Animalicos (II)





Disney se quedó corto en sus películas



Hace siete años escribí un artículo con el mismo título, salvo el ordinal, comentando si no nos estaríamos pasando de rosca -la sociedad, no yo- en tratar a las mascotas no como animales, por muy bien que estén cuidados, sino como personas o, me temo, como remedos de niño. Y, pese al tiempo transcurrido, mucho me temo que al menos en España -en otros países según todos los indicios han llegado todavía más lejos- las cosas no sólo no han ido a mejor sino que han empeorado. Y mucho.

Conste que a mí me gustan los animales y aunque nunca he tenido perros sí he tenido varios gatos de forma sucesiva, y sé perfectamente que te encariñas con ellos al igual que ellos se encariñan contigo. Por supuesto estoy totalmente en contra del maltrato animal y pienso que si tienes una mascota es para cuidarla y atenderla como es debido... pero no humanizándola, por razones tan obvias que no estimo necesario explicar.

Y si no te apetece, nadie te obliga. De hecho no tengo mascota -empiezo a sentirme una rara avis- ni la menor intención de tenerla, ya que por razones personales -tan respetables como las de cualquier otro- no me compensa el trabajo y el tiempo que tendría que dedicar a su atención y su cuidado.

Por supuesto respeto y comprendo a quienes las tienen -salvo en el caso de que molesten a los vecinos- pero claro está, sin exageraciones. Vayan varios ejemplos recientes tomados a vuelapluma para constatar que la absurda e ilógica humanización de estos animales está tomando una deriva preocupante, más allá de cuestiones ya clásicas como los cementerios de mascotas, con lápidas incluidas e invitaciones al entierro o el hecho de que paseando por las calles de cualquier ciudad sea mucho más fácil encontrar una tienda de adminículos de todo tipo para las mascotas -incluidos los cochecitos para pasearlos-, una clínica veterinaria o una peluquería canina, que sus equivalentes infantiles.

El 27 de enero de 2026 El Confidencial explicaba en un artículo que las viviendas de las nuevas construcciones eran cada vez más pequeñas pero a cambio, ofrecían más ventajas en las zonas comunes -las cursivas son mías- para justificar su precio: la inevitable piscina, sauna, aparcamiento para bicicletas, chill out -local en el que se despachan bebidas y se escucha música tranquila y relajante según he leído en internet- sala de cine, gimnasio... y spa para mascotas. Aunque el artículo no abordaba el culto a las mascotas sino la especulación inmobiliaria -yo personalmente prefiero un piso más grande y menos utilidades de esas que vas de pascuas a ramos si es que vas-, lo del balneario de mascotas me viene al pelo para este artículo; ciertamente hay que bañarlas, sobre todo a los perros, pero eso se puede hacer perfectamente en la bañera o la ducha de casa sin tantas alharacas.

Sigamos. Diario ABC, 6 de febrero de 2026. Titular: El testamento del perro: los animales no heredan pero cada vez condicionan más patrimonios, refiriéndose a que la controvertida ley de Bienestar animal no sólo protege a las mascotas de las personas fallecidas, hasta aquí todo es normal, sino que facilita casos como los ejemplos que copio del artículo: Una entrevistada afirmando que cuando fallezca dejará a su hijo la legítima mientras que el resto de sus bienes quiere que sirvan para cuidar a su perra. Cabe la posibilidad, esto no lo dice el periódico, que esté enemistada con su hijo, pero en este caso ¿no sería mejor destinar esta fracción de su herencia a obras benéficas, pongo por caso?

Otro caso que relata es el de dos hermanas que no podrán disfrutar de la herencia de una vivienda hasta que no muera el perro de su madre, beneficiario del usufructo junto con su cuidadora. O el de quien, sin descendencia propia, ha nombrado herederos a sus sobrinos con la condición de que sólo podrán disfrutarla si heredan también y cuidan hasta su muerte a sus animales de compañía.

Fuera de nuestro país todavía es peor: el mismo artículo remite a otro en el que se relata la historia de una gata propiedad del diseñador alemán Karl Lagerfeld, heredera y beneficiaria de una renta vitalicia que la ha convertido en millonaria. Porque en otros países, oído al parche, los animales sí pueden heredar.

Más antigua, pero asimismo jugosa, es la noticia publicada en ABC el 3 de febrero de 2024 dedicado a las bodas de perros que, según la articulista, esban siendo cada vez más habituales en España. Por supuesto en ellas se remeda toda la parafernalia de las bodas de verdad, con los novios y los invitados vestidos de gala mientras el menú está adaptado a la dieta perruna, eso sí con tarta incluida. Y no eran entonces -ahora supongo que será todavía peor- precisamente baratas, costando a partir de 800 euros. Asimismo, en el artículo se decía que también era posible celebrar el cumpleaños de tu mascota; en estos casos, cito textualmente, “les ponen gorritos, tienen tarta, les cantan el cumpleaños feliz y se llevan una tarjeta de cumpleaños firmada por sus compañeros”. Sin comentarios.

También viene a cuento este párrafo perteneciente a un artículo que escribí hace años en otra sección diferente, recopilando noticias sobre este tema que encontré por internet pero que viene perfetamente recuperarlo aquí:

La tienda favorita de ropa y accesorios para perritos con personalidad (?). En su catálogo de productos incluye, entre otros, abrigos plumas impermeables; lazos y pasadores adornados con cristales Swarovski; botitas, calcetines y pantuflas; camisetas; vestidos y minifaldas para perritas; chalecos salvavidas (sic); chubasqueros, sudaderas... todo para perros -y para perras, no vayan a protestar las feministas-. Claro está que todavía mejor es la cerveza para perros -les juro que no me lo invento- que vi anunciada en un folleto que echaron el otro día en mi buzón; eso sí era sin alcohol, que no es cuestión de fomentar el alcoholismo canino. O la obra de teatro sólo para perros -los dueños tenían prohibido acompañarlos en la sala- que se estrenó hace algún tiempo en Madrid, ignoro si con éxito. O los menús para perros que ofrecen algunos restaurantes norteamericanos. O, ya puestos, el restaurante para perros -que no especializado en carne de perro- abierto en Shangai. La última extravagancia de este estilo que he leído por ahora ha sido el reloj Rolex, valorado en 4.000 dólares -el mío vale bastante menos, aunque me presta un excelente servicio-, que una ciudadana de la localidad tejana de Crawford ha encargado para su perro... sin que sepamos si ha conseguido siquiera enseñarle a mirar la hora. Eso sí, la interfecta ha declarado que para su perro “quería algo diferente”.

¿Será acaso que pretenden emular a Dios intentando moldear sus mascotas a su imagen y semejanza? ¿O es que simplemente se aburren? Lo cierto es que en España, según una noticia relativamente antigua ya que fue publicada en Telemadrid el 30 de septiembre de 2024, aunque se pueden encontrar informaciones similares en otros muchos medios, ya había entonces seis animales de compañía por cada niño. Se dice pronto.


Publicado el 7-2-2026