Denso, pero no tanto

El asteroiide Eros en una
fotografía tomada en 2001 por la sonde NEAR
Lo siento, pero no
existen fotografías de Polimnia y no quería
inventármela
El gazapo de hoy tiene una historia previa que es necesario explicar. El 16 de octubre de 2023 El Confidencial publicó un artículo con varios errores científicos graves que les indiqué en un comentario que no llegó a ser publicado. Guardé mi comentario con intención de utilizarlo en La Gazapera... y se quedó traspapelado hasta hoy, casi año y medio después. Pero como más vale tarde que nunca, he decidido rescatarlo puesto que al día de hoy sigue manteniendo los errores.
En su momento el enlace al artículo existente en la sección de portada se titulaba Descubren un extraño asteroide con elementos desconocidos fuera de la tabla periódica; llamativo, sin duda, pero completamente falso ya que se refería a Polimnia. Este pequeño astro, catalogado con el nº 33 en el listado del Minor Planet Center, difícilmente podía haber sido recién descubierto ya que en realidad lo fue el 28 de octubre de 1854 por por el astrónomo francés Jean Chacornac, tan sólo 169 años antes.
Como ya he comentado anteriormente, en muchas ocasiones el titular del enlace no coincide con el del artículo y ni siquiera es seguro que lo haya escrito la misma persona. Y, como también he criticado a menudo, en estos titulares -o pretitulares- suele primar el reclamo sobre la veracidad. Dado el tiempo transcurrido, más de año y medio, desde su publicación el titular del enlace ha desaparecido, aunque éste sigue activo y remite al artículo, que lleva por título Aparecen elementos desconocidos entre las órbitas de Marte y Júpiter el cual, aunque menos escandaloso que el anterior, tampoco puede ser tildado de afortunado como tampoco lo es el subtitular Los científicos afirman que el asteroide 33 Polyhymnia es tan extraordinariamente denso que puede contener elementos desconocidos que no están en la tabla periódica tal como explicaré a continuación.
Pero lo más grave estaba por llegar. El primer párrafo decía -y sigue diciendo- lo siguiente:
Científicos de la Universidad de Arizona han detectado un extraño asteroide con unas características físicas extraordinarias nunca antes observadas en ningún lugar del cosmos. Se llama 33 Polimnia, una roca con una densidad mucho mayor que cualquier elemento conocido en la Tierra. Según sus descubridores, su extraordinaria densidad indica que puede estar compuesto por tipos de materia totalmente desconocida.
Al llegar a este punto es preciso recordar varias cosas. Por un lado, el artículo sigue explicando que este grupo de científicos, liderado por un físico teórico, había realizado una estimación de la densidad de Polimnia obteniendo un valor de aproximadamente 75 g/cm³, mucho mayor que los 22,6 del osmio, el elementos más pesado de todos los conocidos. Pero en realidad ellos no habían descubierto nada, sino utilizado unas mediciones realizadas en 2012 por un astrónomo para aplicarlas a un estudio teórico. Insisto, teórico.
No queda aquí todo. Los elementos más pesados -osmio, iridio, platino, renio, wolframio, oro, uranio y otros- son muy escasos, por lo cual la densidad media de la Tierra es de 5,51 g/cm³, similar a la de Mercurio y Venus y superior a la del resto de los planetas y satélites del Sistema Solar. En lo que respecta a los asteroides los astrónomos conocen algunos cuya masa es mayoritariamente metálica, por lo cual su densidad es relativamente elevada; pero ésta se estima entre los 5 y los 8 g/cm³, del orden de las del hierro (7,87 g/cm³), el zinc (7,13), el estaño (7,37) o el níquel (8,9). Por consiguiente esos 75 g/cm³ son una barbaridad, así que a estos investigadores tan sólo se les ocurrió postular que Polimnia, un pequeño cuerpo con un tamaño de unos cincuenta y tantos o sesenta kilómetros dependiendo de la técnica de medición utilizada, estaría compuesto en todo o en parte por elementos superpesados. Y se quedaron tan anchos.
Lo primero que se preguntarán muchos de ustedes es qué son los elementos superpesados. En el artículo se explica razonablemente bien, pero prefiero dar mi propia versión. Como es sabido, la tabla periódica agrupa a todos los elementos químicos conocidos, 118 en la actualidad. Los 92 primeros, desde el hidrógeno al uranio, están presentes en mayor o menor cantidad -algunos en trazas- en la naturaleza, mientras los restantes han sido obtenidos artificialmente y son inestables e incluso efímeros experimentando desintegraciones radiactivas, por lo cual de muchos de ellos no se conocen apenas sus propiedades físicas y químicas. La tendencia general es a mayor inestabilidad cuanto mayor sea su masa atómica, es decir el tamaño de sus átomos, pero los físicos atómicos han postulado la posibilidad, todavía no comprobada, de que en torno al elemento número 164 -todavía quedarían por descubrir casi cincuenta- los elementos superpesados podrían volver a ser estables.
