El planeta de la venganza




Originalmente número 264 de la colección La Conquista del Espacio, esta novela cierra tanto el tercer volumen de la reedición de Ediciones B, como el décimo quinto de la de Robel.

En esta ocasión el escenario de la narración es Butdar, un remoto y desconocido planeta perteneciente al sector galáctico de Dehte donde se han refugiado los adeptos de una extraña secta, los Supremos, bajo el mando de su máximo líder denominado el Jerarca, el cual se autoproclama emperador de Dehte pese a que su soberanía a duras penas se extiende sobre su propio planeta... aunque éste está bien custodiado frente a posibles ataques de sus enemigos, al estar todo él protegido por una coraza energética impenetrable para cualquier astronave no autorizada.

A este perdido rincón del cosmos llega pidiendo asilo la Rapiña, una destartalada nave pirata a la que le pisan los talones las patrulleras dehtianas. Tras recibir permiso para atravesar la infranqueable barrera la Rapiña, que a duras penas puede seguir adelante a causa de las averías de sus motores, realiza un aterrizaje de emergencia que casi acaba en catástrofe.

Al fin a salvo su capitán, un tal Narga-Ad, y su segundo de a bordo, una enigmática mujer llamada Clarisse, son recibidos por Ibolh, chambelán del Jerarca, el cual les ofrece su hospitalidad y la reparación de la nave a cambio de un servicio cuya naturaleza se niega a revelar. En cualquier caso, a los refugiados no les queda otra alternativa que aceptar.

El cambio de capítulo nos hace retroceder un tanto en el tiempo, describiendo la entrevista que Adán Villagrán, comandante de la Silente, mantiene con el presidente de la Federación Dehte, la cual mantiene desde hace algún tiempo relaciones con el Orden Estelar pero sin haberse integrado todavía en éste. El gobernante explica a Adán los avatares de su país durante los últimos siglos: tras el colapso del Imperio, y abandonados a sus propias fuerzas, los planetas del sector habían caído bajo el dominio de una fanática secta religiosa, los Supremos, que habían implantado una férrea dictadura teocrática. Una revolución había conseguido arrojarlos del poder, y aun de los territorios de sus antiguos dominios, pero parte de ellos se habían refugiado en el planeta Butdar, al cual habían convertido en inexpugnable gracias a la creación de su coraza energética.

Los gobernantes de Dehte temen, con razón, a sus antiguos enemigos ya que, además de que éstos dan cobijo a los piratas que asolan las rutas comerciales, se suma el fundado temor de que pudieran estar tramando un plan para recuperar su antiguo imperio, viéndose imposibilitados de atacarlos en su propio cubil a causa de la ya citada coraza energética. Por esta razón el presidente pide a Adán la ayuda del Orden Estelar para aniquilar de forma definitiva a sus rivales, pero éste se niega en redondo, alegando sus leyes, a apoyar una guerra de exterminio. Eso sí, existen otras posibles formas de ayuda...

Volvemos a Butdar. Narga-Ad y Clarisse son, como resultaba evidente, Adán Villagran y Alice Cooper, que han asumido el riesgo de fingirse piratas para poder averiguar de primera mano lo que sucede en el hermético planeta. Pese a las apariencias sus anfitriones no acaban de confiar en ellos del todo, razón por la que les exigen la realización de una tarea que, camuflada como pago por la ayuda recibida, es en realidad una prueba. Los humanos no son los habitantes originales del planeta, el cual contaba con una población nativa de humanoides cuando los Supremos desembarcaron en él. Estos nativos, culturalmente primitivos, habían sido perseguidos y cazados cruelmente para ser esclavizados.

La misión encomendada a los falsos piratas de la Rapiña no es otra, pues, que la de capturar un número determinado de nativos y entregárselos a sus anfitriones, para lo cual contarán con la ayuda de Xunto, un veterano pirata cuya verdadera misión es la de espiar a los recién llegados. Huelga decir que los oficiales del Orden Estelar no están precisamente por la labor, pero no les queda otro remedio que fingir la aceptación del encargo.

Parten, pues, a las tierras donde se encuentran refugiados los acorralados nativos, y pronto empiezan las discrepancias. Mientras Adán abandona el campamento en busca de los nativos, no para esclavizarlos sino para parlamentar con ellos, Alice aprovecha los lujuriosos instintos del espía para narcotizarlo e interrogarlo.

Pese a lo difícil de su tarea, ambos consiguen realizar su tarea con éxito. Adán logra convencer al jefe de una tribu para que todas ellas se unan, como única garantía de éxito en su lucha contra el invasor. Alice, por su parte, alcanza a conocer los siniestros planes de los Supremos, que no son otros que los de lanzar una ofensiva general que les provea de centenares de miles de esclavos, los cuales serán convertidos en zombies por los conocimientos, mitad científicos, mitad nigrománticos, de los Supremos; embarcados en las naves de los piratas refugiados en Butdar, serán su fuerza de choque para reconquistar los planetas Dehte.

Huelga decir que ambos comandantes desean frustrar sus planes, pero para ello han de obrar con astucia. Así pues, y de acuerdo con los nativos, fingen ser víctimas de un ataque general para el que no estaban preparados, viéndose obligados, con el consentimiento de su ingenuo vigilante, a solicitar a los Supremos la evacuación de su campamento.

