La verdadera historia de la paloma de la paz (III)



Pasados cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca, y para ver cuánto habían menguado las aguas soltó un cuervo que volando iba y venía mientras se secaban las aguas sobre la tierra.

Siete días después, para ver si se habían secado ya las aguas sobre la faz de la tierra, soltó una paloma que, como no hallase donde posarse, se volvió al arca, porque las aguas cubrían todavía la haz de la tierra. Sacó él la mano y, agarrándola, la metió en el arca.

Esperó otros siete días y al cabo de ellos soltó otra vez la paloma, que ya no volvió.

Entonces llamó a Sem ordenándole que trajera otra paloma. Éste titubeó porque en un descuido cuando limpiaba las jaulas se le habían escapado y no quedaba ninguna, por lo que temía que su padre se enfureciera. Por fortuna para él Jafet, el hermano más joven y también el más aficionado a la tecnología, le salvó del apuro.

-Padre -exclamó adelantándose al atribulado Sem-, lo de las palomas está ya anticuado. Hay que ir con los nuevos tiempos.

-¿Osas contradecirme, mequetrefe imberbe? -exclamó iracundo el patriarca-. ¡Ve a limpiar la cuadra de los elefantes y deja de meter baza en las cosas de los mayores!

-¡Pero padre, es que hay algo mucho mejor que las palomas para comprobar si han bajado las aguas y la tierra está ya enjuta! -porfió éste con aplomo.

-¿A qué te refieres? Confío en que tengas una buena razón para hacerme perder el tiempo, porque en caso contrario pagarás caras las consecuencias de tu atrevimiento.

-Me refiero a esto -respondió impertérrito el joven mostrándole un extraño artilugio.

Y ante la sorpresa de Noé y de su hermano, no menos sorprendido que su progenitor, explicó:

-Es un dron, un aparato volador con cuyos ojos podremos ver desde aquí -señaló un cuadro de mandos provisto de una pantalla- el terreno que sobrevuele. Además -añadió- con esos mandos le podré pilotar guiándolo por donde desee, evitando los caprichos de esas estúpidas aves.

-Bueno, te permito que utilices ese artefacto que, espero, no tendrá nada de diabólico -concedió el patriarca a regañadientes, celoso de su autoridad-. Pero ¡ay de ti si fracasas!

-No fracasaré, padre -se ufanó Jafet lanzando una mirada cómplice a su estupefacto hermano.


Publicado el -2025