La cesta, un cuento navideño rodado en Alcalá

La cesta es una película estrenada en 1965, aunque fue rodada en 1963 tal como figura en los créditos el depósito legal, al tiempo que en una escena se lee un cartel con la inscripción -la historia se desarrolla en la época navideña- Feliz 1964.
Fue dirigida por Rafael J. Salvia, director de películas tan populares como Manolo, guardia urbano y Las chicas de la Cruz Roja, aunque fue más prolífica su actividad como guionista donde fue el responsable de los guiones, entre otras, de El día de los enamorados, La gran familia, Atraco a las tres o Sor Citroen.
Por el contrario La cesta no fue escrita por él sino por Jaime García-Herranz, del que se pueden reseñar títulos como ¡A mí la legión!, El ruiseñor de las cumbres (con Joselito), Un rayo de luz (con Marisol), Molokai, la isla maldita o Fray Escoba, todas ellas representativas del cine español de su época.
La cesta está protagonizada por Antonio Garisa, un clásico del cine y el teatro, siendo su partenaire femenina la menos conocida hoy Ana Esmeralda. Ambos estuvieron acompañados por un nutrido grupo de actores secundarios, veteranos como Antonio Vico, Julia Caba Alba o Paco Camoiras -hermano de Quique Camoiras- que borda su papel como Crescencio, el entrañable tonto del pueblo -entonces no se andaban con eufemismos rebuscados-, y otros jóvenes como Lina Morgan, Perla Cristal o Paquito Cano, conocido por su personaje de Locomotoro en la serie de Televisión Española Antena infantil.
En cuanto al argumento, se trata de una comedia costumbrista original y divertida. Moral del Río es un imaginario pueblo español en el que la cofradía de San Roque, necesitada de fondos, decide organizar la rifa de una cesta de navidad cuyo sorteo se celebrará el día de Reyes. La iniciativa en principio parece buena, pero se topan con la renuencia de sus convecinos a la hora de comprar las papeletas, lo que le causaría un grave trastorno económico de no poder convencerlos antes del sorteo.
Así pues deciden incluir como aliciente un billete de lotería, aunque por despiste en lugar de comprarlo para el sorteo del Niño, coincidente con la rifa, lo hacen para el de Navidad, a celebrar dos semanas antes... pese a lo cual las ventas de las papeletas apenas remontan.
Sin embargo, sucede lo inesperado: llega el 22 de diciembre y el billete de lotería incluido en la cesta resulta premiado con el gordo, treinta y siete millones y medio de pesetas de 1965, que entonces eran muchos millones. Tal como cabe imaginar el revuelo que se organiza en el pueblo es monumental, sobre todo en aquéllos que jugaban papeletas de la rifa, aunque para la junta directiva los vientos soplan en diferente sentido: abrumados por la inesperada situación intentan recoger todas las papeletas no vendidas, ya que cuantas más conserven en su poder mayor será la probabilidad de que el sorteo de la cesta, y por consiguiente el gordo de la lotería, recaiga en la cofradía.
Para su desgracia llegarán tarde. Don Carmelo (Antonio Garisa), el rico del pueblo descendiente de caciques y de profesión usurero, que se había negado en redondo a comprar siquiera una papeleta, tras enterarse de la noticia se apresura a hacerse con todas las que no había llegado a vender la ingenua Lolín (Lina Morgan) y a recomprar el resto, en un intento de acaparar el mayor número posible para asegurarse la propiedad del billete de lotería premiado.
No le resultará fácil dado que a causa de su oficio no goza de las simpatías de sus conciudadanos, en especial de aquéllos a los que ha extorsionado; pero merced a sus marrullerías y en caso necesario a coacciones y extorsiones, consigue ir haciéndose poco a poco con todas ellas excepto con una, la que había comprado Crescencio, el tonto del pueblo, el cual se niega en redondo a dársela dado que está obsesionado con los manjares de la cesta. Y, dado que nada tiene que perder, don Carmelo no encuentra la manera de arrebatársela.
En medio de una gran expectación llega al fin el día del sorteo de la cesta, que se celebra en el Ayuntamiento. Aunque la asistencia es libre tan sólo se presentan allí don Carmelo y Crescencio.
Hago un inciso para comentar que a partir de este momento me hubiera gustado un desenlace berlanguiano -sin olvidarnos de Rafael Azcona, el guionista de buena parte de sus películas-; pero Jaime García-Herranz tenía al parecer otras ideas más, digamos, convencionales.
Por consiguiente el resultado del sorteo se ajusta no a lo que quizás muchos hubiéramos deseado sino a lo que dictaminan las inflexibles leyes del cálculo de probabilidades, de modo que el ganador de la cesta será como cabía esperar don Carmelo, para desesperación del infortunado Crescencio.
Todavía hubiera sido posible un final crítico acorde con la antipatía que inspira el usurero, magistralmente interpretado por Antonio Garisa, pero Jaime García-Herranz optó por un final feliz al estilo de otras películas navideñas, lo cual suavizó la corrosividad de un guión que insinuaba bastante más de lo que decía resaltando sin tapujos la pobreza descarnada que seguía existiendo en la España de la época... aunque probablemente esto le puso a salvo de la censura en unos tiempos en los que ésta no dudaba a la hora de forzar cambios en los finales, tal como ocurrió en El inquilino, dirigida por José Antonio Nieves Conde, e incluso con buena parte del guión de la masacrada Los jueves milagro de Luis García Berlanga. O, directamente, prohibía la película.
