El Henares en la literatura del siglo XIX





Comienza este capítulo con varias referencias extraídas del Diario de Gaspar Melchor de Jovellanos1, el ilustrado asturiano que padeció en propias carnes las contradicciones de la sociedad española de su época. Este diario se extiende durante varios años a caballo entre los siglos XVIII y XIX, correspondiendo la primera cita a una visita que realizó Jovellanos a los baños de Trillo en 17982:


Al salir de Madrid, por la puerta de Alcalá, vi desde el coche los aumentos de la quinta de la Alameda, de la duquesa de Osuna, que queda a la izquierda del camino. Pasamos el Jarama, corriendo desde Uceda a recibir el Manzanares y buscar juntos el Tajo en Aranjuez; Torrejón, y presentada a la derecha la orilla del Henares, que busca también el Jarama antes de fundirse en el gran río que lleva sus aguas al mar de Portugal. Quedan también a la derecha, primero, San Fernando, y luego el terroso y descuidado sitio de Aldovea.


En la jornada siguiente Jovellanos continúa su camino a la Alcarria3:


A Santorcaz, situado en alto; ningún vestigio de su célebre castillo. La vega de Alcalá, dilatada, fresca y bien cultivada; si regada y dividida en suertes pobladas, podría ser una riquísima huerta. Pasado el Henares, se vencen los cerros que un día señoreó, y que todavía lame y desmorona por el pie; son terrosos y sin tongadas, de morrillos rodados, salvo en la superficie.


Probablemente Jovellanos debió de confundir a Los Santos con Santorcaz, ya que este último pueblo no es visible desde Alcalá, mientras el primero sí. Hay que dar ahora un salto de diez años hasta junio de 1808, inmediatamente después de la invasión francesa, para encontrarnos con una nueva descripción de nuestro río4:


Salida de Cirueque a las cuatro; se sube una cuesta alta y penosa, y al doblarla se descubre, primero, el antiguo castillo de Jadraque, situado sobre un cerro cónico, aunque no enteramente aislado, y después la hermosa vega bañada por el Henares y regada además por abundantes manantiales perennes, que hacen tan fértiles sus hermosos huertos de frutales.


Hemos de retroceder algunos años para encontrarnos con la obra del noble francés Alejandro de Laborde, que visitó España en 1800 describiendo sus experiencias en un libro de seis volúmenes5. En él leemos lo siguiente6:


Se atraviesa el Henares y se recorre una llanura de pequeños guijarros, se costea enseguida una cadena de cerros cuya cima es una llanura de tierra calcárea bien cultivada. Y se llega a Alcalá de Henares, desde donde continúa el camino hasta Madrid


Es de suponer que Laborde debió de llegar a Alcalá por el Zulema. Más adelante describe Guadalajara con estas palabras7:


Guadalajara es una ciudad antigua habitada en otros tiempos por los romanos que le dieron, según unos los nombres de Arriaca y Caraca, y según otros el de Turria. (...) Está en una llanura junto a la orilla oriental del Henares y es la capital del bonito cantón de la Alcarria en Castilla la Nueva.


Y finalmente8:


Saliendo de Guadalajara y a poca distancia de la ciudad se cruza, vadeando, el Henares. Había un puente que fue dañado por las aguas en 1757 y que se descuidó de reparar; se derrumbó. Se propuso reconstruirlo y se impuso una contribución al efecto en treinta leguas a la redonda. La contribución fue impuesta por veinte años, la gente ha pagado; el dinero ha desaparecido y el puente sigue sin ser reconstruido.

Se entra en una llanura amplia, grande, bonita, bien cultivada y que termina a la izquierda en las montañas que separan Castilla la Nueva de la Mancha y a la derecha por las que separan de Castilla la Vieja. Regada a la izquierda por el río Henares, carece sin embargo de agua, aunque se puede sacar fácilmente del río.


Por desgracia, asuntos como los que denuncia Laborde siguen siendo de actualidad en nuestros tiempos. Llegamos ahora a la obra de André-François Miot, que con el tiempo sería conde de Melito, un diplomático que estuvo al servicio de José Bonaparte cuando éste fue rey de España. Fruto de su estancia en nuestro país fueron sus memorias en las cuales hace alusión a una visita que realizó a Alcalá, acompañando al rey, el día 18 de septiembre de 1810. Leamos un extracto de esta descripción9:


Esta ciudad, la antigua Complutum de los romanos, está situada en una vasta llanura a poco distancia del Henares, río que, a dos leguas de ella, va a desembocar al Jarama.


Continuamos con viajeros extranjeros recordando a Richard Ford, un inglés enamorado de España que residió en ella durante varios años recorriéndola incansablemente. Según Pedro Ballesteros, que cita a su vez fuentes inglesas, Ford habría visitado Alcalá de Henares en 1831 en el transcurso de un viaje de Madrid a Zaragoza, aunque la primera edición de su libro de viajes por España no aparecería publicado sino hasta catorce años más tarde con el título de Hand-book for Travellers in Spain. Esto es lo que dice Ford del río que baña Alcalá, sin citarlo por su nombre10:


Una comarca monótona y desnuda continúa hasta Alcalá de Henares, “El castillo del río”, en árabe el Nahr.


Sí lo citará, por el contrario, al continuar su viaje hasta Guadalajara11:


Saliendo de Alcalá las llanuras desnudas continúan hasta Guadalajara (Wádá-l-hajarah), el “río de piedras”, que en estas llanuras cereales están más libremente distribuidas que los panecillos. Este río, el Henares, está cruzado por un puente, construido en 1758 sobre cimientos romanos.


Y de nuevo a su llegada a Sigüenza12:


Sigüenza fue construida, según se dice, por fugitivos de Seguntum. (...) Como está construida en forma de anfiteatro, en la ladera de una colina, bajando hacia el valle del Henares, la parte superior de la ciudad es empinada, con la altura coronada por el palacio episcopal o Alcázar, porque el obispo era en otros tiempos señor de Sigüenza.


Menos escueto en sus comentarios sería su compatriota Samuel Edward Cook, un antiguo marino que, tras abandonar su cargo de capitán de navío, viajaría por España arribando, en junio de 1832, a las ciudades de Guadalajara y Alcalá. A su libro Sketches in Spain during the years 1829-30-31-32 pertenecen estos comentarios13:


Más abajo de la ciudad [de Guadalajara] fluye el Henares, en magnífica corriente; es uno de los afluentes tributarios del río Tajo, con un extenso puente originariamente romano del que quedan tres pequeños arcos. El resto es una mezcolanza de sucesivas reparaciones, morunas y modernas. La vega es de gran fertilidad, de rica tierra arcillosa y uno de los graneros de la capital péro sin un árbol ni objeto que rompa el paisaje.

Río abajo, a unas cuatro leguas de distancia, se encuentra Alcalá de Henares, resto deteriorado de un célebre pasado y hoy en día decayendo de forma apresurada.


La primera aportación puramente literaria que encontramos en este siglo XIX es una larga poesía que, con el título de Alcalá de Henares, fue fechada en diciembre de 1838 por su autor, el escritor Gregorio Romero Larrañaga. Nacido en Madrid en 1815 y fallecido en 1872, Romero Larrañaga fue un prolífico autor que, tras estudiar leyes, sería oficial de la Biblioteca Nacional. De la poesía, en esta ocasión, tan sólo nos interesa lo relativo al Henares, que es lo que sigue14:


Besa el Henares la jigante falda
de la ciudad antigua en quien medita,
y sordo, y manso, su corriente agua
cual suspirando un eco de pesar.
Pero al chocar en el opuesto lado
donde se eleva la moderna villa,
parece intenta combatir su orilla
que es tradición que un tiempo ha de inundar.


Tradición y realidad, puesto que los desbordamientos del Henares han sido una constante en la vida de la ciudad hasta que tuvo lugar la construcción, hace no demasiados años, de varias presas que regulan el caudal de sus principales afluentes. En 1843 está fechada la Guía del viajero en España, obra del escritor Francisco de Paula Mellado. En ella se describe Alcalá a mediados del siglo XIX, una época de profunda decadencia para la ciudad dado que pocos años antes habían tenido lugar la supresión de la universidad y la desamortización de Mendizábal, dos medidas del gobierno central sumamente dañinas tanto para el patrimonio histórico como para la economía de la misma. Asimismo, como cabía esperar, Mellado cita al Henares con estas palabras15:


Cuenta (...) cuatro molinos harineros sobre el río Henares que corre a doscientos pasos de distancia de la población, con un buen puente de piedra que da paso para la Mancha y la Alcarria. (...) Saliendo de la ciudad por la parte de los Mártires, se encuentra (...) en frente a la derecha del camino la posesión llamada Mira del Campo, el ventorrillo de San Juan, portazgo y molino harinero, el parador de Jaramillo y puente de Guadalajara sobre el río Henares de construcción antigua.


