La comparsa de los gigantes en la actualidad



Gepeto, probablemente el gigante más antiguo de la comparsa actual


Hace unos años, durante las ferias de 2010, me pasé por el colegio de Málaga donde, como ya es tradicional, estaba expuesta la comparsa de gigantes y cabezudos. Conté un total de veinticuatro gigantes, minigigantes y cabezudos aparte, a los que hay que sumar otros dos -Catalina de Aragón y Enrique VIII- ausentes entonces por estar siendo sometidos al parecer a una restauración, y el Tuno, incorporado a la comparsa en 2011, lo que sumaba un total de veintisiete gigantes.


La Bruja, antes y después de un “retoque”


Aunque en los siete años transcurridos desde entonces ha habido algunas modificaciones -en la exposición del verano de 2017 eché en falta a varios de ellos, de los cuales hablaré más adelante-, no cabe duda de que la comparsa complutense en la más numerosa de los últimos años y también es posible que una de las más nutridas de España. Cierto es que la calidad de estos gigantes es dispar y su mantenimiento y “restauración” han alcanzado unas cotas francamente preocupantes en estos últimos año, al tiempo que sólo algunos de ellos podrían competir con dignidad con las magníficas comparsas de lugares españoles de gran tradición como Cataluña o Navarra; pero incluso el más ramplón, por decirlo de alguna manera, merece ser considerado con respeto y como tal conservado, ya que detrás de él siempre estarán el esfuerzo y el cariño de unos alcalaínos.


El Indio, antes y después de su desafortunado “maquillaje”


Como cabe suponer esta comparsa es fruto de varias décadas, dándose la circunstancia de que, por fortuna, desde hace ya bastante tiempo se han conservado la mayoría de ellos, a diferencia de lo que pasó durante los años setenta y ochenta en los que se perdió la práctica totalidad de la importante comparsa reunida en las décadas anteriores.


El Diablo, con su cambio de color


De hecho, tal como ya he comentado en algún otro artículo, de la comparsa clásica -la de los años sesenta- tan sólo se conservan un total de cinco gigantes: Gepeto, la Bruja, el Indio, el Diablo y el Gitano, con la salvedad de que, a excepción del primero, fueron originalmente cabezudos a los que se les acoplaron unos cuerpos procedentes de otros gigantes anteriores para sustituir a las cabezas desaparecidas. Esto da buena idea de la magnitud de la pérdida, sobre todo teniendo en cuenta que tengo censados alrededor de una treintena de gigantes antiguos -aunque probablemente no todos coexistieron- de los cuales tan sólo nos quedan dos, Gepeto y el Diablo.

Aunque Gepeto es, como tal, el gigante más veterano de todos los actuales -aparece en fotografías de mediados de los años sesenta-, en realidad el Diablo es algo más antiguo, ya que existía como cabezudo en 1960; no fue hasta una década después cuando se le transformó en gigante, sufriendo una serie de manipulaciones a finales de los años ochenta que lo convirtieron en un raído mago Merlín. La restauración general de 1996 le devolvió su aspecto original, y desde hace algunos años la cabeza permanece desmontada a la espera, al parecer, de un nuevo cuerpo, ya que el suyo fue aprovechado para otro gigante... el cuento de nunca acabar.

La Bruja, el Gitano y el Indio llegaron a Alcalá como cabezudos a finales de los años setenta acompañados por el Pirata, que desaparecería poco después, y fueron convertidos en gigantes a finales de los años ochenta en un intento de paliar el profundo deterioro que experimentaba entonces la comparsa. A modo de curiosidad cabe recordar que a la Bruja se la vistió en 1988 con el traje típico de Alcalá, indumentaria que llevó hasta que, a raíz de la restauración general de 1996, se le cambió por un traje más acorde con su idiosincrasia.

