Mis tribulaciones con Google Maps

Por aquí
pretendía Google Maps que me metiera. Fotografía de Google
Maps
No cabe duda de que Google Maps es una inapreciable ayuda a la hora de hacer un viaje, puesto que te puede sacar de apuros cuando te encuentras perdido e ignoras hacia donde te tienes que dirigir, resultando indispensable para moverte por ciudades que no conoces, en las cuales los mapas de carreteras no dan la menor ayuda.
Asimismo es útil en carretera, sobre todo si cometes el error de meterte por carreteras locales mal señalizadas o si por despiste te has desviado de tu ruta. Estas ventajas son innegables, pero lo cierto es que también hay que tener en cuenta sus limitaciones que en ocasiones pueden llegar a complicarte la vida.
He de advertir que mi experiencia con él no es como usuario directo, bastante tengo con ir conduciendo pendiente de las señales y del tráfico, sino mediante la ayuda de mi acompañante que va siguiéndolo por el móvil -soy de la opinión de que incluso colocándolo en el salpicadero y activando el sonido puede ser un factor de distracción- e indicándome las maniobras que es necesario hacer.
Pero aunque el balance global lo considero positivo, conviene no olvidar sus, digamos despistes, algo disculpable dado que no se le puede exigir perfección y además funciona francamente bien, puesto que te pueden meter en un brete. No estoy hablando de casos chuscos como los de quienes se atascaron en una escalera o en una boca de metro siguiendo a pies juntillas sus indicaciones, ni tampoco de imponderables como el inevitable corte por obras de la calle por la que justo tenías que ir, sino de las peculiaridades de su funcionamiento que más o menos sospecho por donde van.
En general, y supongo que todo el mundo lo hará así, cuando planeo el itinerario de un viaje en coche suelo seguir varios criterios, no sólo el trayecto más corto en kilómetros, sino también el tipo de carretera, las condiciones de esta carretera -anchura, estado del firme, curvas, pendientes), la densidad de tráfico o la conveniencia o no de atravesar un núcleo urbano, entre otros. Y, si conozco por donde voy a ir, tengo mis preferencias particulares, que no tienen que coincidir necesariamente con las de otros conductores.
Es evidente que Google Maps, pese a su versatilidad, no puede ser tan flexible, ya que se rige por unos algoritmos matemáticos quizás más rigurosos que las elecciones humanas, pero indefectiblemente más rígidos como, pongo por caso, a la hora de decidir si es preferible hacer más kilómetros por una autovía que por una carretera nacional o viceversa, sobre todo teniendo en cuenta que ni todas las autovías ni todas las carreteras son iguales entre sí. Todavía peor es con las carreteras locales y los andurriales donde es recomendable que te lo pienses dos veces antes de meter por ahí el coche, ya que si son el camino más corto corres el riesgo de que te mande precisamente por ellos.
Otro detalle importante que he detectado es la diferencia entre la aplicación para ordenador, que es la que suelo utilizar en casa o en el hotel para planificar el recorrido, y la de los teléfonos móviles que es la que usamos cuando estamos realizando el viaje, algo que no acierto a explicarme. Así, mientras en el ordenador te suele dar una ruta preferida -por él, evidentemente- junto con otras alternativas, en el móvil por el contrario las opciones son mucho más reducidas e incluso con frecuencia una sola, lo que limita tu capacidad de elegir induciéndote con frecuencia a seguir una ruta diferente de la que tú hubieras deseado aunque, eso sí, acabará llevándote a tu destino aunque sea cruzando media Siberia.
En cualquier caso echo de menos esa mayor flexibilidad de la versión de ordenador, con el agravante de que cuando vas conduciendo tienes que tomar decisiones sobre la marcha, y como ejemplo voy a relatar mi relación de amor-odio con él durante un reciente viaje por Galicia, así como el estrambote de sus particulares criterios respecto al área metropolitana de Madrid.
