Lóbrego horror, una antología inquietante

Está visto que Alfonso M. González no para; no contento con seguir adelante con sus neobolsilibros, tanto los de ciencia ficción como los de la serie miscelánea, y con sus reediciones de clásicos, se embarcó en la edición de la antología de relatos Lóbrego Horror que, en un guiño a la mítica colección Libro Amigo de Bruguera, imita su formato e incluso en homenaje a su nombre la titula Libro Colega.
Pero quién mejor para explicarlo que él mismo:
Uno de los pasos que quería dar desde que fundé la editorial era ejercer como antólogo. Me intrigaba conocer de primera mano cómo era el proceso: contactar con los autores, planificar los relatos, gestionar la recepción de manuscritos, realizar las correcciones y el pulido final, además de todo lo relativo a la maquetación y el diseño de la antología.
Ya había colaborado como autor en Pandorum - Ciencia Ficción, que rescató el espíritu de las antiguas selecciones de ciencia ficción de Libro Amigo, y recordé aquellos volúmenes numerados de Horror que en su día publicó Bruguera. Entonces pensé ¡Bingo!, y de ahí surgió la idea de que Lóbrego - Horror fuera, en cierto modo, el hermano de los Pandorum, lo que aquellos fueron para la ciencia ficción, Lóbrego podía serlo para el horror.
En SEGASaturno Productions, con líneas editoriales como la de los bolsilibros, tratamos de recuperar formatos clásicos con historias nuevas; así que esta antología encajaba perfectamente en esa filosofía. La experiencia con Lóbrego - Horror ha sido muy enriquecedora; he aprendido mucho y confío en que algún día podamos disfrutar de un segundo volumen.
Antes de nada es preciso recalcar que Alfonso pone énfasis en puntualizar que la antología no es de terror, sino de horror; palabras que aunque el DRAE las considera sinónimas, da para ellas definiciones diferentes: Miedo muy intenso para el terror y Sentimiento intenso causado por algo terrible y espantoso para el horror. En consecuencia, para horrorizarse no es imprescindible sentir miedo o terror, mientras que el terror puede y suele ir acompañado del horror.
Por su parte, y siempre según el DRAE, lóbrego tiene el significado de Oscuro o tenebroso añadiendo a continuación como sinónimos Sombrío, lúgubre o siniestro. Así pues a esta antología de relatos se la podría definir como espantosa y sombría, o bien con una combinación de sus respectivos equivalentes. En cualquier caso, desagradable o que causa desasosiego y repulsión.
Estos detalles son importantes, puesto que el terror clásico ha sido tan explotado y devaluado que ha perdido completamente su antigua capacidad para crear sobresaltos o incomodidades; evidentemente no estoy hablando de Mary Shelley, Poe, Stevenson, Bécquer, Bram Stoker o Lovecraft ni de los clásicos cinematográficos que inspiraron, sino de esas espantosas películas -o todavía peor, sagas- de asesinos en serie de adolescentes, vampiros ridículos o zombies patéticos cuya visión tan sólo me inspira, además de tedio, una sensación mezcla de hilaridad y vergüenza ajena, si no de repulsión frente a subgéneros tan repelentes como el gore. Degradación que mucho me temo, aunque no suelo frecuentar esos jardines, también se ha debido extender al ámbito literario dada la degradación comercial de éste.
Aparte, claro está, de que las antiguas novelas góticas trufadas de fantasmas, aparecidos y otros seres de ultratumba resultan anticuadas para los criterios actuales salvo en casos muy concretos como el divertido y a la vez tierno El fantasma de Canterville; pero Oscar Wilde era mucho Oscar Wilde, no en vano es con toda justicia un clásico de la literatura mundial.
En resumen, he de reconocer mi reserva inicial no hacia esta antología sino hacia el género de terror en general, al igual que me ocurre salvo excepciones, y no por voluntad propia, con otros géneros como la fantasía, la novela histórica e incluso la propia ciencia ficción que se escribe actualmente.
Por fortuna, en esta ocasión mis temores -nunca mejor dicho- eran completamente infundados, ya que la antología de Lóbrego Horror no sólo me gustó y bastante además, sino que también me enganchó... aunque lo de gustar hay que matizarlo dadas sus características.
Pero no nos adelantemos. El libro cuenta con once relatos de autores españoles, o de habla hispana, escritos recientemente y ambientados en escenarios cotidianos y familiares, jugando -aunque evidentemente cada uno de ellos sigue sus propias pautas- con algo por lo que yo siento una especial debilidad: el análisis de como una persona normal, con un comportamiento normal y en una situación normal, puede verse sorprendida por una situación repentina e insólita, y cuando digo insólita no me refiero a un accidente o a una catástrofe inesperada, sino a algo que está más allá de la comprensión racional pero sin la intervención de nada sobrenatural, lo que la convierte en algo muy real aunque resulte difícil o imposible de asimilar conforme a unos criterios lógicos.
Situación que, dicho sea de paso, dejará completamente desarbolado e inerme a cualquiera que la padezca, aunque sea dentro de un relato, al tiempo que para el lector resultará, si no desagradable, sí al menos incómodo o inquietante.
Porque lo verdaderamente grave y preocupante es que, aunque los argumentos de estos once relatos son fruto de la imaginación de sus autores, basta con ver las noticias cotidianas para constatar que la realidad suele ir muchas veces más allá de la imaginación y no creo que sea necesario poner ejemplos, lo que nos lleva a la conclusión de que la abyección de la especie humana -contrarrestada afortunadamente por el altruismo- puede llegar a unos extremos inimaginables, tanto de forma individual como, algo todavía más peligroso, de forma colectiva tal como ocurrió con la pesadilla nazi.
Pero no es cuestión de matar, o en el mejor de los casos ignorar a Casandra, a todas las Casandras que a lo largo de los años han intentado en vano advertirnos de las amenazas de nuestro lado oscuro, sino de tomar de ellas la advertencia de que la civilización y la barbarie en muchas ocasiones están separadas tan sólo por un frágil y delgado muro.
Lóbrego Horror no es un libro de lectura fácil sino incómoda por la crudeza de los planteamientos que aborda; temas reales o preocupantemente similares a los reales, por lo cual su mensaje es claro y está exento de envolturas edulcoradas o convencionales, poniendo el dedo en la llaga de las miserias humanas. Y aunque sólo fuera por ello -los cuentos además están muy bien escritos- ya merecería la pena leerlo. Aunque cueste. Aunque duela.
Publicado el 11-2-2026