La guía de Mellado debió de tener bastante éxito, puesto que en 1864 iba ya por su décima edición16. La cita relativa a Alcalá es esencialmente la misma, pero con un importante cambio: El párrafo final que se refiere a la salida de la ciudad camino de Guadalajara fue suprimido, siendo reemplazado por uno nuevo alusivo al castillo de Alcalá la Vieja17:


En un cerro, á la izquierda del rio Henares, existen las ruinas de un castillo, al que dan el nombre de Alcalá la Vieja, y suponen hubo allí en lo antiguo una poblacion, pero ningun dato justifica este cálculo, y lo probable es que fuese nada mas que una fortaleza del tiempo de los moros.


La razón para el cambio es sencilla: En el intervalo de tiempo transcurrido entre las dos versiones había entrado en funcionamiento la línea de ferrocarril Madrid-Zaragoza, y Mellado actualizó su trabajo describiendo ahora los itinerarios por ferrocarril, con lo cual el párrafo suprimido había quedado completamente obsoleto. Los siguientes jalones del itinerario son, lógicamente, Azuqueca y Guadalajara, pero extrañamente el texto no cita ni una sola vez el Henares a pesar de que el cruce del río era inevitable, al igual que ahora, para ir desde la nueva estación hasta la capital alcarreña. Por el contrario, entre Guadalajara y el límite provincial son varias las ocasiones en las que se alude al río que, como es sabido, discurre paralelo al trazado de la vía férrea, aunque todas ellas son decididamente escuetas18:


Yunquera, que toma nombre de un pueblo inmediato, cuyo terreno baña el rio Henares. (...) Siguiendo la llanura por la orilla del rio Henares, y atravesando varios puentes, se encuentra 10 kilómetros mas adelante la estación de Humanes, (...) en cuyo término se unen los rios Sorbe y Henares, y mas adelante Espinosa, (...) situada á la falda de un cerro en la margen izquierda del rio Henares.

(...)

Desde Espinosa dista 13 kilómetros Jadraque, pueblo situado al pié de unos cerros y á la márgen del rio Henares.

(...)

La estación de Bujalaró ó de Matillas, que dista 11 kilómetros de Jadraque, toma nombre de una aldea insignificante, situada al pié de una elevada montaña, á la margen del rio Henares, sin nada particular que la recomiende á la curiosidad del viajero. (...) Siete kilómetros más adelante se encuentra Baides, villa situada en un barranco, á la falda de un cerro, á la margen tambien del rio Henares.


Con Sigüenza vuelve a pasar lo mismo que con Guadalajara; Mellado no mienta al Henares pese a que aquí también es necesario atravesarlo para ir de la estación a la ciudad. Sí lo hace, por el contrario, un poco más adelante, cercana ya la divisoria entre su cuenca y la del vecino Jalón19:


Alcuneza, que da nombre á la estacion inmediata, es una aldea insignificante, situada á la margen derecha del rio Henares, y siguiendo la via por terreno accidentado, se atraviesa el túnel de Horna, que mide 934 metros y se llega luego á Medinaceli.


El túnel de Horna, en uso hasta que hace no muchos años fue reemplazado por otro paralelo con capacidad para la doble vía actual, se encuentra situado muy cerca de las fuentes del Henares, algo que no mienta el autor. Puesto que el tren se interna a partir de entonces en tierras del Jalón, desaparecen las referencias a nuestro río es este itinerario Madrid-Zaragoza. No obstante, vuelve a aparecer su nombre por última vez en la ruta -por carretera en esta ocasión- que enlaza Guadalajara con Sacedón y los desaparecidos baños de la Isabela, hoy bajo las aguas del embalse de Entrepeñas. En la cita referente a Horche leemos20:


Está entre los rios Henares y Tajuña al N. de este, al O. del rio Hungría y al E. del monte de Guadalajara.


La siguiente referencia, también más geográfica que literaria, es la que Fermín Caballero introdujo en su Manual geográfico, publicado en 184421:


HENARES.- Rio de Castilla subafluente del Tajo. Nace en la provincia de Guadalajara cerca de Horna, y siguiendo al S.O. por Sigüenza, Jadraque y Guadalajara entra en la de Madrid sobre Alcala y se une al Jarama junto a Mejorada, despues de 23 leguas de curso, en que se le unen Salinero, Palmaces, Bornoa, Sórbel y Toroté a la derecha y Vadiél a la izquierda. La campiña que baña este rio seria feracisimo si llegara a tener efecto alguno de tantos planes como se han formado para regarla. Tiene puentes en Sigüenza, Jirueque, Jadraque, Carrascosa, Maluque, Guadalajara, Alcalá y Torrejón. Su nombre viene de Heno, por lo que antiguamente se llamaba Fenares.


No muchos años después se acometerían las obras del canal del Henares con lo que se realizaría, aunque de una manera incompleta (el trazado previsto nunca llegó a terminarse), la propuesta del autor. Nótese también, a modo de curiosidad, la extraña grafía con la que Fermín Caballero nombra a los tributarios del Henares... Y es que el pobre no acierta en ninguno.

Hacia mediados del siglo XIX, en 1848 concretamente, publicó Pascual Madoz su famoso diccionario geográfico, una de las primeras descripciones modernas de nuestro país. En él, Madoz describe con bastante detenimiento el curso del Henares prestando atención tanto a las poblaciones ribereñas como a las industrias establecidas en sus márgenes. No se trata, obviamente, de una descripción literaria sino que es estrictamente geográfica, pero no obstante, tiene su interés22:


Río en la provincia de Guadalajara, partido judicial de Sigüenza; tiene su nacimiento en Horna, cuyo término fertiliza y después de impulsar 3 batanes y 5 molinos harineros, continúa al de Alcuneza, donde no se aprovechan sus aguas para el riego, por la profundidad de su cauce, corre el de Mojares, donde tiene un ponton de piedra y de aquí al de Sigüenza en el que le atraviesan 3 puentes de piedra, fertiliza su hermosa vega y sostiene buenos lavaderos de lana; marcha luego á los de Castilblanco, Baides donde le cruza un puente de piedra y recibe las aguas de un arroyo de su mismo nombre; Mandayona, Girueque en el que le afluye el riachuelo llamado Tordelahija; Jadraque donde ademas del beneficio del riego que proporciona á su fértil vega, mueve 2 molinos harineros y pasando debajo de un puente de piedra, deja el partido de Sigüenza y entra á bañar en el de Brihuega los términos de Casas de San Galindo y Heras, recibe en este último el río Vadiel y penetra en el partido de Guadalajara á recorrer los de Yunquera, Fontanar, El Cañal, donde toma el arroyo de Dueñas y hace andar un molino harinero; Guadalajara donde tiene otro molino y un puente de piedra con 8 arcos; Cabanillas en el que da sus aguas á otro molino; Alovera y Chiloeches, entre cuyos 2 pueblos hay una barca de paso perteneciente al segundo, y por último Azuqueca desde donde abandona la provincia y penetra en la de Madrid por el partido de Alcalá, término jurisdiccional de los Santos de la Humosa; corre a la vista de la indicada ciudad de Alcalá á unos 400 pasos, tiene su curso por entre las huertas denominadas de la Esgarabita y del Chorrillo, en dirección SO. y al llegar hácia la fuente del Juncar y paredon del milagro, donde le cruza un buen puente de piedra con 10 arcos, recibe los arroyos de Camarmilla y Torote, y va á desaguar en el Jarama á las inmediaciones de Mejorada.

Es este río uno de los objetos de nuestra geografía que recuerdan con sus nombres aquella transmigración oriental, que dirigida por el prototipo de todos los Hércules tantas memorias dejó por lo largo de la antigua Iberia: la voz oriental nahar es la apelativa equivalente á la nuestra río.


Resulta significativo que Madoz ignore a los principales afluentes del Henares al tiempo que cita varios arroyos de mucha menor importancia; esto, unido a varios errores en la descripción, tales como ubicar el puente de Alcalá (el Zulema) a la altura del Juncal, se debe a que Madoz se sirvió de corresponsales para redactar su obra, algunos de los cuales no debieron de estar muy atinados en sus informes. Llama asimismo la atención la curiosa redacción del último párrafo, más propia de los autores barrocos que de un geógrafo decimonónico... Pero ahí está.

También de 1848 es la edición francesa -este libro sigue sin ser traducido al español- de L’Espagne pittoresque, artistique et monumentale23, un libro de viajes firmado por M. de Cuendias y V. de Féréal, sendos seudónimos tras los que aparentemente estaban Manuel Galo de Cuendias, un liberal español exiliado en Francia, y madame Irène de Suberwick, una intrépida viajera que habría atravesado nuestro país disfrazada de hombre, aunque hay investigadores que cuestionan esta atribución argumentando que Víctor de Féréal sería en realidad Célestin Nanteuil, autor de los grabados que ilustran la obra, e incluso un autor anónimo acogido a este seudónimo colectivo.

