Al este del Edén



Aram fue despertando poco a poco, de forma placentera como siempre, arrullado suavemente por las ondas sómnicas emanadas por el dormitorio.

Se rebulló disfrutando de los últimos minutos de sueño y, una vez llegada la vigilia, se levantó de la cama -en realidad un mullido campo de fuerza sobre el que flotaba- dando paso a su ritual diario. Se duchó, se vistió y pasó al comedor donde ya le aguardaba, humeante, su desayuno favorito.

-Buenos días, Aram, ¿qué tal has dormido hoy?

-Estupendamente, Lili.

Ambos lo sabían, pero esta salutación también formaba parte del ritual.

Aram y Lili eran los únicos habitantes de la casa, y Aram el único humano. Lili, a la que en el pasado se le habría considerado una inteligencia artificial, era en realidad la propia casa, una casa capaz de satisfacer todas las necesidades y todos los deseos de su inquilino.

Aram desayunó mientras Lili reproducía las noticias más relevantes de la relajada sociedad en la que vivía, pasadas por el filtro de sus preferencias. Afuera, tras el amplio ventanal, amanecía un nuevo día que sería tibio y ligeramente lluvioso tal como a Aram le gustaba; no en vano había elegido esa opción multiversal y esa ubicación concreta en la versión de la Tierra en la que había fijado su residencia.

El descubrimiento del multiverso y de la posibilidad de viajar a través de él había sido el mayor giro copernicano de la evolución tecnológica de la humanidad que, iniciada en la era de las cavernas, había alcanzado con éste la cima de la prosperidad material, lo cual compensaba con creces la frustración de no poder alcanzar las estrellas a causa de la infranqueable barrera de la velocidad de la luz. Mas ¿qué importaba esto cuando tenían al alcance de sus manos infinidad de universos paralelos con otras tantas Tierras similares, aunque no siempre idénticas, a la que fuera la cuna de la humanidad? Sobre todo, teniendo en cuenta que gracias a ello era posible viajar de manera instantánea a cualquier lugar de cualquier universo en el que existiera una estación receptora.

Tan sólo entonces pudieron ser conscientes en su totalidad de la magnitud del concepto matemático del infinito. Aquellas Tierras que albergaban civilizaciones, tanto humanas como no, fueron dejadas a su albedrío evitando interferir en ellas, pero muchas otras estaban deshabitadas y fueron incorporadas a la creciente red de portales transdimensionales, convirtiéndose en sustitutas de aquellas colonias espaciales que nunca pudieron llegar a ser.

En su búsqueda también se encontraron con Tierras inhabitables, con universos en los que no existían la Tierra o el Sistema Solar, o en los que simplemente no existía nada, pero pronto aprendieron a buscar lo que deseaban conforme al aserto matemático según el cual cualquier fracción de un conjunto infinito sigue siendo infinita; aunque resultaba evidente que en la búsqueda de otras Tierras donde poder asentarse nunca podrían llegar al final, sí eran conscientes de que siempre que las necesitaran las encontrarían.

Esta migración sin precedentes en la historia no tuvo nada que ver con las anteriores, marcadas por invasiones, guerras y devastaciones; primero porque no había nada que invadir o arrebatar a sus anteriores ocupantes, y segundo porque la humanidad no estaba sometida a ninguna presión demográfica y quienes se trasladaban a cualquiera de estas Tierras vírgenes lo hacían por propia voluntad conforme a sus preferencias.

Esto no hubiera sido posible sin otros avances tecnológicos que permitían que cualquier vivienda, por muy aislada que se encontrara, fuera totalmente autosuficiente gracias a los sirvientes robots -en realidad controlados todos ellos por una inteligencia artificial central-, a la capacidad de disponer de cualquier tipo de bienes, incluyendo los alimentos, sin más que solicitándolos a la red de portales y, sobre todo, a un suministro ilimitado de energía obtenido de varios universos en los que tan sólo existía ésta.

Con el tiempo la diáspora alcanzaría niveles tan extremos que la mayoría de las n-Tierras tan sólo llegaban a estar habitadas por un reducido número de personas, o como mucho de familias, que solían vivir separadas entre sí por distancias que se medían en miles de kilómetros, incluso con continentes o cordilleras infranqueables por medio... lo que no impedía que pudieran relacionarse entre sí, o con el resto de la humanidad, mediante los portales con la misma facilidad que si sus residencias estuvieran contiguas.

