Titulares engañosos

Variación del clima de la Tierra en los
últimos 5.000 años
Gráfico tomado de
The
Myth of Dangerous Human-Caused Climate Change de R.M. Carter
Aunque mi primitiva intención fue incluir este artículo en la sección de La gazapera, finalmente rectifiqué, creo que de manera acertada, incluyéndolo aquí por una razón de peso: La gazapera recoge gazapos periodísticos, es decir, errores y equivocaciones achacables -al menos así me lo parece- a despistes, desconocimiento o triquiñuelas para llamar la atención de los lectores con titulares llamativos como con frecuencia sensacionalistas.
Pero aquí la situación es distinta, porque todo parece indicar que se trata de algo deliberado para encaminar a la opinión pública hacia la doctrina oficial en un campo -el cambio climático- al que han convertido en un nuevo dogma de fe pese a su índole exclusivamente científica. Pero como tengo escrito un artículo monográfico dedicado a este tema, prefiero invitarles a que lo lean sin necesidad de repetir los mismos argumentos en éste que pretende ser de simple opinión.
Diario EL PAÍS, 2 de junio de 2025. El rotundo y alarmista titular del enlace al artículo, que se repite en la cabecera de éste, afirma lo siguiente: España sufre el peor día de calor de primavera de la historia: el jueves, con 32,2° de máxima media, refiriéndose al pasado 29 de mayo.
Ciertamente ese día y los vecinos hizo un calor muy superior al habitual en esta época del año, pero ¿el peor día de calor en primavera de la historia? Lo cual, interpretado literalmente, habría que entender como el día de mayo más caluroso desde hace aproximadamente unos cinco mil años. Un poco exagerado, ¿no? Sobre todo teniendo en cuenta que el primer termómetro de mercurio fue inventado en 1714, el termómetro de máximas y mínimas usado durante muchos años en las estaciones meteorológicas data de 1782, y las primeras estaciones meteorológicas capaces de proporcionar datos con una exactitud razonable se crearon a partir de mediados del siglo XIX, inicialmente en muy pocos lugares, no completándose la red a nivel mundial -algo indispensable para disponer de datos estadísticos fiables- hasta bien entrado el siglo XX.
Así pues, ¿como se las apañaron para saber que en el pasado mes de mayo hizo más calor a las mismas alturas del año que en tiempos de los celtíberos, de los romanos, de la Edad Media o del siglo XVII, pongo por ejemplo? Porque si bien gracias a la paleoclimatología se conocen con relativa precisión las oscilaciones del clima a lo largo del tiempo, lo que resulta de todo punto imposible es hacer comparaciones tan precisas ceñidas además no ya a un año, sino a unos meses concretos.
Pero como ya se sabe que los periodistas tienen la costumbre de exagerar en los titulares, conviene leer el artículo, que comienza con idéntica rotundidad:
Mayo se ha cerrado con una traca final de calor de récord, como anunció la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y como ratifican ahora todos los datos. Según un estudio del climatólogo César Rodríguez Ballesteros, este mes ha colocado no uno, sino tres días de golpe en el listado de las 10 jornadas de temperatura máxima media más alta para el conjunto del país en un mes de mayo. Y no están precisamente en el pelotón de cola, sino que son los tres primeros días de la lista: el jueves 29, el viernes 30 y el sábado 31. El jueves, con una media de las máximas de 32,19°, ha sido el día más cálido para un mes de mayo desde que hay registros unificados y comparables, 1941, certifica el experto.
Y aquí las cosas empiezan a cambiar, ya que según el experto citado, el 29 de mayo de 2025 fue -cito textualmente- el día más cálido para un mes de mayo desde que hay registros unificados y comparables, 1941. Por lo cual, una de dos: o la historia empezó en 1941, o no hay manera de saber que ese jueves fuese el peor día de calor de primavera de la historia. Curiosamente tan sólo unos párrafos después, al comparar no las temperaturas máximas, sino las mínimas, se puntualizaba que los datos reflejados en una tabla correspondían a los valores más elevados desde que hay datos, que no es ya lo mismo que de toda la historia aunque no deje de ser una afirmación cierta pero asimismo púdica... y sobre todo imprecisa.
