El Henares, ese río. La crecida de marzo de 2025





El Henares en el Puente Zulema el 10 de marzo



Introducción

Antes de seguir adelante considero conveniente precisar algunos detalles que permitirán comprender mejor el inusual, pero no excepcional fenómeno meteorológico que hemos vivido en marzo de 2025, unas lluvias muy por encima de lo normal que provocaron la mayor crecida del Henares desde hace varias décadas.

La primera puntualización es el uso del término crecida (Aumento del caudal de los ríos y arroyos) según el DRAE y no el de riada (Avenida, inundación, crecida) también según el DRAE, lo cual los convertiría en sinónimos aunque para mí no lo son, ya que entiendo riada como una crecida convertida en un desastre natural causante de daños materiales e incluso humanos, tal como ocurrió en octubre de 2024 en varias localidades valencianas. La crecida, por el contrario, no llegaría a tales extremo, sobre todo de haberse tenido en cuenta la precaución de no edificar en zonas inundables que, pese a estar perfectamente cartografiadas, son objeto de la avidez especulativa.

A lo largo de la historia Alcalá ha sufrido numerosas riadas provocadas no sólo por el Henares sino también por sus pequeños afluentes, principalmente el Camarmilla e incluso el desaparecido Villamalea, algunas tan destructivas como la de 1598 que destruyó más de cien casas y arruinó a la parroquia de Santiago, que hubo de ser reconstruida, u otras más recientes como las de 1947, 1961 o 1970, que provocaron graves inundaciones incluso en el casco urbano de la ciudad.




La carretera M-206 cortada por el Henares el 12 de marzo. Fotografía tomada de 20minutos


Por fortuna en esta ocasión podemos hablar de crecida y no de riada, ya que pese a la gran cantidad de agua que llegó a arrastrar el Henares, la regulación del desembalse controlado de las presas y la protección de los malecones construidos a lo largo de la ribera del río evitaron males mayores, limitándose a inundaciones parciales en lo que los geólogos denominan segundo lecho de los ríos o en fincas deshabitadas, aunque en otros lugares cercanos como Mejorada del Campo, donde confluyen el Henares y el Jarama que también bajaba muy crecido, los trastornos fueron mayores sin llegar a ser catastróficos, y también llegó a cortar la carretera M-206 entre Torrejón y Loeches.

Lo que no evitó, según me comunicó el concejal de Medio Ambiente Vicente Pérez Palomar, que el cauce del río quedara sembrado en bastantes puntos por los troncos, la maleza y otros desechos arrastrados por el agua, haciendo necesaria una limpieza complicada y costosa. Asimismo, y aunque todavía es pronto para evaluarlos, al parecer también hubo procesos de erosión en lugares como los farallones de los cerros, las pequeñas playas fluviales e incluso en algún punto de los malecones de defensa de la isla de los García.

Aclarado este punto, conviene considerar los parámetros utilizados para medir el agua arrastrada por un río y describir las instalaciones en las que se miden, las estaciones de aforo, cuyo diseño es relativamente sencillo: consisten en un tramo de cauce en el que se construye un cajón -llamémosle así- de unas dimensiones determinadas por el que se hace pasar el agua. La sección de éste es rectangular, aunque puede tener un escalón en la parte inferior que lo estrecha para poder medir con mayor precisión los caudales bajos durante el estiaje.




La estación de aforo de Espinillos. Fotografía tomada de la página de la estación


La estación está equipada con un sistema, cabe suponer que un flotador, para medir la altura del agua, la cual multiplicada por la anchura fija del cajón da la sección del frente del agua en cada momento. En el caso concreto de la estación más cercana a Alcalá, la de Espinillos situada aguas abajo de la desembocadura del Torote, la anchura del cajón es de 23 metros en el escalón inferior y 23,60 por encima de los 54 centímetros de profundidad, con una altura total de los muros laterales de 3,53 metros.

También resulta sencillo medir la velocidad del agua en metros por segundo, posiblemente a través de una turbina cuyas aspas son movidas por ésta. Puesto que el caudal se define como el volumen que atraviesa un punto en determinado tiempo, basta con multiplicar el frente del agua (el ancho del cajón por la altura del agua en ese momento), medido en metros cuadrados, por su velocidad en metros por segundo, lo que da como resultado el caudal circulante en metros cúbicos por segundo.

Éste es el denominado caudal instantáneo, ya que a partir de él también se pueden calcular los caudales medios, que pueden ser diarios, mensuales o anuales de un año hidrológico, que comienza el 1 de octubre y termina el 30 de septiembre del año siguiente.