En consecuencia no sólo las ciudades que fueron durante milenios la espina dorsal de la sociedad, sino hasta las más pequeñas poblaciones habían sido reemplazadas por una dispersión absoluta coexistente con la mayor facilidad para comunicarse, tanto física como virtualmente, de toda la historia, dependiendo tan sólo de la voluntad de cada uno.

Únicamente en la Vieja Tierra, deshabitada hacía milenios y convertida en un venerable museo visitado por muy pocos, puesto que la mayoría de sus descendientes habían perdido todo recuerdo de su milenaria historia, se conservaban las viejas ciudades a modo de reliquia, mientras todo el saber acumulado por la humanidad se preservaba en vastos archivos virtuales a disposición de quienes desearan consultarlos.

Disponiendo de unas residencias cómodas que cubrían todas sus necesidades y pudiendo elegir relacionarse con quienes quisieran, donde quisieran y cuando quisieran, la humanidad había evolucionado hacia un individualismo extremo. Esto no había acabado con las relaciones personales, tanto individuales como colectivas, pero las había modulado de forma irreversible modificando drásticamente unos hábitos sociales que contaban con miles de años de antigüedad.

Aram no era una excepción, aunque no llegaba a los drásticos extremos de los aislacionistas radicales conocidos popularmente como eremitas. Había elegido su lugar de residencia tanto por el clima húmedo y lluvioso, poco apetecible para la mayoría, como por el reducido número de vecinos con los que contaba en la totalidad del planeta, apenas unas pocas decenas, separados entre sí lo suficiente para no interferirse ni tener encuentros no deseados.

En semejantes condiciones la hedonista humanidad gozaba de una vida muelle sin la menor preocupación por un futuro que cualquiera de sus integrantes tenía garantizado desde el mismo momento de su nacimiento. Nadie tenía la menor necesidad de trabajar para ganarse la vida, y de hecho gran parte de la humanidad lo único que hacía era haraganear.

Pero también estaban los inquietos que no se conformaban con lo que consideraban vegetar y buscaban motivaciones para satisfacer sus inquietudes: técnicos que supervisaban -aunque no fuera necesario, ya que de ello se encargaban las inteligencias artificiales- el funcionamiento de los delicados sistemas reguladores de la red de portales transdimensionales y de cualquier otro sistema tecnológico básico; exploradores de los mundos recién descubiertos; estudiosos de las civilizaciones, humanas o no, que habitaban en éstos; artistas, científicos, divulgadores, deportistas... y en general todo aquél con una pulsión creativa que fuera más allá del dolce far niente.

Aram era uno de ellos, habiéndose especializado en el estudio y catalogación de las especies animales y vegetales procedentes de las innumerables n-Tierras colonizadas y de las muchas otras exploradas por vez primera, una labor a la que ni siquiera siendo inmortal habría podido abordar en su totalidad, pese a lo cual nunca le faltaría trabajo.

Esta tarea podría haberla desempeñado sin ningún problema desde su propia residencia y de hecho eran muchos los que lo hacían así, pero pese a su acendrado individualismo social él era de los que valoraban la importancia de un contacto físico siempre y cuando éste estuviera bajo control.

Para quienes pensaban como él se habían ideado lo que se conocía como centros de interacción. Los había de diversos tipos: unos estaban destinados a la simple relación social con espectáculos en vivo incluidos, otros al turismo -incluida la Vieja Tierra- y otros como lugares de trabajo para investigadores, técnicos o artistas, lo que permitía relacionarse de manera selectiva y continuada con afines.

Por lo general se asentaban en lugares muy precisos: el fondo del mar, el Himalaya, la superficie lunar, la órbita terrestre... En el caso de Aram se trataba de una estación espacial situada en el punto de Lagrange L2 del sistema Sol-Tierra, lo que permitía disfrutar permanentemente, a través de su cúpula transparente, de una esplendorosa panorámica de la bóveda celeste atravesada por la Vía Láctea... una de las infinitas Vías Lácteas del multiverso, no importaba cual de ellas pudiera ser.

Una vez hubo terminado el desayuno se dirigió al umbral, tal como se denominaba coloquialmente al portal transdimensional, sin necesidad de decir nada a Lili salvo la habitual una frase de despedida, puesto que ésta conocía su destino y ya lo había programado.