Tras tomar posesión de su premio don Carmelo se asoma al balcón que da a la abarrotada plaza, recibiendo un monumental abucheo no exento de tomatazos y otros objetos contundentes lanzados por los indignados habitantes del pueblo manifestándole así su desprecio. Pero para sorpresa del espectador la intención de éste no es jactarse de su triunfo tal como cabría esperar de su carácter egoísta y vanidoso, sino para comunicarles que ha decidido compartir el premio con todos sus conciudadanos... excepto con Crescencio en castigo por no haberle querido ceder su papeleta.
Este rasgo de generosidad tardía y si me apuran forzada, ha sido incitado por los reproches de su antigua novia Teresa (Ana Esmeralda), que había roto con él veinte años atrás a causa de su avaricia y su falta de humanidad. Y, de forma sorprendente, tiene la virtud de borrar resquemores de modo que sin solución de continuidad el villano pasa a ser aclamado como benefactor del pueblo. No es para menos, puesto que según los cálculos del párroco saldrán a cerca de dos mil duros por persona, una cantidad bastante respetable ya que, según la calculadora histórica del INE, equivaldrían a unos 2.300 euros actuales, toda una fortuna para quienes en muchos casos -todavía estaba reciente el fin del racionamiento- vivían al borde de la mera supervivencia.
La generosa iniciativa tendrá también una consecuencia importante para el redimido usurero: conmovida por su gesto y en el fondo todavía enamorada de él, Teresa decide perdonarle proponiéndole el matrimonio que no celebraron entonces.
Como colofón Teresa regalará la cesta a Crescencio añadiendo de tapadillo un puñado de billetes para compensarle de su exclusión en el reparto; pero el ingenuo discapacitado intelectual, más contento que unas pascuas, los desdeña tirándolos por el camino mientras se aleja presuroso calle arriba aferrando entre sus brazos lo único que en realidad le interesa: la tentadora cesta con sus maravillosos manjares.
Hasta aquí el argumento de la película, que se ve con agrado como ocurre con la inmensa mayoría de las que fueron rodadas en esta época, sin pretensiones pero con una profesionalidad merecedora de encomio compartida por todos los que participaron en ella, desde el director y el guionista hasta los actores secundarios pasando por todos aquéllos que de una u otra manera colaboraron en su rodaje.
Veamos ahora lo que como alcalaínos nos interesa, la presencia de Alcalá en ella.
Las escenas exteriores fueron rodadas en dos poblaciones, nuestra ciudad y la localidad aragonesa de Mora de Rubielos, cabecera de la comarca turolense de Gúdar-Javalambre y situada al sureste de la provincia de Teruel. La elección de Mora, una población de poco más de dos mil habitantes, se debió a que Jaime García-Herranz, aunque nacido en Valencia, vivió y murió en ella, reflejando en el guión en tono de comedia la vida cotidiana de un pequeño pueblo que conocía bien e incluso llegando a inspirarse en algunos personajes reales del mismo.
Lo que sorprende es que en una época en la que la economía primaba en la producción de las películas se eligieran dos lugares separados por más de 300 kilómetros, todavía más teniendo en cuenta las carreteras de entonces, en lugar de uno solo o de dos o más próximos entre sí; pero curiosamente así fue.
Se da además la circunstancia de que Alcalá y Mora de Rubielos son muy diferentes urbanísticamente, lo cual se aprecia a lo largo de la película cuando, tal como suele ser habitual, las escenas rodadas en ambas están entremezcladas, lo que causa una extraña sensación a quien conoce al menos una de ellas. Cabe suponer, dado que tanto el estudio -donde se rodaban los interiores- como el laboratorio en el que se realizaron el montaje y la post producción estaban en Madrid, que se aprovechara la cercanía de Alcalá para rodar las escenas para las que, por una u otra razón, no se hubieran encontrado ubicaciones adecuadas en Mora, pero aquí tan sólo puedo especular y en cualquier caso esto no resulta relevante.
En concreto, fueron rodadas en Mora las escenas correspondientes a la plaza, la iglesia -exteriores e interiores-, el Ayuntamiento -también exteriores e interiores- algunas calles y, probablemente, el bar donde se desarrolla parte de la historia. Menos seguras tengo la del banco al que acude don Carmelo, la de la forja o la de la cuadra que aparecen brevemente, aunque no parecen corresponder a Alcalá.
La zona elegida de Alcalá fue el tramo de la calle Mayor comprendido desde la calle de la Imagen hasta algo más allá de la calle Nueva, apenas cien metros de recorrido, junto con estas dos calles de forma parcial; un espacio relativamente reducido aunque aparece en numerosas ocasiones a lo largo de todo el metraje. En su libro Alcalá y el cine1 Pedro Ballesteros incluye también la calle Escritorios sin dar más detalles, pero por más que he revisado la película no he podido encontrar ninguna escena rodada en ella.
Como era de esperar las escenas rodadas en nuestra ciudad tampoco responden a lo que podríamos considerar una secuenciación lógica, sino que están entremezcladas conforme a las necesidades del rodaje. El caso más llamativo es una en la que varios de los personajes salen de la calle Mayor, doblan por la calle Nueva... y aparecen en la de la Imagen. Cosas del cine. Por esta razón he preferido organizar la descripción y los fotogramas reproducidos conforme a la topografía real de Alcalá prescindiendo del desarrollo cronológico propio de la película, ya que esto hubiera resultado confuso.


