Ángel Torres Quesada y yo

En casa de Ángel
durante la Semana Santa de 2009
Corrían los años finales de la década de 1960. En la calle Mayor de Alcalá de Henares abrió una librería de saldo y un niño de unos diez u once años que pasaba habitualmente por allí descubrió el paraíso, ya que tenía ante sus ojos todo tipo de la entonces abundante literatura popular: tebeos, historietas -El Capitán Trueno, Hazañas Bélicas y muchas otras más-, las adaptaciones de novelas clásicas de la colección Historias, cromos... todo nuevo, a diferencia de los cambios de novelas, y aunque atrasado a un precio muy inferior al de venta en los quioscos.
Y también... unas novelitas de pequeño tamaño con unas portadas que llamaron poderosamente su atención. Pertenecían, como supo pronto, a la colección Luchadores del Espacio que, aunque había desaparecido algunos años atrás, todavía era frecuente encontrarlas en librerías de saldo y en los cambios de novelas.
Atraído por las tentadoras portadas compró una de ellas al azar y, sin tener la menor idea de lo que era, se sintió inmediatamente embargado por el sentido de la maravilla. Así pues, a partir de entonces cada vez que conseguía reunir las dos pesetas que costaban corría a la librería a comprar otra... u otras, si tenía la suerte de contar con más capital.

Un mundo llamado Badoom,
su ópera prima
Aunque en general y dentro de su inocencia le gustaban todas tenía sus preferidas, y una de ellas era la titulada Un mundo llamado Badoom firmada por un tal Alex Towers, del cual no consiguió encontrar ninguna otra. Tampoco lo sabía entonces, pero la razón de su interés por ella se debía a que este modesto bolsilibro -todavía no se conocían por este nombre- relataba una historia de pura space ópera desarrollada en las profundidades del espacio -la inmensa mayoría de sus compañeras de colección no solían abandonar el Sistema Solar, y ni siquiera nuestro planeta-, un poderoso imperio galáctico, viajes interestelares, flotas siderales y enemigos extraterrestres, a la par que intrigas políticas, suspense, telépatas y disturbios coloniales: el cóctel perfecto para excitar su imaginación infantil.
Éste fue mi primer y precoz contacto -huelga decir que este niño era yo con cincuenta y tantos años menos- con la obra de Ángel Torres Quesada, aunque todavía faltaba mucho tiempo para que fuera consciente de ello y ni me pasaba por la imaginación que algún día tendría la satisfacción no sólo de conocerlo personalmente, sino todavía más, de disfrutar de su amistad.

Los enemigos de la
Tierra, primera aparición
de Adán Villagran y Alice
Cooper
Pasaron algunos años. A principios de la década de 1970, cuando yo comenzaba a entrar en la adolescencia, descubrí la existencia de una nueva colección de ciencia ficción, La Conquista del Espacio. Leí algunas novelas y me decepcionaron, puesto que me gustaban bastante menos que las de Luchadores ; hasta que cayó en mis manos una -si la memoria no me falla fue Los enemigos de la Tierra- firmada por un tal A. Thorkent, la cual me gustó mucho más que sus compañeras. Tanto, que a partir de entonces me dediqué a buscar las novelas de este autor y, en lugar de leerlas y cambiarlas por otras en los cambios de novelas como hacía con el resto, las guardaba en mi incipiente colección de bolsilibros, un privilegio compartido tan sólo con mis queridas novelas de Luchadores.
Obviamente no tenía ni la menor idea de quien se escondía tras esos dos seudónimos, ni siquiera si se trataba de un mismo autor, aunque pasando el tiempo las similitudes argumentales comenzaron a inspirarme sospechas.
No recuerdo cuando descubrí que se trataba de alguien llamado Ángel Torres Quesada, pero sí es conocido el momento en el que éste se dio a conocer públicamente. Todo comenzó con un artículo de Carlos Saiz Cidoncha, publicado en julio de 1978 en el número 102 de la revista Nueva Dimensión, en el que criticaba que las novelas del Orden Estelar no siguieran un orden cronológico dando bruscos saltos sin ningún orden hacia adelante y hacia atrás. A él respondió Ángel, en el número 113 de junio de 1979, identificándose como A. Thorkent -hasta entonces Saiz Cidoncha lo desconocía- y explicando que esto se debía a las dificultades que le interponía Bruguera para desarrollar la serie.

