Henry Keystone





Tras el seudónimo de Henry Keystone se encontraba Enrique Montoro Sagristá, un autor nacido en Barcelona el 6 de abril de 1926 pero residente durante gran parte de su vida en Valencia, ciudad en la que falleció el 7 de julio de 1985, razón por la cual se le puede considerar miembro a todos los efectos de esa escuela valenciana de la que se nutrió mayoritariamente la colección Luchadores del Espacio. Su biografía, a grandes rasgos, presenta bastantes similitudes con las de otros compañeros suyos de profesión: Militante falangista desde muy joven, participó como voluntario en la División Azul cuando apenas debía de contar con unos diecisiete o dieciocho años de edad. De vuelta del frente su ideología no le libró, como les ocurrió a tantos falangistas que no se plegaron a las imposiciones de Franco, de la persecución e incluso de la cárcel, donde estuvo recluido en varias ocasiones y donde, al parecer, conoció a su esposa, que era miembro de la Cruz Roja, con la que tuvo dos hijos.

Su formación literaria, tal como solía ser habitual en estos autores, fue completamente autodidacta, aunque de joven había llegado a cursar estudios de química. Fue un hombre culto que se dedicó profesionalmente a la literatura popular, trabando amistad con otros compañeros de profesión tales como Antonio Vera Ramírez (Lou Carrigan).

De su primera etapa como escritor, hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, datan las cuatro novelas que publicó en Luchadores del Espacio y otras tres en Western, la colección del oeste de Editorial Valenciana. Con posterioridad a la desaparición de Luchadores del Espacio Enrique Montoro habría de convertirse en uno de los más prolíficos escritores españoles de novelas de a duro, utilizando profusamente tanto su antiguo seudónimo como otros nuevos, tales como Cass Donovan o Henry Burney.



Curiosamente no volvería a escribir ninguna otra novela de ciencia ficción, ya que la titulada Llegó del espacio, publicada en 1976 con el número 24 de Galaxia 2001, es un caso particular -e insólito- que, tal como se verá más adelante, no puede considerarse como una obra original, aunque tampoco se trata en sentido estricto de una reedición. Es por ello, por lo que sus cuatro novelas de Luchadores del Espacio han de ser consideradas, en la práctica, como su única aportación a este género.

En general, puede concluirse que, pese a su brevedad, la labor de Henry Keystone en Luchadores del Espacio fue decorosa y digna a la par que aceptablemente entretenida, lo cual, dadas las circunstancias, es más que suficiente. En sus novelas se puede encontrar, en cierta medida, ese sentido de la maravilla que tanto me fascinaba de niño y que hoy, de una forma mucho más crítica, atribuyo a las características fundamentales de esta colección, cercanas en sus inicios al pulp americano, que la distinguían de sus competidoras. No nos encontramos, evidentemente, ante la sólida producción de Pascual Enguídanos, el dinamismo de V.A. Carter, la poesía de J. Negri O'Hara, la calidad de Eduardo Texeira, la épica de Walter Carrigan, los aciertos de Larry Winters o las promesas de P. Danger y Alex Towers; no nos encontramos, pues, a la altura de lo mejor de la colección. Pero tampoco nos arrastramos penosamente por relatos insalvables, aun con la mejor voluntad, tales como los que menudearon durante la etapa en la que Henry Keystone publicó sus novelitas.

Porque, vuelvo a insistir en ello, estos cuatro títulos tienen sus puntos positivos a pesar de que cuentan también con sus lastres, el principal de los cuales es, sin duda, su falta de bagaje científico, algo habitual en este tipo de literatura. Aquí Henry Keystone no descuella precisamente, y en algunos momentos -como por ejemplo en Asesino interplanetario- estas alegrías llegan a alcanzar niveles desagradablemente chirriantes. No obstante, y a diferencia de otros autores, sus argumentos son bastante más sólidos y están más trabajados, por lo cual se le pueden disculpar estas flaquezas de las que, por otro lado, prácticamente ningún escritor de serie B pudo librarse. Y, no lo olvidemos, Enrique Montoro se labró una merecida fama como escritor de novelas del oeste, siendo sus novelas de ciencia ficción algo meramente anecdótico en el conjunto de su producción; algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Al estudiar una por una todas sus novelas es preciso encuadrarlas en su entorno inmediato, porque Henry Keystone es un autor de la segunda etapa de la colección, con tres novelas publicadas con muy poca diferencia en la fase inicial de la misma y una postrera ya en su tramo terminal, lo que no impide que sus planteamientos estén, en ocasiones, más cercanos a novelas anteriores que a sus contemporáneas. Esta circunstancia, dado que la colección entró por entonces en un declive que ya no llegaría a remontar, hace aún más positiva la labor de este escritor, en cuyas novelas se descubren a veces chispazos dignos de autores más significados. Es ciertamente una lástima que Enrique Montoro no cuidara más su producción, ya que de haberlo hecho así probablemente hubiera alcanzado mejores resultados de los que obtuvo; oficio para ello, desde luego, no le faltaba.