Celanova
Apenas a tres kilómetros al norte de esta localidad se encuentra Villanueva de los Infantes, una pequeña aldea que conserva su traza medieval y que decidimos visitar. Según Google Maps, para llegar allí deberíamos salir a la carretera que circunvala Celanova para tomar un desvío que conducía directamente a Villanueva, sin darnos ninguna otra opción. Así pues seguí sus instrucciones, encontrándome frente a un estrecho y empinado camino de cabras, razón por la que no me arriesgué a pasar por él por temor a dejarme medio coche por el camino. Comentándolo en la oficina de turismo las guías lo denominaron algo así como la Barranca, nombre bastante expresivo, recomendándome que fuera por otro, que Google Maps había ignorado olímpicamente, que partía algo antes de la misma carretera. Seguí su consejo y llegué a mi destino sin ningún problema y sin poner en peligro la integridad del coche.
Ya en casa, y por curiosidad, hice unos cálculos jugueteando con Google Maps, que por cierto también en el ordenador se empeñaba en llevarme por el camino de cabras: siguiendo sus indicaciones la distancia era de 2,8 kilómetros, mientras yendo por el camino que me indicaron las guías de turismo, 2,9. Por lo que se ve, para él recorrer cien metros menos era más importante que evitar un camino no voy a decir que impracticable, pero sí poco recomendable.
Puestos a jugar con la aplicación del ordenador, algo que evidentemente no podía hacer conduciendo ni diciéndole a mi acompañante que lo hiciera sobre la marcha en el móvil, forcé el itinerario buscando un posible camino directo sin necesidad de salir a la carretera encontrando otras alternativas con pequeñas diferencias de distancia y bastante más civilizadas que la propuesta por Google Maps.
Ginzo de Limia
No acaba aquí la historia. Mi intención era volver a Celanova ya que el día anterior no había podido ver el monasterio, y como tenía aparcado el coche en una calle perpendicular a la carretera N-525, que en su tramo urbano atraviesa Ginzo de parte a parte, lo más sencillo era salir a ésta y seguirla hasta tomar la carretera local que conduce a Celanova, que era por donde había venido.
El problema era que tenía el coche orientado en sentido contrario, por lo cual necesitaba darle la vuelta. Así pues, cuando Google Maps se empeñó en que siguiera adelante, supuse que me enviaría a alguna rotonda de esas que brotan como setas en cualquier parte excepto donde son más necesarias, como era el caso. Crucé el río Limia buscando la inexistente rotonda y, aunque según he podido comprobar ya en casa, ésta existía medio kilómetro más allá, en lugar de indicarme que diera la vuelta tal como yo deseaba, en otra de sus particulares decisiones decidió mandarme hacia adelante... lo cual me permitió disfrutar de un largo paseo por caminos rurales, por fortuna asfaltados, a través de los campos agrícolas de los alrededores. Finalmente logré salir, tras un rodeo de varios kilómetros por esos andurriales, a no sé qué punto de la carretera de Celanova.
En esta ocasión la vuelta a Ginzo la hice sin correr más aventuras por las autovías AG-31 y A-52, con un breve recorrido de 1 kilómetro desde la salida de la A-52 hasta la entrada en el casco urbano. Eran 46 kilómetros, 45 de autovía, frente a 26 por la carretera directa, pero tan sólo 6 mimitos más de duración... que merecían la pena.
Verín
A la salida de Ginzo, escarmentado, decidí no hacerle caso a Google Maps - tenía aparcado el coche en la misma calle y en el mismo sentido- dándole la vuelta para salir por la N-525 hasta su confluencia con la A-52, haciendo caso omiso a algún intento suyo de desviarme; podría haber retrocedido hasta tomar el enlace más directo a la autovía, pero preferí no arriesgarme y continuar por la carretera durante cinco kilómetros hasta el situado en dirección a Verín.
La autovía A-52 circunvala Verín y tiene, al igual que en Ginzo, un acceso directo por la N-532 junto con enlaces con la carretera N-525 por ambos lados, bastante alejados del casco urbano y en dirección a Ginzo mediante carreteras locales, ya que el enlace directo más cercano entre la autovía y la carretera nacional es el existente a la salida de Ginzo. Esto puede resultar complicado para quien no conozca la zona, aunque es preciso reconocer que la culpa de ello no es de Google Maps, sino del Ministerio de Obras Públicas o como se llame ahora, responsable del trazado de la autovía.
