¿Es el Henares afluente del Jarama?





Confluencia del Henares (al fondo) y el Jarama (a la izquierda) en Mejorada del Campo



En las riberas del famoso Henares, que al vuestro dorado Tajo, hermosísimas pastoras, da siempre fresco y agradable tributo, fui yo nascida y criada.

Miguel de Cervantes. La Galatea


Que en tanto que tu Henares
llevare al Tajo sus cristales puros,
consagrarán altares
a tu memoria de Alcalá muros,
y como otro Perseo
serás de Athlante escudo meduseo.

Lope de Vega. A las obras de Francisco de Figueroa


Puede que alguna vez cualquiera de ustedes se haya planteado la cuestión de por qué un río desemboca en otro y no sucede a la inversa, e inmediatamente habrán encontrado una respuesta lógica: El afluente es, en todos los casos, el menos importante de los dos.

Sin embargo, no siempre resulta fácil dilucidar la importancia relativa de dos cursos de agua, y de hecho esta cuestión suele resultar bastante frecuente en los estudios geográficos. ¿Cómo se resuelve esta situación? Pues de diversas maneras. El río Nilo, por poner un ejemplo conocido, se forma por la confluencia en Jartum, la capital del Sudán, del Nilo Blanco, procedente de los grandes lagos de África Oriental, y el Nilo Azul, que aporta las aguas recogidas en el corazón de Etiopía. Algo parecido ocurre con uno de los principales ríos europeos, el Rhin, que se forma por la confluencia en las proximidades de Chur, la capital del cantón suizo de los Grisones, de dos cursos de agua conocidos con los nombres de Rhin Anterior y Rhin Posterior, ambos nacidos en los Alpes.

En otros casos el curso de agua formado por la unión de los dos ríos cambia simplemente de nombre, como sucede con el Chatt el Arab tras recoger las aportaciones del Tigris y el Eúfrates o, ya en España, con el Guadalaviar, que cambia su nombre por el de Turia una vez que en Teruel se une con el Alfambra, o con el Órbigo, un río leonés afluente del Esla formado por la confluencia de los ríos Luna y Omaña.

Sin embargo, lo más habitual suele ser que uno de los dos ríos conserve su nombre mientras el otro, convertido en su afluente, termine su recorrido en la confluencia. Evidentemente, y tal como ocurre en todas las clasificaciones geográficas, esta opción resulta ser en ocasiones bastante arbitraria y no más válida que la contraria; pero puesto que por alguna de las dos alternativas hay que elegir, es inevitable que la elegida sea impuesta sobre la otra.

También podrían mostrarse numerosos casos de estos, pero en este artículo bastará con estudiar tan sólo uno de ellos, el que nos afecta directamente: La confluencia del Henares y el Jarama en la vecina localidad de Mejorada del Campo. Como es sabido de acuerdo con todos los textos geográficos es el Henares quien afluye en el Jarama, que continúa su curso notablemente engrosado hasta su desembocadura en el Tajo en las cercanías de Aranjuez.


Captura de Google Maps donde se aprecia la confluencia del Henares (derecha) y el Jarama (izquierda)
Vista general (fotografía superior) y detalle (fotografía inferior)


Cualquiera que conozca estos ríos en las proximidades de su confluencia (el Henares en Alcalá o Torrejón y el Jarama en el puente de San Fernando) podrá deducir que, a simple vista, se muestran como dos ríos bastante parejos en caudal con ventaja, quizá, incluso para el Henares; y no es extraña la existencia de textos clásicos en los que se hace al Henares afluente (y no subafluente) del Tajo como ocurre en la Galatea, la conocida novela pastoril de Cervantes, o en las poesías de Lope de Vega.

Sin embargo, los geógrafos disponen de varios criterios para dilucidar estos casos, criterios que conviene considerar en nuestro caso uno por uno; son los siguientes:


Longitud de los cursos

El Henares, desde su nacimiento en Horna (en las cercanías de Sigüenza) hasta la confluencia en Mejorada, recorre aproximadamente unos 150 kilómetros. El Jarama, por su parte, cuenta con un total de 190 kilómetros comenzados a contar en la Peña Cebollera, lugar cercano al puerto de Somosierra donde tiene su origen, correspondiendo esta longitud hasta su desembocadura en Aranjuez.