La procedencia de estas cinco cabezas es diversa: Gepeto fue realizado el taller barcelonés El Ingenio, el Diablo en el zaragozano de Aragonesa de Fiestas, y el Gitano, el Indio y la Bruja en el valenciano de Vicente Luna.


El Gitano, con su cuerpo nuevo


El abandono de la antigua comparsa, ya de por sí mal cuidada, se aceleró tras la compra en 1974 de la comparsa cervantina, unos magníficos gigantes que provocaron -aunque no había ninguna necesidad de ello- que los demás quedaran arrinconados, pese a que los nuevos eran tan sólo media docena: Don Quijote, Sancho Panza, el Bachiller, Dulcinea, el Duque y la Duquesa, cuyas cabezas fueron encargadas a Guaita, un taller valenciano especializado en gigantes, carrozas y fallas, construyéndose en Alcalá los cuerpos y los trajes. Éstos no tardaron demasiado en acabar también destartalados, llegándose a perder hacia 1983 o 1984 uno de ellos -Sancho Panza-, al parecer destrozado en un pueblo al que fueron llevados, mientras el Bachiller, muy deteriorado, dejó de desfilar durante muchos años. Por fortuna se conservó la cabeza, lo que permitió reconstruirlo en la restauración general de 1996. En cuanto al Quijote, debido a su excesivo peso no tardarían en adosarle unas ruedas, ganándose en comodidad lo que sin duda se perdió en naturalidad.


Comparsa cervantina. Don Quijote


Comparsa cervantina. Sancho Panza (no es el original)


Comparsa cervantina. El Bachiller


Comparsa cervantina. Dulcinea


Comparsa cervantina. El Duque


Comparsa cervantina. La Duquesa


Algo mejoró la comparsa en 1986, fecha en la que José Macías, entonces concejal de Festejos, intentó revitalizarla adquiriendo tres nuevos gigantes en Guaita: un segundo Sancho Panza en sustitución del desaparecido, el Gordo y el Flaco. En esta ocasión no se compraron sólo las cabezas, como solía ser habitual, sino los gigantes completos, los cuales, sensiblemente más altos y con cabezas de fibra de vidrio y armazones metálicos, contrastaban vivamente con los desvencijados cuerpos de mimbre y madera de los gigantes antiguos, todavía más cuando, debido a su peso, se les adosaron unas ruedas a imitación del Quijote.


El Gordo


El Flaco


Pese a la llegada de los nuevos gigantes y a la restauración general que en 1982 habían llevado a cabo Cecilia Fernández y Margarita Huertas, a principios de los años 90 la situación de la comparsa había tocado fondo y los pocos gigantes que quedaban, incluyendo la maltrecha comparsa cervantina, presentaban un aspecto deplorable. Por si fuera poco, la iniciativa de construir dos nuevos dedicados a dos conocidos alcalaínos, José Calleja y Rosario, acabaría truncada; aunque las cabezas, de gran calidad, se llegaron a realizar en 1992 también en los talleres Guaita, por deseo de las respectivas familias -ambos habían fallecido- los gigantes nunca se llegaron a hacer, aunque más adelante se reutilizarían estas cabezas para la construcción de otros gigantes. Los gigantes previstos eran un futbolista de la RSD Alcalá en el caso de José Calleja dada su vinculación con este club, y su indumentaria habitual -falda, blusa, bolso y cigarro en la mano- en el de Rosario.




Cabezas de José Calleja y Rosario, finalmente retiradas


Se da la circunstancia de que, tal como suele ser habitual, en Guaita debieron aprovechar los moldes, de modo que en su catálogo actual aparecen dos cabezudos cuyo parecido con las cabezas encargadas por Macías resulta ser bastante estrecho, aunque desconozco los nombres bajo los cuales se venden dado que en el catálogo no se informa sobre ellos.