Don Carmelo (Antonio Garisa) y
Crescencio (Paco Camoiras) entrando en la casa de Cervantes
Llama la
atención la persona encaramada en la esquina
El lugar más llamativo es sin duda la casa de don Carmelo, que no es otra que la de Cervantes pero no por la fachada de la calle Mayor sino por la lateral de la calle de la Imagen, paradójicamente la verdadera antes de que se le añadiera a mediados del siglo XX el postizo de la que ahora es la entrada principal junto con el jardín. Obviamente sólo el exterior, puesto que el interior está reproducido en decorados.

La casa de Azaña vista desde
el piso superior de la casa de Cervantes
Frente a la casa de Cervantes, en la de Azaña, vive Lolín, la atolondrada novia de Luis (Paquito Cano). En diferentes planos se ven la tapia lateral del jardín de la casa de Cervantes, la casa de la Azaña y la de Calzonera.



La casa de la Calzonera en la
película y en la actualidad
Asimismo, al llegar Navidad y con ella el sorteo de la lotería, aparecen algunos balcones -resulta difícil discernir si corresponden a la calle de la Imagen, a la calle Mayor o a alguna otra cercana- adornados con decoraciones navideñas. Sí he podido identificar, por las pinturas de la fachada, a uno perteneciente a la casa número 10 de la calle de la Imagen, actualmente propiedad del Hospital de Antezana.


El balcón de la casa nº
10 de la calle de la Imagen en la película y en la actualidad
La otra gran protagonista de la película es La Fuencisla, la antigua mantequería y cerería de Quer situada en el número 68 (antiguo 88) de la calle Mayor. El local está ocupado actualmente por un restaurante, pero ha conservado la fachada del anterior establecimiento. Allí es donde se exhibe en uno de los escaparates la cesta objeto de la rifa, lo que da pie a varias escenas divertidas cuando, una vez conocido el premio gordo de la lotería, se forman tales aglomeraciones que la policía decide cerrarla por motivos de seguridad pese a las airadas protestas de su propietario, que ve peligrar su negocio.



La Fuencisla, donde se expone la
cesta. En el fotograma central, a su lado,
se aprecia el bar Nino. En la
parte inferior, aspecto actual de La Fuencisla
Como anécdota cabe reseñar que frente a ella se ubica ficticiamente la tienda de ultramarinos de la competencia, lo cual provocará unos divertidos piques muy al estilo rural entre el dueño de La Fuencisla y la propietaria de esta última. Resulta evidente que la tienda de ultramarinos no podía estar allí por una razón de peso: la ausencia de los soportales. No obstante, en un breve plano se reproduce una vista de la calle Mayor desde el interior de uno de los escaparates, apreciándose los soportales de la acera de enfrente aunque no, evidentemente, la citada tienda de ultramarinos.