En cualquier caso, poco importa su verdadera autoría de cara a nuestros propósitos. En el capítulo IV, encabezado por un hermoso grabado del palacio del Infantado y estructurado en los epígrafes Toledo - La Mancha - Sierra Morena - Mirando hacia atrás, se cita en un par de ocasiones al Henares haciendo alusión a su paso por Guadalajara y Alcalá. La primera de ellas corresponde a la vecina capital alcarreña24:


Situada sobre la ribera meridional del Henares, en mitad de una llanura que toma su nombre, Guadalajara es considerada como la capital de la Alcarria, país famoso, a decir de los castellanos, “si produjera más trigo y menos pícaros”.


En realidad el Henares discurre no por el norte sino más bien hacia el oeste de Guadalajara, que se asienta sobre su margen izquierda. Leamos ahora la descripción del Henares complutense25:


Antiguamente la ciudad se alzaba sobre un montículo poco elevado. Se dice que un arzobispo la trasplantó a la orilla derecha del Henares, donde se encuentra desde hace mucho tiempo.


Se refieren los autores, como cabe suponer, al antiguo castillo de Alcalá la Vieja y al asentamiento definitivo de la ciudad, tras su reconquista, en su ubicación actual.

Dos años después, en 1850, el francés Ricardo Quétin publicaba en París su Guía del viajero en España y en Portugal26. Este viajero siguió en uno de sus itinerarios el trayecto Zaragoza-Madrid descendiendo por el valle del Henares tal y como lo hicieran tantos de sus predecesores. Veamos, pues, lo que dice al llegar a Sigüenza27:


Sigüenza, cuya población asciende a 5.000 habitantes, en otro tiempo villa fortificada, sobre la frontera de Castilla y de Aragón, fue reconquistada en 1086, por Alfonso VI; conserva aún una parte de sus antiguos muros y de sus puertas. Construida en forma de anfiteatro sobre la pendiente de una colina que domina el valle del Henares, la ciudad alta es escarpada y está coronada por el palacio episcopal o Alcázar.


La etapa siguiente será Guadalajara28:


Después atravesamos los pueblos de Valdenoches y de Taracena, situados sobre el Henares, con una población de 500 habitantes: una media hora de marcha nos conduce a Guadalajara, la Wádá-l-hajarah de los moros (Río de Piedra), donde entramos por la puerta de Zaragoza. (...) Está regada por el Henares, que se atraviesa sobre un puente de piedra construido en 1758, sobre los cimientos de un puente romano; en otro tiempo estaba rodeada de murallas de las que se ven aún hoy algunos restos.


En el año 1857 publicó José Zorrilla el drama que lleva por título El molino de Guadalajara, una obra menor dentro de la producción de este autor pero importante para nosotros puesto que el molino que le da título está situado, obviamente, en el río Henares. El argumento de la obra, típico del romanticismo, transcurre en 1357 y relata un episodio de la lucha por el reino de Castilla entre Pedro I y Enrique II, todo ello adobado con los tópicos propios de la época. A pesar de que queda meridianamente clara la ubicación de la escena, a caballo entre el castillo de Alcalá la Vieja y el citado molino de Guadalajara, situado para mayor precisión junto al puente árabe que todavía hoy se conserva, se da la paradoja de que Zorrilla no cita al Henares por su nombre ni una sola vez en todo el transcurso de la obra. Sin embargo, ésta es la descripción del decorado del cuarto y último acto29:


Exterior del antiguo molino de Guadalajara, con parte del puente. A la derecha el molino, a cuya puerta se llega por un puentecillo de madera tan largo como toda la fachada y suficientemente ancho para que puedan representar sobre él cinco o seis personas. Detrás de él arranca, extendiéndose de un lado a otro del escenario, el puente de Guadalajara, y por bajo el único ojo que se representará en escena se verá la ribera opuesta. El piso del teatro es agua.


Mientras algunas acotaciones al texto son del tipo:


Se quita lo que dice y lo tira al río, con el jubón y la ropilla. (...) Marchena hace un movimiento para entrar. En esto, por el lado del río saltan al agua Juan y la condesa, y un momento después asoman los de don Enrique por la opuesta orilla. (...) Le da con un hacha y cae al río.


De 1860 data la Guía del viagero en España30, obra de Francisco Mellado; se trata de nuevo de un libro geográfico como su título da fácilmente a entender y en su segunda línea (hoy diríamos ruta), que va de Madrid a Bayona pasando por Guadalajara, Soria y Pamplona, habla el autor del Henares al describir a Alcalá de esta manera31:


Cuenta con una fábrica de hilados de lino, cinco tejares ó fábricas de ladrillo basto, dos grandes de curtidos, una de jabon y cuatro molinos harineros sobre el rio Henares, que corre á doscientos pasos de distancia de la poblacion, con un buen puente de piedra que da paso para la Mancha y la Alcarria.

(...)

En un cerro á la izquierda del rio Henares existen las ruinas de un castillo, al que dan el nombre de Alcalá la Vieja, y suponen hubo alli en lo antiguo una poblacion, pero ningun dato justifica este cálculo, y lo probable es que fuese nada mas que una fortaleza del tiempo de los moros.

(...)

Saliendo de la ciudad por la parte de los Mártires, se encuentra á la derecha un parador llamado de el Emin, (...) dos pontones sobre los arroyos Benalaque y Cabanillas, y el puente de Guadalajara, sobre el rio Henares, de construcción antigua.


El parador al que se refiere el autor ha de ser sin duda la actual finca de El Encín, que fue en siglos pasados un antiguo núcleo de población. Más adelante, Mellado vuelve a citar al Henares cuando describe Taracena, pequeña población cercana a Guadalajara32:


Taracena, villa situada cerca del rio Henares, en terreno entrecortado...


Por último, volvemos a encontrar una nueva referencia al Henares al hablar el autor de Jadraque33:


Jadraque, está situado al pie de unos cerros y á la margen del rio Henares.


Al parecer la segunda mitad del siglo XIX debió ser una época apropiada para los libros geográficos, puesto que sólo cinco años más tarde, en 1865, salía a la luz la Crónica de la provincia de Madrid de Cayetano Rosell34, obra que describe con gran detenimiento tanto la historia como la geografía de esta provincia. Y así, pronto pasa el autor a hablar de la antigua Compluto y de su emplazamiento a la vera del río que le presta el nombre35:


Imperaba ya Adriano, segun parece, cuando se trasladó la población (trasladarse viene á ser aquí tanto como ensancharse ó irse corriendo sucesivamente) á la otra parte del rio denominado actualmente Henares, y á la falda de la Cuesta de San Juan del Viso, que ahora se dice Huerta de las fuentes y fuente del Juncal, donde se ven trozos de fábrica romana, y en más de una ocasion se han descubierto diferentes piedras y acueductos y monedas de la época del imperio.


Más adelante pasa a describir Rosell la topografía de la provincia con estas palabras36:


La parte oriental de la provincia se vé limitada por alturas de menos consideracion, que guarnecen los rios Henares, Jarama y Tajuña, formando pequeños cerros ó colinas, que por su falta de agua, son escasas de arbolado.

(...)

La otra cordillera de que hemos hecho mencion, la que establece los límites entre las provincias de Madrid y Guadalajara, nace de la márgen izquierda del Henares, al Mediodía de Alcalá, y sigue la direccion del rio hasta Vaciamadrid, dejando ver sus principales eminencias en los cabezos llamados de San Juan del Viso ó de Zulema, de la Veracruz, de Atienza y de Almodóvar.

(...)

La aridez que, especialmente en su parte central, ofrece á primera vista el territorio de esta provincia, se debe á la falta de grandes rios que humedezcan y fertilicen sus campiñas. Siete son los principales que las cruzan en varias direcciones: el Tajo, el Jarama, el Guadarrama, el Lozoya, el Manzanares, el Tajuña, el Henares, y como ménos importante el llamado Alberche.

(...)

En las inmediaciones de la villa de Orna, provincia de Guadalajara, se forma el Henares, que llega á la provincia de Madrid cerca del pueblo llamado Los Santos de la Humosa. Desde éste encuentra á la derecha la ciudad de Alcalá y la villa de Torrejon de Ardoz, y á la izquierda el mencionado pueblo de Los Santos, Anchuelo, los Hueros y Mejorada del Campo, donde confunde sus aguas con las del Jarama.


También habla Rosell de los canales existentes en la provincia de Madrid, uno de los cuales era el del Henares, entonces todavía en construcción37:


En el año 1859 se autorizó la construcción de un canal de riego y fuerza motriz, pedida por D. José Pinilla y D. José Acebo, que habian concebido la idea de fertilizar los campos de Alcalá, Meco y Camarma, derivándole del rio Henares. Su cauce debia abrazar una extension de 42 kilómetros 825 metros, y hacer posible tambien el riego de varios terrenos en la provincia de Guadalajara. (...) Las obras habian de comenzarse á los seis meses de la concesion, y quedar terminadas dentro de los seis años siguientes. Creemos que así se realice, en vista de que los trabajos continúan con actividad.