En el viaje de ida, justo es reconocerlo, Google Maps optó por la ruta que hubiera elegido yo, por la autovía hasta tomar en la circunvalación el desvío de la N-532, que confluye con la N-525 en pleno centro de Verín, ambas convertidas en vías urbanas. Era algo más largo pero en su práctica totalidad discurría por autovía, por lo que merecía la pena.
El problema surgió a la vuelta, cuando Google Maps se volvió a empeñar en mandarme por el camino más corto haciéndome salir no por la N-532, de la que me separaban tan sólo 160 metros desde donde tenía aparcado el coche, en dirección sur, sino en sentido contrario hasta la confluencia con la N-525 para tomarla allí en dirección a Ginzo, lo que suponía recorrer 11,5 kilómetros hasta que pude salir a la autovía. Cierto es que por el camino que había seguido a la ida eran 16,5 kilómetros, pero de éstos 12,7 eran de autovía y tan sólo los 2,8 restantes de carretera, por lo cual yo lo hubiera preferido; pero Google Maps no opinó así.
Estrambote
Ya de vuelta a casa, tuve que realizar una gestión al sur de Madrid. Llegué sin problemas ya que a la ida pasé por Madrid y allí tomé directamente la A-42, pero a la vuelta mi destino era Alcalá de Henares, por lo que mi intención era desviarme de la A-42 por la M-40 y desde allí, por el ramal M-14, a la A-2 hacia Alcalá. Pues bien, Google Maps se empeñó hasta la tozudez en mandarme por la M-50, lo cual suponía un rodeo bastante considerable y parte del trayecto por carreteras secundarias, incluyendo el complicado paso por Mejorada del Campo para salir a Alcalá por la inacabada M-203, lo que además me obligaría a cruzarla cuando tenía un acceso mucho más sencillo por la autovía.
Otra opción sería -ésta no la llegó a proponer- continuar por la M-50 hasta su complicado enlace con la A-2 pasado el puente de San Fernando, que tampoco me seducía. Así pues ignoré sus reiterados cantos de sirena hasta que, rendido a lo inevitable, pasó a proponerme el desvío en la M-45... que tampoco aportaba nada interesante salvo que el recorrido por ésta era algo más corto, ya que al confluir con la M-50 en su tramo final el engorro del enlace seguía siendo el mismo, mientras que el cambio de carril -tendría que cruzar todos para poder salir por la derecha- podría llegar a ser complicado en caso de haber mucho tráfico.
Tras soportar de nuevo su insistencia al final acabó rindiéndose, optando por el itinerario que yo había elegido desde el principio por la M-40 a la A-2 a la altura del aeropuerto de Barajas Así pues para este viaje no habían hecho falta alforjas, sobre todo teniendo en cuenta que de los tres itinerarios propuestos de forma alternativa el de la M-40 era paradójicamente el más corto. También paradójicamente en el ordenador proponía varias opciones simultáneas -aunque dando prioridad a la dichosa M-50- que no correspondían por completo a las de la versión para teléfono móvil, mientras en esta última, como he comentado, tan sólo mostraba una pasando a la siguiente sólo cuando ésta no era ya viable por haberla dejado atrás. En resumen, un hermoso lío.
Conclusión
No cabe la menor duda de que Google Maps es una herramienta útil, versátil y fiable; recuerdo, cuando todavía ésta no existía, haberme visto perdido más de una vez, incluso fuera de España y sin mapas detallados de la zona, pasando en ocasiones verdaderos apuros para poder llegar a su destino.
Por otro lado hay que ser conscientes de sus disculpables limitaciones. Si no se tiene la menor idea de por donde ir es conveniente dejarse guiar aunque -esto también me ha pasado- nos conduzca por vericuetos insospechados; tarde o temprano acabará llevándonos a nuestro destino. Pero si tenemos una idea razonablemente aproximada de por donde queremos ir, convendrá sopesar cual de las dos opciones es la preferible, la suya o la nuestra. Y si nos equivocamos, siempre podremos recurrir a él para salir del brete.
Publicado el 26-7-2025