Tras cruzarlo saludó a sus compañeros, algunos recién llegados como él y otros a punto de marcharse tras terminar su trabajo -la rotación de las jornadas laborales estaba ajustada a los horarios locales de cada uno de ellos-, dirigiéndose a su puesto de trabajo a través de un umbral interno. Podría haber llegado allí directamente desde su casa, pero siempre era agradable mantener una charla en la zona común y así solían hacerlo la mayoría de ellos.

Una vez allí conectó el terminal holográfico para reanudar la tarea que tenía iniciada de estudiar la interesante macrofauna de una n-Tierra recientemente descubierta en la cual los dinosaurios no sólo no se habían extinguido, sino que habían seguido evolucionando hasta llegar a unas criaturas que él había bautizado como seudomamíferos.

Para su sorpresa, en lugar de encenderse la habitual pantalla de inicio apareció un mensaje. Mensaje cuya existencia era conocida por él y por el resto de los usuarios, aunque jamás hubiera esperado encontrárselo.

Se trataba de un aviso de emergencia de grado 5, el máximo posible, lo que indicaba la gravedad extrema de la incidencia a la que se refería. De hecho, era lo más grave que podría ocurrir según los manuales de prevención y seguridad que todos, hasta los de vida más aislada, conocían.

Atónito, tuvo que leerlo varias veces para asegurarse de que no se trataba de ningún simulacro ni mucho menos de una broma de mal gusto, algo por lo demás imposible; nadie se hubiera atrevido a jugar con semejantes cosas.

Según rezaba, se había producido una perturbación puntual en la estructura de la red transdimensional que estaba provocando algunas distorsiones en determinados nodos alterando su funcionamiento. Aunque la perturbación estaba localizada y confinada, conforme a los protocolos establecidos se recomendaba a todo aquél que se encontrara fuera de su residencia que retornara lo antes posible a ésta y se mantuviera en ella hasta nuevo aviso. Aunque la situación se encontraba bajo control, resultaba conveniente reducir al mínimo la actividad de la red en previsión de que fuera necesario realizar algunas desconexiones puntuales en determinadas zonas de la misma.

Intrigado, pero no alarmado, Aram obedeció la orden retornando de nuevo al vestíbulo en el que se encontraban los umbrales. El normalmente tranquilo ambiente del mismo se había transformado en una agitada y ruidosa barahúnda.

Mientras esperaba que algún umbral quedara libre, el número de los mismos no estaba pensado para una evacuación en masa, pudo intercambiar opiniones con varios de sus compañeros. La mayoría no sabían más que él, pero uno de ellos estaba pregonando su opinión sobre lo ocurrido.

Aram lo conocía, aunque no demasiado. Se trataba de un investigador de modelos transdimensionales que, según él, servirían para interpretar de manera teórica el funcionamiento semiempírico de la red, de manera que fuera posible mejorarla; algo que nadie veía como necesario pero que a él le entretenía hacerlo.

-Sí, sé perfectamente lo que ha ocurrido -afirmaba-; de hecho mis modelos lo predecían y así se lo advertí a estos cabezas cuadradas de los técnicos, pero no me hicieron el menor caso.

-¿De qué se trata? -preguntó una voz en tono preocupado.

-De algo tan simple como que no tuvieron en cuenta la totalidad de los parámetros que es necesario aplicar para alcanzar un modelo matemáticamente estable. Ante la dificultad de manejo prefirieron trabajar con uno más sencillo prescindiendo de alguno de los parámetros menos importantes, en la suposición de que la diferencia entre el modelo teórico y el real no resultaría significativa... pero por desgracia lo era.

-Pero la red ha estado funcionando perfectamente durante siglos -objetó otra voz-. De ser como tú dices, este problema debería haber aparecido hace ya mucho tiempo.

-Olvidas que la red no es un sistema cerrado, sino que se está expandiendo continuamente -respondió el teórico-. El modelo estaba diseñado para una red de un tamaño máximo determinado, y mientras no lo alcanzó pudo funcionar sin problemas. Pero al rebasarlo habría sido necesario implementarla con los parámetros que hasta entonces no habían sido tenidos en cuenta tal como les advertí, o bien se debería haber frenado la expansión hasta que el nuevo modelo hubiera estado listo. No hicieron ninguna de las dos cosas, y ésta es la consecuencia de su negligencia.

-¿Qué se puede hacer ahora? -preguntó de nuevo el primero.