Las obras continuarían, efectivamente, pero el canal no llegaría nunca a regar las tierras complutenses al quedarse interrumpido en el término de Meco. Por último, volverá Rosell a citar al Henares cuando hable de los partidos judiciales de la provincia, hablando de la siguiente manera de los ríos que surcan el partido de Alcalá muy en línea con el espíritu ilustrado del siglo anterior al suyo38:


Atraviésanle dos ríos, el Jarama y el Henares, este último á la distancia de unos cuatrocientos pasos de la ciudad de su mismo nombre, frente á la cual se eleva un hermoso puente de piedra de diez arcos, y pasa por sus límites el Tajuña, regando los campos de Pezuela de las Torres, Ambite y Orusco; rios todos que crian alguna pesca de anguilas, barbos y truchas, que sirven para el consumo de la Corte. (...) Un canal que fertilizase toda aquella tierra, como el del Henares, de que queda hecha mencion, la convertiria en delicioso valle, aumentando los productos de su agricultura, reducidos hoy en su mayor parte á los granos que espontáneamente da la naturaleza.


Como ya quedó comentado las tierras de la comarca alcalaína, con la única excepción de Meco, jamás llegarían a disfrutar de los beneficios del canal del Henares. Continuemos leyendo39:


La ciudad de Alcalá, cabeza de su partido, que cuenta en su recinto 8.745 almas, con ayuntamiento, juzgado de ascenso y una administración de rentas, está situada en una extensa llanura á la margen derecha del rio Henares. Pasado este, se encuentran dos cerros, llamado el uno de San Juan del Viso, y al otro de la Vera Cruz, este último con una ermita, y ambos sin arbolado, á pesar de que en otro tiempo estuvieron poblados de encinas y quizá de olivos.


Y por fin40:


Por último, descendiendo nuevamente al SO. de Alcalá de Henares, hallamos á Mejorada del Campo (886), en la confluencia del Henares y el Jarama, y su hermosa vega, bañada de abundantes aguas, en cuya iglesia parroquial existen la magnífica capilla de San Fausto, y ocho estátuas de mármol blanco, que como otros de sus adornos, no carecen de valor y mérito.


Hay que volver de nuevo a la narración de un viajero extranjero para encontrarnos con la siguiente referencia relativa al Henares, concretamente con la escrita por el norteamericano John Milton Hay, que durante varios años residió en Europa en calidad de diplomático recalando en España en el trienio 1868-1870. Fue en nuestro país donde Hay escribió la obra Castilian Days, que publicó a su vuelta a Estados Unidos en 1871. En este libro relata Hay un viaje que realizó a Alcalá en 1870, describiendo al Henares con estas bellas palabras41:


Llegué hasta Alcalá en un día de verano, cuando los desnudos campos se veían marrones y secos en su desnudez posterior a la cosecha, mientras que las colinas que bordean al serpenteante Henares aparecían pardas bajo la luz y púrpuras en la sombra.


Pasemos ahora a recordar la obra de un gran escritor, Benito Pérez Galdós, la cual si bien se extiende hasta bien entrado el siglo XX, es fundamentalmente decimonónica y como tal la he agrupado. Y así, hemos de comenzar con una de sus primeras novelas y por ello relativamente poco conocida, El audaz. Historia de un radical de antaño. Ambientada en la turbulenta época del gobierno de Godoy allá por los primeros años del siglo XIX, Galdós ubicó la residencia de uno de los principales protagonistas, el conde de Cerezuelo, precisamente en la ciudad de Alcalá. Y aunque son numerosas las referencias a esta ciudad, no ocurre lo mismo con el río que la riega, que es citado en una única ocasión. Leámosla42:


¿Cómo era posible que ella dejara sus estrados, sus tertulias, sus bailes, sus excursiones al Prado y a la Moncloa, el perpetuo triunfar de su existencia divertida y risueña por las soledades de la antigua ciudad del Henares, donde no tenía otro motivo de ostentación que la misa de San Diego los domingos, y alguna que otra tertulia de confianza en la casa de tal prócer?


El comentario se refería a la hija del conde de Cerezuelo, más amante de los fastos de la corte madrileña que de la austeridad complutense. Introduzcámonos ahora en la obra cumbre de Galdós, sus Episodios Nacionales, en varios de los cuales se hace referencia a nuestro río.

A la primera serie de los Episodios corresponde la novela Juan Martín el Empecinado43, fechada por el autor en diciembre de 1874 y ambientada, como cabe suponer, en la guerra de la Independencia allá por los primeros años del pasado siglo. En ella se relata la lucha que sostuvo este célebre guerrillero contra las tropas napoleónicas en las ásperas tierras alcarreñas, razón por la cual el Henares, frontero de esta comarca natural, aparece citado en varias ocasiones. Ya casi al principio de la novela se nombra a este río con motivo de una deliberación que tiene lugar entre los guerrilleros al estudiar éstos el lugar más adecuado para encontrarse con las tropas francesas44:


Pues yo -dijo Sardina, bostezando de nuevo y haciendo la señal de la cruz sobre la boca-, creo que si marchamos esta noche, no encontraremos ni sombra de los franceses. ¿Cómo es posible, señores, que la división de Gui se corriera por el lado allá del Henares?... Vamos, que ni mosén Antón con todo su talento militar, tan grande como el de Epaminondas, me lo hará creer.


Algo más adelante continuará la discusión en estos términos45:


En resumen, querido mosén Antón, sabemos con certeza (porque esta gente dice la verdad) que los franceses han entrado en Cogolludo. ¿En qué podemos fundarnos para creer que pasen el Henares y se refugien en Brihuega? Deben de estar cansados. Por aquí no encontrarán qué comer, y lo más natural es que pasen a tierra de Madrid por El Casar de Talamanca.

-Los franceses pasarán el Henares -dijo mosén Antón, llevando el dedo índice a la frente con tanta fuerza como si la quisiera agujerear.


Finalmente se impondrá el criterio del clérigo y la partida saldrá en busca de los franceses, apostándose en las cercanías de la localidad de Gajanejos46:


-Yo no me equivoco -añadió con cierta confusión el padre Trijueque-. Yo dije: “Pues que los franceses están en Cogolludo de regreso de Aragón, han de tomar una de estas dos direcciones: o la vuelta del Casar de Talamanca para ir a tierra de Madrid, o la vuelta de Grajanejos para tomar el camino real y marchar hacia Guadalajara o hacia Brihuega.” El primer movimiento es inverosímil porque están muy hambrientos y habían de tardar tres o cuatro días en llegar a la Corte; el segundo movimiento es seguro, y sentado que es seguro, ahora digo: “Si pasan el Henares, ¿cuál puede ser su intención? O tratar de sorprendernos en este laberinto de barrancos y pequeños valles, lo cual sería fácil si ellos fueran nosotros y nosotros ellos, o simplemente guarecerse dentro de los muros de Brihuega o Guadalajara, donde tienen abundantes provisiones”. En uno u otro caso, entrarán en el camino real, que está a nuestra vista.


Y los franceses, efectivamente, aparecen ante la vista de los guerrilleros emboscados47:


-¿No lo dije? ¿No lo dije?... ¿Me he equivocado alguna vez? -gritaba mosén Antón, desfigurado por el júbilo, con toda su persona descompuesta y alterada, cual máquina que se va a desengranar-. Cogidos, cogidos en una ratonera. Ni uno solo escapará... Lo que pensé, lo mismo que pensé: Pasaron el Henares por Carrascosa, subieron a los altos de Miralrío, vadearon el Vadiel, y han cogido el camino real en Argecilla.


Después de esta emboscada, saldada con un descalabro de las tropas francesas, la novela continuará relatando los mil avatares sufridos por el protagonista Gabriel Araceli hasta que, casi al final de la narración, éste es hecho prisionero por sus enemigos y encerrado en una improvisada prisión ubicada en la localidad de Rebollar de Sigüenza, situada por Galdós a orillas del Henares. Araceli conseguirá al fin romper los barrotes de su prisión y entonces48:


La casa, como todo el pueblo de Rebollar, estaba construida sobre una gran peña al borde de la honda cuenca del Henares.

-Necesito hacer una cuerda -dije para mí-. De aquí al balcón es fácil saltar; pero del balcón al suelo necesito ayuda..., me escurriré por la huerta, para lo cual me favorecen las matas..., y luego entra lo difícil, saltar la tapia por el ángulo... El declive que baja al Henares no será muy rápido y podré descender a gatas... En tal caso, la operación puede hacerse sin que me vea el centinela, que debe estar en aquella choza de la explanada.