Cabezudos de Guaita


Habría que esperar hasta 1996 para encontrar una iniciativa firme de recuperación de la comparsa. El promotor fue Vicente Fernández, organizador de las ferias durante varios años, y las responsables materiales María Jesús Vázquez Madruga y Paquita Rodríguez junto con la sastra Paquita Martínez, las cuales restauraron la totalidad de la comparsa. No sólo se arreglaron las cabezas, muy deterioradas y repintadas, sino que también se construyeron nuevos cuerpos para parte de la comparsa, con bustos de poliespan sobre soportes de aluminio, más altos y ligeros que los desvencijados armazones antiguos de madera y mimbre, al tiempo que se vestía a la totalidad de la comparsa con ropajes nuevos. Al Quijote se le cambió la pesada armadura de chapa de hierro por una más ligera de aluminio y asimismo se aligeraron los otros tres “pesos pesados” -Sancho Panza, el Gordo y el Flaco-, lo que permitió eliminar las antipáticas ruedas que portaban todos ellos.


El Negrazo, reconstrucción de un gigante clásico de Alcalá


Un año más tarde, en 1997, María Jesús Vázquez Madruga y su equipo construían un gigante nuevo, el Negrazo, reconstrucción del clásico perdido. Ese mismo año una peña festiva, Los Doblones, regalaba al ayuntamiento otro gigante, el Pirata, también realizado por ellas, con lo que el número de integrantes de la comparsa se elevaba a quince.


El Pirata


Lamentablemente otros dos nuevos gigantes promovidos en esta ocasión por la asociación cultural Hijos y Amigos de Alcalá, el Húsar de Pavía y el Macero, se quedarían finalmente en el tintero al no conseguirse la suficiente financiación mediante la venta de papeletas de un sorteo.





El Macero y el Húsar, los dos gigantes fallidos


El equipo formado por María Jesús Vázquez Madruga y sus colaboradoras todavía rindió nuevos frutos en 1998 con la Doctora de Alcalá, lo que elevaba el número de gigantes a dieciséis, y varios cabezudos emulando a otros antiguos ya desaparecidos como María la Guarra, el Aragonés y Napoleón.


La Doctora de Alcalá




María la Guarra, Napoleón y el Aragonés en 2017


En 1999 tuvo lugar una original idea, el estreno de los tres gigantes de los Reyes Magos, una iniciativa inédita en Alcalá y, hasta donde yo sé, en toda España. De nuevo el promotor fue Vicente Fernández, y las autoras materiales de los gigantes las mismas que habían remozado la comparsa tres años atrás, siendo la sastra en esta ocasión Florinda Martínez. A diferencia del resto, y tomando ejemplo de los gigantes de Reus, en ellos se utilizaron pelucas en lugar de recurrir al más habitual pelo pintado. Huelga decir que estos gigantes nunca han llegado a coincidir en ferias u otras celebraciones con el resto de la comparsa ya que salen a la calle exclusivamente durante las fiestas de Navidad y en la cabalgata de Reyes, aunque sí se les ha podido ver junto a los demás en algunas exposiciones como la del verano de 2017. Se da la circunstancia de que durante bastante tiempo, al no disponerse de cuerpos suficientes, los Reyes Magos se armaban y desarmaban todos los años aprovechándose los armazones de otros gigantes, una práctica poco recomendable dado que incrementaba su deterioro.




Los tres Reyes Magos


Melchor, Gaspar y Baltasar


Las dos siguientes incorporaciones fueron los gigantes representativos de Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra; construidos en esta ocasión por alumnos de arte del instituto Antonio Machado, fueron presentados en las ferias de 2002. Construidos con materiales frágiles no fueron diseñados para desfilar con la comparsa, por lo que salvo en circunstancias excepcionales sólo se les ha podido ver en las exposiciones.


Catalina de Aragón


Enrique VIII

Puesto que en mayo de 2003 publiqué un artículo en el que enumeraba a la totalidad de la comparsa entonces existente, este dato nos sirve de referencia para seguir su evolución en estos últimos años. Los gigantes existentes entonces eran los siguientes: Don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea, el Bachiller, el Duque, la Duquesa, Gepeto, la Bruja, el Diablo, el Indio, el Gitano, el Gordo, el Flaco, el Negrazo, el Pirata, la Doctora de Alcalá, Catalina de Aragón y Enrique VIII, a los que hay que sumar los tres Reyes Magos; en total, veintiuno.

