Carrera espacial



Se denomina carrera espacial a la pugna que mantuvieron los Estados Unidos y la Unión Soviética, dentro del marco de la guerra fría, por coronar con éxito distintas metas astronáuticas antes que su rival, con el objetivo final de ser los primeros en poner el pie en la Luna.

Desde un punto de vista estricto, la carrera espacial se inició en el mismo momento en que la Alemania nazi fue derrotada en 1945, entrando a saco ambos contendientes -y todavía aliados- en el programa de bombas volantes radicado en la base secreta de Peenemünde, en la costa del Báltico. Aunque fueron los norteamericanos quienes lograron hacerse con el premio gordo al llevarse a su país a Werner von Braun, los rusos también obtuvieron su tajada capturando a varios técnicos de su equipo. Rápidamente ambas potencias comenzaron a desarrollar sus propios cohetes basados en el diseño de la V-2, aunque sus esfuerzos iban dirigidos en un principio más a la construcción de misiles balísticos intercontinentales que a la propia exploración espacial.

La fecha de inicio oficial de la carrera espacial es, no obstante, el 4 de octubre de 1957, fecha en la que la Unión Soviética conmovió al mundo con el lanzamiento del primer satélite artificial de la historia, el célebre Sputnik 1, adelantándose a sus rivales norteamericanos que, tras cosechar varios fracasos, lograron replicar con el Explorer 1, puesto en órbita el 31 de enero de 1958.

Durante los primeros años la iniciativa estuvo siempre del lado soviético, hecho que provocó la creación de la NASA el 1 de octubre de 1958 como única agencia espacial norteamericana, en sustitución de los anteriores programas espaciales paralelos -y a menudo rivales- de la Armada y el Ejército estadounidenses. No obstante los norteamericanos todavía tardarían un tiempo en alcanzar a sus competidores, dado que fueron también los rusos los que se anotaron varios éxitos consecutivos. El primer vuelo con un animal a bordo -si hacemos abstracción de algunos ensayos con moscas- fue el de la perrita Laika, a bordo del Sputnik 2, el 3 de noviembre de 1957. Mayor relevancia tuvo el primer vuelo tripulado, el del cosmonauta Yuri Gagarin a bordo de la Vostok 1 el 12 de abril de 1961. También se adelantaron a los norteamericanos en el primer vuelo tripulado con dos tripulantes, el de la Vosjod 1, que tuvo lugar el 11 de agosto de 1962 llevando en su cabina a Valentina Tereshkova, la primera mujer que viajó al espacio, y volvieron a adelantarse con el primer paseo espacial que realizó Alexei Leonov a bordo de la Vosjod 2 el 18 de marzo de 1965. También resultaría histórico el vuelo de la sonda no tripulada Lunik 3, que el 10 de octubre de 1959 envió a la Tierra las primeras fotografías de la hasta entonces desconocida cara oculta de la Luna.

Los norteamericanos, siempre por detrás, decidieron realizar un esfuerzo ímprobo encaminado a adelantar a los soviéticos en la frenética carrera por llegar a la Luna. Impulsado personalmente por el presidente Kennedy, que en un famoso discurso prometió que el hombre -es decir, los norteamericanos- llegaría a la Luna antes de que terminara la década de los sesenta, el programa lunar de la NASA recibió un colosal impulso impensable en otras circunstancias, dado que su principal motivación no era la científica, tal como se vería años más tarde, sino la puramente propagandística.

Quemando etapas a un ritmo frenético, la NASA llevó a cabo de forma sucesiva el Proyecto Mercury, el Proyecto Gemini y, finalmente, el Proyecto Apolo, que culminó con el aterrizaje en la superficie lunar, el 21 de julio de 1969, de los astronautas Neil A. Armstrong y Edwin E. Aldrin, tripulantes junto con Michael Collins de la misión Apolo 11. A este histórico vuelo seguirían otros cinco más, hasta el Apolo 17, todos exitosos excepto el Apolo 13, que a punto estuvo de convertirse en una tragedia.

Mientras tanto, ¿qué había sido de los rusos? Dado el secretismo de su régimen, que tan sólo aireaba los éxitos al tiempo que ocultaba celosamente los fracasos, hasta muchos años después no se supo que su ambicioso programa lunar, diseñado por Sergei Korolev, acabó naufragando merced a un cúmulo de circunstancias adversas, entre las que se contaron la rivalidad de Korolev con sus colegas Vladimir Chelomei y Valentin Glushko, la prematura muerte de Korolev en 1966, el fracaso del cohete impulsor N-1, equivalente ruso al Saturno V norteamericano, y la falta de fondos suficientes en unos años en los que la Unión Soviética comenzó a padecer serias estrecheces económicas. Finalmente el programa lunar ruso sería cancelado en 1974, dos años después de que los norteamericanos hubieran hecho lo propio con las tres últimas misiones del Proyecto Apolo, en un momento en el que la carrera por llegar los primeros a la Luna había perdido ya todo sentido propagandístico y político.

No obstante, gracias a sus sondas automáticas los rusos cosecharon algunos éxitos menores, pero sin duda importantes desde un punto de vista científico. El primer vehículo espacial que aterrizó en la Luna fue, el 31 de enero de 1966, el Lunik 9, más de tres años antes de que lo hiciera el Apolo 11. En septiembre de 1970 el Luna 16 regresó a la Tierra trayendo muestras del suelo lunar, y a partir del Luna 17, en noviembre de ese mismo año, ensayaron varios pequeños robots autopropulsados denominados Lunajod, antecedentes de los actuales vehículos que tanto han contribuido a la exploración de Marte.

Asimismo durante aquellos años rusos y norteamericanos compitieron en lanzar sondas automáticas a los planetas cercanos, Marte y Venus, aunque el resto de los planetas, Mercurio por un lado y Júpiter y los demás gigantes gaseosos por el otro, tan sólo serían visitados por misiones norteamericanas.

A mediados de los años setenta la carrera espacial, al menos tal como se había concebido hasta entonces, comenzó a desinflarse. Junto a una situación política internacional relativamente más distendida, la cancelación de los respectivos programas lunares había dejado sin sentido una competición cuyo móvil había sido esencialmente el político. Por esa razón, al tiempo que la NASA se planteaba proyectos más modestos como el Skylab aprovechando los excedentes del Proyecto Apolo, y los rusos hacían lo propio con su programa de estaciones espaciales Salyut, el histórico vuelo conjunto Apolo-Soyuz el 15 de julio de 1975 supuso, al menos de forma oficial, el final de la otrora encarnizada carrera espacial.

Hubo no obstante una faceta poco conocida de la carrera espacial, la militar, que por razones obvias se mantuvo en secreto por ambos competidores. Aunque en general los proyectos de unos y otros no pasaron de la fase de prototipos o aun ni siquiera de diseño, se llegaron a planear estaciones espaciales como las Almaz rusas y la MOL norteamericana, cápsulas espaciales o cohetes interceptores. Esta competición tendría un estrambote en la que fue conocida popularmente como Guerra de las Galaxias, promovida en los años ochenta por Ronald Reagan, a la que intentó responder de forma infructuosa el ya moribundo régimen soviético con el fallido programa Polyus. Finalmente la Guerra de las Galaxias sería arrinconada, al menos en su parte principal, al tiempo que se abría un nuevo espacio de colaboración ruso-norteamericana con la actual Estación Espacial Internacional. En apenas cincuenta años las cosas habían cambiado radicalmente.


Publicado el 5-11-2008