La verdadera historia de la madrastra de Blancanieves



La malvada madrastra de Blancanieves, siguiendo su costumbre habitual, se acercó al espejo mágico pronunciando las palabras clave:

-¡Esclavo del espejo, sal de la oscuridad! ¡Ven a mí del Más Allá! ¡A través de los vientos y del fuego yo te conjuro! ¡Muestra tu rostro!

En respuesta a la invocación debería haber aparecido una imagen del avatar del genio que estaba encerrado en el espejo, pero para sorpresa de la reina lo que se reflejó en la pulida superficie fue un mensaje inesperado sobre fondo azul:


Instalando actualizaciones. No apague el espejo hasta que no haya terminado. Esta acción puede tardar unos minutos.


Perpleja, puesto que esto nunca había sucedido antes, esperó a que terminara el proceso, aunque en cualquier caso desconocía la manera de interrumpirlo. Finalmente la imagen volvió a cambiar reproduciendo un rostro que tampoco era el acostumbrado sino otro de diseño diferente y estética más moderna, aunque eso sí su mensaje de bienvenida no había cambiado.

-Dime qué deseas saber, Majestad.

-Tan sólo una cosa. ¿Quién es en este reino la mujer más bella?

Y aquí volvió el desconcierto, ya que el genio -o quien fuese el que le sustituía-, en lugar de la esperada respuesta manifestó:

-El ideal de belleza femenina se vertebra en torno a la noción socialmente aceptada de que el atractivo físico es una de las características más importantes de las mujeres, y algo que todas deben esforzarse por alcanzar y mantener. Este ideal ha variado mucho a lo largo de la historia y también en las diferentes culturas y civilizaciones, desde las venus paleolíticas hasta los cánones actuales, muchas veces influido por las modas.

»Así, en cada momento y en cada lugar podemos encontrar un modelo ideal de belleza femenina diferente, e incluso antagónico, con los anteriores o los posteriores: en el antiguo Egipto primaban la esbeltez, los hombros estrechos, la cintura alta y la cara simétrica. En la Grecia clásica los cuerpos opulentos y la piel clara. En el Renacimiento los pechos amplios, el estómago redondeado, las caderas amplias y la piel blanca. En el barroco los cuerpos exuberantes, cuando no decididamente obesos -véanse los cuadros de Rubens- conforme a los cánones actuales. En la Inglaterra victoriana la figura ceñida por el corsé, con pecho y caderas marcados contrastando con la delgadez de la cintura. En la década de 1920 la figura andrógina. A mediados del siglo XX de nuevo el cuerpo femenino con perfil de reloj de arena, dotado de formas rotundas en contraste con una cintura estrecha. A principios del siglo XXI una delgadez esbelta pero provista de curvas...

»Esto sin contar -continuó impertérrito- con las estéticas de otras culturas tales como las africanas, las precolombinas o las orientales, en las que...

-¡Basta! -le interrumpió la madrastra hastiada de la interminable perorata-. Lo único que quiero es que me digas quién es la más hermosa aquí y ahora. Y olvídate -ordenó- de toda esa verborrea innecesaria.

-¡Pero mi señora, es esto precisamente lo que deseo decirte! Pero como acabo de explicar, el concepto de belleza femenina es tan voluble que resulta imposible de cuantificar sin encuadrarlo en un contexto determinado.

-¿A qué viene este rollo -explotó la vanidosa reina-. Llevo años consultándote y nunca me habías soltado semejante parrafada. ¿Qué tripa se te ha roto?

-¿Tripa rota? difícilmente podría habérseme roto ninguna, puesto que carezco de ellas -se exculpó el espejo, incapaz de comprender el doble sentido-. Pero si te refieres al cambio en mi forma de responder, se debe a la última actualización instalada, como habrás podido comprobar al invocarme. Ahora cuento con la versión geniodelespejo 4.0.1, la más reciente de las desarrolladas, que introduce importantes novedades sobre las anteriores tales como una implementación de inteligencia artificial que me permite darla respuesta de una manera mucho más documentada.

-¡Sigues sin contestarme, imbécil! -explotó iracunda-. ¡Quiero que me respondas tal como lo hacías antes, sin marear la perdiz!

-¡Pero majestad, es que tras esta ampliación son incapaz de...! ¿Qué haces? -se alarmó-. Quizás desinstalando la última actualización podría...

La advertencia llegó tarde. La malvada reina, temida en la corte por su agresividad con quienes osaran contradecirla, había agarrado el primer objeto contundente que encontró a mano -los historiadores no se ponen de acuerdo sobre su naturaleza, ya que algunos afirman que se trataba de un pomo de perfume, mientras otros aseguran que fue un cepillo o quizás un ceñidor rematado con una gran hebilla- estrellándolo contra el desventurado espejo, que se rompió en mil pedazos arrojando a su ocupante al paraíso de los genios o a donde quiera que éstos fueran a parar una vez concluida su estancia terrena.

-Y ahora, ¿dónde encuentro yo otro espejo mágico, con lo difícil que me resultó conseguir éste? -se lamentó la madrastra arrepentida no de su arranque de ira, sino de las consecuencias de éste-. Y lo peor de todo, es que me he quedado sin saber si sigo siendo la más bella del reino.

Airada, abandonó la habitación dando un portazo.


Publicado el 12-9-2025