Como es natural, la comparación se debe hacer excluyendo el tramo común, por lo que si bien el Henares continúa con sus 150 kilómetros, el Jarama se ve drásticamente reducido hasta los 130, lo que supone una ligera ventaja para el primero de ellos.


Extensión de las cuencas

El Henares cuenta con un total de 4.144 km2, mientras el Jarama hasta Mejorada alcanza los 7.005; pero en esta última cifra están incluidas las superficies pertenecientes a los dos ríos, ya que el dato corresponde al valor calculado inmediatamente después de la confluencia. Por lo tanto, si restamos la aportación del Henares nos encontramos con que al Jarama le corresponden en solitario 2.861 km2, cifra muy inferior a la de su tributario.




Mapa que representa los cursos del Henares y el Jarama junto con sus principales afluentes


Afluentes principales

Dentro de los criterios válidos para estas comarcas podemos afirmar que el Henares cuenta con dos afluentes importantes (el Bornova y el Sorbe), tres destacables (Dulce, Salado y Cañamares) y otros tres de menor importancia (Badiel, Aliendre y Torote).

Por su parte, el Jarama recoge las aportaciones del Lozoya, el Guadalix y el Jaramilla; obviamente tanto el Manzanares como el Tajuña, amén claro está del propio Henares, quedan fuera de esta consideración por desembocarle aguas abajo de Mejorada. De estos tres el de mayor importancia con diferencia es el Lozoya, colector de buena parte de las aguas del norte de la provincia de Madrid.


Actividad geológica

Para los geólogos, uno de los más importantes criterios esgrimidos a la hora de considerar la relevancia de un río es su actividad geológica o, lo que es lo mismo, su capacidad para modificar el terreno por el que discurre en el transcurso del tiempo. Y sin duda alguna el Henares es un río más maduro, más hecho, que su vecino Jarama.


Dirección de los cursos

Considerando el total de los mismos este criterio favorece claramente al Jarama, ya que es éste quien impone su dirección norte-sur en contraposición a la noreste-suroeste típica del Henares.

Sin embargo, en el tramo de la desembocadura la cuestión no está tan clara puesto que en la zona inmediatamente posterior a la confluencia, entre Mejorada y Rivas, la dirección del engrosado Jarama está mucho más cercana a la del Henares que a la de éste. Por otro lado, ya con anterioridad el Henares discurre durante un amplio tramo, entre Espinosa y Guadalajara, precisamente en dirección norte-sur mientras el Jarama no adquiere esta orientación hasta su confluencia con el Lozoya en las proximidades de Uceda; con anterioridad este río describe una amplia curva que le llevará hasta las estribaciones del pico Ocejón, no muy lejos de por donde discurre el Sorbe.


Caudales respectivos

Aun cuando no sea éste el único criterio utilizado para considerar la importancia de un río sí es sin duda el más evidente, puesto que la cantidad de agua arrastrada por éste es algo que se puede ver a simple vista.

Sin embargo, tampoco contamos aquí con un criterio fijo; los ríos españoles son famosos por su irregularidad tanto a lo largo del año (con fuertes estiajes en verano) como de unos años a otros. Por tal motivo para establecer comparaciones de caudales no basta con dar un caudal instantáneo o uno medio anual, sino que hay que comparar las medidas de varios años.