En otros medios de comunicación se retrasaba la fecha de inicio de las estadísticas a 1950, pero este dato resulta irrelevante. Sean 75 años de registros estadísticamente válidos o sean 84, se trata de un intervalo temporal ínfimo a la escala en que se mueve la paleoclimatología, para la que miles de años es un período corto llegando a abarcar millones de años.
El resto del artículo se dedica a jugar con los datos de temperatura registrados en esos pocos días sin caer en la cuenta de que eran estadísticamente irrelevantes y sólo tenían interés puntual incluso comparándolos con los de años anteriores desde que hay datos, ya que carecemos de una serie cronológica suficientemente larga para poder sacar conclusiones mínimamente representativas, salvo la evidente de que en efecto esos días hizo mucho calor.
Pero, claro está, acabó aflorando el Carthago delenda est de nuestros tiempos, o si se prefiere el coloquial Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid: tarde o temprano -y fue más bien temprano- tenía que salir la inevitable coletilla:
De los 10 primeros [se refiere a los valores máximos de temperatura en un mes de mayo], todos los días excepto uno, de 1953, son del siglo XXI, lo que demuestra que, aunque en el pasado también ha habido episodios de calor en mayo, no eran tan intensos ni tan frecuentes como ahora, subraya Del Campo, para quien lo ocurrido este mayo es una clara muestra de los efectos del cambio climático.
Por supuesto que es una clara muestra del cambio climático... en los últimos setenta u ochenta años, más o menos la duración de la vida de una persona, así como extremadamente corto en la escala en que se mueve la climatología. Y es evidente que estamos en un período de calentamiento climático, eso es algo que se cae por su propio peso sin que ningún meteorólogo tenga que venir a explicárnoslo, pero lo que no suelen decir estos expertos, y mucho menos los periodistas o los políticos, es que el clima, lejos de mantenerse estable salvo en períodos de tiempo extremadamente breves, ha estado cambiando permanentemente desde que se formó la Tierra y en ocasiones de una manera brutal, por lo que tan sólo existen dos opciones posibles: o calentamiento global o enfriamiento global, sin tener en cuenta las variaciones a nivel regional que pueden ser debidas a multitud de causas diferentes sin afectar al resto del planeta.
Otra cuestión a tener en cuenta es que el clima global está sujeto a multitud de fenómenos que lo alteran en un sentido o en otro, sin que intervenga en ello la mano humana. Los hay astronómicos -la radiación cósmica, las fluctuaciones de la actividad solar, las irregularidades de la órbita de la Tierra, las variaciones en la inclinación del eje de rotación-, otras geológicas -la variación del campo magnético terrestre, la deriva continental, los volcanes, las corrientes marinas, la circulación atmosférica, la reflectividad de las nubes, la superficie terrestre, los hielos polares o los océanos-, físicas y químicas -la absorción de CO2 atmosférico por los océanos o por los minerales de la superficie- y otras biológicas -la fotosíntesis, la fijación del CO2 como carbonato cálcico por parte de muchos animales marinos-, a lo que hay que sumar que la mayoría de ellos tienen carácter periódico aunque con frecuencias muy dispares, por lo cual el resultado global es tan complejo que resulta extremadamente difícil analizarlo en detalle.
A todas estas causas naturales habría que sumar las demonizadas emisiones de CO2 provocadas por la quema de combustibles fósiles, por lo cual la dificultad para deslindar su influencia de la del resto es realmente un trabajo ímprobo, máxime teniendo cuenta que muchos de estos procesos naturales distan mucho de conocerse bien. Por esta razón resulta asimismo extremadamente complejo cuantificar la importancia de las emisiones de CO2, por lo cual la afirmación ex cathedra de que ésta y sólo ésta es la causa del calentamiento global resulta cuanto poco aventurada.
Tal como he explicado anteriormente la paleoclimatología ha sido capaz de describir, mediante diferentes técnicas de análisis, la variación del clima en diferentes escalas de tiempo; no con la precisión necesaria, evidentemente, para saber si los días de mayo del año 1.145, pongo por caso, fueron más calurosos o menos que los de 2025, pero sí para determinar con una razonable precisión que el clima ha estado oscilando siempre entre períodos cálidos y períodos fríos, pero de una manera sumamente complicada ya que desde la finalización de la última glaciación hace unos 11.000 años también han existido otros ciclos más cortos y menos intensos superpuestos a la tendencia general de aumento de temperatura en el período interglaciar en el que nos encontramos.