A partir de este momento, los hechos comienzan a precipitarse. Tras ser evacuados sanos y salvos -faltaría más- a la capital de los Supremos, mientras el Jerarca cree a pies juntillas su versión, tanto Ibolth como Xunto comienzan a sospechar de ellos. Pero el engranaje bélico puesto en marcha por los Supremos no puede detenerse; mientras a los falsos piratas del Rapiña se les concede un descanso, el resto de sus aliados ponen en marcha la planeada ofensiva general contra los nativos del planeta. Éstos, advertidos por Adán y Alice, han huido de sus aldeas al tiempo que cumplen su compromiso de formar una gran coalición de tribus para atacar a los Supremos en el propio corazón de su reino. En cuanto a los militares del Orden Estelar tampoco están inactivos; aprovechando que la capital ha quedado prácticamente desguarnecida, lanzan un doble ataque sobre el astropuerto y la ciudadela que sirve de refugio al Jerarca, con la intención de desactivar la coraza protectora que hace invulnerable al planeta y asegurar el aterrizaje de la flota dehtiana.

En un principio sus planes se desarrollan tal como habían sido trazados, aprovechándose de la confusión creada por el ataque de los nativos para capturar sus dos objetivos. Adán, personalmente, llega hasta el propio refugio del Jerarca, descubriendo que éste está sometido a un proceso de hibernación, o animación suspendida, del cual sólo despierta durante contados momentos, los justos para seguir manteniendo las riendas del gobierno; no puede ser de otra manera, puesto que es el último superviviente de la casta de brujos que, varios siglos atrás, huyeran de Dehte tras su derrocamiento. En un arranque de caballerosidad que luego le costará caro evita matar a su indefenso enemigo, sin que tenga ocasión de corregir su error puesto que, al ser desactivada la coraza protectora del planeta, saltan las alarmas y se ven asediados por las fuerzas leales al Jerarca. Paralelamente han hecho otro espantoso descubrimiento, una sala donde se custodian multitud de cerebros extraídos de sus cuerpos, los cuales deducen que debieron de pertenecer al grupo de científicos arrastrados por los Supremos en su huida de Dehte, gracias a los cuales habían conseguido asentarse en Butdar.

Aunque por el momento los soldados del Orden, atrincherados en el palacio del Jerarca, logran hacer frente a sus enemigos, son conscientes de que no podrán defender su posición durante mucho tiempo, máxime teniendo en cuenta el más que probable retorno de la flota pirata. Es en ese momento cuando aparece Xunto, pidiendo parlamentar con ellos. Manifiesta el pirata su voluntad de cambiar de bando, pidiéndoles un salvoconducto a cambio de obtener la neutralidad de sus compañeros; posee documentos que revelan bien a las claras las intenciones de los Supremos, que no son otras que las de convertir en obedientes zombies a los piratas, de forma análoga a como planean hacerlo con los nativos. Tras un breve titubeo Adán y Alice aceptan y, tras dejar a Xunto en el palacio con el encargo de parlamentar con sus camaradas, parten en dirección al astropuerto con objeto de auxiliar a sus compañeros, víctimas de un inesperado ataque cuando parecían tener todo bajo control.

Al llegar allí se encuentran con una noticia pavorosa: Los nativos que, procedentes de anteriores redadas, habían sido convertidos en soldados zombies por los Supremos, han abandonado sus cuarteles, donde permanecían hibernados, y están atacando a los nativos aliados de los terrestres, los cuales, aterrorizados, se niegan a combatir contra sus hermanos. Aunque Adán y Alice consiguen organizar sus fuerzas y contener al menos la fuerte ofensiva, comprenden que no podrán mantener sus posiciones durante mucho tiempo. Es ahora cuando Adán es consciente del error cometido: Xunto, doblemente traidor, ha debido neutralizar a los soldados del Orden que permanecieron en el palacio, despertando al Jerarca el cual, a su vez, habría puesto en pie de guerra a su ejército durmiente.

Puesto que la única posibilidad de conjurar el peligro pasa por neutralizar al tirano, Adán y Alice, acompañados por unos cuantos soldados de su cada vez más menguado destacamento, retornan de nuevo al palacio... siendo capturados por el Jerarca y su incondicional Xunto. Todo parece indicar que han perdido la partida, puesto que no les ha sido posible avisar a las naves dehtianas y al tirano le bastará con reactivar la coraza para que éstas no puedan desembarcar en el planeta, con lo cual el Jerarca, contando con su ejército de zombies y con la flota pirata podrá aplastar la rebelión sin mayores dificultades. Por supuesto piensa asesinar a los terrestres, pero antes comete el fallo de tantos y tantos malvados de la literatura: exponerles sus planes antes de que mueran. Pero antes de dar la fatídica orden algo ocurre: el Jerarca comienza a experimentar unas convulsiones que hacen presagiar su próximo fin: se trata de que los cerebros prisioneros, liberados de su cometido principal que no era otro que el de generar la coraza energética del planeta, han conseguido recuperar parte de su perdida consciencia y, en una acción coordinada, lanzan un devastador ataque mental contra su cruel carcelero, provocándole una muerte atroz; también ellos mueren víctimas del esfuerzo, pero después de varios siglos podrán al fin vivir en paz.

Aprovechando la confusión provocada por la agonía del Jerarca Adán logra desembarazarse del peligroso Xunto, el cual pasa a mejor vida en compañía de su ambicioso y rencoroso guardián. Y no es eso todo; muerto el Jerarca, los supervivientes de su ejército de zombies deponen automáticamente las armas, convirtiéndose en unos inofensivos vegetales. La crisis ha sido salvada y la dictadura de los Supremos tiene ya sus días contados.

En el epílogo de la novela vemos, por último, cómo el gobierno de Dehte se ha hecho cargo provisionalmente de Butdar, a la espera de que los nativos, los verdaderos dueños del planeta, sean capaces de salir de su atraso y organizar un gobierno moderno. Mañana, quizá, todo el sector ingresará en el Orden... Pero eso es algo que no incumbe a los tripulantes del Silente, los cuales parten del planeta en busca de nuevas aventuras.



Publicado el 19-10-2004 en el Sitio de Ciencia Ficción