En lo que a nuestro caso respecta contamos con los datos de tres estaciones de aforo: Espinillos, en el Henares, aguas abajo de Alcalá; Algete, en el Jarama, a la altura de esta localidad y Mejorada, también sobre el Jarama pero justo después de la confluencia con el Henares. Disponemos, por lo tanto, de datos de ambos ríos poco antes de que reúnan sus aguas y también después de ocurrida ésta; es decir, al menos sobre el papel, contamos con la situación ideal para poder comparar las aportaciones de ambos. Lamentablemente, pese a que las tres estaciones entraron en servicio entre los años 1912 y 1913 los registros de sus respectivos caudales están incompletos, en especial los de la de Algete, lo cual reduce bastante el número de años en los que es posible realizar esta comparación. De hecho hasta hace poco tan sólo era posible remontar el estudio hasta el año hidrológico 1970-71, a lo que había que sumar varios años intermedios en blanco. Recientemente la Confederación Hidrográfica del Tajo ha actualizado bastante las tablas, principalmente en la década de 1940, pero aun así sigue habiendo huecos considerables, en especial el correspondiente al período comprendido entre 1949 y 1969 de la de Algete, precisamente el más interesante dado que fue entonces cuando tuvo lugar el primer gran crecimiento de Madrid y su área metropolitana, con el consiguiente incremento en el consumo de agua.


1. Espinillos «» Algete



Pasemos a estudiar los datos, comenzando por la comparación de los aforos medidos en Espinillos y Algete; dada la carencia de datos de esta última estación durante dos décadas, es conveniente considerar por separado los dos tramos en los que está dividida la gráfica. El primero corresponde al año 1931-32, que se encuentra aislado, y a los once correlativos que van de 1938-39 a 1948-49, ambos incluidos; en total son doce años hidrográficos, aunque con un hueco de siete entre el primero y el resto. Tal como se aprecia en la gráfica, existía entonces una igualdad muy marcada entre los caudales de los dos ríos, siendo el valor medio de los cocientes entre ambos de 1,02, apenas dos centésimas a favor del Henares.

Desde el año hidrológico 1970-71 hasta el 2013-14, último del que se han publicado los aforos, el Henares llevó más agua en Espinillos que el Jarama en Algete prácticamente en todas las ocasiones, sin más excepciones que en 1976-77 (84 %), 1989-90 (0,66 %) y en 2000-01, 2012-13 y 2013-14,años en los que quedó ligeramente por debajo de la paridad con valores comprendidos entre el 95 y el 97 % del caudal de su compañero. Por el contrario, la mayor disparidad a favor del Henares se dio en 1998-99, año en el que nuestro río acarreó ¡ocho veces y media más agua que el Jarama! Recuerdo, eso sí, que estos datos se refieren a las medias anuales, y no a los caudales instantáneos. El promedio de los cuarenta y tres años hidrológicos considerados (faltan los datos de la estación de Algete correspondientes a 1995-96) da un valor para el caudal del Henares de 2,43 frente al del Jarama, casi dos veces y media superior y asimismo mucho más elevado que el correspondiente al período comprendido entre 1931-32 y 1948-49.

En la gráfica vienen reflejados los valores correspondientes a la totalidad del período comprendido entre 1931-32 y 2013-14. La línea verde indica la igualdad de caudales para ambos ríos, por lo cual los valores situados por encima de ella corresponden a una aportación mayor del Henares. La línea roja marca la media de la proporción entre los caudales de los dos ríos, intermedia como cabía suponer entre los correspondientes a cada uno de los dos tramos por separado. Ésta alcanza un valor de 2,13, por lo cual el Henares dobla con creces, en promedio, el caudal del Jarama.

Dada la disparidad existente entre los valores anteriores y los posteriores a la Guerra Civil, es más significativo considerar la tendencia que cualquiera de las medias, ya que es ésta la que nos indica la evolución de estos parámetros a lo largo del tiempo. En la gráfica está representada con una línea púrpura, y en ella se aprecia claramente como el Henares ha ido ganando protagonismo frente al Jarama, de modo que mientras hacia 1930 sus caudales eran similares, extrapolando a 2013 alcanzamos un valor de 2,84, es decir una aportación del Henares casi el triple de la del Jarama.


2. Espinillos «» Mejorada



El siguiente paso consiste en estudiar lo que ocurre en Mejorada, donde ya han sumado sus aguas los dos ríos; en esta ocasión, al ser mayor el número de aportaciones anuales tabuladas en la estación de Mejorada, disponemos de una gráfica más completa que la anterior y, lo más importante, sin ese frustrante hueco central. A priori cabría esperar que esta estación diera un aforo mayor que la de Espinillos pero sin llegar, en la mayoría de los casos, al doble de los valores de ésta, al aportar casi siempre el Henares un caudal mayor que el Jarama. ¿Ocurre así?