Aunque el nivel (o la altura) del río y el caudal circulante están relacionados entre sí no son equivalentes, ya que el caudal depende también de la velocidad del agua que no siempre es la misma. Por esta razón, aunque la información proporcionada por la Confederación Hidrográfica del Tajo daba ambos valores algunos medios de comunicación se centraron en el nivel, lo cual pese a ser indicativo de la cantidad de agua que pasaba por el cauce del Henares (se llegaron a alcanzar los 3,71 metros de altura el 12 de marzo, veinte centímetros por encima de la altura máxima teórica de la estación), es menos preciso que el caudal al no tener en cuenta la velocidad del agua, tanto mayor cuanto mayor era su cantidad. Asimismo conviene no olvidar que ésta era la altura del agua en la estación con un lecho y unos muros laterales regularizados, lo que no ocurre en el cauce natural donde la profundidad de río varía mucho dependiendo de las irregularidades del terreno y de la turbulencia del agua.




Sección de la estación. Ilustración tomada de la página de la estación


Otro parámetro importante es la aportación, definida como la cantidad de agua acarreada por un río en un determinado período de tiempo. Se mide en hectómetros cúbicos, equivaliendo un Hm3 a un millón de metros cúbicos, para períodos mensuales o anuales. La aportación está relacionada con el caudal medio para un mismo período de tiempo bastando con multiplicar el caudal por el tiempo correspondiente, siendo más útil que el caudal cuando se consideran las cantidades totales y no las puntuales.

Para estudiar las variaciones de caudal en sus distintas modalidades (instantáneo, medio, máximo o mínimo) y la aportación (mensual y anual) he manejado la base de datos de la Confederación Hidrográfica del Tajo correspondiente a la estación de aforo de Espinillos desde el año hidrológico 1912-13, fecha en la que entró en servicio, pero a causa de la lentitud de este organismo público el retraso en su actualización suele ser de tres años, lo que deja fuera de los listados a los otros tantos últimos años hidrológicos... como poco, puesto que en el momento de escribir este artículo en abril de 2025 y mediado el año hidrológico 2024-25, los últimos datos publicados son los de 2020-2021, con lo que el retraso acumulado es ya de tres años y medio. Lo que no está nada mal en plena era de la informática.

Existe una segunda base de datos, también de la CHT y parcialmente complementaria de la anterior: se trata del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), que como su nombre indica recoge y envía las mediciones en tiempo real. El SAIH tiene una inmediatez de la que carece la anterior, y aunque los registros que recoge abarcan tan sólo los cinco últimos años, en principio debería ser suficiente para cubrir el citado hueco de los últimos tres -o cuatro- años hidrológicos del registro general.

Pero la burocracia siempre se empeña en no ponérnoslo fácil: si bien el listado numérico del caudal (las gráficas quedan bonitas, pero son poco útiles para trabajar con ellas) para la presentación de los últimos diez días corresponde a un registro por hora, en las opciones de un año y cinco años (la última es la que nos interesa para cubrir el hueco), se reduce a un dato por día correspondiente al caudal medio diario.

Por si fuera poco los únicos datos que aporta el SAIH son, además del caudal, el nivel del agua (innecesario por redundante) y la precipitación, faltando un dato tan importante como la aportación que ha de calcularse a partir de las mediciones de caudal. En consecuencia no resulta inmediato completar esos tres años y pico que faltan en los listados completos de la estación de aforo, algo necesario para comparar la crecida actual con las anteriores, por lo que intentaré hacer una aproximación.




Cronología de la crecida




La presa de Cayo el 9 de marzo


La causa de esta crecida fue una excepcional situación meteorológica descrita por los expertos como un tren de borrascas -hasta cuatro, bautizadas como Jana, Konrad, Laurence y Martinho- que barrieron la práctica totalidad de la península durante más de tres semanas, dándose la circunstancia de que no entraron por Galicia, como suele ser habitual, sino por el golfo de Cádiz, por lo cual aportaron mucha más lluvia a la mitad inferior de la península al no ser frenadas por las barreras orográficas de los sistemas Cantábrico y Central.




El Henares aguas abajo de la presa de Cayo el 9 de marzo


Según la estación meteorológica de Alcalá situada en El Encín llovió de forma prácticamente ininterrumpida todos los días desde el 27 de febrero hasta el 25 de marzo con excepción del 12, el 15 y el 19, sumándose un total de 142 litros por metro cuadrado en el mes de marzo, 145,8 si contamos también los dos últimos días de febrero. Para hacerse una idea, basta recordar que la pluviosidad media de marzo en Alcalá fue de 20,4 litros por metro cuadrado, lo que significa que la lluvia caída en marzo de 2025, sin contar los dos días de febrero, fue casi siete veces superior a esta media.

En realidad no fueron lluvias torrenciales, ya que el valor máximo alcanzado el 11 de marzo fue de 19,8 litros por metro cuadrado y tan sólo se rebasaron los diez en cuatro ocasiones; pero fueron prácticamente continuas, por lo que la cantidad total alcanzó ese valor tan elevado. No obstante estas lluvias por sí solas no habrían provocado un incremento tan espectacular del caudal del Henares, pero al llover de forma tan intensa en prácticamente toda España, y en especial en las sierras del Sistema Central (Ayllón, Ocejón, Alto Rey, Pela, Ministra) en las que nacen el Henares y sus principales afluentes, la acumulación de agua fue descomunal.