Arriba, la tienda de ultramarinos
situada supuestamente frente a La Fuencisla, sin soportales.
En medio, vista
de la calle Mayor desde el escaparate de La Fuencisla, con soportales pero sin
ultramarinos.
Debajo, aspecto actual de la misma zona. El edificio es
diferente del que aparece en la película
¿Se rodaron los planos de esta tienda de ultramarinos en Alcalá? Ciertamente entonces existían establecimientos similares en ella, aunque mi opinión es que no. Asimismo, si bien no puedo hablar del año del rodaje ya que entonces tenía cuatro o cinco años, en los años posteriores, cuando ya conservo suficientes recuerdos en mi memoria, no me consta que hubiera ninguna tienda de ultramarinos en la calle Escritorios.



Escenas rodadas en la esquina de la
calle Nueva y la esquina en la actualidad
Cerca de La Fuencisla nos encontramos con dos escenas diferentes en la esquina de la calle Nueva con la calle Mayor en ambos casos tomadas desde esta última, por lo que la calle Nueva queda fuera de plano. En una de ellas, como ya comenté, la calle Nueva se transmuta en la vecina de la Imagen.
La localización que me resultó más complicada de identificar es la que se inicia a los 19:25 minutos con el párroco (José Alfayate) andando por una calle. Al llegar a una esquina se encuentra con don Carmelo, manteniendo con él una breve conversación en tono irónico terminada la cual, apenas un minuto más tarde, cada cual se va por su lado.


Confluencia de la calle Nueva con la
de Esteban Azaña.
El edificio lindante con la calle Nueva en la
película y en la actualidad
La escena se desarrolla en la confluencia de la calle Nueva con la de Esteban Azaña, y la dificultad se debió a la gran transformación experimentada en esta zona, que en la actualidad es muy diferente de entonces dado que la práctica totalidad de los edificios de la corta calle de Esteban Azaña son nuevos, aunque en la película tan sólo se aprecia el tramo de la acera más cercana a la calle Santiago comprendido entre la calle Nueva y la tapia de un jardín que todavía se conserva, aunque muy modificado.


La celle de Esteban Azaña en
la película y en la actualidad
Finalmente la clave me la dio el edificio que hace esquina con la calle Santiago por la parte delantera y con la de Esteban Azaña por la trasera. Éste sí es el mismo que aparece en la película, aunque fue restaurado cuando se instaló en él un mesón hoy cerrado modificándose parcialmente la fachada trasera.
Por el contrario la fachada lateral de la calle Nueva es claramente la misma, con la construcción típica en Alcalá de cajones de mampostería -o revocados en este caso- separados por hiladas de ladrillos horizontales y verticales. Salvo por la restauración se aprecia que el tamaño y la distribución de los cajones es idéntica así como las ventanas -tres en el piso superior y dos en el bajo-, la puerta, el balcón situado sobre la puerta y hasta los dos canalones.
Es una lástima que no se aprecien otros lugares cercanos -el plano de la escena de la conversación, como los de la mayor parte de la película, es muy cerrado- que hubieran facilitado la identificación: la otra esquina de la calle de Esteban Azaña, con un jardín que persiste aunque el edificio actual es moderno; la otra acera de ese tramo de la calle Nueva correspondiente a la fachada lateral del antiguo colegio de Lugo, donde en mi infancia se encontraba un concesionario de bombonas de butano: el rincón formado por la trasera de éste y la fachada de la Mutual Complutense, e incluso una vista del otro tramo de la calle Nueva hasta su confluencia con la calle Mayor. En cualquier caso no existe posibilidad de error, e incluso se aprecia brevemente la esquina trasera que forma el colegio de Lugo, incluyendo el borde de una entrada de garaje que todavía se conserva.
Reconstruyendo la escena el párroco vendría por la calle Nueva desde la calle Santiago, encontrándose con el usurero en la confluencia con la calle de Esteban Azaña. Este último semeja venir de una calle inexistente que prolongaría a la de Esteban Azañá, aunque en realidad se trata del rincón de la Mutual Complutense donde estaría situada la cámara. Tras despedirse, don Carmelo se marcha por la calle de Esteban Azaña en dirección a la plaza de Palacio, mientras el sacerdote parece tener intención de continuar por la calle Nueva aunque el corte de la escena impide averiguarlo. En cualquier caso, tal como he comentado antes resulta inútil intentar encontrar una lógica a itinerarios que en realidad suele ser una superposición de escenas dispares.
Eso es todo, que no es poco. Y si tienen ocasión les recomiendo que vean la película, ya que pasarán un buen rato disfrutando con ella.
1 Pedro Ballesteros Torres. Alcalá y el cine. Festival de cine de Alcalá de Henares. Alcalá de Henares, 1995.
Publicado el 23-9-2025