Durante los últimos miles de años fueron períodos cálidos el Minoico, unos 1.400 años antes de Cristo, que permitió el surgimiento de las primeras civilizaciones en el Creciente Fértil y el Egeo; el que marcó el apogeo de la cultura romana entre el 300 antes de Cristo y el 400 después de Cristo; el Óptimo Climático Medieval entre el siglo X y el XIV, o el actual desde aproximadamente mediados del siglo XIX. Entre ellos se intercalaron períodos fríos tales como la transición del Bronce al Hierro hace 2.500 años; entre los siglos V y IX -no es casualidad que los denominados Siglos Oscuros estuvieran marcados por las continuas migraciones de pueblos bárbaros-, y la mejor conocida Pequeña Edad de Hielo, que se desarrolló desde el siglo XIV hasta mediados del XIX.
Como se puede comprobar el estudio de la evolución del clima es demasiado complejo, y no se conoce lo suficientemente bien para poder lanzar afirmaciones tan aventuradas como la del titular del artículo, falseando además -dejo al arbitrio del lector decidir si deliberadamente o no- la historia de un modo tan descarado. Sin olvidar tampoco que, como dice el refrán, hay que evitar que los árboles -el corto o cortísimo plazo- nos impidan ver el bosque del largo plazo. De hecho, las gráficas que muestran la variación del clima son muy similares a las que registran las cotizaciones de bolsa, con su característico perfil de dientes de sierra; no es lo mismo el interés de un especulador en las variaciones puntuales de un día para otro, que el de un inversor a largo plazo más preocupado por la tendencia general durante el año.
Por lo demás, tan sólo me queda recordar algo que por evidente no debería resultar necesario: Negar el cambio climático es algo tan incongruente como negar la esfericidad de la Tierra, la Teoría de la Evolución o la atracción gravitatoria. Asimismo, negar que en los últimos siglo y medio o dos siglos el clima está en fase calentamiento es negar la evidencia. Pero que éste sea un fenómeno singular, como se pretende hacernos creer, y responsabilizar de ello exclusivamente a las emisiones antrópicas de CO2, está más cerca de la especulación -incluida también la económica- que del rigor del método científico, y dada mi formación académica algo conozco de ello.
Otrosí, que diría un juez, tampoco se puede negar que nos estamos cargando el planeta, no sólo por la quema indiscriminada de combustibles fósiles que serían mucho más útiles como materia prima para la industria química, sino también por el despilfarro de recursos naturales agravado por la obsolescencia programada y el consumismo desenfrenado, el derroche energéntico y la ingente cantidad de residuos y basuras de todo tipo con los que estamos contaminando la atmósfera -y no me refiero al CO2, no sólo inocuo para los seres vivos sino necesario para la vida-, la tierra, los ríos, los mares... y vamos camino de hacerlo también con el espacio. Son muchas las asignaturas pendientes que nos quedan por aprobar, y no resulta positivo centrar la atención en una sola de ellas ignorando las demás pese a la evidencia de lo inadecuado de estas prácticas.
Pero estas evidencias, mucho me temo, no servirán de nada ante los nuevos inquisidores que, en defensa cerrada y sin fisuras del Dogma Climático, tildarán de negacionista -neologismo convertido en sinónimo de hereje- a todos aquellos que osen disentir, aunque sea de una manera razonada, de la Incuestionable e Indiscutible Gran Verdad Oficial. Poco importará que estos neoinquisidores sean ignaros en temas científicos, o que les muevan evidentes intereses políticos, económicos o de cualquier otro tipo; siempre pretenderán obligarnos a prosternarnos ante su dios -con minúscula- a quien ellos consideran el único y cuya doctrina pregonan con el fervor de los antiguos profetas. Y ya se sabe que la fe ni se discute ni se cuestiona.
Corren malos tiempos para la razón, y tan sólo cabe esperar que los autos de fe se retrasen lo más posible si es que no han empezado ya; incruentos por el momento, pero no por ello menos efectivos.
Publicado el 3-6-2025