No me ha sido posible identificar esta localidad a pesar de que Galdós solía utilizar en sus novelas referencias geográficas reales y perfectamente determinadas. Aunque el topónimo existe, y de hecho el 7 de febrero de 1812 tuvo lugar la batalla del Rebollar de Sigüenza, en la que las tropas de El Empecinado sufrieron una severa derrota y el propio guerrillero estuvo a punto de perder la vida o ser capturado, éste corresponde a un monte situado al sur de Sigüenza que sirve de divisoria entre los valles del Henares y el Dulce, en las cercanías de las pequeñas poblaciones de La Cabrera y Pelegrina. Curiosamente la descripción de Galdós podría encajar con la de cualquiera de estos dos caseríos, ambos encajonados en las profundas hoces excavadas por el Dulce, pero en ninguno de los dos casos se trataría del Henares, sino de su afluente. Así pues, supongo que don Benito se debió de tomar en esta ocasión una licencia literaria o, quizá, se equivocó de río y de pueblo. Pero sigamos leyendo lo que le ocurre a Araceli, al cual una vez en la huerta las cosas comienzan a presentársele francamente complicadas49:


Era imposible saltar afuera, porque del otro lado de la tapia no había terreno, sino un precipicio, un abismo sin fondo. Levantada la pared en la cima de la roca, desde los mismos cimientos empezaba un despeñadero horrible, por donde ni el hombre ni ningún cuadrumano, como no fuera el gato montés, podían dar un paso. El agua de la lluvia, al precipitarse por allí abajo de roca en roca, entre la maleza y los espinos, producía un rumor medroso, semejante a quejidos lastimeros. El burbujar de la impetuosa corriente, la presteza con que el abismo deglutía los chorros, indicaban que el cuerpo que por allí abajo se aventurara sería precipitado, atraído, despedazado, masticado por las rocas y engullido al fin por el hidrópico Henares en menos de un minuto.

El borde, a pesar de la oscuridad, se veía perfectamente; lo demás se adivinaba por el ruido. Allá abajo, el murmullo y zumbido de un hervidero indicaban el Henares, hinchado, espumoso, insolente riachuelo que se convertía en inmenso río por la lluvia y el rápido deshielo.


Lamentablemente al fugitivo no le quedará otra alternativa que la de buscar la única salida que pasa, precisamente, por frente de la garita del centinela. Y entorpecido por el peso del pequeño de dos años con el que fuera encerrado -el Empecinadillo de la novela-, será al fin descubierto por el soldado francés que monta guardia en la misma. Al requerirle éste que le entregue al niño, del cual se había encariñado, el guerrillero le contestará de esta guisa50:


-Poco a poco -repuse-. Va conmigo a visitar la corriente del Henares. Apartáos de la tapia y respondedme sin pérdida de tiempo si puedo contar con vuestra bondad.


Finalmente ambos enemigos llegarán a un acuerdo: el francés se quedará con el pequeño, al que desea adoptar, y el español tendrá vía libre para escapar de su encierro51:


Plobertin abrió la puerta, y seguíle y me condujo a una vereda por donde podía fácilmente huir sin necesidad de atravesar el Henares, rodeando el pueblo para subir a la sierra.


Galdós continuaría escribiendo sus Episodios Nacionales durante todos los años finales del siglo XIX y los primeros del XX. Éste es el caso de la novela titulada Las tormentas del 48, primera de la cuarta serie y fechada en 1901. El protagonista principal de la novela y de la serie, José García Fajardo, futuro marqués de Beramendi, es descrito por el autor como natural de Sigüenza, por lo que no es de extrañar que Galdós vuelva a citar al Henares en esta novela tal como ocurre cuando el propio protagonista describe con estas palabras su nacimiento52:


Y como coincidieran con mi tardío nacimiento una aurora boreal, un cometa, con más otros terrestres acontecimientos, formidable crecida del Henares y la aparición de una espléndida luz que en las noches oscuras se paseaba por el tejado y torres de la catedral, dio en creer la gente que aquellos inauditos fenómenos anunciaban mi venida al mundo como prodigioso niño, llamado a revolver toda la tierra.


En Narváez53, continuación de la novela anterior, Galdós casará al protagonista con la hija de un aristócrata describiendo a continuación de esta manera el viaje de novios realizado por José García Fajardo y María Ignacia de Emparán, su mujer, camino de la villa de Atienza54:


Hacíala dichosa el vivir errante, y se encariñaba con la repetición de etapas y paraditas, aunque fuese en mesones incómodos o en poblados míseros, como las que hicimos, por gusto de ella y al cabo también mío, en la Venta de Meco, en Hontanar, en Sopetrán, y en un solitario y umbroso bosque junto a las Casas de Galindo, y a la vera del manso Henares.


Una vez llegados a Atienza el autor nos regalará con un nuevo personaje, don Buenaventura Miedes, arquetipo del despistado erudito local que gusta de obsequiar a todo aquél que cae a su alcance con toda una sarta de doctas lecciones de historia atencina, tal como nos muestra el comentario que realiza el propio protagonista55:


Nos habló del monte llamado Alto Rey, y del hondo valle que al pie de esta eminencia y frente a nuestro Castillo se abre, desde la cuenca del Henares a la del Duero.


Dejamos ahora los Episodios Nacionales, pero no a Galdós, para recordar una de sus novelas más conocidas, Doña Perfecta56, publicada por vez primera en forma de serial en 1876. En Doña Perfecta Benito Pérez Galdós se sumó a los escritores que recurrieron a la literatura para denunciar el atraso ideológico y el extremo conservadurismo social, rayano en el oscurantismo y el fanatismo, que lastraba a la sociedad española de su época dificultando, cuando no impidiendo, cualquier intento de modernización y progreso. Y, al igual que hicieran otros novelistas, optó por el recurso literario de plasmar todos estos males en una población imaginaria que bautizó como Orbajosa, una añosa ciudad de ilustre pasado -Urbs Augusta- y de nulo presente, adormecida en sus glorias seculares al tiempo que empeñada en negarse a aceptar el avance del tiempo, la cual acoge con hostilidad la llegada del protagonista por ver en él un símbolo del progreso que tan abominable resulta para sus ciudadanos.

Sin embargo, y a diferencia de la Vetusta de Clarín o la Oleza de Gabriel Miró, trasuntos de Oviedo y Orihuela respectivamente, la Orbajosa galdosiana no responde a ninguna población española en concreto, aunque podría ser muchas de ellas dado que, en el fondo, no es sino la alegoría de esa España reaccionaria que tanto detestaban los progresistas de entonces. Algunos críticos han apuntado a Sigüenza como el modelo que pudiera haber servido de inspiración a Galdós, y lo cierto es que, aunque Orbajosa no es Sigüenza, sí tiene bastante de ella, pudiéndose encontrar con facilidad bastantes similitudes entre ambas poblaciones, la literaria y la castellana, empezando por los nombres de sus respectivos ríos que, en el caso del galdosiano, presenta la llamativa denominación de Nahara.

Así pues, tomémonos la libertad de tomar al Nahara por el Henares, el cual aparece por primera vez, sin ser citado todavía por su nombre, a raíz de la llegada del protagonista, Pepe Rey, a la apartada -en todos los sentidos- Orbajosa57:


Llegaban a un recodo del camino, cuando el labriego, torciendo la dirección a las caballerías, dijo:

-Ahora tenemos que echar por esta vereda. El puente está roto y no se puede vadear el río sino por el Cerrillo de los Lirios.


Y algo más adelante58:


Cuando vadearon el río, que turbio y revuelto corría con impaciente precipitación, como si huyera de sus propias orillas, el labriego extendió el brazo hasta unas tierras que a la siniestra mano en grande y desnuda extensión se veían, y dijo:

-Estos son los Alamillos de Bustamante.


La deprimente descripción que hace Galdós de Orbajosa viene rematada por la no menos halagüeña del río que la baña59:


Pobrísimo río ceñía, como un cinturón de hojalata, el pueblo, refrescando al pasar algunas huertas, única frondosidad que alegraba la vista.


Descripción que, ciertamente, coincide con la del todavía minúsculo Henares a su paso por la ciudad del Doncel.

Por fin descubriremos el nombre del río cuando Galdós, tras describir la llegada del protagonista a Orbajosa, nos explica los motivos de su viaje desde Andalucía, donde hasta entonces había residido con su padre60:


Pocos días después de esta conferencia, Pepe salió de Puerto Real. Había rehusado meses antes una comisión del Gobierno para examinar, bajo el punto de vista minero, la cuenca del río Nahara en el valle de Orbajosa.


En un primer momento, y enamorado de su prima que es hija de doña Perfecta, la matrona viuda que da nombre a la novela, Pepe Rey intentará integrase sin demasiado éxito en la cerrada sociedad local61:


Si en el breve respiro que esta señora daba a sus oyentes, Pepe Rey quería acercarse a su prima, pegábasele el Penitenciario como el molusco a la roca, y llevándole aparte con además misterioso, le proponía un paseo a Mundogrande con el señor Cayetano, o una partida de pesca en las claras aguas del Nahara.