Las islas del
infierno, primera entrega de la Trilogía de las Islas
Entre tanto Ángel había comenzado su carrera como escritor fuera de los bolsilibros; para entonces ya tenía publicados varios relatos, pero su salto a las novelas tuvo lugar con su trilogía truncada de los Dioses: Dios de Drhule y Dios de Kherle, ambas publicadas en Nueva Dimensión entre 1980 y 1981 aunque yo tardaría algún tiempo en leerlas. Fue entonces, y eso que sus bolsilibros me gustaban, cuando estalló mi admiración por su obra, que se consolidó todavía más con la Trilogía de las Islas (1989) y el relato El círculo de piedra (1992), galardonado con el prestigioso Premio UPC en su convocatoria de 1991.
Pero yo no me había quedado quieto. A finales del siglo XX, coincidiendo con mis primeros escarceos por internet, había contactado con el Sitio de Ciencia Ficción y empecé a colaborar en él dedicando mi primer artículo, con fecha 4 de junio de 1997, a la obra de Ángel Torres. Para aquel entonces ya sabía quien era y que vivía en Cádiz, pero no le conocía personalmente ni sabía como contactar con él.

En la
Hispacon 2000 de Gijón
La ansiada ocasión llegaría en la Hispacon de Gijón del año 2000, la primera a la que acudí. Allí alguien me señaló a una persona diciéndome que era Ángel Torres Quesada, y no vacilé pegándome a él como una lapa al tiempo que le manifestaba mi admiración por su obra. Huelga decir que él me atendió con toda amabilidad, lo que supuso para mí una enorme satisfacción pese a desconocer entonces que este encuentro, que se repetiría tres años más tarde en la Hispacon de Getafe, acabaría siendo, parafraseando el diálogo final de Casablanca, el comienzo de una hermosa amistad.
Mientras tanto, también por esas fechas, había entrado a formar parte de una de las antiguas listas de correos, lamentablemente barridas por las redes sociales, dedicada inicialmente a la obra de Pascual Enguídanos pero en la que se hablaba de ciencia ficción de forma más o menos general. Y para mi sorpresa Ángel también apareció por allí, lo que a partir de entonces me permitió mantener con él, mediante esta lista de correos o bien directamente por correo electrónico, una comunicación fluida y amistosa.
Gracias a esto en 2001 conseguí convencerle para que nos autorizara a reeditar Un mundo llamado Badoom en la revista Pulpmagazine de la que era colaborador, empeñándome en que fuera éste y no cualquier otro bolsilibro -con anterioridad ya le habíamos reeditado uno del Orden Estelar- precisamente por ser el primero que escribió. No sin alguna reticencia inicial -tenía razón, no era su mejor bolsilibro- accedió a ello, y también a mi ruego de que no lo actualizara salvo en lo estrictamente imprescindible, puesto que deseaba que conservara su ingenua frescura original.