El caz de la isla del Colegio el 9 de marzo


Aunque el SAIH no daba información sobre los caudales de los ríos Sorbe y Bornova, los principales afluentes del Henares, sí lo hacía sobre el porcentaje de agua embalsada en los cuatro pantanos de la cuenca del Henares: Beleña y Alcorlo, alimentados por el Sorbe y el Bornova respectivamente; Pálmaces en el Cañamares y El Atance en el Salado. Existe un quinto, el azud de El Pozo de los Ramos también sobre el Sorbe, pero su pequeña capacidad y el hecho de encontrarse aguas arriba de Beleña convierte su contribución en irrelevante.

La alarma saltó a principios de marzo con el incremento del caudal del Henares, y también del Camarmilla. El día 6 se alcanzó el nivel amarillo de alerta, el más bajo de los tres posibles, pero lo peor estaba por venir ya que ese mismo día comenzaba a desbordarse en Guadalajara, mientras en Alcalá el Ayuntamiento procedía a cortar el paso a zonas inundables. Un día después el nivel de alerta subía a naranja.




El caz desbordado junto al molino el 10 de marzo. Fotografías de Dream Alcalá


Pero lo peor estaba por llegar, dando que el rápido llenado de los embalses, así como la amenaza de un posible deshielo de la nieve acumulada en las montañas, hizo necesario recurrir a desembalses controlados, lo que supuso un incremento aún mayor del agua que acarreaba el Henares a su paso por Alcalá. De hecho, el 9 de marzo alcanzaba el nivel rojo.

Que desembalsara Beleña no era de extrañar, puesto que había ocurrido otros años de lluvias abundantes aunque sin llegar a esos extremos; su capacidad es reducida (53 hectómetros cúbicos) y el Sorbe es un río caudaloso durante los meses lluviosos, por lo cual se suele llenar con rapidez. Lo sorprendente fue que también lo hiciera Alcorlo, con una capacidad muy superior a la de Beleña (180 Hm3) y unas aportaciones menores dado que el Bornova tiene menos caudal que el Sorbe; de hecho, ésta era la primera vez que tenía que desembalsar desde su construcción en 1978. El modesto Pálmaces, (31 Hm3) también se sumó a los desembalses, e incluso el modestísimo El Atance (35 Hm3) llegó a abrir sus compuertas.




El Henares desbordado en la Tabla Pintora el 10 de marzo


Ese mismo día 9 el Henares se desbordaba en el azud de la presa de Cayo y aguas abajo de la presa aunque sin saltar a la isla del Colegio gracias a la protección del malecón, y el caz iba asimismo muy crecido. En la Tabla Pintora discurría caudaloso pero dentro de su cauce, y aguas abajo de la presa de los García al igual que en la presa de Cayo también había invadido el segundo cauce.




El cauce del Henares completamente lleno entre la Tabla Pintora y la presa de los García el 23 de marzo


Tan sólo un día después la situación se había agravado considerablemente, inundándose la Tabla Pintora en la zona de la desembocadura del caz; de hecho ni se veía la orilla ni tampoco el estribo del antiguo puente allí existente. De nuevo el malecón del paseo fluvial evitó una más que posible riada en el barrio de Nueva Alcalá, mientras el agua llegaba al mismo borde de la orilla opuesta, la de la Alvega. La presa de los García no veía, el nivel del agua había subido considerablemente desde la víspera en la caída de la presa e incluso había pasado por encima del montículo que tapona el arranque del antiguo caz, cruzando bajo el puente que conduce a la isla de los García y anegando el arranque del caz hasta la entrada del aparcamiento, único trozo en el que no está cegado, amenazando con inundar el aparcamiento y la zona sur de Nueva Alcalá.




La presa de los García el 9 de marzo


Aguas arriba del puente Zulema el Henares discurría extremadamente caudaloso, anegando el camino que discurre paralelo a su cauce. Resultaba imposible acceder a pie a la pasarela peatonal no ya porque el túnel que cruza por debajo de la carretera de Pastrana estuviera cortado por la policía municipal, sino porque al otro lado de éste todo lo que se podía ver estaba inundado. Fotografías publicadas por Puerta de Madrid (sí se podía cruzar en coche el puente y desviarse por la antigua carretera del Zulema) mostraban un aspecto similar, con el río desbordado bastante más allá de por donde discurre normalmente. Otros periódicos locales como Alcalá Hoy y Dream Alcalá publicaban fotografías del caz de Cayo desbordado a la altura del molino.

