O se pasan...

Éste no es
el pan que comento, pero no era cuestión de citar
marcas
Fotografía tomada de la
Wikipedia
O se pasan...
O no llegan. Eso sí, jamás dan puntada sin hilo.
Me estoy refiriendo, una vez más, a las marrullerías a las que nos tiene acostumbrados la industria alimentaria a la hora de hacer filigranas rozando los límites legales cuando no estirándolos o retorciéndolos siempre en interés propio.
Vaya este nuevo ejemplo, no el más grave pero con toda seguridad no el último. Como es sabido, desde hace algún tiempo es preceptivo indicar en los etiquetados aquellos ingredientes que pudieran provocar alergias o intolerancias alimentarias, lo cual resulta acertado puesto que esta información es una ayuda importante para quienes las padezcan, pudiendo saber con seguridad si pueden comer o no un alimento concreto.
Pero... siempre se las apañan para sacar tajada. Por lo que yo sé están obligados a informar sobre la presencia de posibles alérgenos y otros ingredientes potencialmente perjudiciales para parte de la población, pero no de su ausencia. Dicho con otras palabras, si alguno de ellos no aparece indicado explícitamente ni resaltado en el listado de ingredientes, podremos asumir que tal alérgeno no está presente y el alimento en cuestión es seguro para quienes lo padecen.
Por consiguiente, en principio no resultaría necesaria la aclaración de que tal producto está libre del ingrediente, léase lactosa, gluten o cualquier otro capaz de provocar problemas a algunas personas... y sin embargo lo hacen.
Podría pensarse aquello de que más vale que sobre que no que falte, pero dados los antecedentes del gremio conviene no pecar de ingenuo, todavía más cuando estas presuntas garantías de salubridad -llamémosle así-, lejos de compartir la tipografía pigmea de la lista de ingredientes y la información nutricional, suele venir generosamente resaltada en el lugar más visible de la etiqueta; excesivamente resaltada en mi opinión personal, lo que la convierte en un claro reclamo publicitario y no en una advertencia sanitaria.
Ojo, no me estoy refiriendo a productos cuya composición puede variar en función de la receta como es el caso de la bollería que en ocasiones lleva huevo o leche y en otras no, o bien en productos elaborados con ingredientes sin azúcar, gluten o lactosa; esto está bien y es de agradecer.
No, me refiero a cuando te encuentras un rotundo y visible sin gluten o sin lactosa en el etiquetado de productos cuyas recetas de toda la vida no cuentan ni han contado nunca con ellos. Por ejemplo algo tan prosaico como el chorizo que, mientras no se diga lo contrario, lo único que debería llevar es magro y tocino de cerdo, pimentón, sal y en ocasiones orégano o ajo... aunque, tal como ya comenté en otro artículo, te puedes encontrar con aditivos de todo tipo incluyendo lactosa o proteínas de leche. Así pues, casi es disculpable que el fabricante de un chorizo que encontré en el frigorífico indicara claramente que éste no contenía ni colorantes, ni conservantes ni lactosa como prueba de su calidad.
Casi... porque añadía además la ausencia de gluten. Y dado que esta proteína procede exclusivamente de cereales como el trigo, la cebada o el centeno, ya tendría que resultar preocupante un chorizo que incluyera entre sus ingredientes la harina; aunque en una ocasión me encontré con un chorizo blanco que tampoco tenía gluten... pero sí harina de arroz, un cereal que carece de esta proteína pero que no debería estar allí.
Todavía resulta más mosqueante cuando no llegan, y esto sí que es hilar fino. Recientemente cayó en mis manos un pan de molde de una conocida marca, y a un precio que no era precisamente barato, elaborado con no sé cuantos cereales y semillas. Buenísimo a juzgar por la etiqueta frontal, ya que era rico en fibra, llevaba un 50% de grano completo... y además era una fuente de proteínas.
Pero, ¿de qué proteínas? Porque la etiqueta no lo precisaba. Consultando la composición, escrita en la parte trasera con una tipografía bastante más pequeña que la del frontal, comprobé que entre un montón de cereales, varios tipos de semillas y los aditivos habituales en el pan de molde, que no son pocos, figuraba el gluten de trigo; y aunque no se indicaba su proporción porcentual, por comparación con otros ingredientes en los que sí lo hacía se deducía que su cantidad oscilaba entre un 2,6 y un 4,2 %, minoritaria pero significativa y asimismo superior a la de buena parte del resto de los ingredientes principales.
Dado que por más que escudriñé la composición no logré encontrar ninguna otra posible fuente de proteínas -quizás pudiera haberla en alguna de las semillas ajenas a los cereales, pero éstas se encontraban en cantidades mínimas-, la conclusión era clara: La práctica totalidad, si no toda, de las proteínas presentes en el pan era casualmente de gluten, cobrado a precio de pan sin gluten y obviamente bastante superior al del pan normal. Curioso, ¿no?
Como curioso es también, por decirlo suavemente, que no informaran a los celíacos, con idéntica visibilidad que la fuente de proteínas de marras, que ese pan no sólo contenía el gluten presente en la harina sino que además había sido enriquecido con más gluten añadido. Por consiguiente, o al menos así lo interpreto yo, el factor comercial se imponía claramente sobre el sanitario y no a la inversa, tal como hubiera cabido esperar.
Conviene recordar asimismo varios detalles. Primero, que salvo para los celíacos el gluten no sólo es inofensivo sino un alimento altamente nutritivo, por lo cual quien no padezca celiaquía no tiene necesidad alguna de privarse de él por mucho que pretendan convencernos de que también para los no celíacos resulta beneficioso comer alimentos sin gluten... cuando en realidad el único beneficio radica en la cuenta de resultados de la industria alimentaria.
Segundo, que el gluten que retiran de la harina no sólo no lo tiran, sino que lo añaden a productos destinados a los consumidores no celíacos enriqueciéndolos en proteínas y también en el precio de venta. Así pues negocio redondo, embolsándose dinero tanto por quitar el gluten a productos aptos para celíacos -y de paso, si es posible, para incautos- como por añadírselo a otros productos en forma de fuente de proteínas.
Publicado el 24-2-2026