La realidad es bastante más compleja. Tomando como referencia la cota 0,5 (o el 50 %), correspondiente a un aporte por parte del Henares de la mitad del caudal conjunto, vemos que existen grandes variaciones a lo largo de los años, tanto en un sentido como en el opuesto, con un mínimo del 6,2 % en 1955-56 y un máximo del 99 % en 1998-99. La media da un valor de 43,7 %, algo inferior a la paridad de caudales, lo que indica que en el conjunto de los años comprendidos entre 1930-31 y 2013-2014 el Jarama ha acarreado alrededor de un 30 % más de agua que el Henares. Desglosando por años hidrológicos, de los 75 considerados -faltan los datos del resto-, en 46 de ellos el aporte del Henares estuvo por debajo del 50 % del total y en los 29 restantes por encima, si bien en varias ocasiones las diferencias con respecto a la paridad entre ambos ríos fueron mínimas, superando el Jarama al Henares en aproximadamente seis de cada diez veces.

Claro está que esta estimación resulta poco ajustada a la realidad no sólo a causa de las grandes fluctuaciones existentes a lo largo de este período (en especial resulta llamativa la escasa aportación del Henares durante el período comprendido entre 1950-51 y 1957-58, con unos valores medios inferiores al 13 %), sino también, tal como se aprecia en la gráfica, porque existe una tendencia clara a lo largo del tiempo, de modo que la situación actual es muy diferente (y favorable para el Henares) a la existente al inicio de la década de 1930. En concreto, si nos fijamos en la línea de color púrpura (los colores están asignados a idénticos parámetros que los de la gráfica anterior) que representa la citada tendencia, es decir, la evolución de los caudales respectivos a lo largo del tiempo, vemos que hacia 1930 al Henares apenas le correspondería un 20 % del caudal conjunto, mientras el valor de 2013 asciende al 65 % o, si se prefiere, a casi las dos terceras partes del total, lo que supone una aportación del Henares doble de la del Jarama.


3. Espinillos y Algete «» Mejorada



Al llegar a este punto nos encontramos con que la hipótesis de partida, consistente en suponer que los aforos medidos en Mejorada deberían corresponder, siquiera de forma aproximada, a la suma de los del Jarama en Algete y los del Henares en Espinillos, no resulta cierta tal como se puede comprobar en esta tercera gráfica en la que, tal como ocurriera en la primera, nos vuelven a faltar los datos correspondientes al intervalo comprendido entre 1949-50 y 1969-70. De haber sido cierta esta hipótesis, que en un principio parecía razonable dado que ninguno de los dos ríos cuenta con tributarios de importancia en los tramos comprendidos entre sus respectivas estaciones de aforo y la de Mejorada, los valores anuales deberían haber sido cercanos a 1, algo que en la práctica tan sólo se dio en contadas ocasiones. De hecho, el cálculo de la media arroja un valor del 76 %, lo que indica la existencia de un exceso de casi un 25 %, demasiado altoo para ser casual. Asimismo la tendencia, al igual que ocurriera en los ejemplos anteriores, es claramente al alza, de modo que si en 1931 la suma de los aforos de Algete y Espinillos suponía el 47 % del caudal medido en Mejorada, con un excedente del 53 %, algo más de la mitad del total, en 2013 alcanza el 95 %, con apenas un 5 % de desviación.

En cualquier caso, la existencia del citado corte recomienda estudiar por separado ambos tramos de la curva, tal como se hizo en la primera gráfica. Si consideramos el tramo comprendido entre 1931-32 y 1948-49, los valores de la media y la tendencia son respectivamente del 51 % para la primera y del 34 % (en 1931) y el 56 % (en 1948) para la segunda. Los valores correspondientes al segundo intervalo (1970-71 a 2013-14) son, por su parte, de un 83 % para la media y del 75 % (1970) y el 91 % (2013) para la tendencia.