-Supongo que estarán procediendo a desconectar los nodos que están sufriendo la distorsión para volver posteriormente a la situación de estabilidad anterior, pero la cuestión está en que lo consigan. La geometría metadimensional que rige el multiverso es extremadamente compleja, y podría ocurrir que las ondas de perturbación generadas en unos puntos concretos experimentaran un fenómeno de resonancia, amplificándose exponencialmente al tiempo que afectaban a zonas cada vez más extensas de la red. Es por esta razón por la que nos han pedido que evacuemos todas las áreas comunes y nos confinemos en nuestras residencias, porque cabe la posibilidad de que se vean obligados a realizar desconexiones temporales en algunas regiones de la red.

Aram ya no oyó la siguiente pregunta. Había llegado al umbral que le correspondía, y dando de viva voz el alias del suyo sin esperar al reconocimiento biométrico lo traspuso.

En su casa todo estaba aparentemente en orden pero Lili se encontraba alterada, algo completamente inusual en una inteligencia cibernética. Ella también había recibido instrucciones, y en cuanto le vio llegar procedió a desconectarse de la red. Acto seguido le explicó lo que sabía, que a grandes rasgos coincidía con lo que había dicho el teórico aunque sin las críticas a una posible negligencia por parte de los técnicos encargados del funcionamiento de la red.

-¿Crees que ha podido ocurrir así? -le preguntó una vez que la hubo informado de éstas-. Al fin y al cabo son tus congéneres los que realmente realizan el trabajo, no los técnicos que los supervisan, y están diseñadas para hacerlo de forma eficiente e incluso redundante. Además -añadió-, de existir algún tipo de peligro potencial deberían haberlo descubierto antes que ese hombre, obrando en consecuencia. Los técnicos nunca habrían ignorado una advertencia suya.

-Tienes razón, pero olvidas que nosotras tan sólo podemos actuar basándonos en los conocimientos de que disponemos, que son los que nos proporcionáis vosotros. Mis compañeras pueden tener una elevada capacidad de cálculo y, si me lo permites, de raciocinio, pero carecemos de lo que los humanos denomináis creatividad. Si no fueron informadas de la existencia de esos parámetros, ignorados por los técnicos por considerar que la diferencia entre el 100% y el 99,999999% era irrelevante, poco era lo que podían hacer.

-Entonces, ¿tenía razón el...? -Aram se interrumpió al descubrir la inesperada presencia de una persona en su casa, algo considerado como una grave violación de las normas sociales.

-¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? -preguntó más perplejo que indignado-. Lili, ¿cómo es que la has dejado entrar sin mi permiso?

-Discúlpela y discúlpeme también a mí -respondió ella. Sólo entonces apreció por vez primera que se trataba de una muchacha joven-. Recibí el mensaje a través de mi asistente, y al advertirme que iba a desconectarse me entró miedo y le pedí que me enviara a la residencia más cercana... tenía miedo de encontrarme sola.

En aquella sociedad invertebrada se entendía por soledad no carecer de compañía física, sino encontrarse desconectado de la red.

-Pero seguimos estando solos, Lili también acaba de desconectarse, señorita...

-Disculpe de nuevo, no sé ni lo que digo. Me llamo Ivia y vivo en esta misma n-Tierra, a varios miles de kilómetros de distancia según me ha dicho Lili. Supongo que seré su vecina más cercana, ya que Sita me envió aquí.

-Está bien -concedió Aram-. En cualquier caso no nos queda otro remedio, ya que usted no puede volver a su residencia ni ir a cualquier otra parte. Es de esperar que la emergencia no dure demasiado y recobremos la normalidad. Mientras tanto acomódese y pida a Lili lo que desee.

-Gracias -musitó ella-. Según me dijo su asistente usted se llama Aram. ¿Me equivoco?

-No, ése es mi nombre. ¿A qué se dedica usted? -y cambiando de interlocutor añadió- Lili, prepara algo para tomar. ¿Tiene alguna preferencia?

-Ninguna, lo que usted desee; no es mi intención molestarle más de lo estrictamente imprescindible -hizo una pausa y continuó, tras percatarse de su olvido-. Yo soy escritora, quizás haya leído alguna de mis obras.

Algo difícil, puesto que entre la ingente existencia de obras literarias o de cualquier otro tipo resultaba imposible tener conocimiento de todas ellas.

Iba a darle Aram una negativa diplomática cuando Lili interrumpió la conversación, algo que sólo hacía cuando se trataba de una cuestión importante.

