La Saga de los Aznar





Primera novela de la Saga de los Aznar en la edición original



Sin duda, la Saga de los Aznar es una de las series más conocidas de la ciencia ficción española junto con el Orden Estelar de Ángel Torres Quesada y, si consideramos también las historias gráficas, la pionera Diego Valor. Así pues, justo es que la recordemos aunque sea de de forma general, remitiendo a quienes deseen profundizar en su conocimiento a los diversos trabajos monográficos que hay publicados sobre ella.

Voy a comenzar con dos anécdotas. El nombre con el que ahora es conocida no existía durante su primera edición en la década de 1950; de hecho no tenía denominación propia al formar parte de la colección Luchadores del Espacio. En realidad, éste fue un invento tardío de la editorial a raíz de su reedición dos décadas más tarde. Corría el año 1974, y no mucho antes Televisión Española había emitido la serie de la BBC La saga de los Forsyte, donde se recreaba la vida de una familia británica de clase alta durante las primeras décadas del siglo XX. La serie televisiva había tenido un gran éxito en nuestro país, por lo cual cabe suponer que la Editorial Valenciana aprovechara el tirón en beneficio propio.

La segunda se refiere al apellido Aznar que ostentan la mayoría de los protagonistas de esta larga dinastía familiar, vinculada durante multitud de generaciones al futuro de la humanidad. Y, en contra de lo que algún despistado pudiera pensar, no tiene la menor relación con el ex-presidente del mismo apellido; difícilmente podría tenerla, puesto que cuando apareció publicada la primera novela en los últimos meses de 1953 José María Aznar ni siquiera había cumplido su primer año de vida, mientras en 1974, cuando arrancó la reedición, era un joven de veinte años que cursaba sus estudios universitarios al que todavía le faltaba mucho para iniciar su carrera política.

Según algunas fuentes que remiten al propio autor, al parecer la inspiración de Enguídanos provino de la Naviera Aznar, entonces una de las más importantes compañías de la marina mercante española. Evidentemente su nombre sonaba bastante cuando Enguídanos empezó a escribir sus novelas y todavía más en una ciudad portuaria como Valencia, aunque todo induce a pensar que este apellido debió de ser elegido al azar tal como era habitual en los escritores de literatura popular; conviene no olvidar que en esos momentos nuestro autor ni siquiera se había planteado que su historia del futuro llegara a alcanzar tantas entregas, ya que según él mismo explicó la colección Luchadores del Espacio, y con ella la Saga, se inició como uno de tantos ensayos editoriales que si tenían éxito continuaban y si no lo tenían eran liquidados sin contemplaciones. Por fortuna para los aficionados sí lo tuvo.

La Saga de los Aznar constituye un caso singular en la ciencia ficción popular española, ya que en las colecciones de bolsilibros -otro término que tampoco existía hasta que lo popularizó la Editorial Toray años más tarde- no abundaban las series al preferir los editores que las novelas fueran autoconclusivas. De hecho la colección Luchadores del Espacio fue una excepción al ser la única que las publicó con cierta asiduidad, sobre todo en sus primeros años, pero la mayoría de ellas oscilaban entre las dos y las tres novelas y sólo una alcanzó las siete, mientras la Saga superó la treintena.

Otro detalle que singulariza a la Saga es que se escribió con el beneplácito editorial e incluso con su apoyo instando a su autor a escribir nuevos títulos cuando éste flaqueaba, a diferencia del Orden Estelar con la que Ángel Torres Quesada tuvo que recurrir a todo tipo de artimañas para poder colársela a la Editorial Bruguera.




Última novela de la Saga de los Aznar en la edición original


Asimismo la Saga fue larga: entre 1953 y 1958, aproximadamente la primera mitad de la colección Luchadores del Espacio, Enguídanos escribió un total de 33 novelas, aunque una de ellas, Robinsones cósmicos, tenía tan sólo un débil vínculo colateral con ella. Enguídanos intercaló estas novelas con otras suyas, tanto de series cortas como independientes y, por supuesto, con las de otros autores, pese a lo cual estos 33 títulos suponen más de la cuarta parte de las publicadas hasta el momento en que la Saga quedó interrumpida tras Lucha a muerte, aparecida con el número 121 de la colección.