¿Existe una explicación para estas discrepancias? Cabe suponer que sí, y que ésta sea sencilla al menos de 1970 para acá. Aun cuando, tal como ya he comentado, ambos ríos no reciben tributarios de importancia en los tramos finales de sus respectivos cursos, sí se produce en ellos un importante volumen de vertidos, fundamente al Jarama, que pasada la estación de aforo de Algete recoge las aguas residuales de poblaciones tan importantes como Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Barajas, Paracuellos, Coslada y San Fernando, lo que necesariamente ha de provocar un incremento importante de su caudal en mucha mayor medida de lo que le ocurre al Henares, que sólo cuenta con el aporte de Torrejón (y quizá de Mejorada), ya que Espinillos se encuentra aguas abajo de las depuradoras alcalaínas por lo cual los vertidos de la ciudad sí son contabilizados en ésta. De hecho, es fácil calcular que el caudal total de Mejorada siempre es, salvo en cinco ocasiones, mayor al de la suma de las aportaciones del Jarama y el Henares juntas. En promedio este “afluente artificial” es el responsable, la mayor parte de los años, de entre un 20 y un 25 % (la media ronda el 17 %) del agua que llega a Mejorada, aunque en años muy secos ha llegado a constituir alrededor, o incluso más, de la mitad (en 1994-95, uno de los años más secos del período considerado, rondó el 60 %), dado que para los vertidos de las ciudades no existe lógicamente el estiaje.

Por otro lado, amén de estas devoluciones compartidas con el Manzanares, el Jarama sufre una importante merma de sus reservas hídricas que van a parar, vía Canal de Isabel II, a las casas y las fábricas de Madrid capital y la mayor parte de las principales poblaciones de la provincia. El Lozoya, el Guadalix y el propio Jarama sufren en sus carnes la sed de los madrileños, lo que sin duda ha de provocar una considerable disminución del caudal útil de este último. Y si bien podemos suponer en primera aproximación que el volumen de vertidos ha de ser similar al de agua retirada para consumo humano e industrial, conviene no olvidar que el Manzanares, que desemboca aguas abajo de Mejorada y por ello no puede ser considerado en este estudio, recoge muchas más aguas residuales, una parte importante de ellas procedentes de la cuenca del Jarama, que los caudales que le son detraídos en el embalse de Santillana.

¿Podemos evitar esta distorsión en nuestro estudio? Probablemente no de una manera total, aunque sí cabe la posibilidad de minimizarla recurriendo a los datos anteriores a la Guerra Civil, cuando la población madrileña era muy inferior a la actual y la mayor parte de los embalses de la cuenca del Jarama estaban aún por construir. Sin embargo, retomando los datos de los once años hidrográficos de los que disponemos información completa de las tres estaciones de aforo (de nuevo se vuelven a echar en falta las ausencias en los registros de Algete), es decir, el primer tramo de la curva, nos encontramos con que el exceso de caudal de Mejorada es en promedio bastante superior al de los años más recientes, algo que ciertamente no tiene demasiada lógica ya que en principio hubiera cabido pensar lo contrario.

En cualquier caso, puede concluirse que con anterioridad a la década de los setenta el Jarama resultó ser aparentemente más caudaloso que el Henares, siendo mayor la diferencia cuanto más nos remontamos en el tiempo. En la actualidad, por el contrario, el Henares suele acarrear la mayoría de las veces más cantidad de agua que su vecino, muy afectado por el crecimiento de Madrid. Puesto que el embalse del Atazar, el mayor con diferencia de toda la red del Canal de Isabel II (sus 425 Hm3 de capacidad suponen casi la mitad de las reservas de agua de Madrid), fue inaugurado en 1972, entra dentro de lo posible que este cambio de tendencia pueda tener que ver bastante con ello.

No obstante, teniendo en cuenta el resto de los factores estudiados podemos concluir que no resultaría disparatado suponer que el Jarama fuese el principal afluente del Henares, pese a la opinión de los geógrafos.


Publicado el 2-5 y el 9-5 de 1987, en los nº 1.046 y 1.047 de Puerta de Madrid
Actualizado el 23-2-2017