Mientras tanto, los embalses seguían soltando agua. Según datos publicados en Puerta de Madrid, el 11 de marzo entre los cuatro vertían 158 m3 por segundo, de los cuales 60 correspondían a Beleña, 56 a Alcorlo, 34 a Pálmaces y 8 a El Atance.




El antiguo caz de los García el 23 de marzo


El día 12 un vídeo grabado por un helicóptero de los bomberos de la Comunidad de Madrid mostraba imágenes del Henares desbordado en la finca de la Alvega, frente a Nueva Alcalá, hasta bastante más allá de la orilla, así como aguas abajo del puente Zulema. No menos espectacular era la desembocadura del Torote, normalmente un hilo de agua casi imperceptible y ahora tan ancho o más que el propio Henares.

A partir del día 15 de marzo los desembalses empezaron a disminuir y por consiguiente el caudal del río también decreció aunque seguía vigente el nivel rojo de alerta, pero la llegada de una nueva borrasca volvió a activar la alarma. De hecho, el 18 de marzo entre los tres embalses principales -El Atance no desembalsó en esta ocasión- aportaban todavía 90 m3 por segundo, de los cuales 54 correspondían a Alcorlo, 27 a Beleña y los 9 restantes a Pálmaces. Otra borrasca provocó un incremento de los desembalses el 22 de marzo: 121 m3 por segundo , correspondiendo en esta ocasión 70 a Beleña, 31 a Alcorlo, 13 a Pálmaces y 7 a El Atance.




El Henares en el Puente Zulema el 10 de marzo. Fotografías de Puerta de Madrid


El 22 de marzo la policía local de Alcalá tuvo que desalojar la celebración de una boda en el Soto del Henares, frente a La Canaleja y al otro lado del río, ante el riesgo de que pudiera quedar cortado el puente que constituye el único acceso a la finca, y el 23 los bomberos de la CAM tuvieron que rescatar a varios animales que habían quedado atrapados por el agua en la finca de La Esgaravita, rodeada por el río y por el caz.




El Henares desbordado en la Alvega, en el Puente Zulema y en la desembocadura del Torote,
también desbordado. Capturas del vídeo de los bomberos de la CAM del 12 de marzo


Ese día el Henares seguía en nivel rojo, pero ya el 24 el Ayuntamiento comenzó a abrir accesos al río que habían estado cortados, incluyendo al propio paseo fluvial de Nueva Alcalá. A partir de entonces la situación comenzó a estabilizarse, aunque el 25 de marzo la suma de los desembalses era todavía de 95 m3 por segundo.




Balsa provocada por el desbordamiento del caz de la Esgaravita el 29 de marzo


A partir de entonces el tiempo cambió a anticiclónico y desaparecieron las lluvias, lo que permitió una vuelta paulatina a la normalidad pasando al nivel amarillo ya sin desembalses. No obstante el día 29 todavía se podía apreciar una gran balsa de agua en el paseo que conduce desde la presa de Cayo al camino de los Afligidos, a la altura del caz de la Esgaravita.




El Camarmilla tras el cementerio el 9 de marzo. El Bañuelos desbordado el 21 de marzo
en la carretera de Daganzo (fotografía de José Hernández publicada en
Puerta de Madrid). El Torote en el puente de la M-300 el 12 de marzo


Por su parte, los pequeños afluentes del Henares en el término de Alcalá también crearon problemas. El Camarmilla se desbordó en dos ocasiones en Camarma, el 19 y el 21 de marzo, mientras en Alcalá discurrió crecido pero sin causar problemas. El mismo día 21 se desbordó el Bañuelos, causando inundaciones en algunos de los polígonos industriales de la carretera de Daganzo. Aunque el Torote discurre suficientemente alejado de la ciudad para provocar daños, tal como he comentado anteriormente en el vídeo publicado por los bomberos se aprecia su desbordamiento en la desembocadura, afectando aparentemente a la empresa situada junto a ésta. Por último, según me comunicaron, también se habría desbordado el arroyo de las Monjas en El Encín. Desconozco qué pudo ocurrir en los barrancos del otro lado del río ya que los accesos al parque de los Cerros fueron cortados por el Ayuntamiento, pero cabe suponer que dado su carácter torrencial también pudieran haber visto incrementado temporalmente su caudal pese a que normalmente suelen estar secos.




Estadísticas de la crecida

Resulta interesante hacer un estudio estadístico de la variación del caudal del Henares en el período comprendido entre los días 27 de febrero y los primeros días de mayo según los datos del SAIH correspondientes a la estación de aforo de Espinillos que, como ya he comentado, se refieren al caudal medio diario.