Es preciso hablar también de los gigantillos o minigigantes, como también se les denomina. Desde los primeros años del siglo XXI los giganteros de la comparsa han construido varios de ellos, de poco peso y pequeña envergadura, con objeto de que pudieran ser llevados por niños. La idea era buena, pero los resultados materiales dejaron bastante que desear tanto por lo tosco de los armazones como por la nula calidad de las cabezas, también de confección “casera”. Sin embargo hubo varias excepciones en las que se utilizaron antiguos cabezudos que sin duda habrían merecido un complemento mejor dada la calidad de los mismos.

Éste fue el caso del Gafas, un cabezudo comprado al taller barcelonés de El Ingenio víctima, como tantas otras cabezas, de la tradicional incuria con la que se ha maltratado a la comparsa. Aunque no he podido conseguir ninguna fotografía de su primera etapa como cabezudo, sí existe una, fechada en 1990, en la que aparece acoplado en el destartalado armazón de un gigante antiguo cuya cabeza original cabe dar por perdida.




Arriba, el Gafas en 1990 como antiguo gigante (Fotografía de Vicente Sánchez Moltó)
y como minigigante en 2002. Abajo, ya como cabezudo


Tras algún tiempo como gigantillo el Gafas volvió a su condición de cabezudo para acabar desapareciendo sin que me haya sido posible seguirle el rastro, pudiendo apuntar únicamente que en la exposición de 2019 no formaba parte de la comparsa.

En 2005 la peña Los Vikingos, como colofón de la celebración de su décimo aniversario -aunque la peña se creó en 2004 no comenzó sus actividades hasta el año siguiente-, regaló al Ayuntamiento el gigante homónimo, al que en 2007 se le cambió la estructura por una nueva para corregir la descompensación de peso que padecía. Ésta no se solucionó del todo y el gigante acabó saliendo muy poco con la comparsa, e incluso llegó a ser desmontado perdiéndose el rastro de la estructura. Finalmente en 2019, coincidiendo con su vigésimo quinto aniversario, la peña construyó un nuevo cuerpo al que se le acoplaron la cabeza, las manos y las vestimentas del antiguo.


El Vikingo original (arriba) y tras la reforma de 2019 (abajo)


Aunque ya de forma más pausada, a partir de entonces siguió habiendo algunas novedades. La de mayor relevancia fue sin duda la del gigante que representa a Cervantes, encargada con motivo de la celebración del cuarto centenario del Quijote al artista Toni Mujal, con taller abierto en la localidad barcelonesa de Cardona. Este mismo año, y por idénticas razones, se efectuó una restauración integral de los antiguos gigantes de la comparsa cervantina, a los que se les renovaron las estructuras y los trajes -excepto al Quijote- mientras las cabezas fueron enviadas a Guaita para ser restauradas, aunque las de los Duques, muy deterioradas, fueron reemplazadas por sendas réplicas que, curiosamente, no respondían a los modelos originales tal como llegaron a Alcalá en 1974, sino al aspecto que éstas mostraban tras las diversas modificaciones que sufrieron con posterioridad, en especial en la restauración de 1996. En la actualidad se conserva la cabeza original del Duque adaptada a un gigantillo, mientras que desconozco el paradero de la de la Duquesa.


Cervantes


El caso de Cantinflas es similar al del Gafas. La cabeza, de gran calidad, fue comprada en una fecha indeterminada al taller murciano de Artesanía Mirete. Aunque cabe suponer que inicialmente se usara como cabezudo la fotografía más antigua que conozco data de las ferias de 2002, y en ella aparece ya como gigantillo. En 2005 fue transformado en gigante aprovechándose, al parecer, un cuerpo sobrante pero, tal como ocurriera con el Gafas, actualmente se encuentra en paradero desconocido al menos en lo que a las exposiciones de ferias se refiere.