Fue el propio autor quien explicó las razones por las que no continuó escribiendo novelas de la Saga. Si bien todo parece indicar que hubo algún momento en el que intentó darle fin, probablemente por cansancio, la causa definitiva fue algo tan prosaico como su fichaje por la Editorial Bruguera. Tal como he comentado en otros artículos conviene recordar que, salvo en contadas ocasiones, las editoriales no permitían que los autores firmaran con sus propios nombres, e incluso les pedían que sus seudónimos sonaran anglosajones al pensar que un falso escritor norteamericano sería mejor reclamo que uno español. Y, puesto que sus identidades reales permanecían ocultas para los lectores, no solían poner trabas a que éstos colaboraran con otras editoriales siempre y cuando no lo hicieran con el mismo seudónimo, ya que deseaban mantener la ficción de que mantenían la exclusiva de sus autores. De hecho, tanto Domingo Santos como Vicente Adam recibieron tirones de orejas de Toray por usar el mismo seudónimo -P. Danger y Vic Adams respectivamente- en Espacio y en Luchadores del Espacio, viéndose obligados a inventarse otros -Peter Dean y V.A. Carter- según publicaran en una u otra colección.

Algo parecido le ocurrió a Pascual Enguídanos. Desde que empezó sus colaboraciones en la Editorial Valenciana había firmado siempre como George H. White, no sólo sus novelas de ciencia ficción sino también las de otros géneros a excepción del rosa, donde utilizó el de Armando Ravel. Pero cuando empezó a publicar en las de Bruguera ésta le exigió la exclusividad del seudónimo, por lo que aunque siguió escribiendo para las colecciones de Valenciana, incluida Luchadores del Espacio, a partir de entonces tuvo que hacerlo como Van S. Smith.

Si bien esto no supuso problema alguno con las 22 novelas, entre independientes y series cortas, que aparecieron publicadas con su nuevo seudónimo hasta el final de Luchadores del Espacio, esto no era posible con la Saga, ya que difícilmente se podría haber justificado su continuidad con un cambio de seudónimo, manteniéndose la ficción de que se trataba de dos autores distintos. En consecuencia, la Saga de los Aznar feneció sin haber llegado a cerrar sus últimas líneas argumentales, que quedaron inconclusas.

Cuando Enguídanos empezó a colaborar en Bruguera ésta no tenía colección propia de ciencia ficción, por lo que se dedicó a los géneros del oeste y policíaco con alguna aportación al bélico, ya en decadencia. Una vez desaparecida Luchadores del Espacio en 1963 nuestro autor dejó de escribir novelas de ciencia ficción, e incluso cuando en 1970 la editorial barcelonesa creó La Conquista del Espacio tan sólo llegó a publicar en ella una única novela en 1971. Al parecer los responsables de esta colección sí le llegaron a solicitar más originales, pero éste rehusó, al parecer, debido a que su autoexigencia no estaba acorde con el nivel medio de La Conquista del Espacio.




Cuadernillo de la versión gráfica de la Saga de los Aznar, con dibujos de Matías Alonso


Lo que sí hizo durante los años en los que tuvo que firmar sus bolsilibros de Valenciana como Van S. Smith fue aprovechar el tirón de la Saga para publicar en 1959 una colección de historietas gráficas basada en ella, con guión propio y dibujos de Matías Alonso. La serie, que abarcó un total de 44 cuadernillos en el formato apaisado típico de la época, presentaba profundas modificaciones en el argumento, sobre la narración original, algunas de las cuales serían aprovechadas años después en la reedición de la Saga, y abarcaba tan sólo los veinte primeros títulos de ésta. Hubo otras dos ediciones posteriores, una en 1978 con el mismo guión y dibujos de Antonio Guerrero, que anteriormente había sido publicada en Francia y Portugal, y otra en 1980, en esta ocasión una reedición de la versión de 1959, ambas en formato vertical.




Cuadernillo de Fredy Barton, con dibujos de Fernando Cabedo


Asimismo publicó en 1961 Fredy Barton el audaz, una serie de historietas gráficas en colaboración con el dibujante Fernando Cabedo. Fueron un total de 16 números en formato apaisado, inspirados en la serie de Más allá del Sol, la más larga de este autor después de la Saga, y en el episodio de los sadritas de la propia Saga, que no había sido incluido en la versión de Matías Alonso ni en la de Antonio Guerrero.




Primera novela de la reedición de Saga de los Aznar


No obstante, a la Saga de los Aznar le quedaba todavía mucha cuerda. Tras llegar a un acuerdo con Valenciana y, supongo, habiendo podido rescatar a George H. White de Bruguera, Enguídanos se embarcó en 1974 en la reedición de la Saga. Aunque la editorial pretendía hacer una simple reimpresión de los antiguos originales, puntilloso como era se comprometió a reescribirla por completo al no estar satisfecho de como lo había hecho veinte años atrás. Tal como me comentó personalmente, durante esas dos décadas había evolucionado mucho como escritor y como conocedor de la ciencia ficción, por lo que quería mejorarla. Esta reescritura, un caso insólito y único a esa escala en la ciencia ficción española no fue homogénea, ya que mientras en los primeros títulos la revisión fue total e introdujo en ella profundas modificaciones, conforme avanzaba los cambios se fueron haciendo cada vez menores, convirtiéndose en simples retoques en las últimas novelas salvo en lo referente a las correcciones que afectaban a toda la serie.