Por consiguiente su existencia es una mera hipótesis y no existe el menor indicio de que estén presentes, siquiera en cantidades infinitesimales, en la Tierra ni en cualquier otro cuerpo del Sistema Solar. Pero como según estos cálculos teóricos estos hipotéticos elementos superpesados estables tendrían una densidad entre 36,0 y 68,4 g/cm³, estos investigadores -teóricos, no experimentales- se apresuraron a dar por seguro algo que era tan sólo una especulación, algo que no está admitido por el método científico, con el agravante de que se basaron en unas mediciones más que dudosas.
Como cabe suponer la comunidad científica no aceptó sus conclusiones, dado que las citadas estimaciones de la masa de Polimnia no eran suficientemente precisas y se suponían sobreestimadas, como demostró otra medición más reciente, realizada precisamente en 2023, que dio un valor de entre 7,5 ± 3,6 g/cm³, es decir un intervalo comprendido entre un máximo de 11,1 y un mínimo de 3,9 g/cm³, valores mucho más aceptables pese a su amplio margen de error. Hay que tener en cuenta que resulta extremadamente difícil medir tanto el volumen como la masa de éste o de cualquier otro asteroide así como su volumen, por lo que los márgenes de error de los resultados son muy elevados. Sería necesario que una sonda espacial se acercara a Polimnia, como ya lo han hecho a otros asteroides, para poder conocer con exactitud su masa, su volumen y por consiguiente su densidad, pero por el momento esto no figura entre las prioridades de las agencias espaciales.
El artículo de la wikipedia en inglés del que he tomado estos datos explica también que mediante medidas espectroscópicas se ha encontrado que la composición química de la superficie de Polimnia era principalmente de silicatos rocosos, es decir, minerales similares a los existentes en la Tierra con una densidad mucho menor que la de los metales, lo que es otro factor más para descartar la hipótesis de los superpesados. Pero como el redactor del artículo remitía tan sólo a la entrada de la wikipedia en español, mucho más escueta, al parecer no se enteró de nada de lo que acabo de comentar.
Hasta aquí la responsabilidad de los errores es fundamentalmente del grupo de investigación norteamericano que lanzó su más que discutible teoría, aunque también el redactor tuvo su parte de culpa al no cotejarla con otras fuentes tan fáciles de acceder como la entrada de la wikipedia en inglés, lo que indica claramente que en el periodismo actual el sensacionalismo tiene cada vez más peso. Pero sí les corresponde un buen tirón de orejas tanto a él como al auttor del título, si se trató de alguien diferente, ya que dar por cierta la aparición de elementos químicos desconocidos entre las órbitas de Marte y Júpiter era, como poco, aventurado.
No acaban aquí los gazapos; también encontré este otro atribuible en exclusiva al redactor, ya que se trata de algo que al menos en mi época se estudiada en el bachillerato y, por lo tanto, se supone que debería ser conocido por un periodista con estudios universitarios aunque no fueran de ciencias. Ahí va la perla:
La densidad de un elemento se relaciona con su número atómico, que es el número de protones en su núcleo.
Que en realidad son dos conejillos retozones. El primero ignora que la densidad de un átomo depende de su masa total, que no es el número de protones del núcleo sino la suma de los protones y los neutrones, que también puede variar entre los distintos isótopos de un mismo elemento. En sentido estricto también habría que considerar a los electrones, pero su aportación es insignificante por lo que se suelen ignorar.
Y el segundo, que la densidad tampoco es proporcional a la masa atómica. Aunque la tendencia general en la tabla periódica es a un aumento de la densidad conforme se incrementa el tamaño de los núcleos atómicos, de modo que los elementos pesados suelen tener una densidad mayor que los ligeros, la densidad es una propiedad periódica que oscila cíclicamente según aumenta el número atómico. Esto se debe a que ésta depende no sólo de la masa sino también del volumen del átomo, y éste a su vez de la configuración de las capas electrónicas que rodean al núcleo, ya que en función de su fuerza de atracción este volumen puede ser mayor o menor, aumentando en las familias -las columnas de la tabla periódica- de menor a mayor masa atómica, pero disminuyendo en los períodos -las filas- también de menor a mayor masa atómica. La superposición de ambos fenómenos dibuja una gráfica en forma de dientes de sierra con máximos y mínimos al principio y al final de cada período.
Pero lo anteriormente descrito es la densidad atómica, no la macroscópica que es la que se mide dividiendo la masa total de un cuerpo por su volumen, como era el caso del asteroide. Esta última depende además de varios factores como la composición química -no sólo existen elementos puros sino también compuestos formados por varios de ellos-, el estado de agregación -sólido, líquido o gaseoso- y, en los sólidos, su estructura interna. Así, el carbono tiene dos densidades distintas según se trate del diamante (3,5 g/cm³) o del grafito (de 2,09 a 2,23 g/cm³) debido a que en el diamante los átomos de carbono están más compactados que en el grafito, por lo cual su densidad es mayor.
Así pues, yo recordaría a estos físicos teóricos metidos a astrónomos eso de zapatero a tus zapatos, al tiempo que recomendaría al redactor que antes de meterse en camisas de once varas consultara siquiera la wikipedia, en la versión inglesa por si acaso; en caso de no saber inglés, el buscador se la podría haber traducido.
Publicado el 31-5-2025