Evolución de la crecida del Henares


Fijémonos en la gráfica, donde el eje horizontal representa los días empezando por el 27 de febrero y terminando el 5 de mayo para disponer de perspectiva con ambas colas, la anterior y la posterior al aumento de caudal. Marzo comenzó el día 1 con unos modestos (para la época) 10,59 m3/s, casi la mitad de los 19,81 (línea azul horizontal) correspondientes al valor medio de la serie histórica (1912-13 a 2020-2021) de los caudales medios mensuales para este mes. Sin embargo tan sólo cuatro días después lo rebasaba con creces, alcanzando los 25,13 m3/s, y a partir de entonces la crecida fue espectacular: 49,07 m3/s el 6, 78,87 m3/s el 7, 100,25 m3/s el 8, 209,83 m3/s el 9 y 308,66 m3/s el 10, marcando el primer máximo de la crecida.

Pero la crecida apenas acababa de empezar. Tan sólo dos días después llegó un segundo máximo todavía mayor de 362,77 m3/s (¡más de 18 veces el caudal medio mensual!), seguido por un tercero de 295,69 el 19 y de un cuarto de 351,94 el 23. Esta distribución en cuatro oleadas (existe un pequeño -relativamente- quinto pico entre los dos centrales, pero no es relevante) no se puede considerar casual al corresponderse con las cuatro borrascas que barrieron la cuenca del Henares, aunque con cierto desfase dado que los días en que se registraron y los máximos de caudal alcanzados se deben a los desembalses regulados de los pantanos.

Durante toda la duración de la crecida, aproximadamente tres semanas entre el 5 y el 28 de marzo, el caudal del Henares se mantuvo siempre muy por encima de la media histórica; incluso en el “mínimo” del día 17 rebasó los 150 m3/s, y hasta el 27 no cayó por debajo de los 100. Aunque llegó a descender hasta los 62,36 m3/s al inicio de abril, en los siguientes días hubo un pequeño -relativamente- repunte que llegó a alcanzar los 130,37 m3/s el día 5, una cantidad considerable teniendo en cuenta que esta cantidad era más de nueve veces mayor que los 14,03 m3/s del caudal medio mensual para el mes de abril de la serie histórica. Hasta la última semana de abril el caudal medio diario se mantuvo por encima de los 40 m3/s con repuntes hasta los 50, descendiendo posteriormente a los 20-25 en un claro signo de que el río se iba tranquilizando poco a poco.




El Henares en la presa de las Armas el 6 de abril, ya más “tranquilo”


El siguiente paso consiste en comparar esta crecida con otras anteriores de las que existen registros a partir de los valores del caudal medio diario, lo que nos permite estudiar su evolución a lo largo de los diferentes días. Tomando como referencia los cuatro máximos de los caudales medios diarios de 308,66, 372,77, 295,69 y 351,94 m3/s respectivamente, es cuestión de buscar en las tablas valores similares o superiores, lo cual coincide como cabía esperar con varias de las mayores crecidas del Henares aunque con algunas excepciones, como veremos más adelante. Lamentablemente la falta parcial de datos, sobre todo en los primeros años, impide el seguimiento detallado de algunos años especialmente lluviosos de los que sí se conocen las aportaciones totales; pero esto es algo que no tiene remedio.




La ronda de la Pescadería inundada en la riada de 1947
Fotografía de Dreyer tomada de Alcalá de Henares Patrimonio de la Humanidad


El valor más alto registrado para un caudal medio diario alcanzó los 540 m3/s, casi vez y media que el mayor de los cuatro máximos de 2025. Tuvo lugar el 5 de marzo de 1947, dentro de una de las riadas de mayor magnitud de los tiempos recientes. Puesto que tengo dedicado un artículo a esta riada, remito a su lectura a los interesados; tan sólo basta añadir que fueron varios los días en los que el caudal del Henares se mantuvo por encima de los 500 m3/s y que la riada estuvo precedida por otra anterior a finales de febrero, más breve, con un pico de 430 m3/s.




La ronda de la Pescadería inundada en la esquina con la Puerta del Vado en la riada de 1947
Fotografía de Dreyer procedente de la Fototeca municipal


A finales de marzo de 1956 hubo una doble riada con cinco días de diferencia en la que los dos picos dieron curiosamente el mismo caudal: 277 m3/s, una cantidad considerable pero inferior a las de este año. Dos años y medio después, en diciembre de 1958 y en vísperas de navidad se registraron 221 m3/s y 215 al día siguiente. El 9 de marzo de 1962 el Henares alcanzó los 246 m3/s, rebasados por los 267 de enero de 1965 y éstos a su vez por los 367 de febrero, una cantidad similar a las de 2025.




El Henares desbordado en la Virgen del Val en la riada de 1970. Fotografía de Baldomero Perdigón


La riada de 1970, a la que también he dedicado un artículo, alcanzó los 435 m3/s el 11 de enero, el segundo valor más alto tras el de 1947. A mediados de febrero de 1962 se midieron 186 m3/s,y enero de 1977 se estrenó con 296. Un año después, a finales de febrero de 1978 se alcanzaron los 240 m3/s, y el 11 de febrero de 1979, precedido a finales de enero por dos picos de 133 y 175 m3/s, se registraron 269.