En lo que respecta a los argumentos de las novelas, éstos son sencillos y se ciñen a los tópicos habituales del género, con una posible influencia -como en tantos otros de su época- del cine de ciencia ficción norteamericano, mucho más accesible en la España de entonces que su homóloga literaria. Aunque sus argumentos son variados, existe un leitmotiv que se repite en todas ellas: un pequeño grupo de protagonistas que, luchando contra unos enemigos infinitamente superiores, gracias a su astucia, a unas armas y unos vehículos espaciales providencialmente llegados a sus manos y, en ocasiones, también a unas oportunas ayudas, conseguirán imponerse a las adversidades venciendo contra todo pronóstico, conduciéndonos al esperado final feliz... algo, por lo demás, inevitable en este tipo de literatura.

Queda por comentar el curioso caso de Llegó del espacio, singular hasta donde yo conozco dentro del ámbito de los bolsilibros de ciencia ficción... y causa de una deducción casi detectivesca que todavía dista de estar terminada. Para empezar he de advertir que, pese a mis continuados intentos a lo largo de bastantes años, me ha resultado de todo punto imposible conseguir un ejemplar -en papel o en formato electrónico- de esta novela, por lo que hasta hace poco tan sólo podía especular sobre ella. Por fortuna Álvaro Holstein, mi amigo portugués gracias al cual tuve noticia de las reediciones de bolsilibros españoles en el país vecino, sí disponía de su traducción portuguesa, la cual me hizo llegar amablemente. Y, puesto que el portugués escrito no resulta difícil de entender, pude satisfacer al fin mi curiosidad... llevándome la sorpresa de comprobar que no se trataba de lo que yo había supuesto.

Yo pensaba que pudiera tratarse -me refiero a la edición española- de la reedición de alguna de las cuatro novelas de Luchadores del Espacio, eso sí con el título cambiado, una triquiñuela a la que en ocasiones recurrían los autores en un disculpable intento de burlar una ley de derechos de autor completamente abusiva que permitía a las editoriales expoliarlos de forma impune. Asimismo veía poco probable que pudiera ser una novela inédita, ya que resultaba extraño que Enrique Montoro volviera a abordar la ciencia ficción después de tantos años, máxime teniendo en cuenta que Galaxia 2001 se nutrió en su mayor parte de reediciones de novelas antiguas, aunque en ocasiones también publicaron algunas -no muchas- inéditas. De hecho, basándome en la relativa analogía entre los dos títulos elegí como principal sospechosa a Un cadáver en el aerolito.

Bien, lo cierto es que acerté... a medias. Porque resultó que, efectivamente, no se trataba de una novela diferente sino de una versión deUn cadáver en el aerolito. Ojo, he dicho versión, y no reedición porque, para mi sorpresa, aunque el argumento de ambas era el mismo, sus redacciones cambiaban... algo con lo que nunca me había encontrado hasta entonces con la única excepción de la reedición de la Saga de los Aznar... pero incluso estas novelas conservaron sus títulos originales pese a que en ocasiones los textos, e incluso los propios argumentos, estaban profundamente modificados.

Así pues, daba la impresión de que, por alguna razón, Enrique Montoro hubiera reescrito la novela, algo bastante sorprendente dada su mínima relevancia en el conjunto de la colección. Además esto era algo que chocaba de plano con la política editorial de Galaxia 2001, que nunca tuvo el menor reparo a la hora de reeditar tal cual le llegaban novelas antiguas procedentes de colecciones dispares, y al parecer compradas en bloque, sin tocar lo más mínimo los textos. De hecho, comparando en otros títulos las versiones originales con las reeditadas, en ocasiones se encuentran incluso las mismas erratas. Por esta razón, hay que descartar una reescritura de la novela original para su publicación en Galaxia 2001.



Claro está que otra posibilidad hipotética -al fin y al cabo continúo sin tener la versión española- sería suponer que los cambios hubieran tenido lugar durante la traducción al portugués; algo asimismo descartable, puesto que no tendría el menor sentido hacerlo. Además, comparando otras novelas de Galaxia 2001 de las que dispongo de ambas versiones, española y portuguesa, es fácil comprobar que los traductores fueron fieles al original, sin más cambios que los necesarios para adaptar los giros de un idioma al otro. Y desde luego, no tiene el menor sentido que en una traducción cambien los nombres de los protagonistas o los de los planetas que éstos visitan, o que algunos párrafos coincidan en su práctica totalidad mientras otros son diferentes por completo. Así pues, doy por supuesto que las diferencias existen entre ambas versiones españolas.

