Aforismos



pensador

El Pensador de Rodin


Desde hace mucho tiempo me he dedicado a recopilar frases, célebres o no, que por una u otra razón me llamaron la atención, sin ningún otro criterio mínimamente objetivo. Por esta razón esta antología quizá pueda parecer dispar, máxime teniendo en cuenta que mis gustos y mis criterios, lógicamente, han ido evolucionando con el paso del tiempo.

Aunque no se trata en modo alguno de una iniciativa original, dado que la red está repleta de páginas que reproducen, con mayor o menor fortuna, frases famosas, en mi descargo he de decir que inicié esta recopilación hace muchos años, cuando internet no era imaginado ni tan siquiera por los escritores de ciencia ficción de imaginación más desbocada, a partir de mis propias lecturas, aunque obviamente la red me ha permitido ampliarla de forma muy notable.

Ya puestos, he incluido también -espero que nadie me tome por presuntuoso- mis propios aforismos... Desconozco, lo digo con toda sinceridad, si estas frases son interesantes o no, pero de lo que estoy seguro es de que no soy yo el más adecuado para juzgarlo.

A la hora de titularlos en un principio dudé entre varias opciones diferentes: Adagios (“sentencia breve, comúnmente recibida, y, la mayoría de las veces, moral”, según el DRAE), Aforismos (“sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte”), Máximas (“sentencia, apotegma o doctrina buena para dirigir las acciones morales”), Sentencias (“dicho grave y sucinto que encierra doctrina o moralidad”), Citas (“nota de ley, doctrina, autoridad o cualquier otro texto que se alega para prueba de lo que se dice o refiere”), Frases célebres o, de una manera bastante más desenfadada, Frases lapidarias.

No obstante, finalmente, acabé decantándome por el término Aforismos a causa de su mayor eufonía, aunque en realidad cualquiera de los otros habría sido igualmente válido. Dada la gran diversidad de su procedencia, me he limitado a reproducirlos sin indicar más datos que sus respectivos autores.

Aunque en un principio las citas no siguieron ningún orden concreto, llegó el momento en el que consideré conveniente hacerlo conforme algún criterio que permitiera su consulta, decantándome por el orden alfabético de autores. Sin embargo, al ser su procedencia tan diversa, en ocasiones tuve que ampliar este criterio. Así, mientras los personajes modernos están ordenados por apellidos, en los antiguos recurrí al nombre en el caso de ser éste único, como ocurre con los griegos clásicos -Platón, Aristóteles- o al nombre con el que son comúnmente conocidos, caso de los romanos -Séneca, Lucrecio, Cicerón-. Idéntico criterio seguí para los santos -Santa Teresa de Jesús, Santo Tomás de Aquino- y para personajes conocidos por su nombre propio, como ocurre con Dante Alighieri, Leonardo da Vinci o fray Luis de León.

Un problema adicional se me presentó con los personajes pertenecientes a otras culturas, en especial las orientales, los cuales clasifiqué en base al primero de sus nombres ante la imposibilidad de distinguir entre nombre y apellidos. Fuera ya de personas concretas, hay un buen puñado de citas procedentes de diversos libros, organizadas en función de los nombres de los mismos, y otras de las que no he podido precisar el autor sino, como mucho, su procedencia -proverbio árabe, proverbio griego-, de las cuales he considerado el término más significativo, por lo general el gentilicio. Y, claro está, siempre es inevitable contar con un puñado de frases anónimas, reseñadas como tales.

Lo que sí tienen en común todas ellas es que, por uno u otro motivo, me han hecho reflexionar en algún momento. Me agradaría que a ustedes también les sucediera algo similar.

Se pueden leer las citas correspondientes a la inicial de su autor presionando sobre la letra correspondiente. O, si se desea, también se puede saltar directamente de una letra a la siguiente, o a la anterior, sin pasar por este menú pulsando los botones de avance y retroceso situados al pie del texto.


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