El Henares en la presa de Cayo en abril de 2024


En diciembre de 1997 se llegó a los 221 m3/s, pero el nuevo siglo se mostró avaro ya que en tan sólo cinco ocasiones se superaron o se rozaron los 100 m3/s, siempre de forma muy puntual: enero de 2001 (129), febrero de 2004 (120), febrero de 2014 (96), marzo de 2018 (144, aunque la víspera fueron 123 y el día posterior 106) y abril de 2024 (138); este año hidrológico 2023-24, el último completo hasta ahora, se mostró ya más húmedo que los anteriores, pero mucho menos de lo que llevamos del actual.

En la siguiente gráfica he representado la evolución de las cuatro mayores crecidas -en lo que a los caudales medios diarios se refiere, lo recuerdo de nuevo- desde que existen registros, las de 1947, 1965, 1970 y 1977 junto con la de 2025, que he resaltado en una línea más gruesa para poderla diferenciar mejor. La escala horizontal de los días es arbitraria ya que no todas ellas ocurrieron en las mismas fechas, por lo que las he agrupado de forma que coincidan aproximadamente sus respectivos períodos durante algo más de un mes (37 días) con objeto de incluir también las colas anterior y posterior.




La crecida de marzo de 2025 (línea roja gruesa) frente a otras anteriores


Como puede apreciarse los máximos de 2025 tan sólo superan en valor absoluto a la crecida de 1977, pero no a las tres restantes. Sin embargo fueron un total de cuatro picos mientras las demás, descartando los picos secundarios, tuvieron dos la de 1947, aunque el principal extremadamente ancho, y tan sólo uno las de 1965 y 1970. Asimismo los valles existentes entre los máximos son más altos que en el resto, lo que quiere decir que el Henares siguió acarreando una cantidad muy considerable de agua incluso en los períodos de bajada. Este peculiar comportamiento se debió a los desembalses controlados de Beleña y Alcorlo (la aportación de Pálmaces y El Atance, como ya he explicado fue minoritaria) inexistentes en las crecidas anteriores, que por decirlo de una manera coloquial fueron a caño libre. Por último, y aunque todavía es pronto para conocer la tendencia que va a seguir, parece apuntarse una nueva subida de caudal ya a principios de abril, mientras en la misma fase del ciclo en las tres crecidas anteriores el Henares ya había comenzado a recobrar la normalidad con unos caudales menores.

No obstante, para hacer un estudio completo de la magnitud de las crecidas no basta con los máximos de caudal medio diario, sino que conviene considerar también la aportación total de agua durante todo el proceso dado que una crecida puede ser muy intensa pero al mismo tiempo breve, por lo que aun llevando mucha cantidad de agua en el momento de mayor caudal la aportación total podría ser inferior a la de otra crecida más plana pero más duradera.

Es aquí donde entra en juego la aportación. Este segundo parámetro permite compensar el sesgo inherente a los caudales medios diarios, tan importante que ignora años tan húmedos como 1935-36, cuya aportación anual de 1.755 Hm3 fue más de dos veces y media superior a los 674 Hm3 de 1946-47, una de las mayores riadas que se recuerdan. También fue superada por las aportaciones de 1940-41 (934 Hm3) y 1965-66 (1.528 Hm3), y le anduvieron cerca 1963-64 (572 Hm3),1966-67 (609 Hm3), 1967-68 (608 Hm3), 1969-70 (601 Hm3) o 1987-88 (611 Hm3).

La ausencia en el estudio de los caudales medios diarios del año 1935-36, con diferencia el más húmedo de toda la serie histórica, se debe a la falta de datos, lo cual nos impide estudiar en detalle la que debió de ser una gran crecida. Por su parte el segundo año más húmedo, 1965-66, tuvo los caudales altos en su conjunto pero muy repartidos, mientras no deja de sorprender que 1969-70, que contó con una de las mayores riadas, fuera en su conjunto menos húmedo que 1966-67, 1967-68 o 1987-88, años en los que no tengo constancia de que el Henares creara problemas. Esto sin contar con las series de datos incompletas.

En cualquier caso es mejor recurrir a las aportaciones mensuales, puesto que como hemos podido comprobar aunque la duración completa de estas grandes avenidas puede extenderse a lo largo de varias semanas, esto no impide que el resto del año hidrológico pueda ser seco, con la consiguiente distorsión de los resultados anuales. También se podría recurrir al caudal medio mensual, pero se trata de una manera diferente de medir lo mismo ya que la aportación es el producto de multiplicar el caudal medio (mensual en ambos casos) por los días, los minutos y los segundos que tiene un mes.

Así, vemos que 1935-36 tuvo unas aportaciones mensuales muy altas (superiores en algunos casos a las aportaciones de años enteros) con un máximo de 577 Hm 3 en febrero. El segundo febrero más caudaloso fue el de 1965-66 con 277 Hm3, menos de la mitad, seguido por 1978-79 (250 Hm3) y 1940-41 (234 Hm3).

