La presencia de Cervantes en Móstoles





Vista general del relieve de Cervantes en la pérgola de la plaza de Pradillo



Si visitamos cualquier población española de cierta importancia, a no ser que su ayuntamiento esté bajo el control de algún sectarismo nacionalista será fácil que nos encontremos con alguna referencia al español más universal, el alcalaíno Miguel de Cervantes. Por lo general estos homenajes suelen ser en forma de calles u otras vías públicas a él dedicadas, aunque también es relativamente frecuente encontrar su nombre en edificios públicos tales como colegios, institutos o teatros.

Un paso más allá lo constituyen las lápidas y las esculturas o monumentos, inaugurados en diferentes momentos pero muchos de ellos aprovechando la celebración de algún centenario o aniversario cervantino, bien los correspondientes al propio escritor, bien al Quijote.

Y éste es precisamente el caso de Móstoles, una población situada a veinte kilómetros al suroeste de Madrid famosa por haber sido su alcalde, Andrés Torrejón, quien firmó junto con su compañero Simón Hernández -según las leyes de la época Móstoles contaba con dos alcaldes, representantes respectivamente del estado noble y del estado general- el famoso Bando de Independencia, redactado por el político madrileño Juan Pérez Villamil. Menos conocido es que hubo otro alcalde que se adelantó, aunque sólo fuera por unas horas, a sus colegas mostoleños con otro bando de redacción similar, el alcalaíno Agustín de Quadros que instó a sus conciudadanos y a los vecinos de los pueblos cercanos a defender a la patria frente a los invasores franceses; aunque no es cuestión de disputar a estas alturas la primacía a Móstoles, tampoco hay por qué ignorarlo.




Detalle del relieve de Cervantes en la pérgola de la plaza de Pradillo


En 1808 Móstoles era una pequeña población agrícola y siguió siéndolo durante muchos años, ya que en una fecha tan reciente como 1960 tan sólo contaba con 2.886 habitantes de hecho y 2.578 de derecho. A partir de entonces las circunstancias cambiaron radicalmente, ya que fue una de las poblaciones periféricas de Madrid que comenzaron a crecer de forma desaforada con los emigrantes que acudían en oleadas a la capital en busca de una vida mejor. Su crecimiento demográfico, si bien arrancó más tardíamente que en Alcalá -en 1970 apenas llegaba a los 18.000 habitantes, cuando ésta rondaba ya los 60.000-, a partir de este año aumentó de forma explosiva hasta convertirla en la población con mayor demografía de la provincia de Madrid a excepción de la capital. Según el censo de enero de 2020, último publicado por el INE, Móstoles mantiene esta posición con 210.309 habitantes frente a los 197.562 de Alcalá y los 194.514 de Fuenlabrada, segunda y tercera respectivamente.

Durante mucho tiempo Móstoles fue el paradigma de ciudad dormitorio, aunque con los años, una vez resueltos los problemas más acuciantes de urbanismo, infraestructuras y servicios de todo tipo, al igual que sus vecinas buscó encontrar su propia identidad. Y si bien Alcalá lo tuvo relativamente -sólo relativamente- fácil gracias a su historia y a su patrimonio, otras como Móstoles tuvieron que partir prácticamente de cero.

Como cabía esperar el patrimonio histórico de Móstoles es reducido, limitándose a la antigua parroquia de la Asunción, la ermita de los Santos, la Fuente de los Peces, el monumento a Andrés Torrejón y un par de pequeños museos, el de la Ciudad y el de la Casa de Andrés Torrejón. De fechas más modernas cuenta con varios parques, algunos edificios contemporáneos como el Centro de Arte dos de Mayo, el Teatro del Bosque o la biblioteca municipal, así como un nutrido grupo de esculturas de variados estilos, desde el realista al más vanguardista.




Portada del instituto Miguel de Cervantes. Fotografía tomada de la página web del centro


En lo que a Cervantes se refiere Móstoles le ha dedicado un relieve en bronce en la pérgola de la céntrica plaza de Pradillo, donde también se encuentra la escultura dedicada a Andrés Torrejón. A lo largo de la pérgola se despliegan veintidós relieves repartidos entre trece escritores españoles y nueve franceses -desconozco por qué razón no los hay también de otros países-, entre los cuales no podía faltar, claro está, el del autor del Quijote. Existe también otro relieve de Quevedo que, aunque no era alcalaíno, sí tuvo vinculación con Alcalá, donde estudió y donde transcurre parte del Buscón, su obra más famosa.

El relieve, del cual desconozco tanto quien fue su autor como la fecha en la que fue inaugurado, está colocado, al igual que el resto, entre las columnas metálicas que sostienen la pérgola, muy cerca del monumento a Andrés Torrejón y hacia la parte interior de la plaza, lo que dificulta su visión a causa de las plantas que crecen en sus cercanías. Sus dimensiones son aproximadamente de medio metro de ancho y otro tanto de alto, y representa al busto del escritor siguiendo el modelo del conocido retrato apócrifo de Jáuregui. Bajo éste aparece su nombre, calado en una plancha metálica.

La siguiente referencia cervantina con la que nos encontramos es el instituto de enseñanza media Miguel de Cervantes. Está situado en el paseo de Arroyomolinos, al suroeste de la población y cercano al hospital Ernest Lluch y al Polígono Industrial de Arroyomolinos. Según la página web del centro éste es fruto de la fusión en agosto de 2000 de los antiguos institutos Valle del Guadarrama (Móstoles IX) y Miguel de Cervantes (Móstoles XVIII). Inicialmente denominado Móstoles XIX, adoptó su nombre actual el 25 de junio de 2001. Lo que no he podido averiguar es cuando abrió sus puertas el primitivo instituto de este nombre, pero a juzgar por su ordinal no debió de ser muy anterior a la creación de su sucesor.




Calle de Cervantes. Fotografía tomada de Google Maps


Completamos el recorrido cervantino de Móstoles con la calle dedicada al autor del Quijote. Ésta se encuentra al norte de la población cerca de la estación central de cercanías y es paralela a la avenida de Portugal, la antigua travesía de la carretera de Extremadura. Discurre entre las calles Fátima y Severo Ochoa, siendo peatonal en el tramo comprendido entre la calle Fátima y la de Espronceda, Por la tipología de sus edificios, aparenta haber sido trazada hacia la década de 1970.

Y esto es todo, puesto que en la localidad mostaleña, a diferencia de otras poblaciones cercanas, no existen calles dedicadas al Quijote ni a ninguna otra obra de Cervantes.


Publicado el 9-8-2021