charles Taché (1820-1894); el general francés Napoleón Joseph Charles Paul Bonaparte (1822-1891), sobrino de Napoleón Bonaparte; el botánico norteamericano Joseph Charles Arthur (1850-1942); el defensor de los derechos de los negros norteamericanos Joseph Charles Price (1854-1893); el músico -fue compositor, director y cantante lírico- Joseph Carl Breil (1870-1926), uno de los pioneros de las bandas sonoras -éstas se ejecutaban en directo en la misma sala de proyección- de las todavía películas mudas, y el compositor, pianista y director inglés Joseph Charles Holbrooke (1878-1958).

Y si lo hacemos con la grafía alemana, cabe reseñar al archiduque austríaco Karl Joseph de Habsburgo (1649-1664); al príncipe alemán Joseph Karl von Pfalz-Sulzbach (1694-1729); al también archiduque austríaco Karl Joseph de Habsburgo-Lorena (1745-1761); al pintor romántico alemán Joseph Karl Stieler (1781-1858), autor de un conocido retrato de Beethoven; al botánico austríaco Joseph Karl Maly (1797-1866), y al archiduque Joseph Karl de Austria (1833-1905), miembro de la casa real austrohúngara.

Como es natural, al tratarse de un nombre compuesto no es posible estudiar en conjunto el origen y la historia del mismo, por lo que es necesario hacerlo por separado para cada uno de ellos.


Publicado el 13-3-2007
Actualizado el 3-11-2016