Otra consecuencia de esta reestructuración fue la supresión, por diferentes razones, de tres de las 33 novelas, en concreto La ciudad congelada, Dos mundos frente a frente y Robinsones cósmicos, aunque esta última sería recuperada más adelante.

Una vez terminada la reedición de estas 30 novelas Enguídanos se embarcó en una empresa si cabe todavía más ambiciosa, la continuación de la Saga con casi otros tantos títulos nuevos. Esta segunda etapa contó con un total de 29 novelas de las que tan sólo 24 eran originales, aunque una de ellas, La otra Tierra, era en realidad la reescritura de Llegó de lejos, una de sus antiguas novelas independientes, que fue adaptada a la serie manteniendo buena parte de su argumento original.




Primera novela inédita de la Saga de los Aznar en la edición de los años 70


De los cinco títulos restantes cuatro de ellos -El extraño viaje del Dr. Main, Después de la hora final, Embajador en Venus y Las estrellas amenazan- eran reediciones de antiguas novelas independientes, en esta ocasión sin revisar, mientras Robinsones cósmicos, suprimida durante la reedición de la serie antigua, fue publicada de forma tardía quedando descolocada respecto a la cronología interna de la Saga.

También es conocida la razón por la que Enguídanos incluyó estas cinco novelas de relleno: a diferencia de otros colegas suyos era un escritor minucioso y relativamente pausado, por lo que llegó un momento en el que no pudo mantener el ritmo de escritura de una novela nueva cada quince días o, mejor dicho, de dos al mes, puesto que éstas se imprimían por pares aunque luego llegaran a los kioscos con dos semanas de diferencia. En un principio él o la editorial optaron por echar mano de algunas de sus antiguas novelas para darle más tiempo; pero por razones que ignoro en lugar de seguir reeditando más, lo que hubiera resultado interesante y además material no faltaba, lo que ocurrió fue que la aparición de las nuevas entregas de la Saga se fue dilatando cada vez más hasta cesar en 1978 tras la publicación de El refugio de los dioses, número 59 de la colección.




Última novela de la Saga de los Aznar en la edición de los años 70


Paradójicamente Pascual Enguídanos había escrito y entregado dos originales que no llegaron a ser publicados, esta vez por culpa de la editorial. Aunque se desconocen los motivos y el propio Enguídanos, que intentó infructuosamente que se publicaran, afirmaba no saberlo, cabe suponer que se debiera a que para entonces Valenciana se encontraba en una situación económica muy precaria que acabaría llevándola a la quiebra en 1984. El cierre de la histórica editorial fue muy traumático, y a los autores -en aquellos tiempos no había ordenadores, y era complicado conservar copias- les resultó muy difícil recuperar sus originales. En el caso de Enguídanos fue todavía peor, puesto que estos dos originales desaparecieron sin que ninguno de los intentos realizados para encontrarlos rindiera fruto, de modo que al día de hoy se dan por perdidos.

En lo que respecta al aspecto narrativo de la Saga, cabe resumir que se trata de la típica epopeya espacial habitual en la ciencia ficción de la primera mitad del siglo XX, aunque cuenta con suficientes méritos propios para convertirse en una serie original y de considerable valía no sólo en el marco de la ciencia ficción española sino incluso en el internacional, siendo de lamentar que el intento que hubo de traducirla al francés resultara fallido.

En sus primeros episodios la Saga se vio lastrada por el desconocimiento prácticamente total que se tenía en la España de la posguerra de la ciencia ficción que se escribía entonces en los Estados Unidos, por lo cual la principal fuente de la que se nutrió Enguídanos fue la ya antigua ciencia ficción norteamericana de décadas anteriores y, muy probablemente, también de las películas de serie B que se exhibían en nuestros cines, razón por la que mostraba una tendencia decididamente pulp. Con el tiempo en nuestro país se fueron conociendo mejor las nuevas tendencias del género, de modo que el estilo de nuestro autor se fue modernizando y depurando, aunque esta evolución se aprecia más en las novelas independientes y en las series cortas que en la Saga, posiblemente porque en ésta se veía constreñido por las pautas que había establecido al iniciarla. Ésta fue la principal razón por la que Enguídanos decidió reescribirla en los años setenta, de modo que en la segunda versión se aprecia un evidente empeño por mejorarla y modernizarla a costa, quizá, de quitarle frescura.