Y por supuesto, tendrá que padecer todo tipo de comentarios y maledicencias a espaldas suyas62:


Cuando a las reiteradas preguntas de los socios contestó que había venido a Orbajosa con cargo de explorar la cuenca hullera del Nahara y estudiar un camino, todos convinieron en que el señor don José era un fatuo que quería darse tono inventando criaderos de carbón y vías férreas.


En la novela existen aún dos menciones a la toponimia de la comarca, ambas relativas al imaginario pueblo de Villajuán de Nahara, alter ego de las verdaderas poblaciones cercanas a Sigüenza que incorporan a su nombre el topónimo de Henares tales como Castejón de Henares o Villaseca de Henares. La primera de ellas reza así63:


Dícese que la Brigada Batalla saldrá de Orbajosa, porque no hacen falta allí fuerzas del Ejército, e irá a Villajuán de Nahara, donde han aparecido algunas partidas.


Se refiere Galdós a la agitación que precedió durante el gobierno de la efímera I República Española, fecha en la que está ambientada Doña Perfecta, al estallido de la Tercera Guerra Carlista. La segunda mención tiene lugar algo más adelante64:


Ramos recorrió las cercanías allegando gente y armas, y como las columnas volantes andaban tras los Aceros en tierra de Villajuán de Nahara, nuestro héroes caballeresco adelantó mucho en poco tiempo.


Concluye la revisión de la narrativa de Benito Pérez Galdós con una de sus últimas novelas, la que lleva por título El caballero encantado65. Publicada inicialmente en 1909, esta obra sigue el esquema entre realista y fantástico característico de la última e inconclusa serie de los Episodios Nacionales. Su argumento relata el avatar de un aristócrata frívolo y despreocupado que es condenado por la Madre España a sufrir la dura y humillante vida de los campesinos españoles a los que él y su clase exprimen para al final, ya redimido de sus culpas, volver a ocupar el puesto que la sociedad le ha reservado. Las andanzas del caballero encantado le llevarán por las ásperas tierras castellanas de uno y otro lado del Sistema Central siendo bastante extenso el relato de su paso por las comarcas de la provincia de Guadalajara, lo que hará que el Henares se asome en varias ocasiones a la narración como ocurre con esta descripción de la marcha del protagonista de tierras sorianas camino de Molina de Aragón, huyendo de la Guardia Civil que le persigue66:


Por fin, ajustados y dispuestos tres borricos de buen pelaje, propiedad de un recuero de Sigüenza, partieron en noche fría y serena a tomar las angosturas de Riofrío, faldeando el monte llamado Padrastro de Atienza. Nada digno de contarse les ocurrió en esta travesía. Llegaron felizmente a Huérmeces a la tarde siguiente; descansaron allí algunas horas, y con ocho más de recorrido avistaron la ilustre y episcopal ciudad de Sigüenza. Guardóse bien el prudente Bartolo de penetrar en ella, y pasado el Henares por un kilómetro más arriba, rodearon hasta parar en una venta situada en la carretera de Alcolea del Pinar.


De nada servirán estas precauciones, puesto que el caballero al fin es capturado y devuelto a tierras sorianas por el camino de Medinaceli67:


Al mediodía emprendieron el preso y sus custodios la subida del puerto de Sierra Ministra. Iban desde las fuentes del Henares a las del Jalón, dos ríos que nacen en opuestas bandas de aquellos montes, y corren luego en contrarias direcciones, tributario el uno del padre Tajo, el otro del padre Ebro.


Pero la Madre España no abandona a su protegido y le facilita la fuga de sus captores68:


Emprendió carrera en dirección de las fuentes del manso Henares, y para mayor dicha suya y alegría de los que se interesan por su suerte, a los pocos minutos de precipitarse en la veloz huida se sintió desligado del atadijo que le sujetaba los codos.


Reunido de nuevo con su protectora, el caballero descenderá por el valle del río alcanzando a poco las luces nocturnas de la ciudad de Alcalá, a la que define de esta manera la Madre España69:


No te diré dónde estamos, porque no lo sé fijamente ni me importa. Te llevo por la margen derecha de mi risueño Henares, y si no te cansas, no hemos de parar hasta la docta ciudad donde nació el príncipe, por no decir el rey, de mis ingenios.


Rebasada la patria chica de Cervantes los fugitivos alcanzarán al fin la confluencia del Henares con el Jarama, junto a la localidad de Mejorada del Campo70:


Adiós, manso Henares, que entregas tu nombre y tus aguas a mi buen Jarama... Adiós Mejorada; adiós Loeches, tumba del Conde-Duque... Jarama, contigo vamos hasta dar con tu hermano Tajuña, ambos tributarios del padre Tajo, en cuyas aguas quiero dejar mi fingida vejez y los andrajos que visto.


Concluye la novela encontrándose el caballero con su amada, también como él encantada y desencantada como le relata con estas palabras71:


Yo también he soltado en el claro Henares mi rusticidad y pobreza; ya me han traído a lo que fui, bien corregida de mi orgullo...


Pero las abundantes referencias al Henares existentes en la obra de Galdós no se encuentran únicamente en sus novelas; con motivo de la conmemoración en Alcalá, en 1905, del III centenario de la publicación del Quijote, el autor de Fortunata y Jacinta colaboraría en el boletín conmemorativo de este acontecimiento que por entonces se editaba en la ciudad natal de Cervantes y que, pese a revestir un carácter estrictamente local, contó no obstante con aportaciones literarias de lo más granado de la literatura española. Leamos lo que don Benito decía de Cervantes, de Alcalá y de su río72:


Los primeros pasos que el inmortal castellano dio a orillas del Henares, conducíanle a las cumbres de la gloria; en ellos acompañábale ya una sombra indecisa que más tarde fue tomando cuerpo y figura, savia, cerebro y alma, hasta salir por el camino de Montiel con el sublime espíritu del Hidalgo manchego.


Terminada esta amplia recopilación de la obra de Galdós, hemos de retornar a nuestra línea cronológica -y al siglo XIX- retrocediendo hasta el año 1875 para encontrarnos con el libro titulado El Rico-Home de Alcalá (Episodio del reinado de D. Pedro el Cruel)73, obra firmada por el prolífico escritor Manuel Fernández y González e integrada en una colección pomposamente titulada Leyendas nacionales. Y leyenda es la de don Tello de Alvarado, el rico -home de Alcalá, puesto que la historia se encarga de negarle toda verosimilitud por más que haya sido recogida por varios escritores españoles tales como el propio Agustín Moreto.

Aunque el río Henares es citado bastantes veces a lo largo de la novela, tan sólo en algunas ocasiones lo es por su propio nombre, razón por la que voy a recoger únicamente estas últimas. La primera de ellas tiene lugar en el transcurso de las sigilosas andanzas del rey Pedro I entre Alcalá y el alto del Zulema, donde reside Estrella de Sepúlveda, una joven de la cual se ha encaprichado. Lógicamente a mitad de camino se encontrará con el Henares en la zona del actual puente Zulema74:


El rey don Pedro, con otros veinte ballesteros, se había quedado cerca de Alcalá, a las márgenes del Henares, en un molino.


Nuestro río vuelve a aparecer más adelante, ya que en sus riberas tiene lugar una escaramuza nocturna entre Alvar García, el escudero del rey, enviado por éste a vigilar la barca con la que se cruza el Henares, y las huestes del rico-home y de otro noble local, don Juan de Vargas, antiguos amigos y ahora enemistados puesto que ambos pretenden también la mano de Estrella, sin saber que se enfrentan a tan poderoso rival75:


Alvar García, entretanto, marchaba hacia el Henares y murmuraba.


Derrotado en la refriega don Tello tiene que huir precipitadamente de allí, vadeando el río no sin peligro76:


Por allí el Henares es profundo y traidor, y aunque un caballo es fuerte y se defiende bien en un remolino, casos se han dado en que un remolino ha sorbido a un jinete y a su caballo.


De poco le servirá, puesto que finalmente es hecho prisionero por el servidor del rey77:


A más de esto, sentía en las extremidades inferiores de su cuerpo unas convulsiones violentísimas, a causa sin duda de la inmersión en las heladas aguas del Henares.


En cuanto al otro contendiente, don Juan de Vargas, éste tiene más suerte al lograr escabullirse de allí sin ser capturado78:


Y se fue, no a Alcalá, que estaba receloso por la fechoría que, impulsado por el amor, había hecho a don Tello, sino a una pequeña casa fuerte que tenía allí cerca, hacia el nacimiento del Henares.


En realidad el nacimiento del Henares se encuentra a más de cien kilómetros de distancia de Alcalá, con lo que la aludida cercanía es más que discutible... aunque bien mirado, comparando a este gazapo con las incorrecciones históricas ya mencionadas, lo cierto es que resulta hasta trivial.

