Rescate fallido



-¡Mamá, Pix no se mueve!

-Te dije que no lo tocaras. No hay que coger animalitos salvajes, y menos aún si son cachorros o están heridos. Podrían morderte o picarte -exageró- o, todavía peor, podrían atacarte sus mamás, que nunca suelen estar lejos.

-¡Pero si yo sólo quería ayudarle!

-Pues no sólo no lo has hecho, sino que probablemente le habrás perjudicado.

-Es que estaba herido, y se quejaba. ¿No le oíste?

-¿Lo ves? Estaba llamando a su mamá. Pero como tú le cogiste, su mamá no pudo ir a cuidarlo. Déjame ver qué le pasa.

-Está muerto -zanjó la madre tras una breve inspección-. O ya estaba moribundo cuando le cogiste, o le has matado sin querer. Sí, ya sé que no querías hacerle daño, pero se lo has hecho. Si le hubieras dejado tranquilo, quizás su madre podría haberle salvado.

-Habrá que enterrarlo... -porfió el niño rindiéndose a lo inevitable.

-Cariño, a los animalitos no se les entierra, sólo se entierra a las personas.

-Entonces, ¿qué hacemos?

-Déjalo ahí, sobre ese montículo. No tienes por qué preocuparte, en la naturaleza hay animales que se encargan de esas tareas.

-Adiós, Pix, yo te habría cuidado si no te hubieras muerto -gimió al tiempo que depositaba con cuidado al inerte cuerpecillo sobre el suelo. Yo te quería...

Y trotó para reunirse con su madre.

-¿Dónde habrá encontrado a un bicho tan raro? -se preguntaba ésta-. Jamás había visto ninguno de éstos.

Pero como la zoología no era su fuerte, se desentendió del asunto asegurándose de que su hijo no se volviera a despistar. Todavía quedaba un buen trecho para llegar a casa.


* * *


-Está muerto -explicó el médico.

-Eso ya lo sabía -gruñó el capitán del Alción frunciendo el ceño-. Lo que quiero saber son los detalles.

-Poco es lo que puedo contar. Cuando falló el levitador se precipitó a tierra. No volaba demasiado alto y la vegetación frenó parcialmente la caída. El cuerpo presenta contusiones y alguna fractura. Pero...

-¿Pero qué? -se impacientó su superior.

-No eran lesiones mortales. Tras la caída quedó herido, pero nada que no se hubiera podido subsanar de haber llegado a tiempo.

-Eso también lo sabía. Activó la señal de emergencia y mandé una patrulla a rescatarlo.

-Entonces usted sabe más que yo -se defendió el médico-. Yo no salí del Alción, ni tuve tiempo de hablar con quienes le trajeron. ¡Pobre Chang!

-No lo sé todo. Si no fue la caída, ¿Qué le mató?

-Eso es lo que no entiendo. Es como si algo le hubiera zarandeado... tenía partido el cuello, pero no se puede atribuir al golpe contra el suelo ya que no cayó de cabeza. Además, de haber sido así no podría haber conectado la señal de emergencia, puesto que su muerte habría sido inmediata.

-Me temo que yo sí lo sé -le interrumpió el capitán-. Cuando llegó la patrulla al lugar de la caída Chang ya no se encontraba allí. Vieron alejarse a dos de los gigantescos seres que constituyen la especie dominante del planeta, y obrando según las normas se abstuvieron de contactar con ellos pese a que la señal llegaba desde donde se encontraban ellos.

-¿Entonces? -preguntó pasmado el médico.

-Uno de ellos era un adulto, el otro parecía una cría inmadura; aunque tampoco es posible afirmarlo, ya que tampoco les conocemos demasiado bien debido a la prohibición de contactar con razas alienígenas e incluso de dar a conocer nuestra presencia -hizo una pausa y continuó-. Pero sí, todo parece indicar que uno de los dos, probablemente la cría, descubrió a Chang antes de que llegara la patrulla y decidió llevárselo. Poco después lo abandonaron y, una vez que se hubieron alejado, nuestros hombres lo recogieron; según me dijeron, ya estaba muerto.

-Como si fuera un pajarito...

-Efectivamente, ¿Quién de nosotros no se ha encaprichado de crío con un gurriato volandero, un vencejo caído, o con cualquier animalito que haya conseguido atrapar?

-Salvo que en esta ocasión no era un pajarito, sino un humano...

-Eso no lo sabían. ¿Cómo podrían saberlo? -se encogió de hombros- Imagínese que usted hubiera atrapado accidentalmente a lo que pensaba que era un ratón y que en realidad se tratara de un visitante extraterrestre de tamaño minúsculo. Estos seres no sólo se diferencian de nosotros por su porte descomunal, tampoco son ni remotamente humanoides, mamiferoides ni nada remotamente parecido. De hecho, de no haber visto sus ciudades no habríamos adivinado que son seres inteligentes. No se les puede reprochar nada.

-Pero aunque fuera de forma involuntaria, causaron la muerte de Chang.

-Gajes del oficio. Todos los miembros del Cuerpo de Exploración Espacial sabemos que nuestro trabajo implica riesgos; el universo está repleto de misterios, y desentrañarlos siempre tendrá un coste. Cada planeta que exploramos es distinto, y cuando llegamos a uno no tenemos manera de saber con qué nos vamos a encontrar.

-¿Y ahora qué haremos? ¿Seguir con la exploración?

-No. Aunque todo indica que estos seres no identificaron a Chang como un ser inteligente llegado de otro planeta, las ordenanzas son estrictas: ha habido un primer contacto aunque fuera involuntario y tangencial, por lo cual debemos abandonar inmediatamente el planeta. De hecho tendríamos que haberlo hecho antes, justo en el momento en que descubrimos la existencia de vida inteligente, pero preferí continuar con la misión mientras pudiéramos para ampliar los conocimientos sobre este planeta, a saber cuando se autorizarán nuevas misiones de exploración. Por fortuna logramos recuperar el cadáver, habría sido infinitamente peor que se lo hubieran llevado para estudiarlo.

-¿Quiere que le haga la autopsia? Mi inspección fue tan sólo externa.

-No creo que sea necesario, ya la harán en la base si lo estiman conveniente. Daré instrucciones para que lo guarden en la cámara frigorífica, vea usted qué previsores fueron quienes diseñaron las naves exploradoras teniendo en cuenta casos como éste. Muchas gracias doctor y discúlpeme; tendré que encargarme del despegue.

Poco después la nave exploradora Alción abandonaba el planeta rumbo a su lejano destino.


Publicado el 22-6-2026