Una prohibición paradójica







La cancela que aparece en la fotografía no corresponde a una vía pública ni tampoco es un vado o cualquier otro tipo de paso de vehículos, sino a la entrada a una biblioteca pública y al jardín anejo. Es decir, se trata de un acceso exclusivamente peatonal abierto directamente a la acera de la calle, aunque supongo que sí podrán pasar por él los vehículos de servicio, mantenimiento, jardinería o, en su caso, los de emergencia o de la policía. Pero es evidente que no se trata en modo alguno de un lugar por el que puedan colarse los coches, y de hecho nunca he visto uno dentro.

Por tal razón, me sorprendió encontrarme en ella con una señal de dirección prohibida que, desde un punto de vista objetivo, resultaba por completo innecesaria.

Se me plantean pues dos posibles interpretaciones. O bien hay conductores tan cerriles o tan caraduras -no descarto ni lo uno ni lo otro- capaces de meter su coche por los lugares más insospechados y por supuesto inapropiados, o bien los responsables de la biblioteca se curaron en salud por si acaso.

O, ya puestos a elucubrar, quizás la señal sea una advertencia simbólica prohibiendo la entrada a la biblioteca de cualquier elemento perturbador de la cultura y el saber que alberga en su interior... aunque sinceramente lo pongo en duda ya que el cerrilismo y la ignorancia suelen rehuir instintivamente estos lugares que les repelen.

En cualquier caso, la señal está allí.


Publicado el 11-2-2026