Dando un pequeño salto en el tiempo, hasta 1880 concretamente, hallamos una de tantas ediciones del Quijote de la que en esta ocasión no nos interesa la obra de Cervantes sino la biografía de este autor que, al principio del libro, aparece firmada por Nicolás Díaz de Benjumea, quien describe el lugar de nacimiento del escritor alcalaíno con estas palabras79:


Tenemos, pues, que darle por nacido en la famosa ciudad del Henares, en cuya Iglesia Magistral de los Santos Justo y Pastor fue bautizado a los nueve días del mes de octubre de 1547 con el nombre de Miguel tan famoso luego en todo el orbe.


Se equivoca el señor Díaz de Benjumea al afirmar que Cervantes fue bautizado en la Magistral o, por ser más exactos, en la parroquia de San Pedro aneja a la principal iglesia de Alcalá, ya que lo fue en otra de las parroquias alcalaínas, la de Santa María la Mayor, hoy perdida en su mayor parte.

En un reciente trabajo publicado en un programa de ferias de Alcalá se recoge un comentario aparecido originalmente en la revista francesa Le Journal Ilustré allá por el año 1887. La cita, que habla de la feria de Alcalá por aquel entonces, da también una descripción de la ciudad y su río80:


Alcalá es una bonita y pequeña ciudad, situada a orillas del Henares, entre Guadalajara y Madrid. Allí nació el ilustre autor de Don Quijote y todavía se enseña a los extranjeros las ruinas de la casa donde nació Cervantes.


Otro de los grandes escritores del siglo XIX, Leopoldo Alas Clarín, también recuerda al Henares en su novela corta Superchería81, publicada por vez primera en 1889. Puesto que Clarín vivió parte de su infancia en Guadalajara no es de extrañar que ambiente en esta ciudad su relato, describiendo de esta manera la llegada del protagonista a la misma82:


Llegó a la triste ciudad del Henares al empezar la noche, entre los pliegues de una nube que descargaba en hilos muy delgados y fríos el agua que parecía caer, ya sucia, que sucia corría sobre la tierra pegajosa.


Algo más adelante le hará rememorar lo que en realidad eran sus propios recuerdos infantiles83:


Recordó, de pronto, unos versos sáficos, imitación de los famosos de Villegas al “huésped eterno del abril florido”, que había escrito a orillas del Henares, que estaba helado. Él hacía sáficos, y sus amigos resbalaban sobre el río. ¡Qué universo el de sus ensueños de entonces!


Actualmente el Henares ya no se hiela en invierno, lo que quizá indica que hace cien años los inviernos debían de ser bastante más rigurosos. Sin abandonar Guadalajara hemos de recordar ahora a Juan-Catalina García López, que fue en el siglo XIX la mayor autoridad académica en lo que a los estudios históricos y arqueológicos de la provincia de Guadalajara se refiere. Este autor alcanzó en 1894 el importante cargo de académico de la Real Academia de la Historia, habiendo sido con anterioridad catedrático de Arqueología y Ordenación de Museos en la Escuela Superior de Diplomática así como director del Museo Arqueológico Nacional. Se trata, pues, de una figura importante que como buen guadalajareño no olvidaría en sus escritos al Henares. Así, en El libro de la provincia de Guadalajara comentaba al respecto de la misma84:


Ya hemos dicho bastante, para formar idea del aspecto general del terreno, que con sus inextricables cordilleras, sus valles estrechos, como los del Tajo y Tajuña, o espaciosos como el del Henares en la parte de la Campiña, surcado de barrancos y hondonadas de toda clase... abiertos a todos los vientos y fecundas en aguas puras y abundantísimas, constituye una de las regiones más quebradas de España, donde hay recreo y deleite para todos los gustos, suelo y abrigo para todas las plantas y estímulo perpetuo para la laboriosidad del hombre.


Años más tarde, y con motivo de su ya citado ingreso en la Real Academia de la Historia, don Juan Catalina García leería en 1894 como discurso de ingreso la obra titulada La Alcarria en los dos primeros siglos de su reconquista85, obra a la que pertenece el siguiente fragmento86:


En otro valle que baja de Norte a Sur a encontrarse con el del Henares, en el territorio común de Atienza, en sitio apartadísimo y fragoso, por donde corre un caudal de cristalinas aguas, no el menor encanto de aquellas soledades, se erigió en los principios del siglo XIII el monasterio de religiosas cistercienses de San Salvador de Pinilla.


El valle aludido es el del río Cañamares, un pequeño afluente del Henares que discurre aquí por unos parajes realmente atractivos. En cuanto al monasterio, hoy tan sólo quedan del mismo unas tristes ruinas utilizadas como aprisco de ganado. Más adelante, al hablar de los portazgos o aduanas interiores comenta el autor87:


Uno tenía la Orden de Santiago en Peñahora, donde caen las aguas del Sorbe en el Henares, lugar muy a propósito para cuantos bajaban de las sierras y de los campos de Atienza y Sigüenza hacia los de Guadalajara, Alcalá y Madrid.


Hemos de recordar ahora la obra de Emilia Pardo Bazán, que a finales del siglo XIX relató en su libro Por la España pintoresca una visita que realizó a Alcalá en 1892. La cita pertenece al capítulo titulado Mi Semana Santa (Alcalá-Guadalajara-Sigüenza), y en ella se puede leer lo siguiente88:


Salimos de Madrid para Alcalá por la tarde, con un día alegre y delicioso, templado, límpido, de esos días castellanos en que el sol viste de gala y derrama sobre el árido y desnudo terruño los rojos tonos de la maremma sienesa. Las praderías del Henares, no visitadas por la primavera todavía, aún no estrenaran su túnica de verdor, y el río espejeaba sin una mala sombra de ramaje que diese a sus aguas el encanto del velo, del misterio y de la frescura. Por eso no me pareció tan lindo como otras veces, cuando pacen en sus orillas herbosas los toros libres, pacíficos en su soledad cuanto furiosos después en el sangriento anfiteatro.


Concluye el capítulo con otro libro del mismo género, contemporáneo del anterior puesto que, publicado también en 1895, relata un viaje realizado dos años antes por el viajero inglés Charles Bogue Luffmann, cuyo título A vagabond in Spain89 indica bien a las claras la forma en la que este pintoresco personaje atravesó de norte a sur nuestro país; en nuestros días se le habría calificado sin dudar de mochilero, lo que hace sospechar que la impresión que debió de causar a los españoles de entonces, en especial en las zonas rurales por las que pasó, debió ser, cuanto menos, profunda.

La ruta de Luffmann le condujo por lo que hoy es la autovía A-2 a Guadalajara, ciudad desde la que llegó a Alcalá para a continuación dirigirse a Madrid. Tras una irónica disquisición sobre el calor y la sequedad del valle que discurre desde Torija hasta Guadalajara, el autor se topa por vez primera con el Henares, con un encabezamiento que titula Un río a la vista90:


Una vez a la vista del Henares, no me importó cuanto pudiera serpentear. Tras casi cien millas ininterrumpidas de llanura miserable y árida, cualquier novedad en el camino era bienvenida. Tres días de sequía interna y externa me habían apesadumbrado; estaba muerto de sed tanto por dentro como por fuera, y necesitaba un baño y ropa limpia. Mis pies tenían ampollas y me ardían, y a cada hora que transcurría me notaba cada vez más anquilosado. Antes de entrar en Guadalajara, pude bañarme en una fuente pública.


A la salida de Guadalajara, ciudad que a Luffmann le agrada, vuelve a encontrarse con el Henares a la altura del puente árabe, lugar por el que entonces pasaba la carretera, lo que da pie a un curioso comentario del autor resumido en el encabezamiento de la página, A paved river bed91:


A alrededor de una milla de la ciudad descubrí un singular alarde de ingeniería: el lecho del Henares estaba empedrado. Probablemente esto se hizo para que resultara más fácil vadearlo cuando no se disponía de un puente cercano. Las piedras que forman el pavimento son de enorme tamaño y el adoquinado de gran anchura, extendiéndose varios cientos de pies a lo largo del lecho del río. Un puente de piedra lo cruza ahora, y se puede contemplar un paisaje que puede que no tenga parangón en el mundo.

No tuve la fortuna de poder acompañar al Henares durante mucho trecho. Discurría, egoísta y a su libre albedrío, escondiéndose bajo rocas y cortados, mientras yo me veía obligado a seguir una recta carretera llana y polvorienta.


Aunque desde Guadalajara, como ya he comentado, Luffmann se dirige a Alcalá, ya no volverá a cruzarse con nuestro río, puesto que su etapa siguiente será Madrid. Sí le acontecerá un episodio curioso al cruzar el Jarama por el puente de Viveros, o de San Fernando; pero ésta es ya otra historia.




NOTAS


1 JOVELLANOS, Gaspar Melchor de. Diario. Edición de José Miguel Caso González. Colección Clásicos universales, nº 213. Editorial Planeta. Barcelona, 1992.

2 Op. cit. Cuaderno IX (Baños de Trillo). Pág. 385.

3 Op. cit. Cuaderno IX (Baños de Trillo). Pág. 386.

4 Op. cit., pág. 481.

5 LABORDE, Alejandro de. Citado por Pedro Olea Álvarez en Los ojos de los demás. Viajes de extranjeros por el antiguo obispado de Sigüenza y actual provincia de Guadalajara. Librería Rayuela. Madrid, 1998.