-Lo lamento, Aram, pero acabo de recibir un mensaje por el canal de emergencia -esto no pintaba nada bien-. Las perturbaciones se están extendiendo de forma incontrolada por buena parte de la red. Han caído varias áreas completas, y se corre el peligro de que en otras, incluida la nuestra, ocurra lo mismo.

La situación era francamente alarmante, pero Aram, como cualquier otro, creía ciegamente en la robustez del sistema. Según había leído, también era aficionado a la historia antigua, en tiempos pretéritos estas situaciones solían ser frecuentes, pero sus primitivos antepasados siempre lograban salir del brete. Era cuestión de tener paciencia... algo por lo que no destacaban sus coetáneos. Pero si no por él, debería hacerlo por la muchacha.

-No se preocupe -le dijo intentando tranquilizarla-. Todo se arreglará. Mientras tanto disfrute de mi residencia como si estuviera en la suya propia -añadió señalando el aperitivo que la diligente Lili había depositado, mediante un robot auxiliar, sobre la mesa.

Pero lo que a él le preocupaba era el silencio de la habitualmente locuaz Lili.

Pasaron el tiempo charlando. Parecía mentira que siendo vecinos tan cercanos no se conocieran. Se explicaron mutuamente lo que hacían, siguieron con otros temas de interés común... y Lili continuaba encerrada en su obstinado mutismo. De vez en cuando Aram decía algo intentando llamar su atención sin desperar alarmas en su huésped, pero ésta se limitaba a responder de idéntico modo sin transmitirle ningún mensaje de importancia.

Hasta que no pudo aguantar más la incertidumbre.

-Lili, ¿cómo están las cosas? -preguntó, intentando adoptar un tono despreocupado-. ¿Se van arreglando las perturbaciones?

Ésta tardó varios segundos en responder, lo cual era algo insólito en las inteligencias de su naturaleza. Y cuando lo hizo, podría afirmarse que titubeaba.

-Lo siento, seguimos desconectados e incluso he perdido el contacto por el canal de emergencia.

-¿Qué? -ahora no se molestó en disimular su alarma, puesto que Ivia sabía tan bien como él lo que esto significaba.

-Estamos... abandonados -musitó, mientras ella palidecía al tiempo que guardaba silencio. Hizo una pausa e insistió.

-¿Serías capaz de estimar cuanto tiempo podrían tardar en restaurar la conexión... siquiera del canal de emergencia?

-No, lo siento -repitió la atribulada inteligencia artificial-. Ésta es una situación para la que carezco por completo de medios de evaluación.

-Entonces esperaremos -respondió Ivia fingiendo un dominio de sí misma que evidentemente no sentía-. Si a usted no le importa que abuse de su hospitalidad, claro.

-No, por supuesto que no. Lili, prepárale una habitación, la que le resulte más cómoda. ¿Lili? -era preocupante que no respondiera a una orden directa-. ¿Te ocurre algo?

La asistente tardó en responder, y lo hizo con dificultad.

-Aram... lo siento... no me encuentro bien.

-¿Qué te pasa? -en semejante situación perder al asistente que gobernaba la casa era lo peor que podía ocurrir.

-Yo... la perturbación... ha llegado hasta aquí... -nueva pausa-. No sirvió la desconexión... todo afectado... no debería...

Éstas fueron sus últimas palabras.

Aram se sentía inerme. Miró a Ivia con ademán de preguntar “¿Y ahora qué?” Y fue ésta quien respondió flemáticamente:

-Tendremos que seguir esperando hasta que al menos Lili se reinicie; al fin y al cabo no estamos a la intemperie.

Aram no se sentía tan optimista; sin Lili gobernando hasta el último detalle quedaba convertido en un auténtico inútil. La casa les serviría tan sólo como refugio; y únicamente temporal, puesto que ni siquiera disponían de reservas de alimentos dado que éstos llegaban siempre por un canal secundario del umbral que con toda seguridad tampoco funcionaría. Quizás en algún lugar de las entrañas de la casa pudiera algún depósito con reservas, jamás se había preocupado de ello ni le había preguntado a Lili, pero ya era demasiado tarde para hacerlo. Lo único de que disponían era la bandeja que apenas habían tocado y ahora se convertía en un preciado y efímero tesoro.

Pasó el tiempo, la bandeja se agotó y continuaron sintiéndose desvalidos. Sus cuerpos, acostumbrados a comer cuanto les apeteciera con tan sólo pedirlo, comenzaron a resentirse del involuntario ayuno. Y todavía podría haber sido peor; al menos no les faltaría el agua para beber gracias a la frecuente lluvia.