Inicialmente el futuro imaginado por nuestro autor era fundamentalmente bélico, con una humanidad enfrentada a unos enemigos siempre hostiles ante los que se ve obligada a luchar por su propia supervivencia no siempre con resultados positivos, ya que menudean los desastres en los que tan sólo una pequeña porción de supervivientes, siempre acaudillados por un miembro de la dinastía Aznar, logran huir de la hecatombe e incluso en ocasiones ellos mismos son víctimas de desastres propios de una tragedia griega, algo insólito en los argumentos de unas colecciones donde el héroe sin fisuras siempre resultaba vencedor. Esto hace que la visión del futuro planteada por Enguídanos sea esencialmente pesimista aunque siempre deje un resquicio de esperanza, en contraposición al ingenuo optimismo de la ciencia ficción en la que se inspiraba.

Asimismo se nota que Enguídanos también destacó como escritor de novelas bélicas, muy populares entonces, puesto que sus constantes batallas siderales son realmente épicas, e incluso los seres alienígenas que imagina como rivales de la humanidad presentan una notable originalidad aunque en algunos casos -algo perfectamente disculpable, vaya por delante- hagan chirriar a la ciencia; nada, por cierto, que no ocurra en autores infinitamente más afamados a nivel mundial.




Portada de El coloso en rebeldía, donde aparece representado el autoplaneta Valera


Son varios los hallazgos notables de Enguídanos a lo largo de la Saga original empezando por Valera, un planetillo hueco del tamaño de la Luna al que los Aznar convierten en la más fabulosa nave espacial de la ciencia ficción española y probablemente también de la mundial. Lo mismo ocurre con la dedona, un metal superpesado y superresistente que tiene la propiedad de anular la gravedad cuando se la induce eléctricamente; o con la luz sólida, una especie de rayos láser evolucionados capaces de taladrar hasta el material más resistente.

Aunque la reescritura de la Saga original permitió a Enguídanos corregir aquellos detalles que no le satisfacían, fue con su continuación, escrita ya a mediados de los años setenta, cuando pudo darle el giro que deseaba, razón por la cual entre ambas partes existe una notable diferencia de enfoque; no en vano Enguídanos había leído mucha ciencia ficción en las dos décadas transcurridas entre una y otra etapa. En general, puede decirse que la nueva es mucho menos bélica y con una mayor profundidad argumental que la antigua, aunque mantiene el eje central Aznar/Valera y recupera, más o menos a regañadientes, a algunos de los antiguos enemigos ancestrales de la humanidad, a los que en ocasiones rehabilita suavizando así el férreo maniqueísmo de sus primeras novelas.




Recreación artística del circumplaneta realizada por los aficionados del Escuadrón Delta


También incorporó hallazgos notables como la karendón, una máquina capaz de desmaterializar y volver a materializar cualquier objeto incluyendo un cuerpo humano; lo cual, aunque le abrió múltiples posibilidades narrativas, acabó enredándole en unas complicaciones seudoteológicas que acabarían lastrando sus últimos títulos. También es digno de mención el circumplaneta, un gigantesco astro anular que nada tiene que envidiar al Mundo anillo de Larry Niven, publicado por vez primera en español en 1976, un año después de que lo fuera Universo remoto, la primera entrega de la segunda etapa de la Saga en la que Enguídanos describe por vez primera al circumplaneta. Una nueva vuelta de tuerca del escritor valenciano dio como fruto el hiperplaneta, una esfera de Dyson -una inmensa estructura hueca que alberga en su interior todo un sistema solar- cuyas interesantes ramificaciones argumentales quedaron lamentablemente truncadas por el abrupto final de la Saga.

Asimismo, y al igual que lo fueran los platillos volantes en la serie primitiva, en las novelas de los años setenta son evidentes las influencias de varias tendencias entonces en auge, desde las historias de los dioses astronautas propaladas por Erich von Däniken y sus imitadores, hasta el interés por las religiones orientales vinculado a los movimientos hippies y pacifistas de la época.

Para finalizar, cabe reseñar que un grupo de aficionados a la Saga promovió la escritura de un considerable número de novelas, a las que se puede considerar apócrifas, ambientadas en su universo. Aunque no las he leído todas, sí puedo afirmar que algunas de ellas tienen una notable calidad integrándose perfectamente en la trama general.




Para saber más:
Monográfico sobre George H. White y la Saga de los Aznar
Otros artículos sobre Pascual Enguídanos


Publicado el 4-1-2022
Actualizado el 8-2-2022