Cantinflas como gigantillo en 2004 (arriba) y como gigante en 2007 (abajo)


Las dos siguientes incorporaciones desfilaron por vez primera en las ferias de 2009. Se trata de la Gitana y el Moro, y no queda del todo clara su procedencia. Los giganteros afirmaron en una entrevista que se habían aprovechado dos cabezas antiguas, aunque éstas no parecen haber sido anteriormente cabezudos, al tiempo que su confección es demasiado elaborada como para considerarlas de manufactura “casera”. La hipótesis más probable es que se trate de las dos antiguas cabezas, reutilizadas, de José Calleja y Rosario. Con estos dos gigantes, el censo de la comparsa se elevó a un total de veintiséis, contando a los tres Reyes Magos.


La Gitana


El Moro


Un nuevo gigante,-el número 27, se sumó en 2011 a la comparsa. Se trata del Tuno, regalado a nuestra ciudad, en mayo de ese año, por los tunos alcalaínos durante la celebración en Alcalá del VI Festival Internacional de Tunas. En este caso no se trata de un gigante “casero”, ya que fue realizado en el taller de Toni Mujal, el mismo en el que se hizo el de Cervantes. Se da además la circunstancia de que está basado en un personaje real, el tuno Jesús de Hoyos, Escorbuto. De esta manera Alcalá retoma así la tradición de representar en la comparsa a una persona viva, hasta ahora sólo aplicada a la entrañable Inés la Lotera, dado que la iniciativa de José Macías de dedicar sendos gigantes a José Calleja y a Rosario quedó frustrada tal como ha sido explicado.


El Tuno


Durante los siguientes años no hubo demasiadas modificaciones, aunque al no salir nunca la comparsa al completo la única manera de contemplarla en su totalidad era en las exposiciones que se suelen celebrar durante las ferias. En la de 2017 y coincidiendo con la publicación de Los gigantes y cabezudos de Alcalá de Henares, un breve catálogo obra de Vicente Sánchez Moltó y del dibujante Malagón, se exhibieron veintidós gigantes contando a los tres Reyes Magos, lo que suponía la desaparición de cinco de ellos en relación con la cifra antes dada de veintisiete: Enrique VIII, Catalina de Aragón, Cantinflas, el Diablo y el Vikingo.




Portada del libro de Vicente Sánchez Moltó y Malagón


Pese a que intenté averiguar las razones de estas ausencias, no me fue posible obtener una explicación detallada. Al parecer todos ellos estaban guardados en Sementales junto con el resto de la comparsa, Enrique VIII y Catalina de Aragón completos y las otras tres cabezas desmontadas. El caso de los dos primeros resulta poco explicable ya que, aunque no hayan desfilado salvo en circunstancias excepcionales, tal como he comentado sí solían ser llevados a las exposiciones de ferias. En cuanto a las cabezas de Cantinflas, el Diablo y el Vikingo, la explicación es al parecer sencilla: no había suficientes cuerpos para todos ellos y, en vez de construirse los que faltaban como hubiera parecido lógico, en estas ocasiones los responsables de la comparsa solían recurrir al discutible método de andar quitándolas y poniéndolas.

A modo de “compensación”, en la citada exposición apareció un nuevo gigantillo también confeccionado con un cabezudo original, el Aldeano, procedente de Aragonesa de Fiestas. Todo parece indicar que se trataba de una adquisición nueva ya que nunca antes había visto esa cabeza y ésta no presentaba ni signos de deterioro ni los devastadores efectos de las “restauraciones” a las que son sometidas periódicamente. Pero como la información sobre la conservación y las modificaciones de la comparsa acostumbra a ser nula, poco más es lo que puedo hacer salvo reproducir sus fotografías y comentar que, al igual que con el Gafas y Cantinflas, dada su calidad el Aldeano merecería ser convertido en un gigante de verdad.