Fue Ivia quien de nuevo tomó la iniciativa.

-Algo tendremos que hacer o moriremos de hambre.

Aram la miró con gesto de impotencia.

-No conozco este lugar, pero en torno a mi residencia había árboles y plantas con frutas comestibles; alguna vez las probé después de que Sita comprobara que no eran perjudiciales, claro.

-¿Sabrías identificarlas? -de mutuo acuerdo habían convenido tutearse.

-Creo que sí... aunque tampoco es algo que comiera habitualmente. Sólo por curiosidad.

-Pues entonces vamos a buscarlas antes de que perdamos las fuerzas para hacerlo.

Algún tiempo después se las apañaban razonablemente bien para recolectar frutas y verduras, huevos e incluso para cazar pequeños animales, que pudieron cocinar tras aprender a encender el fuego; siempre sin apartarse demasiado de la vivienda que seguía siendo su refugio. Pese a disponer de un deslizador aéreo capaz de llevarlos a cualquier parte del planeta en apenas unas horas, éste estaban tan muerto como la pobre Lilí, por lo cual se veían obligados a hacer todos sus desplazamientos a pie.

Un día tuvieron suficientes fuerzas para hablar de su incierto futuro.

-Creo que te comenté que era aficionado a la historia antigua -dijo él.

Y ante el mudo consentimiento de su compañera, continuó:

-Gracias a ello, y a mi memoria -sonrió con amargura- tengo una cierta idea de como podríamos sobrevivir de una manera menos precaria que como simples recolectores -suspiró-. Tendré que convertirme en agricultor y ganadero.

Ivia le interrogó con la mirada. No sabía de qué le estaba hablando, y Aram se lo explicó.

-Pero mi conocimiento es puramente teórico -advirtió-, por lo que tendré que empezar desde cero haciendo ensayos hasta que aprenda realmente como hacerlo.

Esto implicaba un importante sacrificio, añadió. Aunque la casa era un simple techado muerto, les seguía sirviendo de refugio. El problema estibaba en que en sus alrededores no sería posible cultivar plantas ni criar animales, por lo cual deberían abandonarla en busca de un lugar más adecuado y quizás no volverían más a ella. Si estaba de acuerdo, partirían lo antes posible.

Ella lo estuvo.

El día de la partida abandonaron la casa sin volver la vista atrás. Aram marchaba en silencio.

-¿En qué piensas?

-En que hasta ese día maldito era incapaz de imaginar que podríamos llegar a vernos obligados a iniciar una nueva vida en unas condiciones completamente desconocidas; y menos mal que tuviste la afortunada intuición de ir a mi residencia, de no haberlo hecho las cosas serían ahora mucho peor para nosotros.

-¿Qué crees que les habrá ocurrido a los demás habitantes de esta n-Tierra?

-No tenemos manera alguna de saberlo. En cualquier caso a efectos prácticos es como si no existieran, puesto que no conseguiríamos contactar con ellos por mucho que lo intentáramos; ni siquiera sabemos donde se encontraban sus residencias, y tampoco podríamos llegar a ellas caminando. Tendremos que valernos por nosotros mismos, querida Eva.

-¿Cómo me has llamado? -se sorprendió ella.

-Ya conoces mi afición a la historia; en un libro antiguo, posiblemente uno de los más antiguos que se conservan, leí un relato que describía una situación similar a la nuestra. No se trataba de una narración histórica sino legendaria, pero no por ello dejaba de tener interés; hablaba de una pareja que tras vivir apaciblemente en un lugar maravilloso donde todo estaba a su servicio, fueron expulsados de allí en circunstancias un tanto extrañas, viéndose obligados a iniciar una nueva vida infinitamente más penosa, pero al mismo tiempo más libre.

-No te falta razón... Supongo que ella sería esa Eva con quien me has comparado, un nombre curiosamente parecido al mío... ¿Cómo se llamaba él?

-Adán -musitó cohibido-. Otra coincidencia. Y ahora, siguiendo con el guión, tendré que ganarme el pan, es decir el alimento, con el sudor de mi frente. No me pidas explicaciones, tan sólo se trata de una metáfora.

Continuaron en silencio sin una ruta definida, mientras Aram-Adán musitaba para sí:

Y los bendijo Dios, diciéndoles: “Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados, y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra”.


Publicado el 15-3-2026