Pero los meses húmedos del Henares se extienden de enero a marzo, en ocasiones también diciembre y abril y más raramente noviembre y mayo, así que conviene estudiarlos también. El enero más caudaloso fue el de 1969-70 (coincidió con la riada) con 320 Hm3, al que siguieron los de 1965-66 (269 Hm3), 1935-36 (237 Hm3) y 1938-39 (223 Hm3), y en marzo destacaron 1936-37 (546 Hm3), 1946-47 (421 Hm3) y de nuevo 1935-36 (350 Hm3).

Pasando a los meses segundones, vemos que en diciembre nunca se alcanzaron los 200 Hm 3 que he tomado como límite arbitrario, pero sí en noviembre de 1965-66 (296 Hm3) y por los pelos en el de 1966-67 (195 Hm3). Por último, en abril tan sólo se rebasaron los 200 Hm 3 de nuevo en 1935-36 (238 Hm3).

Puesto que los años ausentes en los listados de la estación de aforo (2021-22, 2022-23 y 2023-24) fueron relativamente secos pueden ser ignorados en este estudio, pero no ocurre lo mismo con el año hidrológico actual y en concreto con el mes de marzo, donde sí resulta interesante compararlo con los datos históricos. Como ya he explicado la información del SAIH tan sólo aporta datos de los caudales medios diarios y no de la aportación mensual, que es lo que nos interesa; así pues habrá que reconstruirla conforme al método que indiqué anteriormente sumando los caudales medios diarios de todo el mes, multiplicando el resultado por 24 horas, 60 minutos y 60 segundos y dividiendo por 1.000.000 para que el resultado quede en hectómetros cúbicos. No estoy del todo seguro de que sea un método exacto y que mis resultados coincidan con los oficiales, pero no es cuestión de esperar tres años y pico para comprobarlo.

El resultado de esta operación matemática es de 384 Hm3, lo cual no está nada mal ya que la clasificación histórica de los meses más caudalosos queda de la siguiente manera:


Año hidrológico Mes Aportación mensual (Hm3)
1935-36 Febrero 577
1936-37 Marzo 546
1946-47 Marzo 421
2024-25 Marzo 384
1935-36 Marzo 350
1969-70 Enero 320
1965-66 Noviembre 296
1965-66 Febrero 277
1965-66 Enero 269
1978-79 Febrero 250
1935-36 Abril 238
1935-36 Enero 237
1940-41 Febrero 234
1938-39 Enero 223
1966-67 Noviembre 195

También se puede representar en forma de gráfica:




En el eje horizontal figuran el mes y el año correspondientes a cada valor de aportación mensual
La aportación mensual de marzo de 2025 está marcada en color azul


Con lo cual, si mis cálculos son correctos y teniendo en cuenta que en el registro histórico de las aportaciones mensuales también existen huecos, el recién terminado mes de marzo habría sido el cuarto con la mayor cantidad de agua acarreada por el Henares, tan sólo superado por febrero de 1936 y marzo de 1937 y 1947... lo que no está nada mal. Como referencia cabe reseñar que la capacidad conjunta de los cinco embalses de la cuenca del Henares, incluyendo el diminuto Pozo de los Ramos, es de 300 Hm3, por lo que el agua que ha llevado el Henares a su paso por Alcalá durante el mes de marzo de 2025 equivale a 1,28 veces la capacidad máxima de agua embalsada; en realidad todavía más teniendo en cuenta que por razones de seguridad nunca se deja que los embalses se llenen al límite, por lo que considerando una capacidad real del 90% la proporción sería de 1,42 veces.

Quedaba por ver cual sería la evolución del caudal del Henares en lo que restaba de primavera, ya que aunque en abril no suele ser demasiado caudaloso, este año resultó tan excepcional que cualquier cosa podría ser posible. El día 1 de este mes el caudal medio diario registrado era de 63,58 m3/s, una cantidad alejada de los picos máximos de marzo pero cuatro veces y media superior al valor medio mensual de abril, 14,03 m3/s. Pero el 5 de abril, tras el paso de una nueva borrasca bautizada como Nuria, ascendía a 130,37 m3/s, lo que supuso un repunte importante hasta cerca del doble tras unos días de relativa tranquilidad, con Beleña al 75,58% de capacidad, Alcorlo al 88,80%, Pálmaces al 80,43% y El Atance al 54,31%, por lo que entraba dentro de lo posible -lo que finalmente no sucedió- que esta excepcional crecida del Henares todavía no hubiera terminado.

Ya con los registros completos del mes de abril podemos estudiar la cola final de la crecida. Como se aprecia en la gráfica ampliada, tras el último pico de los primeros días del mes el caudal experimentó una disminución gradual con algunos altibajos, aunque siempre se mantuvo por encima de la media histórica mensual salvo en los días finales, que se ajustó a ella. De hecho, la media mensual de abril de 2025 ascendió a los 52,83 m3/s, 3,8 veces la media histórica.