El Aldeano, nuevo gigantillo


El 3 de febrero de 2019, coincidiendo con la festividad de san Juan Bosco -o Don Bosco-, la Casa Salesiana de Alcalá presentara un nuevo gigante dedicado a su fundador, el primero de estas características en España, realizado de forma artesanal por voluntarios de esta comunidad religiosa. En concreto, y según los datos publicados en la nota de prensa, el busto fue obra de Clara Palencia, la estructura interior de Javier Mier, el cuerpo y las manos de Alberto y Goyo Vivas y el vestuario de Mª José Martínez. Tras su bendición y presentación en la parroquia de San José fue donado al Ayuntamiento.

Aunque ya el mismo día de su presentación recorrió el barrio de Nueva Alcalá desde la parroquia de San José hasta el centro educativo Las Naves, su primera participación en la comparsa tuvo lugar durante las fiestas de los Santos Niños y, días después, en las ferias de San Bartolomé.


Don Bosco


La exposición de ferias de 2019 volvió a contar con el mismo número de gigantes que en 2017, veintidós, pese a que la comparsa había aumentado hasta los veintiocho tras la incorporación de Don Bosco. Esta aparente disminución se debe a que en esta ocasión no se exhibieron los tres de los Reyes Magos, correspondiendo las tres ausencias restantes a las ya habituales de Enrique VIII y Catalina de Aragón junto, de nuevo, con la de Cantinflas que, como ya he comentado, tampoco aparecía como cabezudo. Por el contrario, volvieron a aparecer el Diablo aparentemente restaurado y el remozado Vikingo, ausentes ambos en 2017, por lo que si hacemos abstracción de la justificada ausencia de la comparsa navideña -la exposición de 2017 tuvo carácter extraordinario-, en realidad hubo tres gigantes más, los recuperados Diablo y Vikingo y el nuevo de Don Bosco.

Además de la de Don Bosco, esta exposición aportó otra novedad que dudé en clasificar entre los gigantes o entre los gigantillos, dado que no parecía encajar bien en ninguna de las dos categorías. Faltaba también cualquier tipo de información sobre este nuevo integrante de la comparsa, del que desconocía hasta su nombre. Si bien por envergadura y por la hechura de su cuerpo se asemejaba más a los gigantillos caseros que se han multiplicado en estos últimos años, a diferencia de éstos la cabeza no era la típica artesanal de calidad mediocre ni se trataba tampoco de un cabezudo reutilizado, y según todos los indicios parecía proceder de alguna de las empresas que comercializan gigantes y cabezudos de serie, sin que haya podido determinar su origen. Asimismo su diseño se alejaba por completo del habitual en Alcalá, que podemos calificar de realista, ya que reproducía a un personaje de dibujos animados que, aun resultándome familiar, no fui capaz de identificar en ese momento.


Maese Nicolás, el Barbero


La duda sobre su identidad quedó resuelta un año más tarde en la exposición extraordinaria -e incompleta, puesto que no abarcó a la totalidad de la comparsa- que se inauguró en julio de 2020, donde el nuevo gigante estaba acompañado por un cartel que lo describía como Maese Nicolás, el barbero del Quijote y amigo de éste, lo que me permitió comprobar que estaba basado en la serie de dibujos animados, realizada por la productora Cruz Delgado, que estrenó Televisión Española entre 1979 y 1981 con un notable éxito de audiencia, aunque sigo sin conocer las circunstancias en las que llegó a Alcalá.

Pese a que el cartel lo incluía en la comparsa cervantina, y por lo tanto así deberemos considerarlo, lo cierto es que se diferencia bastante de sus compañeros no sólo por el estilo sino también por el tamaño, tanto de la cabeza como del cuerpo, ambos inferiores a lo habitual en los gigantes complutenses, lo que no es óbice para que su calidad sea mayor que la de los gigantillos artesanales.