La Trilogía
de los Dioses al fin completa
Un año más tarde le hice otra jugarreta proponiéndole rescatar y completar la inconclusa Trilogía de los Dioses en un volumen en el que se reeditaron Dios de Dhrule y Dios de Kherle junto con la inédita Dios de la Esfera, completándose así la trilogía.
También colaboré, aunque fuera indirectamente, en la reedición del Orden Estelar de la editorial Robel entre 2003 y 2005, escribiendo reseñas de todos los bolsilibros publicados en ella.
Por último, en 2009 volví a salirme con la mía logrando que retomara La Memoria Estelar, una serie de artículos escritos inicialmente para la página digital Bibliópolis que había quedado interrumpida al dejar ésta de actualizarse, recuperando las entregas antiguas y escribiendo otras nuevas en el Sitio de Ciencia Ficción hasta 2013, 54 en total. Por supuesto también le di la tabarra con otras cosas, pero o no conseguí convencerle o lo hizo, como ocurrió con El aliento de la oscuridad, versión completa de la historia narrada en El círculo de piedra, publicada en una fecha tan tardía como 2013 cuando las circunstancias lo permitieron.

Presentación
de Mundo de leyendas en 2010
Otro momento clave en mi relación con él fue cuando en la Semana Santa de 2009 mi mujer y yo estuvimos unos días de vacaciones en la provincia de Cádiz y, al visitar la ciudad, fuimos cordialmente acogidos por Ángel en su casa, haciéndonos de cicerone de lujo. Un año más tarde, en octubre de 2010, volveríamos a encontrarnos en Madrid con ocasión de la presentación de su libro Mundo de leyendas en la librería -si no recuerdo mal- Estudio en Escarlata.

El aliento de la
oscuridad (2013), una de sus más importantes novelas
Por desgracia fue entonces cuando retornaron con fuerza los ominosos tiempos de vacas flacas, si no famélicas, que han azotado periódicamente cual maldición bíblica a la ciencia ficción española. No es aquí el lugar adecuado para analizar los motivos, pero sí las consecuencias de este brusco cambio de rumbo que afectó su prometedora marcha de los últimos años en un entorno que comenzó a ir cada vez peor; la mayoría de las editoriales profesionales y semiprofesionales desaparecieron, la fantasía la expulsó de las estanterías de las librerías y, en las pocas colecciones que sobrevivieron, las cada vez más escasas novedades siguieron por unos caminos trillados vetados a los autores españoles. Tan sólo algunas pequeñas editoriales sin afán lucrativo pero con gran entusiasmo siguieron manteniendo viva la antorcha hasta hoy.
Posiblemente una de las causas que también influyeron en la debacle a nivel de los aficionados fue la desaparición de las listas de correos, ya que debilitó el ecosistema en el que nos habíamos movido hasta entonces. Desconozco si ahora las redes sociales cubrirán su hueco, pero dada la aversión que siento por ellas no estoy dispuesto a pagar este peaje. Independientemente de ello, todo parece indicar que en general a las generaciones más jóvenes no les interesa la ciencia ficción ni probablemente la lectura, lo que pinta un panorama para el futuro que no tiene nada de halagüeño.

Cofradía de
asesinos, su último libro publicado en 2024
Pese a todo durante estos últimos quince años Ángel siguió publicando algunos libros, tanto inéditos como reediciones, pero cada vez le resultaba más difícil encontrar un editor. Cuando hablaba con él me mostraba su desencanto por la situación y, aunque siempre intentaba animarle a que escribiera nuevas novelas o nuevos relatos, él me respondía evasivamente diciendo que estaba muy ocupado con sus nietos. Y yo le entendía, por mucho que lo sintiera.
Los últimos tiempos fueron de silencio. Las veces que hablé con él, como cuando le llamé durante la pandemia para interesarme por su salud, me quedó claro que su carrera literaria, salvo alguna posible reedición, había llegado a su fin. Pero al menos, allí seguía estando.

Homenaje a
Ángel Torres el 18-12-2025 en la librería Olmata de
Madrid
La noticia de su muerte el 30 de noviembre de 2025, aunque yo me enteré dos días más tarde, me llenó de consternación puesto que perdía a un amigo y a un pilar insustituible de la ciencia ficción española. Desde el sentimiento, le dedico una frase similar a la que ya empleé con otro grande, Pascual Enguídanos: Ha muerto Ángel Torres Quesada. Larga vida a A. Thorkent.
Publicado el 21-12-2025