Una vez admitido esto, la pregunta que surge inmediatamente es: ¿por qué? No resulta lógico que un escritor profesional, que vivía de lo que publicaba sin la menor intención de andarse con florituras, se hubiera tomado tales molestias cuando le habría bastado con enviar a Galaxia 2001 la misma novela que le habían publicado en 1959 -diecisiete años antes- en Luchadores del Espacio, sin que mediara el menor esfuerzo por su parte.

Alguna razón hubo de haber y, aunque no tengo ningún modo de confirmarla, conforme funcionaban las editoriales de bolsilibros tan sólo se me ocurre una posible hipótesis. Supongamos que Enrique Montoro escribió una primera versión, llamémosla A, de la novela, que fue la que envió a Luchadores del Espacio. Según me han contado otros autores en ocasiones les rechazaban los originales, mientras otras veces les sugerían que los modificaran, siguiendo determinadas pautas, como condición para aceptárselos. Vamos a suponer que ocurriera esto último, de modo que el autor se vería obligado a reescribir la novela conforme a las indicaciones recibidas. Una vez terminada esta segunda versión, que llamaremos B, ésta sería publicada bajo el título de Un cadáver en el aerolito. Pasaron los años, Montoro encontró el antiguo original de la versión A y lo envió aGalaxia 2001, donde se lo aceptaron bajo el título de Llegó del espacio. Suena razonable, ¿no?

Hagamos ahora de abogado del diablo planteando dos posibles objeciones a nuestra hipótesis. Primero, ¿por qué razón entregó a Galaxia 2001 la versión previa, y no la definitiva? Y segundo, ¿a qué se debe el cambio de título?

Bien, de nuevo lo único que podemos hacer aquí es especular pero, eso sí, guiándonos una vez más por las circunstancias en que se movían estos autores las cuales, por lo que yo sé, eran por lo general bastante similares para todos ellos. Para empezar, conviene recordar que estamos hablando de tiempos en los que todavía no existían los ordenadores, por lo cual éstos escribían sus originales a máquina, entregándoselos a las editoriales. Como tampoco había fotocopias, o éstas eran un artículo de lujo, la única manera de sacar copias era con papel carbón, como bien sabemos todos los que hemos alcanzado cierta edad y fuimos en su día a una academia a aprender mecanografía. Este sistema era bastante engorroso -y sucio- y permitía sacar mal que bien una copia y, como mucho, una segunda, que solía quedar bastante ilegible. Como era preceptivo enviar a la censura la primera copia, con suerte el autor podía quedarse con la segunda... si llegaba a sacarla.



Considerando además que estos escritores trabajaban literalmente a destajo y que una vez publicadas las novelas los derechos de las mismas quedaban en propiedad de las editoriales, es lógico suponer que en muchas ocasiones los autores no se molestaran en conservar copias de sus obras, cuyos originales tampoco les eran devueltos una vez publicadas. Por esta razón, no es disparatado pensar que Montoro no conservara en su poder ni la copia ni el original -ni tan siquiera un ejemplar publicado- de Un cadáver en el aerolito; ni tampoco, probablemente, de ninguna de las otras tres novelas publicadas en Luchadores del Espacio... aunque sí tendría guardada la versión A que le fuera rechazada en su día, lo que le habría permitido enviarla años más tarde a Galaxia 2001. O quizá le gustara más la primera versión que la segunda, por lo que habría decidido sacarse la espina de su rechazo.

La diferencia entre los dos títulos tiene también una explicación sencilla: los responsables de las colecciones los cambiaban en ocasiones, si no les gustaban los que habían propuesto los autores, eligiendo aquéllos que consideraban más comerciales; y no necesariamente con el beneplácito de éstos. En este caso ocurre además que Llegó del espacio resulta ser un título muy parecido a Llegó de lejos, una novela anterior de Pascual Enguídanos, por lo que nos encontramos con otro posible motivo para el cambio, el deseo de evitar posibles confusiones. Pudo suceder, pues, que Llegó del espacio fuera el título original propuesto por Montoro, y que éste fuera cambiado por el de Un cadáver en el aerolito por iniciativa del editor, recuperando el autor el título original para la edición de Galaxia 2001.

Y eso es todo, al menos por ahora... aunque, insisto una vez más, carezco de pruebas fehacientes de que pudiera haber ocurrido así, sí lo considero bastante probable. En cualquier caso, como afirma la conocida frase italiana, se non è vero, è ben trovato.




Novelas publicadas por Henry Keystone

Título Colección
Un cadáver en el aerolito 153 Luchadores del Espacio
El planeta de nadie 158 Luchadores del Espacio
Asesino interplanetario 162 Luchadores del Espacio
La muerte silenciosa 227 Luchadores del Espacio
Llegó del espacio 24 Galaxia 2001


Publicado el 3-3-2017