¿Nos toman por tontos?





Fotografía tomada de la Wikipedia



Hace unos días compré en un supermercado una bolsa de patatas fritas en la que se anunciaba con tipografía resaltada que eran “Al punto de sal”, lo cual cabría entender como que no estaban demasiado saladas en unos tiempos en los que los médicos y los nutricionistas recomiendan no abusar de este ingrediente. Aunque por el momento no tengo problemas de tensión arterial nunca me han gustado los alimentos demasiado salados, opté por probarlas sin que me parecieran especialmente apetitosas, ya que las encontré no tanto sosas sino más bien algo insípidas.

Dio la casualidad de que conservaba en casa la bolsa vacía de otras patatas fritas rotuladas como “Artesanas estilo sartén”, en esta ocasión de papel -aunque se trataba de un simple envoltorio con dos bolsas de plástico transparente- que imitaba a las antiguas que vendían en las churrerías de mi infancia. A mí éstas siempre me han resultado más sabrosas que las anteriores, sin saber exactamente a qué se debe puesto que los únicos ingredientes en ambos casos eran las patatas, el aceite de girasol y la sal.

Pero lo cierto es que sabían ligeramente distintas, lo cual tan sólo se podía deber a dos causas: o bien variaba la proporción de los ingredientes, o bien variaba la forma de freírlas. No podía comprobar lo segundo, pero sí podía hacerlo con lo primero. Puesto que en ambos casos se trataba de marcas blancas vendidas en la misma cadena de supermercados y elaboradas en la misma fábrica, la comparación resultaba de lo más sencillo.

Para empezar, en las dos variedades la composición porcentual era idéntica: patatas, aceite de girasol (34 %) y sal, indicándose en las de “Al punto de sal” que la cantidad de ésta era de un 1,1 %, mientras en las “Artesanas estilo sartén” no figuraba este dato. Así pues, la diferencia de sabor no podía deberse a una mayor o menor cantidad de aceite.

Todavía era posible afinar más recurriendo a la tabla de valores energéticos y nutricionales correspondientes a 100 gramos. Y és fue el sorprendente resultado, idéntico en ambos casos:


Valor energético 543 kcal
Grasas 34,0 g
de las cuales saturadas 4,0 ”
Hidratos de carbono 50,0 ”
de los cuales azúcares 0,5 ”
Proteínas 6,8 ”
Sal 1,1 ”

Sorprendente no por los valores, sino porque la cantidad de sal era exactamente la misma en las dos modalidades de patatas fritas. Para enredar más las cosas los comparé a su vez con unas terceras patatas fritas, también de marca blanca pero de una cadena diferente de supermercados y elaboradas en otra fábrica, rotuladas en esta ocasión como “Clásicas a la antigua”, presentadas también en la consabida bolsa de papel. Aquí la proporción de aceite y de patatas, y por consiguiente de calorías variaba ligeramente como cabía esperar, mientras la cantidad de sal era incluso algo inferior, en concreto de 1 gramo por cada 100 de producto. Por su parte, en una cuarta marca blanca “Tipo churrería” la sal se reducía a tan sólo 0,64 gramos.

Podría continuar el estudio cotejando otras marcas, pero tampoco creo que sea necesario puesto que lo fundamental queda claro comparando las patatas al “punto de sal” -que también existen en otros supermercados, pero tampoco es necesario complicar más las cosas- con las que podríamos denominar “clásicas”, en las cuales no se hace referencia alguna a la cantidad de sal pese a lo cual tienen la misma en el caso de sus hermanas, o todavía menos, sin que presumieran de ello.

Cierto es que en el etiquetado no se afirmaba por ningún sitio que fueran “bajas en sal”, dándose la paradoja de que el DRAE define la locución adverbial al punto como enseguida, sin la menor dilación, sinónima de inmediatamente; un sentido que nada tiene que ver con el que nos ocupa ya que éste corresponde a en su punto: en el estado de perfección que le corresponde, aunque en el lenguaje coloquial ambas se confunden.

Y, no desvelo ningún secreto, es de sobra sabido que las empresas de alimentación hacen auténticas filigranas con las insinuaciones y las definiciones ambiguas que, sin el menor respaldo normativo, inducen a pensar en aquello que a ellas les interesa. En este caso, sospecho, que las patatas tenían la cantidad justa de sal, una afirmación arbitraria ya que esto dependerá del gusto personal de cada uno; aunque teniendo en cuenta la demonización de la sal por parte de los profesionales médicos, lo más probable es que el mensaje subliminal camuflado tras ella fuera el de que eran bajas en sal y, por lo tanto, más saludables. Al menos, esto era lo que yo creía hasta que hice la comparación pertinente a partir de sus propios datos.

Eso sin tener en cuenta, vuelvo a repetir, la paradoja de que en dos variedades salidas de la misma fábrica, y vendidas en la misma cadena, ambas con idéntico contenido en sal e incluso superior al de la competencia, unas llevaran el reclamo de “Al punto de sal” y las otras no. ¿Nos toman por tontos?


Publicado el 16-5-2025