Toxicómanos en Cercanías



Soy usuario habitual, desde hace muchos años, del servicio de Cercanías de Renfe, razón por la que creo poder opinar con cierto conocimiento de causa acerca de la denuncia, promovida por una asociación, de un presunto maltrato de los vigilantes de Renfe a los toxicómanos.

Así, aunque no puedo decir nada sobre este tema en concreto dado que nunca he observado los hechos denunciados, sí me gustaría resaltar algunas cosas que he tenido ocasión de apreciar personalmente en numerosas ocasiones. Por ejemplo, a toxicómanos pidiendo limosna -más bien exigiendo- a los viajeros, con una actitud que tenía bien poco de pacífica. O molestias de estos individuos a los viajeros, bien fumando -no necesariamente tabaco-, bien ensuciando y deteriorando el interior de los vagones. O amedrentamiento con su simple presencia, nada tranquilizadora sobre todo a determinadas horas, y conviene no olvidar que muchos de ellos son también delincuentes. O insultos y amenazas a los revisores cuando éstos pretendían cobrarles billete o, en su defecto, intentaban obligarles a apearse al no llevarlo.

Y por supuesto, jamás pagan billete a pesar de la lógica obligación de hacerlo.

Es evidente que los servicios de vigilancia de Renfe deben cumplir escrupulosamente con su obligación de no maltratar a ningún viajero, pero no menos evidente resulta también que cualquier viajero tiene asimismo la obligación de respetar las normas, ya que de no ser así se estarán conculcando los derechos de los demás viajeros al tiempo que se causa un grave perjuicio a un servicio público mantenido con el dinero de todos los ciudadanos, y no sólo de sus usuarios.


Enviada en octubre de 1999 a EL PAIS