La verdadera historia del Pecado Original (V)
La serpiente, el más astuto de los animales que Dios había creado, dijo a Eva:
-¿Cómo es que Dios os ha prohibido comer de los árboles del jardín?
Respondió Eva:
-Podemos comer el fruto de todos ellos salvo del árbol que está en mitad del jardín, del cual nos ha prohibido Dios comerlo porque moriremos si lo hacemos.
Replicó la serpiente:
-No moriréis, sino todo lo contrario: se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.
-¡Pero yo no veo ningún fruto en este árbol! -protestó ella.
-¡Ah, disculpa, ha sido un despiste! -exclamó el ofidio al tiempo que hacía un signo cabalístico con la cola-. Solucionado.
El árbol seguía sin frutos, pero a su lado había surgido un paralelepípedo de extraña apariencia con una ranura y unos ininteligibles signos grabados bajo ésta.
-¿Qué es esto? -preguntó intrigada la futura madre de la humanidad, incapaz de descifrarlos ya que todavía no se había inventado la escritura.
-¿Qué va a ser? -respondió displicente la sierpe-. El cajero.
Y viendo el gesto de perplejidad de su interlocutora, añadió:
-Ahí lo dice bien claro. ¡Ah, disculpa, olvidaba que no sabes leer! Introduzca en la ranura un milésimo de talento -concluyó señalándola con la punta de la cola.
¿Talento? ¿Qué es eso? -Eva estaba cada vez más confusa.
-Dinero, hija mía, lo que mueve el mundo. Tú introduces una monedita de plata en la ranura y la maquinita hace brotar un fruto para que te lo comas, no puede ser más sencillo. ¿O acaso pensabas que alcanzar el conocimiento del bien y del mal era gratis?
-Dinero... plata... no entiendo absolutamente nada. En cualquier caso, como puedes comprobar no tengo nada de eso -remachó al tiempo que señalaba a su desnudo y cimbreante cuerpo.
-Está bien -rezongó la maligna, ajena por completo como era de esperar a sus encantos físicos, que no eran pocos-. Si no tienes dinero en metálico, también puedes pagar con una tarjeta de crédito.
Un nuevo movimiento de la cola hizo desaparecer al cajero al tiempo que aparecía otro aparato similar con una ranura más ancha y delgada junto a una pantalla táctil.
-O por Bizum.
Y brotó a su lado, sobre la hierba, un teléfono móvil.
Eva, atónita, miraba de hito en hito a los artilugios. Tras unos instantes de duda exclamó:
-¿Sabes lo que te digo? Que os vayáis a hacer puñetas tú, el árbol y todos esos cachivaches del demonio. Me largo con Adán que, aunque es un pelmazo y está todo el día catalogando bichos y poniéndoles nombres extraños, por lo menos no me da la tabarra con estas cosas raras.
Y dándose la vuelta con dignidad -de espaldas su atractivo no era menor, aunque la serpiente fuera incapaz de apreciarlo- desapareció entre la frondosa floresta.
-Me temo que algo ha salido mal -se lamentó el reptil rascándose pensativo la cabeza con la punta de la cola, ante la imposibilidad de hacerlo con la inexistente mano-. Y todo por dejarme engatusar como una idiota por ese maldito vendedor que logró convencerme para monetarizar la explotación del árbol, sin caer en la cuenta de que era todavía muy prematuro. ¡Adiós negocio!
Y reptando ágilmente abandonó también el árbol camino de su cubil.
Publicado el 15-10-2025