Los gigantillos y los cabezudos

En lo que respecta a los gigantillos la situación es todavía más caótica, dado que éstos han ido variando mucho de año en año apareciendo nuevos sin ningún orden ni concierto a la par que desaparecían otros. La mayor parte de ellos, tal como he venido comentando, son de confección artesanal y han sido realizados con más buena voluntad que acierto, por lo que carecen de interés salvo algunas excepciones en las que se utilizaron cabezudos procedentes de casas especializadas siguiendo unos criterios difíciles de comprender para mí. Éstos son los casos de Cantinflas y el Gafas, ambos ausentes desde hace años, y del Aldeano que, vuelvo a repetirlo, merecería ser convertido en gigante. Un cuarto gigantillo, como también he comentado, aprovechó la antigua cabeza del Duque.

Asimismo, en la exposición de 2019 apareció un gigantillo desconocido para mí cuya cabeza correspondía a uno de los enanitos de la película Blancanieves, concretamente al Enanito Sabio. Se da la circunstancia de que en Alcalá existió en los años sesenta una comparsa completa de cabezudos formada por los siete enanitos, Blancanieves -diferente del gigante- y el Príncipe, procedentes de Artesanía Mirete, de la cual únicamente se conservan, casi irreconocibles, Blancanieves y el Enanito Romántico, diferente este último al nuevo pese a todos los retoques. En un principio pensé que podría ser un superviviente de la antigua comparsa rescatado en los almacenes municipales, pero una consulta al catálogo de esta empresa me demostró que era diferente de los suyos, por lo que nada puedo decir acerca de su procedencia.


El Enanito Sabio como gigantillo y en el catálogo de Aragonesa de Fiestas


Puesto que tampoco hay tantas casas que se dediquen a fabricar gigantes, no me costó demasiado encontrarlo: pertenecía a Aragonesa de Fiestas, otro de los proveedores habituales del Ayuntamiento complutense, a la que debemos también el Diablo y el Aldeano junto con otros gigantes y cabezudos ya desaparecidos de la comparsa. Está catalogado como cabezudo infantil, de menor tamaño que los de adultos, y presenta un buen estado de conservación en contraste con los espantosos repintes de sus compañeros. Aunque la cabeza es demasiado pequeña para utilizarla como gigante, resulta evidente que, al igual que el Aldeano, merecería un destino mejor.

No menos complejo es el tema de los cabezudos ya que, pese a ser en su mayor parte comerciales, presentan por lo general un deplorable estado de conservación agravado todavía más por los desafortunados repintes, habiendo desaparecido -o al menos faltaban en las últimas exposiciones- bastantes de ellos. La excepción la constituyen María la Guarra, el Aragonés y Napoleón, los tres que María Jesús Vázquez Madruga y Paquita Rodríguez confeccionaron en 1998, los cuales siguen formando parte de la comparsa.





Los cabezudos y algunos de los gigantillos en 2010


Por lo demás, cabe reseñar que en estos últimos años el estado de conservación de la comparsa ha experimentado un alarmante deterioro, fruto tanto de un excesivo uso de los gigantes -aunque paradójicamente casi siempre suelen ser los mismos, mientras el resto de la comparsa tan sólo se expone en ferias, sin que apenas lleguen a desfilar por las calles- como de unas restauraciones hechas por manos poco expertas que, amén de darles un aspecto bastante deplorable, podrían llegar a ser incluso dañinas para algo tan delicado como son las cabezas.

Aunque la bibliografía sobre los gigantes alcalaínos es casi inexistente, les recomiendo la lectura del libro de Manuel Vicente Sánchez Moltó Los gigantes y cabezudos de Alcalá (Ayuntamiento de Alcalá de Henares, 2002), del cual he tomado algunos datos del presente artículo.


Publicado el 30-8-2010
Actualizado el 15-7-2020