Por su parte la media de mayo fue de 19,96 m3/s, mucho más cercana a los caudales normales del Henares pero todavía el doble de la histórica para este mes, 9,97 y superior incluso no sólo a la histórica de abril sino también a la de mayo, por lo que aunque no se pueda hablar ya de crecida, todavía eran patentes los coletazos de ésta.

En el momento de escribir esta actualización todavía no ha terminado el mes de junio, por lo que tan sólo dispongo de datos de los caudales diarios hasta el día 21. Pese a haber sido un mes extremadamente seco y caluroso -también lo fueron los días finales de mayo- la media de estos 21 días es de 9,33 m3/s, casi vez y media más que los 6,58 m3/s de la media histórica del mes y un valor cercano a la media histórica de abril. Parafraseando a Miguel Delibes, podría afirmarse que la sombra de la crecida está siendo alargada.




Consecuencias de la crecida

Como era de esperar, la gran cantidad de agua arrastrada por el Henares tuvo consecuencias tanto temporales en forma de residuos de todo tipo depositados en el cauce, desde troncos arrancados a basura de todo tipo procedente de las depuradoras situadas aguas arriba de Alcalá, como permanentes; y si bien no hubo daños en las infraestructuras -a lo largo de la historia han sido varios los puentes engullidos por la fuerza de las aguas- sí se hizo notar la erosión. Aunque por diferentes razones no he podido recorrer todavía la totalidad del tramo complutense del río, a finales de abril, con las aguas ya más calmadas, me encontré con varios casos en el tramo cercano a la ermita del Val.




Dos vistas del socavamiento en la parte inferior del cerro del castillo


Lo que más me llamó la atención fue la dentellada que apareció en la parte inferior del farallón del cerro del castillo que cae sobre el Henares. Aunque estos farallones están sometidos a una erosión continua por la lluvia y el viento, en este caso el río aceleró el proceso.




Nueva playa formada en los Catalanes


No muy lejos de allí, a la altura de la finca de los Catalanes, ocurrió justo lo contrario, la formación de una playa donde antes no existía. Ambos fenómenos demuestran que los ríos están vivos y que, aunque en condiciones normales su evolución suele ser lenta ante nuestros ojos, en ocasiones los cambios pueden llegar a ser extremadamente rápidos.



El año hidrológico 2024-25

Para concluir el artículo y ya a agua pasada nunca mejor dicho, resulta interesante analizar cual fue el comportamiento del año hidrológico 2024-25 completo, es decir, desde el 1 de octubre de 2024 hasta el 30 de septiembre de 2025, para lo cual he elaborado con los datos de la Confederación Hidrográfica del Tajo. Aunque ya conocíamos la gráfica de la crecida entre finales de febrero y los primeros días de mayo ahora la muestro ampliada a la totalidad del año, advirtiendo de un detalle significativo: pese a que los valores medios diarios de caudal recogidos en ella son los oficiales y proceden del mismo lugar (la página del SAIH) de donde los tomé el año pasado, éstos no coinciden con los antiguo siendo bastante inferiores a ellos en el intervalo de la crecida y sobre todo en los máximos de los picos, mientras que por el contrario son idénticos en ambas colas. La razón de este cocinado de los datos se me escapa por completo, pero es lo que hay. Puesto que aquí no pretendo hacer valoraciones cuantitativas sino tan sólo un estudio general de la evolución del caudal tampoco tiene demasiada importancia, lo que no evita que me ha dejado intrigado.




Gráfica de las variaciones de caudal en el año hidrológico 2024-25


Como puede comprobarse el año hidrológico empezó bastante normal, con valores reducidos de caudal en octubre y un pequeño -relativamente- pico de unos 36 m3 por segundo el 1 de noviembre, tras lo cual se estabilizó hasta finales de enero en torno a los 9-10 m3/s, cantidades incluso inferiores a las medias mensuales históricas. En febrero los caudales diarios fueron algo superiores, del orden de los 14-15 m3/s, algo que tampoco tenía nada de excepcional. Por consiguiente, durante los primeros cinco meses del año, entre octubre y febrero, el Henares se mantuvo muy tranquilo sin que se pudiera sospechar el brusco cambio que experimentó entre finales de este último mes y la totalidad de marzo, con una larga cola en abril.

A partir de mayo volvería a la normalidad, aunque tanto en el resto de la primavera como durante los meses de verano se mostró muy regular con unos valores en torno a los 7 m3/s, en torno al doble que los habituales en el estiaje. Cabe suponer que la regulación de las presas, en especial la de Beleña, debió de tener bastante que ver en ello, pero en cualquier caso el año hidrológico se despidió con honores.





Publicado el 6-4-2025
Actualizado el 5-2-2026