6 Op. cit., pág. 254.

7 Op. cit., pág. 257.

8 Op. cit., pág. 260-61.

9 MIOT, André-François. Citado por Pedro L. Ballesteros Torres en Alcalá de Henares vista por los viajeros extranjeros (siglos XVI-XIX). Brocar, Asociación Bibliófila y Cultural. Alcalá de Henares, 1989. Pág. 103.

10 FORD, Richard. Citado por Pedro L. Ballesteros Torres en Alcalá de Henares vista por los viajeros extranjeros (siglos XVI-XIX). Brocar, Asociación Bibliófila y Cultural. Alcalá de Henares, 1989. Pág. 107.

11 FORD, Richard. Citado por Pedro Olea Álvarez en Los ojos de los demás. Viajes de extranjeros por el antiguo obispado de Sigüenza y actual provincia de Guadalajara. Librería Rayuela. Madrid, 1998. Pág. 276.

12 Op. cit., pág. 280.

13 COOK, Samuel Edward. Citado por Pedro L. Ballesteros Torres en Alcalá de Henares vista por los viajeros extranjeros (siglos XVI-XIX). Brocar, Asociación Bibliófila y Cultural. Alcalá de Henares, 1989. Pág. 113.

14 ROMERO LARRAÑAGA, Gregorio. Poesías. Madrid, 1841. Págs. 12-20. Citado también por José Fradejas Lebrero en Geografía literaria de la provincia de Madrid. Colección Biblioteca de Estudios Madrileños, nº 4. Instituto de Estudios Madrileños. Segunda edición. Madrid, 1992. Pág. 278.

15 MELLADO, Francisco de Paula. Guía del viajero en españa. 2ª ed. Gabinete Literario (i.e. Establecimiento Tipográfico, Calle del Sordo). Madrid, 1843, pág. 357-360. Citado por Pedro Ballesteros Torres en Viajeros españoles por Alcalá. Guía del viajero en España de Francisco de Paula Mellado (1843). Puerta de Madrid, nº 1.630 (24-7-99).

16 MELLADO, Francisco de Paula. Guía del viajero en españa. 10ª ed. Establecimiento tipográfico de J. Bernat. Madrid, 1864.

17 Op. cit., pág. 308-309.

18 Op. cit., pág. 312 a 314.

19 Op. cit., pág. 315.

20 Op. cit., pág. 328.

21 CABALLERO, Fermín. Manual geográfico-administrativo de la monarquía española. Madrid, 1844. Pág. 269.

22 MADOZ, Pascual. Diccionario geográfico, histórico y estadístico de España. Madrid, 1848. Artículo Henares. Pág. 167.

23 CUENDIAS, Manuel de y FÉRÉAL, V. L’Espagne pittoresque, artistique et monumentale. Moeurs, usages et costumes. Librairie Ethnographique. París, 1848.

24 Op. cit., pág. 262.

25 Op. cit., pág. 264.

26 QUETIN, Ricardo. Citado por José García Mercadal en Viajes por España. Col. Libro de Bolsillo, nº 408. Alianza Editorial. Madrid, 1972.

27 Op. cit., pág. 403.

28 Op. cit., pág. 406.

29 ZORRILLA, José. El molino de Guadalajara. Colección Clásicos, nº 2. Ayuntamiento de Guadalajara. Guadalajara, 1994.

30 MELLADO, Francisco de P. Guia del viagero en España. Sexta edición. Madrid, establecimiento tipográfico de Mellado. 1860.

31 Op. cit., pág. 197.

32 Op. cit., pág. 198.

33 Op. cit., pág. 199.

34 ROSELL, Cayetano. Crónica de la provincia de Madrid. Madrid, editores Ronchi-Vitturi-Grilo, 1865. Edición facsímil de la comunidad autónoma de Madrid.

35 Op. cit., libro primero, pág. 13.

36 Op. cit., libro segundo, págs. 20 y 22.

37 Op. cit., libro segundo, pág. 35.

38 Op. cit., libro tercero, pág. 37.

39 Op. cit., libro tercero, pág. 37.

40 Op. cit., libro tercero, pág. 41.

41 HAY, John Milton. Citado por Pedro L. Ballesteros Torres en Alcalá de Henares vista por los viajeros extranjeros (siglos XVI-XIX). Brocar, Asociación Bibliófila y Cultural. Alcalá de Henares, 1989. Pág. 125.

42 PÉREZ GALDÓS, Benito. El audaz. Historia de un radical de antaño. Col. Novelas Españolas Contemporáneas. Ed. Hernando. Madrid, 1982. Pág. 98.

43 PÉREZ GALDÓS, Benito. Juan Martín «El Empecinado». Episodios Nacionales, primera serie, nº 9. Ed. del Círculo de Lectores por licencia de Librería y Casa Editorial Hernando. Barcelona, 1984.

44 Op. cit., pág. 22.

45 Op. cit., pág. 26.

46 Op. cit., págs. 40 y 41.

47 Op. cit., pág. 42.

48 Op. cit., pág. 210.

49 Op. cit., págs. 212 y 213.

50 Op. cit., pág. 216.

51 Op. cit., pág. 218.

52 PÉREZ GALDÓS, Benito. Las tormentas del 48. Episodios Nacionales, cuarta serie, nº 31. Ed. del Círculo de Lectores por licencia de Librería y Casa Editorial Hernando. Barcelona, 1987. Pág. 51.

53 PÉREZ GALDÓS, Benito. Narváez. Episodios Nacionales, cuarta serie, nº 32. Ed. del Círculo de Lectores por licencia de Librería y Casa Editorial Hernando. Barcelona, 1987.

54 Op. cit., pág. 13.

55 Op. cit., pág. 29.

56 PÉREZ GALDÓS, Benito. Doña Perfecta. Edición de Juan Carlos Ara Torralba. Col. Clásicos Marenostrum. Ed. Mare Nostrum. Madrid, 2004.

57 Op. cit., pág. 33.

58 Op. cit., pág. 34.

59 Op. cit., pág. 40.

60 Op. cit., pág. 46.

61 Op. cit., pág. 88.

62 PÉREZ GALDÓS, Benito. Op. cit., pág. 92.

63 Op. cit., pág. 154.

64 Op. cit., pág. 183.

65 El caballero encantado. Edición de Julio Rodríguez-Puértolas. Col. Letras hispánicas, nº 54. Ed. Cátedra. Cuarta edición. Madrid, 1987.

66 Op. cit., pág. 271.

67 Op. cit., pág. 280.

68 Op. cit., pág. 281.

69 Op. cit., pág. 318.

70 Op. cit., pág. 321.

71 Op. cit., pág. 340.

72 PÉREZ GALDÓS, Benito. Boletín del III Centenario del Quijote. Apéndice al nº 6 y último. Mayo de 1905. Discursos y trabajos leídos en el solemne acto literario, celebrado como homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, en la antigua Universidad Complutense, el día 11 de mayo de 1905.

73 FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ, Manuel. El Rico-Hombre de Alcalá. (Episodio del reinado de D. Pedro el Cruel). Leyendas Nacionales. Librería de Salvador Sánchez Rubio. Madrid, 1875.

74 Op. cit., pág. 79.

75 Op. cit., pág. 162.

76 Op. cit., pág. 171.

77 Op. cit., pág. 172.

78 Op. cit., pág. 174-175.

79 DÍAZ DE BENJUMEA, Nicolás. Recogida en el libro Don Quijote de la Mancha. Montaner y Simón editores. Barcelona, 1880. Pág. III.

80 Citada por Manuel Vicente Sánchez Moltó en Imágenes y recuerdos, artículo publicado en el programa oficial de ferias de 1984. Excmo. ayuntamiento de Alcalá de Henares. Pág. 50.

81 ALAS, Leopoldo. Superchería. Colección Clásicos, nº 3. Ayuntamiento de Guadalajara. Guadalajara, 1995.

82 Op. cit., pág. 46.

83 Op. cit., pág. 47.

84 CATALINA GARCÍA, Juan. El libro de la provincia de Guadalajara. Guadalajara, 1981. Pág. 11.

85 CATALINA GARCÍA, Juan. La Alcarria en los dos primeros siglos de su reconquista. Institución Provincial "Marqués de Santillana". Guadalajara, 1973.

86 Op. cit., pág. 62.

87 Op. cit., pág. 70.

88 PARDO BAZÁN, Emilia. Por la España pintoresca. Col. Diamante, tomo XXXII. Barcelona, 1895. Pág. 179.

89 LUFFMANN, Charles Bogue. A vagabond in Spain. Ed. John Murray. Londres, 1895.

90 Op. cit., pág. 119.

91 Op. cit., págs. 120-121.





Publicado en el volumen IX de los Anales Complutenses (1997)
Actualizado el 7-3-2019